Los 4 fallos más usuales que puede tener tu personaje de novela + test exprés

Tras más de 15 años impartiendo talleres de novela han pasado muchas (cientos) por mis manos. Y he tenido la oportunidad de comprobar cuáles son las debilidades más habituales de quien por primera vez escribe su novela. En el post de hoy, me centraré en cinco fallos muy usuales que me suelo encontrar en los personajes protagonistas de este género literario.

Además, como extra, voy a ir dando un pequeño test para que podáis comprobar, por vosotros mismos, si vuestro personaje de novela flaquea en estos mismos aspectos -y, por añadidura, las claves para mejorarlo.

¿Vamos a ello? ¡Empezamos!

1-Tu personaje no tiene mundo a su alrededor

Esta es una de las primeras cosas que llama la atención de un personaje de novela y que delata a quien viene de escribir relatos. En el relato, al ser un género tan breve, solo hay, normalmente, una anécdota principal, y prácticamente todo lo que aparece gira en torno a ella.

Pero una novela no es solo un cuento alargado, no es una anécdota más larga. Es algo más: en una novela el lector va a sumergirse, durante días o semanas, en todo un MUNDO que hemos creado para su disfrute (que puede ser realista o imaginado). El personaje principal no va a aparecer solo unas pocas páginas, sino en decenas o cientos de ellas.

El relato es asomarse un momento a una historia: la novela es vivir ese mundo completo.

Para “creernos” ese mundo (sea el París actual, la Edad Media o un país de elfos y magos), y a ese personaje, vamos a necesitar mucho más detalle, para tener la sensación de verosimilitud y disfrutar plenamente de la trama y emocionarnos.

Una de las primeras debilidades que suelo encontrar en las novelas que trabajo en mis talleres (o en los informes de lectura que realizo) es justamente que el personaje no tiene mundo a su alrededor. El personaje parece vivir, únicamente, para resolver el misterio que se plantea en la novela, o para huir de quien le persigue, o para enamorarse de esa persona, si es una historia de amor.

Y hemos dicho que una novela debe tener verosimilitud, es decir, que debe PARECER REAL. Y en la vida real nosotros somos mucho más del problema o el reto al que nos enfrentamos en este momento de nuestra vida, ¿verdad? Por ejemplo, tenemos… amigos. Y familia. ¿No es así?

Pues esto, tan común en la vida real, es algo que muy habitualmente falta en la mayoría de protagonistas de novelas que leo. Sí, empiezan a tener un problema tremendo, a enfrentarse a un misterio, o lo pierden todo, o les rompen el corazón, o alguien les persigue… y nadie parece tener cinco minutos para llamar a un hermano, una madre, o a un familiar. Que puede que esa llamada o petición de ayuda luego no sirva de nada para la trama, claro, pero es una reacción natural y proporciona esa sensación de que estamos en un mundo completo y verosímil. Esa llamada (o ese encuentro) es necesaria para creernos la historia.

¿Otra cosa que no tienen muchas veces? Trabajo. O si lo tienen, empiezan a ausentarse de él para poder dedicarse al misterio, el problema, el viaje o lo que sea la trama de la novela… y nadie les despide, ni el jefe les llama, ni empiezan a rendir menos porque les han roto el corazón. Lo dicho: lo mismo que antes: puede que luego eso no tenga mucha relevancia en la novela. Pero, ¿que ni siquiera aparezca o se mencione? Perdemos mundo, perdemos verosimilitud.

Y así con un montoncito de pequeños detalles que, aunque no lleguen a afectar a la trama principal (y estaría incluso bien que lo hicieran), sí servirían para que el personaje parezca verosímil y, finalmente, humano.

Test exprés:

Rellena estas preguntas para tu propia vida si te animas (vas a ver como resulta bastante fácil) y, después, para tu personaje de novela (ahí se complicará la cosa, seguro).

Comprueba si en la novela aparecen (o si en tu vida hay):

-Al menos dos amigos o amigas del personaje (aunque los haya perdido)

-Al menos un compañero/a de trabajo, y quizá jefe (o cliente)

-Al menos uno o dos familiares

-Queda claro a qué se dedica para ganarse la vida (o a qué quiere dedicarse)

-Cuál es su sueño (¿queda claro en la novela?)

al menos un hobbie o afición o algo que hace para pasar el tiempo libre (no vale salir con amigo¡s).

-Conocemos al menos una o dos anécdotas de su pasado que tienen relevancia en la historia, o en por qué el personaje es como es.

-Aparece alguna característica de su atuendo, forma de vestir u objetos que suele llevar consigo.

