Los agujeros más comunes en la trama de tu novela

Cuando llevas 25 años como profesora de escritura creativa como yo, has tenido que leer muchas, muchas, MUCHAS novelas de personas participantes de tus talleres, o que te encargaban una revisión. Es decir, novelas que estaban en fase de creación y que necesitaban trabajo.

En mi caso, han podido ser más de mil novelas o comienzos de novelas (número que se multiplica si sumamos las novelas leídas por placer) y con los años he notado una serie de errores en la trama que son los que más suelen repetirse.

Los he llamado AGUJEROS, porque, si caemos en uno de ellos, lo más probable es que la persona que está leyendo tu novela deje de leer. Así de simple. Por lo tanto, sí, es importante conocerlos y saber evitarlos.

Para ejemplificar la trama, voy a ir inventándome la trama de una novela sobre la marcha, donde podemos ir viendo cómo la trama se va convirtiendo en un queso gruyère. Algunos de estos fallos también pueden lastrar, por supuesto, un relato, con lo que este artículo puede tener información interesante para cualquier persona que escriba narrativa.

1- TU PROTAGONISTA NO TIENE UN PROBLEMA

Supongamos que vamos a contar la historia de una treinteañera, Ana, que es investigadora  y va a ser la protagonista de nuestra novela.

¿Qué forma concreta puede tener este AGUJERO DE TRAMA?

  • Opción a) Ana tiene una vida maravillosa, es feliz, asertiva y con una familia sana y cariñosa. Se enamora y la otra persona también de ella. Quiere conseguir una plaza en Cambridge para estudiar un tipo de cáncer y la logra, y además consigue su objetivo y salva la vida de decenas de miles de personas. Como vida, una maravilla por la que firmaríamos cualquiera de nosotros; como trama de novela… un jod*d* aburrimiento.  No me cansaré de repetir esta gran verdad de la escritura de ficción: tu personaje tiene que tener un problema o reto que superar, ya que saber si lo logrará o no es justo lo que emocionará a las personas que la leerán.
Mi vida es maravillosa. No escribas una novela sobre mí.
  • Opción b) Ana tiene una vida maravillosa, es feliz, asertiva y con una familia sana y cariñosa. quiere conseguir un puesto de investigadora en Cambridge, así que se prepara para optar a una plaza. Es un examen difícil, tiene que estudiar mucho, encerrarse muchas tardes. Finalmente lo consigue.  En esta historia ya hay, al menos, un problema o un reto, PERO… ¿es un problema que puede sostener una novela entera? ¿Tiene interés? No. Porque es simplemente algo que ella puede superar con facilidad. Tiene la actitud, las habilidades y los recursos necesarios para superarlo, por lo que el conflicto en sí no genera interés. Como explicaba en este artículo sobre la evolución del personaje de novela, el reto siempre tiene que ser un problema que supere a tu protagonista. 
  • Opción c) Ana tiene una vida maravillosa, es feliz, asertiva y con una familia sana y cariñosa. De pronto, uno de sus compañeros de laboratorio, a quien ella casi no conocía, aparece muerto. Su mejor amiga se queda destrozada y ella ayuda a la policía a investigar. Consigue dos o tres pruebas clave, sigue su vida. Sí, en esta historia hay, definitivamente, un problema, y bastante gordo, que puede superar a alguien. Pero, ¿es un problema DE JULIA? No. Es de otras personas. Ella se involucra en la trama, pero no parece que esta ni siquiera le toque un pelo de la cabeza. Cuidado, porque tu lector/a se interesa sobre todo por lo que le pasa a tu protagonista, no a los demás. 

Todas estas opciones me las he ido encontrando muchísimas veces en los arranques de novela de mi Taller de Novela y Taller de Novela de fantasía o ciencia-ficción.

