¿Es malo repetirse? 5 maneras de jugar con la repetición (en tu escritura)

El título es deliberadamente polémico. ¿Es malo repetirse? Y la gracia es que la respuesta no puede ser ni un sí, ni un no. Me temo que… depende 😉

Tenemos muy mal vista la repetición, solemos pensar que algo repetido es “malo”, pero, curiosamente, puede ser un recurso muy válido tanto en cualquier oficio artístico, como incluso en otros aspectos. Por ejemplo, en la enseñanza de la escritura, no solo es que no sea mala: es que  la repetición es necesaria. Llevo más de 20 años como profesora de talleres literarios y ya os digo que en la enseñanza la repetición es clave.

No sabéis cuántas veces tengo que repetir a participantes de los talleres que “la coma criminal” es un error hasta que lo aprende. O cuántas veces he repetido temas en mis talleres presenciales y la gente lo agradece, porque repasan, consolidan o se encuentran aspectos nuevos -ahora que tienen más experiencia.

La repetición es crucial para que a la gente se le grabe algo en la cabeza… (y de ahí que yo repita en mi blog temas y muchas “ideas fuerza”, como, por ejemplo, que la lectura es el alimento de la escritura) y justo por eso también debemos usarla a la hora de escribir. Pero es que además, la repetición es un recurso literario. De hecho, hay toda una serie de figuras estilísticas de la repetición, que se usan habitualmente en poesía.

La repetición, bien utilizada, puede tener muchos beneficios a nivel literario:

  • -Hace que algo se recuerde
  • -Puede crear musicalidad (si se repiten palabras o frases)
  • -Puede crear patrones, que hacen que una obra se crezca
  • -Puede crear humor
  • -Llama la atención sobre un elemento, anécdota, situación o personaje

Vamos a ver cómo pueden todos esos beneficios utilizarse en narrativa, en nuestros relatos o novelas. Y, por supuesto, vamos a ver cuándo es malo repetir -porque sí, aunque tiene muchos beneficios, la repetición también puede resultar un fallo épico en escritura.

5 maneras de jugar con la repetición en la escritura

1. REPETICIÓN DE UNA O VARIAS PALABRAS

En este primer ejemplo, voy a empezar por lo negativo, porque la respuesta nos va a ir sirviendo también para el resto de formas de repetición:

¿Cuándo es un error repetir una o varias palabras?  Básicamente, cuando es un recurso no buscado; es decir, cuando se ha repetido una palabra sin querer, o sin ningún propósito en concreto.

Por ejemplo, me encuentro muy a menudo en la misma página de un relato o novela, el verbo “mirar” o “caminar” o “pasar” utilizado varias veces. Obviamente, no se trata de una repetición que busca un efecto, sino de escritura descuidada. Deja mal sabor de boca en el lector, y sensación de pobreza de vocabulario. También en ocasiones me topo con una repetición de una expresión, como “por los pelos” o “de repente”, etc.

Estas repeticiones suelen ser producto de no haber revisado el texto: recordad que en el texto literario (más aún que uno periodístico o de un blog) las palabras deben servir para algo más que para transmitir información. Deben emocionar, y justo por eso deben estar medidas y revisadas muy concienzudamente.

Justo provocar emoción es lo que se pretende con una repetición bien utilizada de una palabra o una frase.

La repetición bien usada puede crear una sensación de ritmo y musicalidad que, bien empleada, puede dar a un texto un precioso toque lírico; en el caso de una frase, puede recalcar una “idea fuerza”, algo que va a ser muy importante en el relato o la novela. A la vez, nos da la sensación se que estamos en un texto redondo, en el que todo tiene un porqué.

Quien quiera probar a utilizar este tipo de repetición, le recomiendo la lectura de “Seda”, de Alessandro Baricco (una noveletta muy breve) y “El dios de las pequeñas cosas”, de Arundhati Roy.

Son ambos textos muy líricos que juegan constantemente con la repetición para crear musicalidad, patrones y remarcar ideas.

Unos ejemplos de “El dios de las pequeñas cosas”:

“El secreto de las grandes historias es que no tienen secretos. Las grandes historias son aquellas que ya se han oído y se quiere oír otra vez. Aquellas a las que se puede entrar por cualquier puerta y habitar en ellas cómodamente.(…) En las grandes historias sabemos quién vive, quién muere, quién encuentra el amor y quién no. Y, aun así, queremos volver a saberlo. Ahí radica su misterio y su magia.”

Y, por ejemplo, las frases que marco en cursiva aquí son una idea fuerza que se repite varias veces a lo largo de la novela:

“Todos infringieron las normas. Todos entraron en territorio prohibido. Todos alteraron las leyes que establecían a quién debía quererse y cómo. Y cuánto.

