Fallos habituales en escritura (1): principales fallos en el planteamiento de la historia

Como profesora de talleres literarios durante más de 20 años (y con más de 2000 alumnos a mis espaldas) he tenido la ocasión de leer muchísimos relatos y novelas de escritores que están empezando. Con el tiempo, he llegado a ver que hay muchos errores que se repiten una y otra vez. Muchas veces tiene que ver con no conocer una técnica, o no haber entendido un concepto, o la falta de práctica…

Hoy me quiero centrar en los fallos más habituales que suelo encontrar en el planteamiento de una historia

Ya sabéis, si conocéis algo de técnica de escritura o habéis seguido mi blog, que el “planteamiento” es una de las tres partes de la estructura clásica de una historia: planteamiento, nudo y desenlace. No por ser la primera parte es la más sencilla: muy al contrario, es una de las que más tenemos que cuidar, porque es el arranque de la historia, el momento en el que el lector debería sentirse intrigado por seguir leyendo. 

Así que es esencial que lo trabajemos bien. Aquí dejo unas cuantas pistas de algunos errores habituales del planteamiento que NO es bueno cometer: 

1. El planteamiento NO es la presentación de los personajes. 

Muchas personas confunden este concepto -y lo entiendo, porque el nombre no aclara nada. Por planteamiento perfectamente podríamos entender que la historia o los personajes se “plantean”, es decir, se ponen delante del lector. Pero, cuidado porque no es así. 

El planteamiento siempre es el planteamiento del conflicto de nuestra historia. Y el conflicto es la base de toda historia, escrita, oída o cinematográfica.

El conflicto es el problema -o el reto- al que el protagonista deberá enfrentarse a lo largo de la historia. Puede ser un conflicto externopor ejemplo, llega a su casa y encuentra que sus llaves no abren la puerta- o puede ser un conflicto interno, es decir, relativo a sus sentimientos o a su carácter – la chica que le gusta es la novia de su mejor amigo.

Este problema inicial de  nuestra historia es lo que hace que el lector se interese por el relato, es el que crea el dilema de la trama y el que hace nacer la pregunta que es motor de todas las historias: “¿Qué le pasará ahora al personaje?”

Sin esa pregunta, no hay historia. Si no hay tensión, intriga por conocer cómo saldrá de esa, si conseguirá o no su objetivo… el lector no tendrá motivos para seguir pasando las páginas.

Por eso podemos decir que la esencia de una historia es su conflicto, y que éste debe aparecer cuanto antes, mejor. Especialmente en el relato: un relato es un género muy breve, que el lector espera terminar de una sola sentada, por lo que el interés del problema del /de la protagonista debe cautivarle desde el comienzo mismo.

2. EL CONFLICTO TARDA EN LLEGAR (SOBRE TODO EN UN RELATO)

El conflicto debe quedar claro lo antes posible, sobre todo en un relato. Si podemos conocerlo en las primeras líneas, mejor que mejor: así el lector quedará “enganchado” a las historia desde el principio. Un ejemplo puede ser este cuento de Alberto Moravia:

Era inevitable: cada vez que Carlo conseguía una chica su amigo Rigamonti se la soplaba

En un cuento de longitud normal (entre cuatro y doce páginas), para hacernos a una idea, lo ideal es que el problema del /de la protagonista apareciera en la primera página. Para comprobarlo, podemos dar nuestro relato a un amig@ (o varios), y preguntarle: “¿Cuál te parece que es el problema del protagonista?” y “¿En qué momento del relato te has dado cuenta?”.

En una novela, en cambio, podemos tomarnos un poco más de tiempo. El lector sabe que va a llevarle más tiempo la lectura, por lo que no le sorprenderá tener que leer un poco más. De todas formas, no debería esperar más de unos pocos primeros capítulos. E incluso en el primero o en el segundo ya podría haber “anuncios” de que ese conflicto va a llegar.

3. NO HAY CONFLICTO

Como decíamos antes, una historia es la historia del desarrollo de un conflicto. 

Una historia no se sostiene porque simplemente ocurran “cosas”. Podríamos tener un texto en el que el protagonista vaya a comer, encuentre a un viejo amigo, charlen… Pero si no hay un problema –aunque sea sutil, como la soledad de ese personaje- para el protagonista la historia no arrancará. El lector se encontrará a sí mismo leyendo y preguntándose “¿Cuándo empieza la historia?”. Para el lector, la historia, la intriga, la pregunta mágica (“¿Qué pasará ahora?”) que nos hace pasar páginas llega con el conflicto.

En el planteamiento se nos presenta ese conflicto (problema o reto); en el nudo vemos cómo el personaje protagonista intenta resolver ese conflicto, qué pasos da, qué problemas encuentra. En el desenlace, nos enteraremos de si lo resuelve o no, y cómo cambia su vida con ello.

Siempre se puede hacer las preguntas que comentábamos antes a algún amigo o amiga de confianza (un lector beta), que, con sinceridad, no ayude en nuestra tarea.

Por ejemplo, en este texto podemos ver cómo empiezan a pasar cosas a los personajes, pero no hay ningún conflicto real:

¿Eres Alberto Flores, mi viejo amigo de la infancia?-

-¡Que alegría encontrarte, Carlos! ¿Pero que haces aquí en Madrid?, ¡Con razón no te veíamos por ningún lado!