2-El conflicto tarda en llegar

Supongamos que, finalmente, encontramos un buen conflicto o problema para Julia, algo como: Julia tiene una vida maravillosa, como científica de laboratorio. De pronto, uno de sus compañeros de laboratorio aparece muerto y se inicia una investigación en la que todos, incluida ella, pueden ser sospechosos.

Ya ves que le hemos puesto un problemilla que -ahora sí- afecta a Julia   Otro de los agujeros de trama más habituales que me encuentro es que ese problema, ese asesinato TARDA MUCHO EN LLEGAR.

Y recuerda: hasta que no aparece EL PROBLEMA tu lector/a seguirá pasando páginas pensando “¿dónde está el inicio de la trama, cuándo empieza “lo bueno”? Porque es así, el problema es lo que buscamos para engancharnos a la historia.

Si lo que leemos al principio de la novela es un capítulo entero sobre la maravillosa familia de Julia. Otro sobre su día a día en el laboratorio, y sus alegres compañeros y compañeras de trabajo. Un tercero sobre cómo conoce a una persona que le parece atractiva y tiene una aventura de una noche. Y en el siguiente aún seguimos con su fantástica vida… Tu lector/a es posible que abandone tu libro a la de ya.

Dos soluciones simples:

La primera, por supuesto, que el problema aparezca lo antes posible. Tal vez en el segundo capítulo, máximo el tercero.

La segunda opción puede quedar muy profesional: puedes retrasar la aparición del conflicto principal si, en los primeros capítulos, nos das otros conflictos del personaje. Por ejemplo, podemos dejar la trama así:

Ana tiene una vida estresada, con un trabajo de investigación mal pagado con muchas horas extras. Aún así, decide que quiere sacarse una plaza para investigar en Cambridge, lo cual le resultará muy difícil. De pronto, uno de sus compañeros de laboratorio aparece muerto y se inicia una investigación en la que todos, incluida ella, pueden ser sospechosos.

Ya tenemos a Ana bien entretenida para muchos capítulos de la novela 😉

3-Tu protagonista lo tiene todo fácil

Tenemos a un personaje protagonista, cuya vida parece ya regada de problemas, y, en especial, uno principal: un asesinato del que podría ser hasta sospechosa, o cuyo asesino podría ser uno de sus compañeros/as. Y todo esto en un momento de estrés en el que quiere superar un difícil acceso a una codiciada plaza de trabajo. Suficiente para poner la vida de alguien patas arriba.

¿Cómo podríamos cagarla ahora (con perdón) en la trama de la novela? Bien, el siguiente agujero en el que me encuentro que caen muchas novelas es ponerle la situación fácil (de inicio) a la protagonista. Lo que resultaría de darle todas las cualidades, de entrada, que necesita para salir airosa del problema con mucha facilidad. Por ejemplo, hacer que:

  • -Ana sea una buena estudiante (-> no tendrá problema con la prueba para Cambridge)
  • -Lleva una vida modélica, sana, puntual, y buena trabajadora  (-> no parecerá sospechosa de inicio)
  • -Tiene una relación estupenda con su jefa y con el resto de compañeros  (-> nadie buscará pruebas contra ella)
  • -Es atractiva y guapa o directamente “la mujer más hermosa del mundo” -me lo he encontrado más de una vez en las novelas. (-> la gente y la policía tenderán a no sospechar de ella de inicio y sus compañeros a ayudarla. Recordemos que se lleva bien con todos)

¿Qué conseguimos con esto? ¿Ganamos interés e intriga o, por el contrario… lo REDUCIMOS? Efectivamente, el interés es menor, puesto que el problema le resultará menor (por cierto, es una de las razones por las que en mi taller de novela de fantasía y ciencia-ficción animo a evitar el síndrome del elegido).

En cambio, si en vez de ponérselo fácil se lo ponemos difícil de entrada, la intriga es mucho mayor y tendremos a nuestro lector/a enganchado: ¿conseguirá Ana salir de esta?

