Ritmo narrativo: cuáles son los elementos claves

Uno de los aspectos a veces más olvidados en el arte de narrar , y, sin embargo, imprescindible, es el ritmo con el que el texto avanza y con el que los acontecimientos de suceden. El ritmo es la sensación de rapidez o lentitud con la que el relato hace llegar la historia al lector.

Es algo que es sencillo de percibir: leyendo un relato o una novela, todo el mundo puede darse cuenta de que ese texto va a un ritmo rápido o lento. Pero, ¿cómo se consigue ese tempo de la historia? ¿Qué elementos influyen para que un texto se nos haga lento o rápido?

Es importante conocerlos para aprender a utilizarlos y saber cómo hacer si queremos dar más rapidez -o menos- a nuestras historias. Vamos a verlo aquí:

Los tres elementos del ritmo narrativo

El ritmo se vertebra sobre tres elementos: la escena, la descripción y el resumen. Las tres tienen que ver con la sensación del tiempo que damos a la historia.

La escena es contar lo que ocurre a tiempo real, como si lo estuviéramos presenciando delante de nosotros, como una película. Es donde ocurre la mayoría de la acción y los diálogos.

La descripción es la detención del tiempo para mostrar, al detalle, lo que describimos. Es como dar a “pause” durante la película, o como esos planos lentos en los que la cámara se recrea en la fachada de una mansión, o en el camino que se interna en el bosque, para que nos fijemos en cada pequeño detalle.

El resumen, por el contrario, acelera el tiempo narrado. Se trata de contar muchas cosas en un corto espacio de tiempo.

La escena

Es una parte de la narración que ocurre en un solo tiempo, un solo lugar, una sola acción.  La escena coloca al narrador en medio de la acción dramática, asistiendo a ellos como un espectador.

Las escenas es conveniente reservarlas para los momentos fuertes de la trama, de los que el lector extrae detalles relevantes cada segundo.

ESCENA: Tiempo lectura (lo que tardamos en leerlo) = tiempo narrativo (lo que tarda en  ocurrir en la historia):

“Adela entró en la habitación, titubeante; abrió un cajón, revolvió un poco en él sin encontrar nada. Encontró al fondo un pequeño baúl. Se acercó y abrió con algo de trabajo la tapa: allí estaban las cartas.

–Dios mío–dijo al echar un vistazo a los folios–No puedo creerlo.”

Cada pequeña cosa que narramos es vista, segundo a segundo, acción a acción, por la persona que lo lee. Hemos tardado un minuto en leerlo y Adela ha tardado eso, o poco más, en abrir un cajón, dirigirse al baúl y encontrar las cartas: Tiempo de lectura = Tiempo narrativo. 

Como el lector lo VIVE segundo a segundo, la escena es la parte narrativa que tiene más emoción y por eso es importante que las usemos para los momentos claves de nuestra historia.

El resumen

Es la narración a vuela pluma de los hechos y circunstancias que no son fundamentales en el relato, pero deben conocerse para entender la situación de la historia.

Muchas veces es el pasado del personaje lo que se narra, su ambiente familiar, la situación histórica en la que está viviendo… Condensa también en una sola frase un periodo de tiempo en el que nada o poco ocurre (“Pasaron tres años…”), o en el que todo lo que ocurre es parecido, y narrarlo sería repetitivo (“su vida continuó como siempre: reuniones, citas con ella en las que ninguno se atrevía a decir lo que sentía”)

RESUMEN: Tiempo narrativo > Tiempo de lectura

“Durante las tres semanas que Adela se quedó en la casa vieja, exploró, encontró secretos turbios, diarios, cartas de la familia, pistas de lo que había ocurrido y que, sencillamente, no podía creer.”