Seguro que no encontráis mucho problema en encontrar estos detalles en vuestra propia vida, ¿verdad? Y sí en las de vuestro personaje. Ya me decís en los comentarios 😀

(*Nota: por supuesto, puede ser que hayáis construido un personaje solitario y huraño que rechace los amigos. Pero la falta de cualquiera de estos elementos, en principio, debería estar justificada por la historia)

2-Tu personaje no tiene personalidad ni/o voz propia

En teoría todo el mundo lo tiene claro: el personaje principal es bueno que tenga una personalidad marcada y clara, eso le hace inmediatamente interesante. Y si es, además, narrador o narradora de su propia historia, debería tener una voz propia y reconocible -o en los diálogos, si la novela está escrita desde una tercera persona.

Y ya digo, todo el mundo viene con la teoría aprendida, sí. Pero otra cosa es la realidad.

Y lo que me encuentro muy a menudo -pero mucho- son personajes principales que quedan prácticamente sin definir. Básicamente por dos razones.

La primera, porque muchas veces el autor o autora no quiere ponerle defectos. O intenta que el personaje no cometa errores. Y así los personajes quedan buenecitos y tal, más o menos decididos, etcétera…tan perfectitos que al final quedan sin gracia ninguna. Como decimos en Andalucía, “ni chicha ni limoná”. Y es que, ¡ay! la salsa está en los defectos y los errores. Es casi una de las cosas que más define a un personaje -y, por supuesto, a una persona.

Lo segundo que me encuentro es un narrador que me DICE que el personaje es espontáneo o detallista o que tiene complejo de culpa. Pero luego el personaje sigue siendo ese ente “perfectito” y soso y no se le ve el detallismo o la espontaneidad por ninguna parte.

Recuerda: un personaje se define por lo que hace y por lo que dice, no por lo que el narrador asegura que es. Esa es una de las claves de la vieja norma de escritura: “no decir, mostrar”.

Test exprés:

-Define la personalidad de tu protagonista en 5 ó 7 adjetivos (testarudo/a, inteligente, ambicioso/a, eficaz, egoísta, torpe…). ¿Cuántos de ellos son defectos? 

-Ahora repasa los primeros capítulos de tu novela y subraya o marca en negrita al menos 2 ó 3 acciones y 2 ó 3 comentarios en sus diálogos que muestren cada uno de esos adjetivos al lector.

-¿Se equivoca o mete la pata en algún momento el/la protagonista de tu novela?

(*Nota: Lógicamente, este test es un poco rígido porque es  un ejercicio. Pero si sirve al menos  para que te plantees cuestiones sobre tu personaje principal, ya habrá valido la pena)

Ya me dices en los comentarios 😉

3-Tu personaje es pasivo… o no encuentra obstáculos

El síndrome del personaje pasivo es otro que me encuentro muy a menudo en las novelas de mis talleres e informes de lectura. en este caso estaríamos ante un personaje que básicamente… no hace nada. Simplemente, se deja llevar por las circunstancias. En una novela, un personaje pasivo resulta siempre poco interesante.

Ojo, personaje pasivo es diferente de cuando el personaje es una víctima, por ejemplo, alguien a quien están persiguiendo o que han secuestrado. Una víctima no tiene por qué ser pasiva, puede hacer muchas cosas: intentar escapar, llamar a alguien, atacar a su perseguidor o secuestrador, buscar pistas de por qué le ha pasado eso…

¿Qué distingue, entonces, al personaje pasivo, de la víctima, o sencillamente de un personaje activo? Que el personaje ACTIVO (sea víctima o no) toma decisiones, hace cosas, tiene iniciativas (es decir, inicia una acción por propia voluntad y no como reacción a algo que le ha sucedido antes). El personaje pasivo, cuando se encuentra un problema… generalmente es resuelto por otro personaje, o directamente, desaparece por sí solo.

Algo similar ocurre en el otro caso: un personaje que no se encuentra obstáculos. El personaje sin obstáculos es también un recurrente de las novelas que suelo corregir. Se trata de un personaje que puede tener un problema principal muy grande (lo pierde todo, o tiene que salvar a la humanidad, o rescatar a su hijo). Pero cada pequeño traspiés que se encuentra se soluciona instantáneamente: ¿Tiene que encontrar un mapa que está en la ciudad X? Llega a la ciudad X y consigue el mapa enseguida. ¿Necesita dinero? Vende su coche y lo obtiene ipso-facto. ¿Tiene que entregar un mensaje? Llega y lo entrega.

Nunca aparece algo que el personaje no se espera. Nunca encuentra un revés. Una interrupción en su camino. Otro personaje que se mete por medio. Todo se va resolviendo rápidamente -casi mágicamente- y generalmente incluso en el mismo capítulo en el que se presenta el problema.