Podemos darle la vuelta a alguna de las cualidades anteriores de Ana, o A TODAS:

  • -Ana es  buena estudiante pero PERO SE PONE MUY NERVIOSA con las pruebas (-> lo pasará muy mal con la prueba para Cambridge)
  • -Lleva una vida DESORDENADA Y CAÓTICA, SALE MUCHO DE NOCHE, LLEGA TARDE AL TRABAJO  (-> parecerá sospechosa de inicio)
  • -Tiene PROBLEMAS CON UN COMPAÑERO Y UNA COMPAÑERA  (-> alguno tal vez buscará pruebas contra ella)
  • -Es un poco friki y nerd, no se preocupa demasiado por su aspecto (-> la gente y la policía no tenderán a creerla de inicio. Es rara y levanta sospechas)

¿No es un personaje y una historia que, de partida, puede resultar más interesante para intrigar al lector?

4- No hay obstáculos para el personaje

Una vez tenemos planteado el problema principal, es decir, el conflicto sobre la mesa, pasamos a la segunda parte de la estructura en tres actos: el nudo. El nudo es donde todo se complica, ya que es cuando aparecen los temidos obstáculos que hacen que nuestra protagonista las pase canutas para solucionar su problema.

Es decir, si es que hay obstáculos. Y lo ideal es que los haya (el nudo suele ser el 50% de la novela, más o menos). Porque si no los hay, el problema se soluciona enseguida y, además, nuestra protagonista no tiene opción a crecer y evolucionar (como explicaba en este otro artículo).

Entonces el siguiente agujero de trama sería que Julia no encuentre verdaderos obstáculos. Por ejemplo:

  • -Nadie sospecha de ella (mientras sospechan de otros personajes)
  • -No suspende ninguna de las pruebas para conseguir su plaza en Cambrdige
  • -No lo pasa mal por la muerte de su compañero
  • -Su vida personal apenas se ve afectada por lo que está sucediendo.

¿Qué ocurre? Que, para nuestros lectores/as, la historia siempre va a ser más interesante cuanto más afecte a la vida de nuestro protagonista. Si apenas hay problemas, o casi no le afectan, la historia va a emocionar menos.

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Entonces podemos hacer que sí se encuentre UN MONTÓN DE OBSTÁCULOS:

  • -LA POLICÍA sospecha de ella por la vida que lleva
  • -SUSPENDE UNA de las pruebas para conseguir su plaza en Cambridge
  • -LO PASA MAL por la muerte de su compañero
  • -Su PAREJA SE ROMPE por lo que está sucediendo y PIERDE A SU MEJOR AMIGA.
  • -Aparecen DIFERENTES PRUEBAS QUE LA INCRIMINAN.

Nuestra tarea no es quitarle problemas, sino BUSCÁRSELOS, para que el personaje se crezca con ellos y tu lector/a se emocione con la historia.

5-… o los obstáculos se le solucionan solos

Una variante de lo anterior puede ser que sí, que efectivamente le aparezcan todos esos problemas, pero las casualidades, u otros personajes, le van resolviendo cada uno de ellos, con lo que, mágicamente, la protagonista vuelve a quedar libre como un pajarillo. Un ejemplo:

  • -LA POLICÍA sospecha de ella por la vida que lleva -> pero su jefa responde por ella y avala su inocencia.
  • -SUSPENDE UNA de las pruebas para conseguir su plaza en Cambridge-> pero el examen es anulado y todo el mundo tiene que repetirlo. 
  • -LO PASA MAL por la muerte de su compañero. Su PAREJA SE ROMPE por lo que está sucediendo- pero conoce a un nuevo interés amoroso y se le pasa enseguida. 

Evidentemente, el interés por los problemas de Ana va decayendo, porque, además, cuando esto sucede, lo habitual es que le ocurra una vez tras otra y ya SABEMOS que Ana se va a salvar de todo. Cuidado.

