7 grandes novelas para aprender a dominar las descripciones (Libros para aprender a escribir -8)

En mi último post del mes de agosto os dejo una lista de novelas que, además de ser muy buenas, pueden servir estupendamente para aprender a dominar las DESCRIPCIONES, algo por lo que me preguntan a menudo.

Tanto las novelas como sus descripciones son de diferente tipo y voy a dejar un extracto de cada una para que podáis ver cuál se acerca más al estilo que os gusta.

Espero que os animéis a leer algunas de estas novelas y os enseñen mucho porque, como suelo decir, la lectura es el alimento de la escritura:

1. “El arpa de hierba”, de Truman Capote (1945)

Género del libro: realista, con toques de humor. Es la historia de un chico que vive con sus dos tías en la América profunda.

¿Por qué destacan sus descripciones?: Son puntillistas, se fijan en pequeñísimos detalles y en el cuadro completo, con preciosas comparaciones que dan un toque emocional.

Extracto del inicio del libro:

“¿Cuándo oí hablar por primera vez del arpa de hierba? Debió ser a principios del otoño. Y, naturalmente, fue Dolly quien me lo dijo. Nadie más pudo tener la ocurrencia de llamar a aquello un arpa de hierba. 

Si al salir del pueblo de toma el camino de la iglesia, pronto se deja atrás una deslumbrante colina de lápidas blancas como huesos y oscuras colinas resecas: el cementerio baptista. Nuestros parientes, los Talbo y los Fenwick, están enterrados allí (…). A los pies de la colina se extiende una pradera que cambia de color con las estaciones. Vale la pena verla en otoño, a finales de septiembre, cuando se vuelve roja con la puesta de sol. Las sombras de color escarlata, semejantes al resplandor de una hoguera, pasan sobre la hierba arrastradas por las ráfagas de vientos otoñales que, al agitar suavemente sus hojas, emiten un leve suspiro que parece una música humana: un arpa de voces”. 

 

2. “La carretera”, de Cormac McCarthy (2006)

Género del libro: literatura prospectiva. Narra una historia post-apocalíptica, un padre y un hijo intentan sobrevivir en una tierra destrozada por una guerra mundial.

¿Por qué destacan sus descripciones?: Son breves, no se recrean en el paisaje ya que es yermo y moribundo. Usan frases cortas para transmitir la inquietud y la desesperanza de la historia, interrumpiendo en ocasiones la acción verbal. Pero, incluso dentro de su parquedad, el autor encuentra huecos para incluir alguna poderosa comparación o metáfora

Extractos del libro:

“Fueron hacia el este entre los árboles muertos todavía de pie. Pasaron frente a una vieja casa de madera y cruzaron una pista de tierra. Una parcela desbrozada que quizá había sido una huerta. Parándose de vez en cuando para escuchar. El sol escondido no proyectaba sombras. Se toparon inesperadamente con la carretera y con una mano hizo parar al chico, acurrucándose en la cuneta como leprosos“.

 

“Oscuridad de la luna invisible. Las noches ahora solo son un poco menos negras. De día, el sol proscrito circunda la tierra como una madre afligida con una lámpara

3. “Atando cabos”, Annie E. Proulx (1993)

Género del libro: realista. Cuenta la historia de un hombre que recientemente pierde su trabajo y a su mujer y decide viajar a las frías tierras de Terranova para establecerse allí con sus hijas

¿Por qué destacan sus descripciones?: Son sumamente plásticas y vivas: las comparaciones y metáforas remiten no solo a la vista sino al gusto o al tacto y nos hacen sentir muchas emociones diferentes.

Extracto del inicio del libro: Incluye una descripción del personaje protagonista.

“He aquí el relato de unos pocos años de la vida de Quoyle, nacido en Brooklyn y criado en un batiburrillo de espantosos pueblos de la parte alta del estado de nueva York. 

Con urticaria, las tripas haciéndole ruidos por los gases y calamabres, Quoyle sobrevivió a la infancia; en la universidad estatal, con la mano puesta sobre la barbilla, disimuló sus padecimientos con sonrisas y en silencio. Anduvo a la deriva entre los 20 y los 30 años y (…). Comía muchísimo. Le gustaba el jarrete de jamón, las patatas con mantequilla. 

