La mágica regla de tres en escritura (y 7 formas de aplicarla)

Retomo este interesantísimo tema: ya en 2014, cuando estrené este blog, escribí un pequeñísimo artículo sobre la regla de tres, pero esta técnica de escritura merece dedicar mucha más atención. He decidido, entonces, escribir un artículo mucho más amplio y con más ejemplos. Y es que la regla de tres tiene muchísimas aplicaciones… casi podría decirse que sirve para todo.

¡Vamos a verlo!

El tres, número mágico

Es conocido, desde tiempos inmemoriales, que el tres es un número con cualidades casi mágicas para la escritura -y para otras disciplinas artísticas también. En escritura, cuando elegimos incluir un grupo de tres elementos, el resultado es casi hipnótico: nos da la sensación de algo completo, efectivo, redondo. Incluso resulta más emotivo e impactante.

No por nada la estructura clásica tiene tres pasos, por ejemplo (planteamiento, nudo y desenlace) o tres eran “Los tres cerditos” del cuento clásico. Y no tiene nada de raro que se hayan puesto tan de moda las trilogías, historias contadas en tres libros.

Y ahora veremos muchos ejemplos de esta efectividad de la regla de tres, a todos los niveles de escritura y redacción.

¿Por qué sucede esto?

El tres es el número más pequeño de elementos necesarios para crear un patrón reconocible por nuestro cerebro. Y a nuestro cerebro le encantan los patrones: es como una pequeña fiesta para las neuronas. ^_^ Bromas aparte, cuando nuestro cerebro choca contra un patrón que reconoce, lo disfruta doblemente.

La idea es que, cuando tengas dudas sobre cuántos elementos incluir… elige tres. No puedes equivocarte. Y lo bueno es que funciona a todos los niveles: al macro-nivel de la estructura de una historia, y al micro-nivel de la redacción de una frase.

Vamos a verlo en un montón de ejemplos:

Tres palabras

Algunos de los eslóganes más famosos de la historia están formados por tres únicas palabras similares -algo que bien saben los publicistas. Tres nombres, tres adjetivos, tres verbos… es pegadizo y suena redondo y completo.

“Veni, vidi, vinci”: Llegué, vi y vencí, dijo Julio César.

“Libertad, igualdad y fraternidad”: los ideólogos de la Revolución Francesa tenían muy clara la utilidad de la regla de tres. Y les fue muy bien. 😉

“Limpia, brilla y da esplendor”: el lema de la Real Academia Española de la lengua (RAE). Serían tres verbos; incluso aunque el último sea una perífrasis verbal, siguen siendo tres acciones y, por tanto, suena redondo, definitivo.

Pero, por supuesto, también en nuestra redacción podemos hacer uso de la regla de tres con palabras, por ejemplo, con adjetivos para complementar a nuestro sustantivo:

“Platero era pequeño, peludo, suave…: Juan Ramón Jiménez.

O tres sustantivos para un adjetivo:

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hasta mí dando saltos
de cierva concebida

 Miguel Hernández

Tres frases

Seguimos aún dentro de elementos de la redacción. Describir una acción en tres frases -sean cortas o largas- también nos va a dar una sensación de que hemos escrito algo completo y con fuerza.

Me llamo Íñigo Montoya: tú mataste a mi padre, prepárate a morir”: declamaba una y otra vez el personaje de “La princesa prometida”, de William Goldman. Toda su historia resumida en tres frases.

Te voy a dejar algo muy claro: esta es una historia de amor, pero diferente a cualquiera que has leído. El chico y la chica no son inocentes. Se pierden vidas. Y el bien no triunfa al final”. Así comienza “Tyger Lily”de Jodi Lynn Anderson.

Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: “Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias“. Otro inicio muy famoso, “El extranjero”, de Albert Camus. Tres frases al inicio. Y el telegrama también contiene, por supuesto, tres frases.

