¿Se puede aprender a escribir? Sí. (Pruebas aquí)

Diana P. Morales es escritora, directora de Portaldelescritor y profesor de escritura creativa desde hace casi 20 años. Imparte talleres (online y presenciales) de Novela, Relato avanzado y Novela de fantasía y ciencia-ficción.

Cada poco tiempo, me encuentro con alguna persona que afirma que “no se puede aprender a escribir”; que “el talento para la escritura se tiene o no se tiene”. Al menos dos o tres veces al año tengo esta charla  (el último fue alguien en el facebook de Portaldelescritor), por eso me he decidido a escribir este post. Para explicar -no sólo para explicar, para MOSTRAR- que sí se puede aprender a escribir. 

Y lo he escrito para demostrar que cualquier persona puede llegar a ser escritor/a, y mejorar mucho, muchísimo, sus escritos con tiempo, ilusión y constancia.

Sé que hay otros artículos que tratan este tema, pero el mío es distinto. Porque yo no ofrezco razonamientos y fe: ofrezco pruebas.

Soy profesora de escritura creativa desde hace cerca de 20 años (empecé jovencita) y he tenido, por tanto, muchas evidencias de cómo la gente aprende a escribir (en talleres y sin ellos). 

Más abajo voy a hacer algo que no he hecho nunca: dejar pruebas irrefutables, con textos de alumnos de mis talleres, de cómo han mejorado en el tiempo, para que vosotros también lo comprobéis.

 

POR QUÉ EXISTE LA IDEA DE QUE A ESCRIBIR NO SE APRENDE

Siempre me asombra que, a diferencia de otras disciplinas, la gente piense que a escribir no se aprende, que es un “don innato”, que se tiene o no se tiene. A nadie le extraña, sin embargo, que se pueda aprender a dibujar y pintar, a diseñar muebles o a bailar tango.

Creo que hay varias razones por las que existe esa creencia tan extendida.

1ª razón:

La primera razón por la que creo que mucha gente piensa que “no se aprende” a escribir es porque el material de la escritura, la palabra, es algo que usamos todos los días -a diferencia del material para pintar o esculpir. Quizá por eso hay gente que puede pensar: “Si uso las palabras todos los días, y no consigo escribir un buen relato o un buen poema a la primera, es que no tengo talento y ya está“.

Y no. Conocer las herramientas de una disciplina no significa saber usarlas perfectamente para el fin que queremos. Una cosa es usar las palabras para el día a día y otra es aprender a utilizarlas para emocionar, para impactar, para sorprender. Usarlas como instrumento para embellecer lo que ya existe o para crear lo que no. Eso no lo sabe alguien sólo por saber hablar o leer, necesita práctica y experiencia.

De la misma forma que todos/as usamos casi a diario UNA ESCOBA, y, sin embargo, no somos capaces de hacer preciosos equilibrios con ellas como este artista:

Ni somos capaces de HACER MÚSICA CON UNA ESCOBA, como el grupo The Stomp, ¿verdad? (Este vídeo es más largo, pero si tienes un rato merece la pena).

2ª razón:

La segunda razón por la que creo que mucha gente cree que no se puede aprender a escribir es porque, hasta hace muy poco no existía enseñanza de escritura creativa -y mucho menos enseñanza reglada. Sin embargo, sí ha existido, desde hace siglos, una facultad de Bellas Artes para aprender a dibujar o esculpir, o un Conservatorio de música para aprender a tocar el violín.  Afortunadamente, hay cada vez más Másters y cursos universitarios de escritura y cada vez existimos más escuelas que, como Portaldelescritor, vamos inculcando la idea de que se puede aprender.

3ª razón:

La tercera razón por la que creo que existe esa falsa concepción es por la idea mística del “talento innato”… popularizada en el pasado, sobre todo, por los propios escritores. ¿Qué mejor, para conseguir respeto, que convencer a todos de que tienes algo que los demás no pueden tener, por mucho que lo intenten?

Ya hablaba de eso Edgar Allan Poe:

“Los escritores prefieren dar a entender que escriben mediante un hermoso frenesí -un éxtasis intuitivo; pero si echáramos un vistazo tras las bambalinas nos encontraríamos  con los numerosos bocetos de ideas que no llegaron a la madurez, con las cautelosas selecciones y rechazos, con los dolorosos borrones”.

Es decir: nos encontraríamos con el oficio de escribir, el trabajo del día a día, del que no se libra ningún escritor.  Talento o no talento.