-Vivo en esta ciudad desde hace treinta años, me casé aquí y ejerzo mi profesión, tengo una clínica y poco a poco les voy transfiriendo el mando a mis hijos porque los dos son también médicos. Pero tú, Alberto, que tanto te gustaban los negocios, ¿A qué te dedicas?, ¡Cuéntame!

-Bueno, mi querido Carlos, si tienestiempo te invito a que vamos a una cafetería y allí hablamos, porque este clima para tu sensibilidad fresco, yo lo siento frío, ¡vicios de mi vida mediterránea en Málaga y su tiempo!

-Encantado vamos al Gran Hotel.

– ¿Te casaste? ¿Tienes hijos? ¿A que te has dedicado?

-Mi querido Carlos, ¡Agárrate!, trabajo en una ONG, desde hace diez años me decidí, ¡Yo antes siempre criticaba pero nunca hice nada por arreglar la cosas! Ahora creo haber acertado el camino y estoy contento, hago algo por la gente.

¿Cómo lo veis? Si todo lo que le va ocurriendo al protagonista es bueno, o esperado (Recibe una buena noticia, se la cuenta a su familia, todos la reciben bien, van a cenar, pasan una noche estupenda), la historia se hace cansina. Es el problema el que hace que el lector se interese. Y, en una novela, los anuncios de ese problema que ha de llegar.

4. (EN UN RELATO) EL CONFLICTO ES COMO UNA ADIVINANZA, NO SABEMOS LO QUE OCURRE

Esto suele ser bastante duro para escritores que empiezan, pues existe la leyenda de que, cuanto más ingenioso es un relato, mejor es. De ahí la existencia de relatos en los que avanza la trama y no sabemos lo que le ocurre al personaje: le vemos preocupado, realizando acciones que no comprendemos (haciendo llamadas, por ejemplo, cuyo significado se nos escapa), y no sabemos lo que le pasa hasta la sorpresa del desenlace. Y es un error plantear el conflicto de un relato como si fuera una adivinanza, que no se descubre hasta el final.

Precisamente el conflicto es aquello que el lector debe saber cuanto antes, puesto que es lo que le incita a seguir leyendo, a intrigarse por el “qué pasara después”. Si no tiene ni idea de lo que está pasando, sencillamente, abandonará la lectura en la mayor parte de los relatos.

En los casos más extremos, el escritor que empieza escribe un cuento sin decirnos QUIÉN O QUÉ es el personaje principal. A veces se trata de un perro, u otro animal. A veces es una planta, o incluso el alma. Espera que el lector se intrigue con la identidad del protagonista y disfrute con la sorpresa final. Y podría ser así en un relato hiperbreve (de 5 o 10 líneas), pero no con un relato común (entre 3 y 10 páginas). Porque al no saber de qué objeto, animal o ser se está hablando es muy difícil visualizar la historia. Los lectores, cuando leemos un relato, tenemos por costumbre ver -con nuestra imaginación- lo que está ocurriendo, como si fuese una película en nuestra cabeza, y esa visión es la que, en parte, nos ayuda a emocionarnos.

5. (EN UN RELATO) SÓLO HAY CONFLICTO, ES UN RELATO HIPERBREVE

Cuando hablamos de relatos nos referimos a composiciones en prosa que tengan de 2 a 12 páginas (en letra tamaño 12, interlineado uno y medio de word); historias en las que de tiempo a trabajarse una estructura clásica de relato (planteamiento, nudo, desenlace).

Sin embargo, a veces nos encontramos relatos de una o dos páginas que tienen una buena estructura. Un conflicto (o problema del personaje) que aparece en las primeras líneas (por ejemplo, un hombre está enamorado de una mujer que le deja sin habla). En el nudo, se describe el problema más en profundidad. En el desenlace, conocemos el porqué de ese amor imposible (en realidad es su hermana, a la que no conocía).

En realidad, el verdadero problema del protagonista no se ha conocido hasta el final: esto quiere decir que estamos dentro del relato hiper-breve, que se basa en la descripción minuciosa del conflicto (es decir, todo lo que nos cuentas es CUÁL ES EL PROBLEMA del protagonista) con sorpresa final (el origen real del conflicto).

Un ejemplo podría ser este relato de uno de nuestros talleres:

El marido

Sí, era su marido. Pero hubiera preferido ser el hombre de sus sueños.

Alfonso Sevillano

Un cuento no hiper-breve comenzaría con el conflicto (es decir, en seguida nos enteraríamos de que el protagonista, un hombre casado, cree que no es el hombre de los sueños de su mujer) y comenzaría su andadura a partir de ahí. ¿Qué hace ese hombre? ¿Planea hacérselo saber, aunque su amor sea imposible? ¿Quiere decírselo? ¿Decide convertirse en ese hombre soñado? ¿Intenta dejar de amarla? ¿Cómo reacciona ella?

Ahora bien, esta estructura funciona solo en un relato hiperbreve (15 líneas máximo). En un relato de más de dos o tres páginas fracasa, porque, como decíamos en el punto anterior, el lector quiere saber cuál es el problema y cómo reacciona el personaje a ese problema. Pasarse páginas y páginas intentando adivinar qué ocurre es tedioso y da rabia: solo se disfruta cuando se trata de unas pocas líneas y enseguida puedes adivinar qué ha ocurrido.


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