Esto enraiza directamente con el síndrome del personaje pasivo, que me encuentro muy a menudo en novelas de aventuras, fantasía o de detectives (especialmente cuando la protagonista es una mujer, pero no sólo). Sería cuando nuestra protagonista se va encontrando problemas pero son siempre LOS OTROS PERSONAJES los que lo resuelven todo.

Atención a esto, porque podemos encontrarnos con un personaje protagonista sin fuerza ninguna, y, por tanto, con mucho menos interés. Además, tampoco va así a conseguir un bonito crecimiento personal (a no ser que, justamente, su evolución sea implicarse más en la solución de su propios conflictos).

6-… O tu personaje lo hace todo

Sin Robin, este bailecito quedaría ridículo.

Otra variante más puede ser el personaje que, en vez de que los demás le resuelvan todo, es justo al contrario: Ana lo sabe todo, lo descubre todo, lo resuelve todo. Es como Capitán-Mega-Super-Wolverine-Man, ¡no necesita a nadie! De hecho, el resto de personajes podría desaparecer de la historia y no se notaría.

¡Alerta ahí! Esto resulta muy poco verosímil. Hasta Batman necesita a su Robin. Además, la historia va a ser mucho más rica si hay más personajes que influyen en lo que le ocurre y le afecta a tu protagonista.

7- Cierras las intrigas demasiado pronto

No solo resolver los obstáculos ipso facto tiene un efecto devastador para la trama: lo mismo puede suceder si vas cerrando cada intriga, cada expectativa, instantáneamente.

Esto lo veo muchísimo.

Como explicaba en uno de los primeros artículos que escribí en este blog, la tarea más importante del oficio de escribir es CREAR EXPECTATIVAS. Abrir interrogantes en la mente de tu lector/a que le haga pasar páginas rápidamente intentando encontrar la respuesta a esta pregunta mágica: ¿Y qué pasará ahora?

Y esto no es solo referido a los obstáculos, sino a cualquier elemento de la trama, pongo unos ejemplos de expectativas que se pueden crear a lo largo del nudo de esta historia.

  • -Aparece un personaje nuevo y muy atractivo (por ejemplo, el/la oficial de policía) y le hace una broma insinuante a Ana. -> EXPECTATIVA: ¿Le está tirando fichas o solo es la imaginación de Ana? ¿Se sentirá Ana atraída también? ¿Dejará a su pareja por este nuevo personaje?
  • -> Ana encuentra una prueba que parece incriminar a la empresa, y tener que ver con un nuevo medicamento que están investigando. EXPECTATIVA: ¿Habrá una mafia empresarial implicada? ¿Será la jefa la asesina?
  • -> Un día, a la salida del trabajo con su compañera Belén, un coche casi atropella a Ana, que se salva por los pelos->EXPECTATIVA:  ¿Está alguien intentando matar a la protagonista?
  • -Se descubre que el compañero asesinado también iba a presentarse a la plaza de Cambridge -> EXPECTATIVA: ¿Sospechará ahora la policía de Ana? ¿Está alguien intentando incriminarla?
  • -De pronto, nos damos cuenta de que Ana nos ha mentido y conocía a la víctima mucho más de lo que había dejado claro a la policía y a los lectores-> EXPECTATIVA: ¿Será Ana en realidad la asesina?

El fallo que más habitualmente me encuentro es que la expectativa se RESUELVE ENSEGUIDA, incluso en el mismo capítulo, o, si no, en el siguiente. ¡Error! Cuanto más tiempo tardes en resolver la expectativa creada, más engancharás a tu lector a la historia. 

¡Aguanta todo lo que puedas! Y luego ve resolviendo una a una.