¿Y existe, el talento? Ya lo contestaba en este otro post. Existe, si consideramos talento como una cierta predisposición, una facilidad para aprender más rápido. E incluso Gabriel García Márquez, considerado un genio, escribió un relato diariamente durante años antes de publicar su primer libro. ¿Tenía talento o tuvo constancia?

Incluso si ese talento existe, que alguien empiece a estudiar algo sin tener esa “rapidez de aprendizaje” no quiere decir que no llegue a terminar una novela o a ser escritor.

Decía Michael Ende (autor de “La historia interminable” y “Momo”):

“Quien no sabe tocar el piano se asombra de lo que es capaz un pianista. Pero el pianista tampoco lo ha sabido desde el principio, así, sin más. Se ha ejercitado muchos, muchos años. Con un escritor pasa lo mismo”

La mayoría de los niños de seis años que entran en el Conservatorio de Música (por ejemplo) no muestran ningún talento especial para tocar un instrumento, y muchos acaban siendo concertistas o músicos profesionales. ¿Por qué no se iba a aprender, de igual manera, a escribir?

Que no os engañen: se puede aprender.

Ojo, que tal vez os estéis haciendo esta pregunta: ¿Se puede aprender a escribir sin profesor o sin un taller? Sí, ¡por supuesto! Solamente tenéis que tener en cuenta que… se tarda más. Como decía mi profesor del Máster de Guión, Luis Montrás, escribir es como nadar. Aunque leer es importante (más que importante, esencial) nadie aprende a nadar viendo vídeos de nadadores: hay que tirarse a la piscina y hacer largos, uno tras otro, y practicar regularmente, durante mucho tiempo.

Y, por supuesto, si te apuntas a un curso de natación (aquellos que lo hemos hecho lo sabemos) aprendemos muchísimo más rápido y terminamos nadando mucho mejor, pero se puede aprender sin cursos, por supuesto; con práctica constante, leyendo mucho sobre técnicas y hábitos de escritura (como este blog) y leyendo muchos buenos libros y novelas.

Bueno, vamos al lío. Que hoy prometí algo diferente a mis artículos habituales donde explico largamente alguna técnica o un argumento, hoy traigo más, os traigo PRUEBAS.

 

Prueba #1: estos son algunos (¡solo algunos!) de los libros que han escrito alumnos de mis talleres. Sólo algunos, porque muchos de mis alumnos son por internet y, aunque algunos de fuera me los han mandado por correo, la mayoría de los que tengo son de talleres de Sevilla, donde los imparto a nivel presencial.

 

PRUEBAS DE CÓMO SE APRENDE A ESCRIBIR

Esto es algo que no he hecho nunca hasta ahora.

He podido hacerlo porque con las alumnas de este grupo de taller de escritura llevo mucho tiempo trabajando y tengo la confianza para pedirles que me dejasen sus textos. A algunas de ellas (ya son más que alumnas, son también amigas) las conocí casi en mi primer taller literario presencial para adultos, hace, ¡uf! más de 12 años.  En esos primeros talleres del distrito Nervión de Sevilla, a los que llegaba nerviosa y encogida, de pura timidez, allí estaban ellas. Y años después retomé con varias en un taller privado, en el que siguen desde entonces.

Llevan trabajando años conmigo, en un taller quincenal, de Octubre a Junio. Han escrito muchísimo. Cada una de ellas ha terminado varias novelas conmigo, o varios libros completos. Los han editado. Una de las que ya no sigue, Isabel Mallén, a finales de año edita su novela “El beso de las nubes”, con la editorial Maclein y Parker; de otras os hablo ahora.

Y es que este taller me ha dado muchas alegrías (y a ellas también 🙂 ) No sólo la satisfacción de ver cómo iban acabando libro tras libro, sino también poder contemplar, con mis propios ojos, los enormes avances que iban haciendo, gracias a su tesón, a su constancia, a sus ganas de aprender y de leer sin parar y, humildemente, a mis consejos quincena tras quincena. Al  llevar tanto tiempo con ellas se ha notado muchísimo todo esto.

Lo que voy a hacer (para ello les he pedido permiso) es poner en este artículo algún extracto de uno de sus primeros textos y otro extracto de su último trabajo. Un “antes y después”, para que podáis ver, con vuestros propios ojos, cómo han cambiado sus textos.