Y un ejemplo con tres frases más largas, en las que la última, más extensa, funciona a modo de cierre y conclusión:

Me enamoré del fútbol tal como más adelante me iba a enamorar de las mujeres: de repente, sin explicación, sin hacer ejercicio de mis facultades críticas, sin ponerme a pensar en el dolor y en los sobresaltos que la experiencia traería consigo. Es el inicio de “Fiebre en las gradas”, de Nick Hornby.

Tres repeticiones

Probablemente habrás leído en libros y blogs de técnica de escritura (incluso en este) que las repeticiones son algo horrible, y que hay que huir de ellas como de la peste.

Pero, ojo, porque aquí también entra la regla de tres: si un elemento solo se repite una vez (es decir, aparece dos veces), se ve poco profesional, parece un descuido de mal escritor. Pero si aparece tres veces, se nota que está hecho exprofeso y queda redondo.

Rubén Darío repite “la princesa” tres veces -exactamente tres- en cada estrofa del inicio de su famoso poema “Sonatina”. Vamos a verlo:

La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

Importante: cuatro veces también queda mal. Es como si hubiera algo que sobra y se ve poco profesional.

Otro ejemplo, este de “El dios de las pequeñas cosas”, de Arundhati Roy:

“Otros días caminaba carretera abajo. Pasaba por delante de las casas nuevas, refrigeradas, flamantes, pertenecientes a enfermeras, empleados de banca, albañiles y encofradores que realizaban trabajos arduos e insatisfactorios en países lejanos. Pasaba por delante de la escuela que su bisabuelo construyó para los niños Intocables del pueblo. Pasaba por delante de la amarilla iglesia de Sophie Mol”.

E incluso, dentro de ese extracto, podemos ver grupos de tres elementos: las casas nuevas, refrigeradas y flamantes, por ejemplo.

 

Tres detalles en la descripción

Muchas veces nos puede entrar la duda de cuánto detenernos en una descripción, si ser muy exhaustivos y dar muchos detalles, o muy pocos -o ninguno. Bien, podemos usar la regla de tres también aquí, y tomar, como norma, el hábito de describir personajes o lugares por medio de TRES DETALLES o elementos.

Algunos ejemplos de descripciones de personajes con tres detalles:

Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años, era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro: así inicia Miguel de Cervantes la descripción física de El Quijote.

Y otro ejemplo, este de Horacio Quiroga: Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia“.

“Y Éowyn de pronto lo miró: noble heredero de reyes, con la sabiduría de muchos inviernos, envuelto en una andrajosa capa gris que ocultaba un poder que ella no podía dejar de sentir“. Así es cómo ve Eowyn por primera vez a Aragorn en “El señor de los anillos”, de J.R.R.Tolkien.

Descripción de un sentimiento en tres detalles, también de “El dios de las pequeñas cosas”, de Arundhati Roy:

“La pérdida de Sophie Mol siempre estaba presente. Era como la fruta del tiempo de todas las estaciones. Era tan inamovible como un funcionario de estado. Acompañó a Rahel durante su infancia, de colegio en colegio, hasta que se convirtió en mujer

Tres líneas de diálogo

Es muy habitual utilizar la regla de tres en los diálogos: en este caso, se trataría, por ejemplo, de resolver cada tema de conversación entre los personajes en tres interlocuciones: personaje A saca el tema, el personaje B responde y, finalmente, el personaje A vuelve a hablar y cierra el tema.

Esta técnica la usa magistralmente Truman Capote, aquí en “Desayuno con diamantes”, una de las primeras conversaciones que tiene Holly Golightly con el personaje narrador:

-Supongo que estarás pensando que soy una descarada, o très fous, o yo qué sé.

-En absoluto.

Parecía decepcionada.

-Desde luego que sí, como todo el mundo. Me da igual, es muy práctico.

Es muy habitual ver esta misma técnica en los diálogos también de los textos (y series o películas) de humor. En ese caso, el “punch” o momento divertido, llegaría en la tercera línea de diálogo, que tiene un giro sorpresa. En tv americana lo llaman “comic  triple“. Un ejemplo de “Friends”

Chandler

Ven, te enseñaré mi habitación.

Ronnie

Vale.