Un personaje así pierde emoción porque, al poco de iniciarse la historia, ya sabemos que todo le va a ir saliendo bien. (Y generalmente en estas novelas que trabajo suele ser así) No son verdaderos obstáculos, sino pasos que tiene que completar para ir saltando, de casilla en casilla, hasta el final del juego.

FINALMENTE: ¿Por qué insisto tanto en que un personaje sin obstáculos, o pasivo, es poco interesante? Porque la acción y los obstáculos es lo que nos hacen VER DE LO QUE ESTÁ HECHO ese personaje. Es lo que le pone a prueba y le da EMOCIÓN a nuestra historia.

Y finalmente, como ahora explicaré en el último punto, es lo que le hace CRECER.

Test exprés:

-¿Cuántos problemas se encuentra el personaje principal de tu novela?

-¿Se resuelven en el mismo capítulo?

-¿Se resuelven porque él/ ella hace algo? ¿O porque otra persona hace algo, o simplemente por casualidad?

-¿Cuántas decisiones toma el/la protagonista a lo largo de la novela?

-¿Y cuántas iniciativas?

-¿Hace alguna cosa que crees que el lector no se va a esperar?

4-Tu personaje no crece (o no hace crecer a alguien)

Continúo con el hilo del punto anterior: un personaje debe tener problemas, obstáculos y acciones para ver de qué pasta está hecho… y para evolucionar.

Porque esa es una de las principales diferencias entre el personaje de relato y el de novela. En el relato, aunque al personaje le suceda algo muy traumático, no suele haber espacio para que este cambie. Sencillamente, es un género muy breve y lo más importante suele ser la anécdota en sí, más que cómo afecta al personaje.

En cambio, lo interesante de la mayoría de las novelas no sólo el suceso en sí, sino cómo el personaje se ve afectado por lo que sucede. Y, como nos pasa las personas en el mundo real, cuando nos ocurren cosas, una tras otra, cambiamos. Nuestra personalidad cambia si hemos recibido un gran revés, o un gran ataque, o un gran daño. O si vemos de repente cumplido nuestro sueños… y no es como esperábamos. O simplemente con las pequeñas anécdotas del día a día. Evolucionamos.

Y por eso, para fomentar la verosimilitud del personaje, es lógico que, si le pasan muchas cosas, este cambie. De hecho, a no ser que se trate de un superhéroe, lo normal sería cambiar a raíz de lo que le ocurre…-bueno, y si es un superhéroe de Marvel, también 😉

De todas formas, también es posible encontrar novelas cuyos protagonistas son lo que llamamos personajes “planos”, que no evolucionan. Pero en ese caso, lo que le ocurre suele provocar un cambio en otro personaje cercano que,  en este caso, sería el personaje “redondo” (el que evoluciona). Un ejemplo rápido -y conocido- es la película “Cadena perpetua”:  Andy (el personaje interpretado por Tim robbins) es un personaje plano, desde el principio defiende su inocencia, es optimista y planificador y actúa en consecuencia -hasta el final. Pero, en cambio, su actitud marca un cambio en el personaje de Red (Morgan Freeman), que pasa de ser un preso “institucionalizado” y que no espera nada de la vida a recuperar, al final de la historia, la esperanza.

Por supuesto, podría haber más de un personaje “redondo” que evolucione con la trama.

Test exprés:

-Como comparación vida- novela

Recuerda algunas anécdotas importantes de tu vida, en especial de tu infancia y adolescencia. ¿Te han marcado de alguna forma? Toma nota de esto para ver si puedes usar algo así para tu personaje de novela (no tus anécdotas, claro, sino la forma en que algo que te sucede te cambia)

Recuerda cómo eras hace 10 ó 20 años. ¿Has cambiado mucho? ¿en qué rasgos eres distinto/a? ¿En qué situaciones te comportas de modo diferente? Toma nota para tenerlo en cuenta a la hora de crear tus personajes de novela. (De nuevo, no tus cambios en concreto, sino la forma en que evolucionas a lo largo del tiempo)

-Sobre tu personaje de novela

-Revisa las características principales de tu protagonista que definiste en el test de la pregunta dos. ¿Alguna de ellas va a cambiar en el protagonista a lo largo de la historia, a raíz de todo lo que le sucede? ¿Cuál?

-¿Hay algún otro personaje que evolucione por todo lo que sucede en la trama? ¿De qué forma?

 

¿Qué? ¿Cuáles han sido los resultados de los test para el personaje principal de tu novela? me muero por saberlo 😉 . Podéis contarme en los comentarios.


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