Hay cosas que no se pueden mostrar en un único artículo, eso sí. Por ejemplo, la estructura de la obra, o la organización de capítulos o escenas, personajes… Tendría que colgar textos demasiado largos para que pudiérais comprobar los cambios. Pero sí que se puede ver, y veréis como salta a la vista, cómo se expresan mucho mejor. Como usan más vocabulario y mejor utilizado, su redacción es mucho más cuidada; su prosa tiene más imágenes, es más tangible (ellas saben lo mucho que les he dado el peñazo con la visibilidad, jeje), más emocional. Y tiene el ritmo y el buen hacer de quien es consciente de que no sólo está redactando para informar, sino para emocionar.

*He escogido

Elisa I. Mellado.

Elisa, además de escribir, lleva un blog de viajes con muchas visitas, pues es una viajera incansable (se ha recorrido del Polo Norte al Polo Sur, la hierba no crece bajo sus pies). Además, es fotógrafa y ha ganado varios premios. Es la definición de constancia y tiene una energía que ya la quisiera yo misma. 🙂

En la presentación de su libro de relatos “Bajo la sombrilla” y la 2ª edición de su novela “Una sonrisa en el desierto”. Yo la acompañé en la mesa del evento.

Uno de los primeros cuentos que escribió para mis talleres se llamaba “Juego peligroso” y comenzaba así:

Muchas veces me he preguntado el porqué de la reacción, o quizá, la actitud, que la mayoría de las personas adoptamos al conocer la noticia de algún trágico suceso. Creo que la respuesta es la misma que yo tengo. Las desgracias, desafortunadamente, pasan cada día“.

Hoy mismo le he releído este inicio por teléfono y ella misma me ha comentado “¡qué enrevesado es!”. Pero su estilo ha cambiado mucho. Elisa ha estado varios años en mis talleres, durante los cuáles ha concluido dos colecciones de relatos, (“Neuronas inquietas” y “Bajo la sombrilla”), una novela corta (“La sonrisa del desierto”) y ahora está escribiendo una nueva colección de relatos, preciosas y sutiles historias de mujeres de todos los países.

Uno de ellos es su relato “El ahogo”, sobre una mujer que sufre ataques de ansiedad, y del que destaco este extracto, en el que podéis ver cómo ya no es tan enrevesada 😉 :

Me siento en un banco de una plaza hasta donde me ha traído el ahogo y saco del bolso mi bolígrafo y mi libreta, siempre a mano. Las palabras me brotan como lo que son, ropajes, vestidos para el pensamiento. Escribo a tontas y a locas. No importa. No sé si estoy escribiendo el comienzo de mi próxima novela. Tal vez, la última.   Creo que las mujeres no nos damos  cuenta de que nuestra creatividad nace de lo pequeño, de lo caído.  (…)

Su blog.

Eloísa Zapata

Aquí estoy con Eloísa en la presentación de su cuarta novela, “La tierra que habito”

Siempre la pongo de ejemplo cuando alguien me dice “soy demasiado mayor para escribir”, ya que Eloísa llegó a mis talleres con más de 67 años. Ahora tiene 75 y ha escrito a lo largo de éstos cinco novelas: su autobiografía, “Cuánto has tardado” (una historia de amor lésbico en la España de los años 60), “A espaldas del viento del mundo” (novela escrita desde tres personajes diferentes) y “La tierra que habito”. Uno de sus primeros relatos en mi taller empezaba así:

-Abre la puerta de una vez-dice Paula a Leonor- tenemos que estar preparadas antes de que llegue la ambulancia. 

Acaban de regresar del hospital donde Juan, su padre, ha estado ingresado. Su salud es muy delicada, su corazón puede fallar de nuevo en cualquier instante

Su redacción ha ido evolucionando de un estilo directo y bastante informativo a una prosa más literaria con tintes líricos y toques de humor (conservando ese gusto por lo directo) muy personal. Le gusta ponerse retos y romper tabúes. Su última novela, aún por finalizar, tiene bastantes escenas eróticas.  Este es el comienzo de la segunda parte (está narrada en tres períodos distintos de la vida de la misma persona):

El frío. Es mi primer recuerdo. Siempre el frío helador de aquellas habitaciones encadenadas unas con otras sin la menor posibilidad de intimidad. El aire se paseaba por sus techos inalcanzables como lo haría por las montañas tibetanas. Hacía tanto frío que, para ir a hacer pipí en el único baño situado en la planta superior, había que encender el radiador eléctrico, so pena de morir con el culo congelado sobre la taza del wáter“.