En este caso, hemos tardado un minuto en leerlo (o menos) pero la acción que describimos dura TRES SEMANAS completas para el personaje (el tiempo narrativo es mucho mayor que el tiempo de lectura). El ritmo es rapidísimo si incluimos muchos resúmenes, pero ¡cuidado! Precisamente porque pasamos a vuelapluma y deprisa por los acontecimientos (y no segundo a segundo como en la escena) la persona que lee no presta casi atención a lo que hay en un resumen. Se supone que se usa para contar elementos irrelevantes o repetitivos de la historia.

Si incluimos un elemento esencial de la historia en un resumen, probablemente el lector lo pasará por alto.

La descripción

Es el retrato de personajes y cosas (paisaje, ambiente, lugar…) que aparecen en la historia.  Es un momento muerto, un kit-kat en la acción en el que nada relevante ocurre. Nos sirve para dar detalles, para ambientar… o para ralentizar el ritmo de la historia, si es lo que necesitamos.

DESCRIPCIÓN: Tiempo narrativo < Tiempo de lectura

Adela abrió la puerta de la habitación. Estaba oscuro y olia a rancio, como los armarios llenos de ropa vieja. La ventana estaba tapiada y de una esquina de la habitación colgaba, juguetona, una araña de su tela. Adela abrió un cajón…

En este caso, hemos tardado un minuto en leerlo, pero en realidad en la narración, para Adela, solo han pasado dos segundos. Hemos detenido la acción -como quien da a “pause” a la imagen- para fijarnos bien en el estado de la habitación.

Las descripciones nos sirven mucho para ambientar, documentar y crear sensaciones en la novela o relato, así como para conocer mejor a los personajes o lugares, y dar detalles que luego pueden ser relevantes. Pueden ser más breves o más largas. Lo único que hay que tener en cuenta es que este “tiempo muerto” narrativo ralentiza el ritmo.

No sería buena idea, por tanto, ponerse a describir este cuarto si Adela llegase corriendo porque le persigue un asesino con un hacha. Romperíamos el ritmo trepidante de la acción.

De la combinación de estos tres elementos en un relato o novela surge el ritmo final que estamos dando a nuestra historia.

Si incluimos sobre todo escenas y descripciones nos dará un texto lento, pausado.

Muchos resúmenes y escenas nos darán un texto más rápido.

Los textos habitualmente suelen mezclar los tres elementos, reservando para las escenas los momentos esenciales y dramáticos de la historia.

El truco final: la longitud de las frases

Fuera ya de estos tres elementos narrativos, que se complementan entre sí, nos encontramos con otra técnica que conviene dominar para dar esa sensación de ritmo lento o rápido en la historia: la extensión de las frases.

La misma escena, descrita con frases largas, nos dará una sensación de que todo transcurre lentamente; mientras que si la narramos con frases más cortas (y diálogos cortos) la persona que lee se llevará la impresión opuesta.

Un ejemplo: con la escena descrita antes teníamos frases de extensión media (tirando a larga), la repito aquí:

“Adela entró en la habitación, titubeante; abrió un cajón, revolvió un poco en él sin encontrar nada. Encontró al fondo un pequeño baúl. Se acercó y abrió con algo de trabajo la tapa: allí estaban las cartas.

–Dios mío–dijo al echar un vistazo a los folios–No puedo creerlo.”

Y ahora vamos a ver cómo cambia si acortamos las frases. Simplemente voy a hacer eso, acortar un poco e incluir más puntos. Leed ahora: 

“Adela entró en la habitación. Titubeó. Abrió un cajón. Revolvió un poco en él sin encontrar nada. Encontró al fondo un pequeño baúl. Se acercó y abrió con algo la tapa.

Allí estaban las cartas.

–Dios mío–. Echó un vistazo–No puedo creerlo.”

¿No os parece haber visto a Adela como loca corriendo de un lado a otro de la habitación, casi a punto de empezar a sudar?

Esta puede ser también una buena técnica, y muy sencilla, si en un momento dado queremos detener o acelerar el tempo en nuestra historia.


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Comentarios

  1. gabriela ramirez

    excelente, gracias a dios encontré tu blog, Tengo un blog también pero se me dificulta un poco la escritura, practicare tus consejos. saludos.

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