Sus empleos: distribuidor de máquinas expendedoras de golosinas, dependiente nocturno en una tienda de comestibles, periodista de tercera clase. A los treinta y seis años, desconsolado, rebosando pena y ahogado por un amor frustrado, Quoyle se dirigió a Terranova (…) Un sitio lleno de agua. Y Quoyle tenía miedo al agua, no sabía nadar. Su padre le había soltado de la mano una y otra vez y le había lanzado a piscinas, lagos y rompientes. Quoyle conocía el sabor de los helechos y las plantas acuáticas”

4. “La quinta estación”, de N. K. Jemisin (2015)

Género del libro: fantasía. En la Quietud, todo se encamina al fin del mundo. Conoceremos ese mundo, y los seres que lo habitan con sus misteriosos dones, a través del punto de vista de tres personajes cuyas historias convergen.

¿Por qué destacan sus descripciones?: La imaginación que desborda las imágenes de un fantástico mundo inventado, y la fuerza de su prosa, rítmica y rotunda.

Extracto del inicio del libro:

“Hubo una época en que los obeliscos tuvieron otro nombre, la misma época en que los fabricaron, los lanzaron y los usaron, pero nadie recuerda ese nombre ni el propósito de esos grandes dispositivos. En la Quietud los recuerdos se resquebrajan como la pizarra. De hecho, hoy en día nadie les presta atención, por enormes, preciosos y un poco aterradores que sean: unas esquirlas cristalinas gigantes que flotan entre las nubes, rotan despacio y se desplazan por trayectorias incomprensibles, desdibujándose de vez en cuando como si no fueran del todo reales, un efecto quizá provocado por los reflejos de las luces. (Ya te digo yo que no lo es.) Es obvio que los obeliscos no son algo natural.
          Es igual de obvio que también son irrelevantes. Impresionantes, pero inservibles: otra lápida más de otra civilización que fue pasto de la destrucción gracias a los obstinados esfuerzos del Padre Tierra. A lo largo del mundo hay muchos otros de estos túmulos: miles de ciudades en ruinas, millones de monumentos en honor a héroes y dioses que nadie recuerda, varias docenas de puentes hacia ninguna parte. (…) Los que construyeron esas antiguallas eran débiles y perecieron como les corresponde a los débiles. De lo que no cabe duda es de que fracasaron. Y los que construyeron los obeliscos fracasaron más que ningún otro.
          Pero los obeliscos existen, desempeñan un papel en el fin del mundo y, por lo tanto, son dignos de mención.”

5. “El cuarteto de Alejandria”, de Lawrence Durrell (1962)

Género de los libros: realista e intimista. Es una tetralogía, cuatro novelas, cada una narrada desde un punto de vista diferente, y que cuenta una única historia de un grupo de personajes en la Alejandría del período entreguerras.

¿Por qué destacan sus descripciones?: El abrumador uso de recursos líricos (repeticiones, enumeraciones, aliteraciones, metáforas y comparaciones) que sitúan estas novelas, a ratos, casi más en la poesía que en la prosa.

Extracto del inicio del libro (“Balthazar”):

“Tonalidades del paisaje: del castaño al bronce, horizonte escarpado, nube baja, suelo de perla con sombras nacaradas y reflejos violetas. El polvo leonado del desierto: tumbas de los profetas que viran al zinc y al cobre cuando el sol se pone en la antigua ladera. Sus enormes fallas de arena como filigranas que traza el aire, verde y cidra que desembocan en metal oxidado, en una única vela de color ciruela oscura, húmeda, palpitante, ninfa de alas pegajosas. Taposiris ha muerto entre sus columnas desmoronadas y sus balizas han desaparecido… Mareotis bajo un cielo de lila caliente”

6. “Setenta acrílico, treinta lana”, de Viola di Grado (2011)

Género del libro: realista, con toques cínicos. Su protagonista es una adolescente italiana que vive en Leeds, Gran Bretaña, una existencia gris y melancólica que será sorprendida por una nueva amistad.