Eloísa firmando libros en la misma presentación. ¡Ya quisieran muchos autores esa cola y esa expectación!

Y otro extracto más lírico (escojo estos porque son los que mejor evidencian la evolución, aunque los textos de todas tienen muchos diálogos y escenas más ágiles):

Los dos primeros años tras su ausencia le lloré en secreto. Las lágrimas de los primeros meses fueron dando paso a ese llanto seco que te corroe el corazón, como una gota de agua horadando una roca. Mi corazón convertido en piedra; dolor evolucionado a pena honda, como un elemento añadido al aire que respiraba cada día

Su facebook.

Mar García:
Firmando tras la presentación de su primera novela.

Mar es la representante de la prosa de humor en el grupo, con un punto casi berlanguiano. No hay texto (casi) que no lo contenga y sus historias tienen siempre unos personajes muy tiernos. Ahora, además de terminar su segunda novela, va a volver a estudiar en la Universidad (se ha sacado el acceso para mayores de 25 años).

Este fue el inicio de su primera novela, hace ya unos años, “Valió la pena”, la historia de una mujer que trabaja como empleada del hogar y que se decide a robar una joyería (sí, sí, así es. Spoiler alert: la roba).

El portazo sonó seco y vacío. Me desplomé en una silla del recibidor, intentando reunir las fuerzas necesarias para dirigirme a mis hijos, que lloraban, abrazados, en la diminuta cocina. Los observé unos instantes, asombrada del cariño con el que mi hija Sara, de 15 años, consolaba a su hermano Adrián, cuatro años menor. Mi mirada se cruzó con la suya unos segundos y mi hija, cogiendo de la mano a su hermano, avanzó hacia mí.

-Mamá, tú no tienes la culpa de nada, demasiado has aguantado. Papá se ha portado muy mal y lo sabes-declaró mi niña“.

Aquí estamos todas las del taller (incluidas Isabel y Virginia, que de momento no continúan) en su presentación. ¡Fue la primera en saltar al ruedo y editar!

Ahora está terminando una segunda novela, en la que una escritora en medio de un bloqueo creativo, se traslada a vivir al pueblo de su abuela para descubrir que está plagado de fantasmas y secretos. Su evolución se ve en un texto más plástico y en el que ahora intervienen muchos más personajes, aquí, en una sesión de ouija en la que aparece el fantasma de una tal Remedios:

Mauricio pidió que no quitáramos el dedo del planchett, y, alterando de nuevo su voz, rugió:

            -¡No aceptamos espíritus malignos! Si quiere conseguir algo de nosotros, compórtese educadamente ¡Exponga su caso de forma benévola o márchese para siempre!

            No hubo respuesta. Todos esperamos durante unos segundos las instrucciones de Mauricio. Manuela, que a aquellas alturas ya había sacado el abanico, no paraba de rezar. La cotilla de Angustias, que cuchicheaba con Elisa, rompió la espera dando un golpe sobre la mesa que hizo vibrar el puntero, y declaró:

            -¡Ya lo tengo! Esa tal Remedios era la bisabuela de la señorita escritora, aquí presente. De momento no caía, pero, sí, estoy segura. Vamos, que por poco la queman por bruja –concluyó, apuntándome con un dedo inquisidor.

El dicho de “tierra trágame” se quedaba corto para lo que yo sentí en ese momento. Manuela hizo el gesto de tirarle el abanico a la cabeza. ¡Cómo no iba a ser ella, la persona con más memoria para los chismes del mundo entero, la correveidile, alcahueta, enredadora de Angustias, la que descubriera a mi bisabuela!

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Mª José Rodríguez Macías

Maria José es la que se mete en más aventuras: tanto fue así que su segunda novela ya se inició en la escritura de misterio -que es bastante complicada. Es la más entusiasta y la que prueba de todos los platos: baila, cocina (los postres que hace para el taller están para morirse) y lo que le echen.

Sus primeros relatos, recogidos en un libro de nuestro taller, empezaban así:

Era una noche otoñal, lluviosa y hacía frío, acababa de salir del trabajo y me dirigía a casa (…)” Ese era el comienzo del relato “Tony”, sobre un perro abandonado. Y el segundo, “La estrella fugaz”, empezaba así:

Son las 9’30h de la noche, acabo de salir del trabajo, está lloviendo y hace frío“.

Aquí firmando su segunda novela.