A veces la expectativa que has generado en tu lector/a resultará acertada al final de la historia, y otras veces no. De esta forma, dándole al lector una de cal y otra de arena, cuando la expectativa se cumpla, tu lector/a verá que ha sabido atar bien los cabos. Cuando no se cumpla, le sorprenderás:

  • -> Ana encuentra una prueba que parece incriminar a la empresa, y tener que ver con un nuevo medicamento que están investigando. EXPECTATIVA: ¿Habrá una mafia empresarial implicada? SÍ. ¿Será la jefa la asesina? NO. En cambio, la jefa morirá para salvarle la vida cuando ella encuentre una segunda prueba.
  • -> Un día, a la salida del trabajo con su compañera Belén, un coche casi atropella a Julia, que se salva por los pelos->EXPECTATIVA:  ¿Está alguien intentando matar a la protagonista? NO, estaban intentando matar a Belén, porque ella había sido cómplice de la empresa en la falsificación de los tests del medicamento. 
  • -De pronto, nos damos cuenta de que Ana nos ha mentido y conocía a la víctima mucho más de lo que había dejado claro a la policía y a los lectores-> EXPECTATIVA: ¿Será Julia en realidad la asesina? NO, pero sí descubrimos que nos estaba ocultando cosas interesantes que después tendrán consecuencias.
  • -Aparece un personaje nuevo y muy atractivo (por ejemplo, el/la oficial de policía) y le hace una broma insinuante a Ana. -> EXPECTATIVA: ¿Le está tirando fichas a Ana? DEFINITIVAMENTE, SÍ.  ¿Se sentirá Julia atraída también? ¡OF COURSE! ¿Dejará a su pareja por este nuevo personaje? NO, iniciarán una relación poliamorosa los tres. 😉

8-No hay causa-consecuencia en los obstáculos. La teoría de la carambola.

Bueno, ya tenemos a Julia con un montón de problemas, que le afectan directamente. Ella es activa y está participando en la trama, metiendo la pata, descubriendo cosas… y, además, se han generado una miríada de expectativas sobre lo que va a ocurrir con la trama y en su vida, que van a tardar en resolverse. ¡Estupendo!

¿Cuál es el siguiente agujero que nos podemos encontrar? Que esos obstáculos y problemas sean totalmente independientes, y no generen causas y consecuencias entre sí.

Explico con un ejemplo:

  • -> Por un lado, hay una prueba que nos hace sospechar de la jefa de Ana (vamos a llamarla Daniela).
  • -> Por otro lado, hay un teniente de la policía que se le insinúa a Ana. 
  • -> Por otro lado, aparecen pruebas de que Ana mentía y que realmente conocía al asesinado, Esteban, y sabía que se iba a presentar a la misma plaza que ella. 

Imagina que todo eso son bolas de billar... ¿podría ser que cada una fuese por su lado, sin tocar a otras, hasta entrar en la tronera? Sí, claro, pero lo normal, lo INTERESANTE, es hacer CARAMBOLAS. Que unas bolas empujen a otras, e incluso provoquen que las que están quietas empiecen a moverse.

¿Cómo podría ser? Hagamos que cada uno de esos obstáculos tenga CONSECUENCIAS en la trama principal, o en los otros. Un ejemplo:

  • -Una prueba que nos hace sospechar de la jefa de Ana, Daniela. El teniente Nicolás muestra su atracción por Ana. Por otro lado, aparecen pruebas de que Ana mentía y que realmente conocía al asesinado, Esteban. 
  • –> Podemos hacer que la jefa, Daniela, prometa ayudar a Ana si esta utiliza su influencia con el teniente Nicolás y averigua qué tienen realmente contra Daniela y la compañía.
  • –> Podemos, después, hacer que al averiguar las pruebas contra Daniela sea como ella (y tu lector/a) se dé cuenta de que realmente Ana y el asesinado, Esteban, se conocían muy bien. Julia intenta eliminar la prueba que puede llevar a esta deducción.
  • –>Nicolás la pilla in fraganti y empieza a sospechar de ella.
  • –> Pero Daniela, tal como prometió, sale en ayuda de Ana y elimina la prueba que la incriminaba.
  • —> Nicolás, a raíz de esto y de la familiaridad que hay entre ambas, cree que ellas tienen una relación y le da plantón a Ana.
  • —> Ana, que se ha quedado encerrada en el trabajo justamente por esperar a Nicolás, con quien había quedado, aprovecha la noche allí y descubre la prueba definitiva.  

