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Por qué debes describir a los personajes

No puedo decir la cantidad de veces que en mis talleres me he encontrado con escritores que me confiesan que prefieren no describir a sus personajes.

Por supuesto, yo me apresuro a recomendarles que lo hagan: no a la manera decimonónica, tal vez, dedicándole cuatro párrafos a la descripción pormenorizada de su aspecto, su personalidad y su pasado. Quizá de forma sutil, pero sí dejando ver su edad, su aspecto general y alguna característica. Y, por supuesto, al avanzar la novela o el relato, mostrarnos cuál es su personalidad.

Es la manera en la que el personaje dejará de ser un arquetipo, algo bidimensional, para convertirse en algo tangible y real para el lector.

Sin embargo, muchos de esos escritores (que a veces son principiantes y otras no) me dan este argumento: «Prefiero no describir edad, ni aspecto ni personalidad para que el lector pueda identificarse mejor con él».

He aquí la madre del cordero, esa asunción de que el lector se va a identificar mejor con un personaje borroso, una piel hueca en la que introducirse como en un traje. Desgraciadamente, la literatura no funciona así. No es una sastrería, es una representación de la vida, y cuanto más similar sea la obra a la vida más emocionará al lector.

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Don Quijote. Ilustración de Doré.

Decidme si no, cómo lectores de todas las edades y épocas se habrían podido identificar con un Hidalgo de La Mancha del siglo XVI, medio loco y con barba; o con una señora romántica hasta la médula de la Rusia del siglo XIX, que engaña a su marido y se suicida por amor; o con un hobbit de la Comarca que lucha contra el Señor Oscuro en una tierra que no existe. ¿Cómo han conseguido los lectores identificarse y emocionarse con esos personajes, que tenían unos rasgos tan claros y diferentes a los nuestros, y una personalidad tan definida como El Quijote, Bilbo Bolsón o Anna Karenina?

Este es el secreto, tomad nota: el lector no se identifica con el personaje. Se identifica con sus emociones. Y esas son universales.

El verbo «empatizar» viene del término griego «pathos», que significa: «Todo lo que se siente o experimenta: estado del alma, tristeza, pasión, padecimiento, enfermedad». Y, es más, estas emociones nos afectan más cuanto más real y creíble (y complejo y completo) sea el personaje.

Esa es la razón por la que empatizamos mucho más con una Elizabeth Bennet o con un Ignatius J. Reilly (de «La conjura de los necios»), con todas sus características personalísimas y únicas, antes que con cualquier personaje de un telefilme de Antena 3 a la hora de comer. Justamente porque está mucho más definido y es mucho más concreto. Porque nos lo creemos y, como seres humanos que somos, empatizamos con su sufrimiento, sus miedos, sus alegrías y sueños.

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Comentarios

  1. Gerardo

    Muy buen detalle, no había caído en la cuenta respecto a que uno se construye una imagen más completa del personaje y, por tanto, puede identificarse con éste.

  2. silvia

    Gracias por este tip. Describir un personaje siempre ha sido dificilìsimo, pero teniendo en cuenta su importancia, ahora tendré màs consciencia del papel que tiene en la narración.

  3. Alex Cardoso

    Hola Diana. Gracias por tus consejos. La verdad es que cada vez que he leído un libro donde, como planteas, van añadiendo características del o de los personajes, de forma dosificada, se me ha hecho ameno ir construyendo la imagen paso a paso. Gracias de nuevo por tus recomendaciones. Pena que no estés por Alicante con alguno de tus cursos. Un saludo.

    1. Hola, Álex: efectivamente, así es como hoy en día suelen describirse los personajes, poco a poco, pincelada a pincelada. A ver si algún día puedo acercarme a vuestra zona 🙂
      Saludos!

  4. Opino que es muy importante integrar las descripciones dentro de la acción. Para que se vuelvan tan sutiles que el lector no se dé cuenta de cómo se ha creado el aspecto físico o psicológico del personaje en su mente a la medida de simplemente avanzar con la historia. Me gusta más parar propiamente a describir el lugar que al personaje. Es como diferenciar lo estático y lo dinámico. Los caracteres fluyen, cambian… Los lugares no tanto. Sin embargo también imponen sus reglas. Creo que parece fácil pero es muy difícil equilibrarlo dentro de una historia. Las descripciones. Un tema muy interesante. 🙂

    1. Sí que es interesante, Ekaterina. Y, como dices, lo importante es mantener el equilibrio, con los otros elementos de la narración y siempre fiel a tu propio estilo.
      Un saludo y encantada de leerte

  5. Paola

    Llámenme ciega si quieren pero, la fuente de letra es muy pequeña y me cuesta leer.

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