Curioso, ¿verdad?  De esto hablo largo y tendido en mi artículo “Cómo no empezar tu relato o novela”: tendemos a usar las mismas ideas (y hasta las mismas palabras) para los inicios cuando aún tenemos poca experiencia escribiendo.

Mª José está escribiendo conmigo su cuarta novela. La primera, “El corazón de la guerrera”, era la historia de la vida de su familia y de su madre (la guerrera del título). Después, continuó con “Qué caro cuesta a veces el amor” (una novela juvenil de misterio) y “Mi otra piel”.

Ahora está trabajando en una novela muy ambiciosa, que trata el tema del bullying, desde el punto de vista de cinco personajes distintos y contada en dos tiempos (presente y pasado). Este es un extracto:

Cristina echa un vistazo al salón vacío. A veces le gusta la soledad que emana de aquellas paredes, donde parecen acumularse miles de historias viejas y nuevas de las clientas que han pasado por él a lo largo de los diez últimos años. Pero hay momentos en los que las paredes también escuchan: sólo esperan la llegada de los pensamientos más íntimos de Cristina.

Ella y yo en la presentación de la novela “Qué caro cuesta a veces el amor”

Ella se pasea por la estancia. Roza con el dorso de su mano derecha los respaldos de los sillones, todos bien alineados, encarados a los tocadores de cristal sujetos en la pared.

El cuarto parece que conserva aún el calor de la última clienta.Cristina huele el aire donde se esconde, sutil, una mezcla agazpachada  de perfumes: amoniaco, lacas… aunque prevalece la intensidad del limpiacristales usado por Laurita, la aprendiza“.

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¿Y bien? ¿Veis como a escribir se aprende y se mejora escribiendo con la práctica constante (y con buenos consejos? Pues espero que os animéis a escribir, sin parar, y terminéis tantos libros como ellas. 

 

Diana SUPERPEQUE ROJARECUERDA QUE, SI QUIERES DAR UN SALTO CUALITATIVO EN TU ESCRITURA, puedes apuntarte a mis TALLERES LITERARIOS POR INTERNET en Portaldelescritor  y empezar a escribir con mi apoyo y revisiones, en compañía de otros escritores. En breve se inicia mi taller online “Comienza tu novela” y “Comienza tu novela de fantasía o ciencia-ficción“, así como mi Curso de Microrrelato.

Comments

    1. 😀 😀 A ver si en breve añado tu nombre a la lista, de novelas terminadas y publicadas. Seguro que sí, terminadas por lo menos 😉

  1. Fer

    Tus artículos siempre me inspiran. Siempre los leo cuando siento que no me llega la creatividad.

  2. Lady Diamante

    Uf, no sé qué decirte porque todas ellas no lo hacían nada mal de primeras, y han mejorado pero no partían de cero. Otra cosa sería ver la mejora de alguien que escribiera realmente mal.

    1. Tengo ejemplos de TODO tipo, lo que pasa es que con ellas tengo más confianza y las tengo muy cerca para pedirles permiso para reproducir sus textos. Pero todo el mundo mejora, créeme. Lo he visto con estos ojitos año tras año 😉
      Un saludo afectuoso

  3. Sandra

    Hola Diana.
    Admiro mucho tu trabajo e intento seguir tus consejos pero me agobia mucho que creo tener incapacidad para apreciar ciertos libros y me preocupa que eso me impida mejorar.
    Si soy incapaz de apreciarlo, nunca tendré ese nivel, claro.
    Aunque leo mucho me “salto” partes demasiado descriptivas o líricas porque tienden a aburrirme, y muchos libros que recomiendas, como “el dios de las pequeñas cosas” me parecieron un coñazo.
    Aunque si me gustan autores considerados buenos como Tolstoi, Dostoievski o Truman Capote, huyo de todo lo que sea demasiado elaborado. Me maravilla Carson McCullers por ejemplo pero no sé porque no puedo apreciar un estilo más “bonito”, me parece que en la sencillez hay más belleza pero no sé si el problema son mis carencias. 🙁

    1. Es verdad que a veces se aprende a apreciar obras, y determinados detalles, gracias a la lectura y a conocimientos técnicos, pero de todas formas los autores que mencionas ya escriben con suficiente detalle (Capote, Tolstoi o McCullers), y en ocasiones es también cuestión de gustos. No te preocupes y disfruta de los clásicos que ya te gustan, de ellos vas a aprender muchísimo, además. Un saludo afectuoso 🙂

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