No es casi hasta el final que nos daremos cuenta de por qué se repiten esas frases (y realmente es el tema del libro). Una obra maestra, por cierto.

2. REPETICIÓN DE UN DIÁLOGO

Lo mismo que explicaba antes, se puede repetir un diálogo por falta de atención del autor o autora, que, por ejemplo, escribe varias veces:

-¿Hablaste con ella?

Cuando se repite una línea de diálogo simplemente por descuido, el texto pierde riqueza. Se nota que no está repasado y va a ser difícil impactar con ese lenguaje al lector.

En cambio, lo mismo que con la repetición de una palabra o frase, una buena repetición de un diálogo puede tener usos de increíble belleza. Destacaría dos:

-Repetir un diálogo para emocionar.

Esto se consigue cuando la misma línea o líneas de diálogo del inicio de la historia se repiten, más tarde, al final o en el momento clímax, pero por un personaje diferente (o por el mismo personaje en una situación diferente).

Un ejemplo:

-Yo cuidaré de ti – le dice el padre a la hija al principio de la historia. Pero más adelante suceden cosas (la vida), el padre cae en desgracia y es la hija la que, al final, le dice a él exactamente las mismas palabras:

-Yo cuidaré de ti.

-Repetir un diálogo para conseguir humor. 

Efectivamente: junto con la sorpresa y la exageración, la repetición es una de las claves del humor. Si os gusta algún/a humorista, ¿no os habéis fijado que suelen tener frases que repiten una y otra vez? Los clásicos Eugenio (“¿Saben aquel que diú…?”) y Gila (“Hola, ¿es la guerra?”) o más modernos como Luis Piedrahita y “En mi casa lo hacemos así” o el “¿Cómo va eso?” de Joey… Nada más oírlos ya nos echamos a reír.

E incluso dentro del mismo monólogo de humor o escena de humor de un texto se repiten diálogos enteros para crear ese efecto. Copio este de “Seda”:

Baldabiou era el hombre que veinte años antes había llegado al pueblo, se había encaminado directamente al despacho del alcalde, había entrado allí sin hacerse anunciar, había depositado sobre su mesa una bufanda de seda de color dorado y le había preguntado
—¿Sabéis qué es esto?
—Cosas de mujeres.
—Error. Cosas de hombres: dinero.
El alcalde hizo que lo echaran a la calle. Él construyó una hilandería junto al río, una cabaña para la cría de gusanos de seda al abrigo del bosque y una pequeña iglesia consagrada a Santa Inés en el cruce con la carretera de Vivier.
Contrató a una treintena de trabajadores, hizo llegar desde Italia una misteriosa máquina de madera, llena de ruedas y engranajes, y no dijo nada más durante siete meses. Después volvió a ver al alcalde, depositando sobre su mesa, bien ordenados, treinta mil francos en billetes grandes.
—¿Sabe qué es esto?
—Dinero.
—Error. Es la prueba de que sois un idiota.
Después los recogió, se los metió en la bolsa y se dispuso a marcharse.

3. REPETICIÓN DE UN ELEMENTO

Este es uno de los recursos en los que la repetición se hace esencial. Resulta que si queremos que la persona que lee nuestro relato o novela se quede con ciertos detalles importantes de la historia… vamos a tener que repetirlos.

Si al final de nuestro relato nuestra protagonista saca una pistola del cajón, esa pistola habrá tenido que aparecer antes (o, si no, parecerá un truco barato, como “sacada del sombrero” en el último minuto). Y además, deberá aparecer, seguramente,… tres veces.

Este es un tema que he tratado extensamente en otros dos artículos, donde he explicado las claves de las técnicas de la anticipación (o foreshadowing) y de la regla de tres, que tan imprescindibles son para cualquier persona que se tome más o menos en serio la escritura. Dejo los enlaces:

La mágica regla de tres (y 7 maneras de aplicarla en tu escritura)

El secreto arte de sembrar y recoger: trabajando la trama de forma profesional.

4. REPETICIÓN DE TODA UNA ESCENA O CAPÍTULO

Otra opción que podemos usar es repetir toda una escena completa, o incluso todo un capítulo… de principio a fin, en el que suceden exactamente las mismas cosas. Sí, sí, en serio. Pero claro, hay un truco: tiene que haber un cambio de paradigma.

Algo tiene que haber cambiado para que todo lo que hemos visto ya, de repente, cobre un nuevo sentido.

Por ejemplo:

1/ El personaje protagonista tiene nueva información que lo altera todo

Imaginemos una escena idílica, un matrimonio que se despierta, desayunan juntos, se preguntan por lo que van a hacer ese día. Él dice que tiene una reunión al mediodía y no vendrá a comer; ella habla de un nuevo cliente. Él recibe una llamada de móvil y se disculpa y sale al pasillo a contestar para que ella siga desayunando tranquila. Se despiden con un beso y él se marcha al trabajo.