Lógicamente, se puede hacer muchísimo mejor, pero en unos pocos minutos ya tenemos varias posibilidades de entremezclar las historias y de que unas acaben influyendo en las otras. Así la historia va a ser muchísimo más rica y más verosímil.

9-No vas subiendo la tensión

Tal como explicaba en este viejo artículo de mi blog, es esencial que los obstáculos vayan creando una gradación. Los más fáciles de superar, al inicio; los más difíciles, al final. Así el interés y la tensión van creciendo a medida que avanza la novela.

Imagina qué ocurriría si a Ana la acusan de asesinato en el 6 y luego, en el capítulo 12, suspende un examen, o se le pierde un zapato. ¿Qué emoción va  a sentir tu lector/a por esos dos pequeños problemas cuando mucho antes ya ha tenido el problema más grande de todos  (o casi), que la acusen de asesinato?

Siempre debemos intentar que los problemas vayan in crescendo.

10-No hay subtramas (en una novela).

En un relato, o una novela corta (muy corta) obviamente no hay más remedio que centrarse en la trama principal. No hay espacio para más. Pero la novela, ¡ah, la novela es otra cosa!

En la novela no solo nos adentramos en una trama: nos adentramos en un MUNDO COMPLETO, el mundo de tu protagonista. Puede ser similar al tuyo, tener lugar en tu misma época y país, pero siempre tendrá peculiaridades que lo diferencien: otro trabajo, otros problemas, otra familia, otras relaciones, otros objetivos. Y, por supuesto, puede ser un mundo que no tenga nada que ver con el tuyo: un país inventado, un mundo futuro, una ciudad ya desaparecida en la neblina de la historia.

Para enriquecer esa sensación y que la experiencia de tu lector/a sea más rica y completa, es esencial incluir SUBTRAMAS, que no son más que tramas que desarrollan la relación entre dos personajes, o una pequeña historia paralela. Puede ser (la típica) subtrama de amor, o una de amistad, o una subtrama de aprendizaje de otro personaje. Puede tener lugar entre dos personajes que no son tu protagonista.

O puede ser otra subtrama que venga a completar aspectos que van a ser importantes en tu trama principal. O que complementen. De momento solo tengo un artículo dedicado a ellas, pero prometo sumergirme más en profundidad, porque es un tema muy interesante. Y los beneficios son muy ricos.

Por ejemplo, en nuestra historia de Ana, podríamos tener tres subtramas:

  • -> La relación entre Ana y su jefa, que pase del rechazo de esta última, la colaboración entre ambas, el reconocimiento de Daniela de la calidad humana de Ana y su sacrificio final para evitar la muerte de la protagonista. 
  • ->Podríamos tener la subtrama en la Belén, la compañera de Ana, encuentra varias pistas que implican a la empresa y, ella que nunca ha estado muy convencida de su profesión, decide finalmente hacerse periodista, y se convierte en un modelo a seguir para Ana. 
  • -> Y podríamos tener una subtrama de amor entre el teniente Nicolás, Ana y la novia actual de esta, por ejemplo.

(Y sí, las subtramas también tienen planteamiento, nudo y desenlace)

11-No preparas lo que va a ocurrir.

Aquí voy a ser muy breve, porque esto lo explico con mucha tranquilidad y ejemplos en este otro artículo: cómo sembrar y recoger.

En una trama profesional, todo debe parecer preparado. Decía Chejov que si aparecía un clavo en la pared durante la primera escena, en la última el protagonista debía ahorcarse colgándose de ese clavo (sí, era un pelín oscuro el hombre).