 Chandler

Suena muy raro cuando no le sigue un <<No, gracias, es muy tarde>>

Tres personajes

Podemos encontrar en muchas ocasiones en literatura (y tv y cine) grupos de tres personajes. También parecen formar algo completo y cerrado. Poníamos antes el ejemplo de “Los tres cerditos”, pero hay muchos más. Tres son “El bueno, el feo y el malo”. Tres son los amigos del protagonista de la serie “Stranger things” y tres eran los hermanos niños de la película ET.

Tres son los fantasmas que visitan a Ebenezer Scrooge en “Cuento de Navidad”, de Dickens: el fantasma del pasado, del presente y del futuro. ¿Las hijas del rey Lear, de Shakespeare? Tres, por supuesto. ¿Cuántos personajes acompañan a Dorothy en su camino por las baldosas amarillas en el reino de Oz? Tres: el hombre de hojalata, el león y el espantapájaros. Y tres eran los Reyes Magos.

¿Para qué más? Realmente, tres personajes ya dan idea de GRUPO, son lo suficientemente variados. Pero, al mismo tiempo, no son tantos personajes como para perder la cuenta o confundir unos con otros. Tres, el número mágico 😉

Tres veces / tres pasos

Este es en realidad el ejemplo del uso de la regla de tres en el que me centraba en mi post de 2014 y es tremendamente útil para preparar al lector para lo que va a pasar.

Puede ser un elemento físico, que aparece tres veces, como la pistola en la película “El protegido”: las dos primeras veces la vemos de refilón -pero, al aparecer dos veces, ya se nos queda grabada en la memoria. Nuestro cerebro toma nota: esto puede ser importante, si no, no habría aparecido una segunda vez. Y la tercera vez es cuando el hijo de Bruce Willis aparece apuntándole a él con esa misma pistola.

Y puede ser -y este es uno de los elementos más importantes de la literatura- que narremos un PROGRESO en tres pasos, por medio, usualmente, de tres escenas. Cómo cambia un personaje, o una situación.

De nuevo, nuestro cerebro asimila que, si hacemos que un personaje o una situación cambie en dos pasos, parece que habría sucedido DE REPENTE, algo súbito. En cambio, si vemos tres pasos, en nuestro cerebro se forma la idea de PROGRESIÓN: ha habido un avance lógico de una situación.

No haría falta cuatro pasos, sería totalmente innecesario -e incluso reiterativo- ya que el cerebro no necesita más que tres.

Por ejemplo, si habéis visto la película “Cadena perpetua”, podéis fijaros en este pequeño detalle: vemos a Red testificar frente a los agentes de la condicional tres veces. Las dos primeras son prácticamente idénticas y terminan con la denegación de la conficional (lo único que hacen es fijar en nuestra memoria el detalle de que, regularmente, les hacen este tipo de entrevistas a los presos para ver si les dan la condicional); en la tercera, Red, con todo lo sucedido, ha cambiado, y decide ser sincero. Y en esa es ya cuando aparece el sello “aprobada”.

Ya Aristóteles, hace miles de años, estableció que la estructura de una historia (lo que hoy conocemos como “estructura clásica” no podía tener más que tres partes: comienzo, nudo y desenlace. Y la lógica es exactamente la misma que explico aquí.

Espero que te haya gustado este post ¿Conocías la regla de tres, la utilizas habitualmente? ¿Tienes dudas, preguntas, opiniones? Puedes dejármelas en los comentarios, estaré encantada de charlar contigo.


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Comentarios

  1. MJ Ceruti

    Había oído hablar de la regla de tres varias veces, en vídeos de YouTube acerca de técnicas narrativas en televisión y cine sobre todo, pero me encanta este artículo porque amplía su uso a diversos medios, incluyendo la literatura. Como anécdota, andaba toda la semana barruntando en cuántas unidades temporales debería partir mi (un poco larga) novela. Gracias por solucionarme el problema 😉

  2. Angela

    Gracias Diana por compartir tu experiencia, ingenio y sabiduría.

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