¿Por qué destacan sus descripciones?: Son muy visuales, pero, como toda la prosa del libro, destaca por elementos ajenos a la narrativa habitual, rozando lo experimental. Se dirige de vez en cuando al lector para captar su atención. Es una novela que tuvo una gran acogida en la Italia natal de la joven autora.

Extracto del inicio del libro:

“Un día aún era diciembre. Especialmente en Leeds, donde el invierno empezó hace tanto tiempo que ni el más viejo del lugar sabe qué hubo antes. Nevaba todo el día, salvo en aquel breve paréntesis de otoño que en agosto había sacudido un poco las hojas y se había largado por donde había venido, igual que los teloneros que cantan antes de la estrella

En Leeds todo lo que no es invierno es un telonero que se desgañita un par de minutos y después se muere. Enseguida llegan las teatrales ventiscas, se abaten sobre el suelo como maldiciones, conspiran contra el lirismo a pecho descubierto de las pequeñas flores fucsias del parque. Y aplaudid una vez más. Bis“.

“En resumen: es una calle tan sucia que constituye una prueba más de que dios no existe; para empezar, esos largos bloques de ladrillo rojo, todos iguales, con las puertas de metal negro como celdas de aislamiento y las bolsas de basura tiradas junto a los bidones (…) A la derecha, podéis admirar el fish&chips a solo tres libras, y mirad aquellos kebabs con luces de neón, y a la izquierda Da Nino, la porción de pizza a una libra, y allá abajo el pollo con bambú y las algas fritas de ese chino que está abierto toda la noche.

(…) Yo soy esa de la nariz grande y los cabello largos y negros, el cutis clarísimo, no, más a la derecha, la del flequillo y los ojos verdes. ¿me veis o no?

7. “El amante”, Marguerite Duras (1984)

Género del libro: realista intimista. Inauguró la Nouveau roman. Historia semi-biográfica basada en las relaciones que la autora tuvo de adolescente con un joven rico en Indochina.

¿Por qué destacan sus descripciones?: Como todo el libro, las descripciones son secas, austeras. Frases brevísimas, a veces de una sola palabra. Evita entrar en los sentimientos (literatura cinematográfica). Apenas da unos pocos apuntes del lugar o del personaje, unas pinceladas, pero bastan para dibujarlo en nuestra cabeza.

Extractos del libro:

“Es la habitación de la madre y de la niña. 

Es una habitación colonial. Mal iluminada. No hay mesitas de noche. Una única bombilla en el techo. Los muebles son una gran cama de hierro de dos plazas, muy alta, y un armario de luna. Como la cama es colonial, barnizada de negro, parece una jaula. La cama está encerrada hasta el suelo en una mosquitera blanca, como nieve. Los pies de la cama están en remojo en los recipientes con agua y guija que los aísla de la calamidad de las colonias: los mosquitos de la noche tropical”. 

Es entonces cuando vemos a la niña. Sí. Claramente, es todavía una niña. Todavía delgada, todavía casi sin pechos. El cabello es largo, castaño rojizo, ondulado, lleva zuecos indígenas de madera ligera con tiras de cuero. Tiene los ojos verde claro con estrías oscuras. Las mismas, dicen, de su padre fallecido. Sí, era ella, la niña de la calle recta que había llorado con el vals“.


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Comentarios

  1. Áuria Plaza

    De las novelas que recomiendas sólo he leído La carretera y El amante, tendré que leer las otras. Me llama la atención La quinta estación, es un género al que no estoy acostumbrada. Me gusta escribir y siento que no describo. Podría decirse que mis cuentos, casi todos, son muy escuetos.
    Gracias.

    1. Hola, Áuria, espero que te animes con algunas de las otras, como la que comentas, “La 5ª estación”. Son todas excelentes. un saludo afectuoso y nos vemos por aquí.

  2. Frida

    Muchísimas gracias por las recomendaciones. Siempre es un placer descubrir nuevos libros. Algunos los he leído, otros no. En el caso de Marguerite Duras leí la versión posterior que sacó de ese mismo libro, El amante de la China del Norte. Libro que me impactó con sus parcas descripciones y su primera persona.

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