Pero esa es la idea: ir dejando caer piezas de un puzle, para, más adelante, recogerlas y completar la imagen total. Lo contrario es sacarse conejos de la chistera y créeme, a tu lector/a no le gustan los trucos. Le gusta que le des las pistas, que se las pongas frente a las narices -sin que se dé cuenta- y, cuando menos se lo espere, le saques la moneda de detrás de una oreja. Pero ha tenido que ver esa moneda antes…

TRUCO: cuando sueltes una pista o dato importante que luego vas a recoger más tarde, hazlo tres veces (de esta forma tu lector/a lo recordará bien) y, justo después, incluye alguna escena impactante... de esa forma “ocultarás” un poco el impacto de la pista. Pero la has dado, ¿eh?

Ejemplos:

  • > Si queremos que al final de nuestra historia Ana y su novia inicien una relación con Nicolás, a lo largo del nudo tendríamos que ver que ambas están abiertas a una relación con un hombre, o han tenido parejas masculinas antes. (Eso sí, de pasada, para no destrozar la sorpresa final). 
  • > Si se va a descubrir que Ana y el asesinado, Esteban, se conocían más de lo que aparentaban, al inicio podemos ver cómo a ella se le escapa un dato personal sobre él (“Tiene dos gatos”), para, al momento, desmentirse (“Le vi una vez con una bolsa de comida para gatos”).

12-No sabes cómo cerrar la trama: deus ex machina

Uno de los momentos más difíciles de la trama es el desenlace. Bien lo sé: es donde flaquean muchas de las historias que leo en mis talleres, tanto relatos como novelas. Y no puedes permitirte un mal final.

Dos recomendaciones como mínimo:

>Si no se te ocurre el final, piensa en cómo quieres que se desarrolle tu personaje, y qué es lo más importante para ti de esta historia que estás escribiendo. Por qué “te llama”, por qué te ha gustado escribirla, qué te dice y qué quieres decir tú con ella. Tienes aquí dos artículos muy completos sobre ambos temas (este y este) que te pueden ayudar a hallar el camino en la espesura de los posibles desenlaces.

>Pase lo que pase, intenta evitar recurrir a la facilidad de un deux ex machina, un elemento o personaje que aparece a última hora y, mágicamente, lo resuelve todo. En este artículo lo explico. Recuerda que en las buenas historias es TU PROTAGONISTA quien acaba sacando las castañas del fuego. Y que ponérselo fácil nunca es interesante.

13-Desenlace apresurado

Créeme que te entiendo. Cuando llevas mucho, mucho MUCHO tiempo escribiendo una novela, las ganas de terminar que tienes no están escritas. ¡Quieres llegar ya al final! ¡Como sea! Me ha sucedido a mí misma… y me está pasando incluso ahora con este artículo, con el que llevo varias horas enfrascada.

PERO los finales apresurados… se notan. Y, además, cuando has conseguido llevar a esa persona lectora de la mano desde el principio hasta el final de tus 100, 200 o 300 páginas, va a esperar un desenlace que esté a la altura del resto de la novela. Atención, porque buena parte de la impresión que tu novela va a dejar en esa persona depende de tu desenlace. Es lo último que va a leer, y es importante.

La ventaja que tienes con tu novela o relato -frente a mí y mi artículo- es que generalmente no tienes fecha límite, por lo que, incluso si lo terminas apresuradamente, siempre puedes volver a él, reescribirlo, darle más espacio.

Por lo general, convertir el último capítulo en dos suele ser una buena opción, por lo que suelo encontrarme. Da más tiempo a cerrar subtramas, a que las últimas escenas tengan sus pausas, y puedan emocionar más a tu lector/a.


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Comentarios

  1. Marié

    Me ha encantado. Sabía que algo chirrían en mi novela y tú le has puesto nombre! Gracias!!!!

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