Ella se queda en la casa y ve que él se ha olvidado la chaqueta: en un bolsillo encuentra una nota que dice “Hoy nos vemos, cariño”. Y no es su letra.

Lo siguiente que vemos podría ser exactamente la misma escena -al día siguiente- la misma paso por paso. Se levantan, desayunan juntos, se preguntan por su día… pero ahora cuando él dice que tiene una reunión ella sospecha. Y cuando recibe una llamada ella está con la mosca detrás de la oreja. Su beso de despedida le parece falso.

Todo es igual pero, al mismo tiempo, todo es diferente.

2/ Lo vemos todo desde otro punto de vista

Un efecto similar podría tener lugar si lo que hacemos, al repetir la escena del desayuno es contarla desde el punto de vista del marido. Ahora podríamos ver -quizá- que es él quien está celoso de uno de los compañeros del trabajo de ella. Que él ha convencido a uno de sus amigos para que le llame en mitad del desayuno. Que la nota la ha escrito él mismo.

Un juego diferente, y todo partiendo de una repetición, en este caso de una escena completa.

3/ Es una repetición en el tiempo de verdad

Si trabajas fantasía o ciencia-ficción, otra opción de recurso para la repetición es que, efectivamente, el personaje protagonista esté en un bucle temporal, o haya viajado en el tiempo y esté viviendo la misma escena repetida. Eso puede dar muchísimo juego, como en la película “Atrapado en el tiempo” o en la serie “Day break”, en la que un policía se despierta cada día en la misma mañana en la que será falsamente acusado de un asesinato.

¡Cuidado! Hay que respetar el cambio de paradigma para que la repetición de una escena o capítulo tenga fuerza dramática -e interés. Si se repite la misma escena porque sí, pero no hay nada diferente, nada que impacte, entonces no aporta nada y  la persona que lo lea lo verá como un error de principiante.

5. SIMETRÍA ARGUMENTAL

En este último caso, sería el mismo suceso o la misma cadena de sucesos lo que se repite -se trata, por tanto, de la repetición, directamente, de una parte de la trama. No es necesario que se repita detalle a detalle como el diálogo o la escena. Con unos ejemplos se entenderá mejor.

Sus usos son variados también.

-Puede servir para dar simetría a las distintas partes de una obra.

Por ejemplo, la novela “Mi familia y otros animales”, de Gerald Durrell, está dividida en tres partes. Cada una de las partes comienza con la mudanza de la familia Durrell a una nueva casa.

No hay ningún efecto más allá de ese: no se repiten diálogos, ni escenas concretas. No hay distinto punto de vista, ni nada reseñable o emocionante. Simplemente se repite un único hecho (la mudanza) y es una forma de dividir la obra y darle unidad.

-Puede remarcar cambios vitales en el personaje protagonista o en la historia.

Un mismo personaje puede enfrentarse al mismo suceso -o a la misma cadena de sucesos- dos veces o tres en la misma historia, pero si el personaje ha evolucionado, la situación resultará muy diferente, y también el impacto en el lector. Este impacto es mayor cuantos más sucesos encadenados se repitan, haciendo que la simetría sea mayor.

Un ejemplo sencillo sería el enfrentamiento entre Luke Skywalker y Darth Vader, al final de “El imperio contraataca” y de “El retorno del Jedi”, respectivamente. Aunque el hecho es el mismo, y ocurre, de nuevo, en el clímax de la historia, la situación es completamente diferente, porque el personaje no es el mismo. Ha crecido y su fortaleza y determinación son mucho mayores.

-Como fan service (para emocionar)

Por último, se puede crear una simetría entre distintas partes de una historia como “fan service”, es decir, para que recuerde a los fans de la saga un hecho anterior y, gracias a la nostalgia, lo vivan con más emoción. La película “El despertar de la Fuerza”, de la última trilogía de Star Wars, es puro fan service (al servicio del fan): la relación entre Rey (más seria) y Finn (más divertido y bromista), remite todo el rato a Luke y Han Solo de la primera trilogía; lo mismo ocurre con el robot BB8, que salva una y otra vez a los protagonistas, como ya hiciera R2-D2. Además, la película concluye con un ataque a la base enemiga, en el que deben desactivar un campo de fuerza, hechos todos muy similares a los del final de “La guerra de las galaxias”.

Por supuesto, el fan service se puede conseguir también repitiendo palabras clave, escenas concretas o diálogos, pero funciona mejor cuando se trata de simetrías argumentales, ya que quizá el fan no recuerde un pequeño diálogo, pero sí parte del argumento.

¿Y tú? ¿Has jugado con la repetición en tus relatos o novelas? ¿Lo probarás ahora? Cuéntame o pregúntame en los comentarios 😉 

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