Acotaciones al diálogo: sus 3 usos, cuándo utilizarlas y un secreto que pocos conocen

Sois muchos/as los que, a raíz de mis anteriores artículos sobre los diálogos (la guía definitiva para usar los guiones y los 3 beneficios del uso de diálogos) me habéis pedido detenerme en uno de los aspectos más controvertidos: el uso de acotaciones.

Como ya sabréis sin duda, las acotaciones son esas frases explicativas que acompañan al diálogo, y que aparecen cuando el personaje ha terminado de hablar (o en sus pausas). Si tienes dudas sobre cómo escribir diálogos y acotaciones puedes resolverlas en el otro artículo.

Aquí voy a hablar de otras cuestiones ajenas a lo gramatical y técnico. Me gustaría detenerme en eso de lo que no se suele hablar respecto a las acotaciones: ¿por qué se usan y para qué sirven?  ¿Hay que utilizarlas en cada frase de diálogo? ¿Qué verbos es mejor usar para indicar que el personaje ha hablado? Son algunas de las dudas que me suelo encontrar en mis talleres y hoy respondo en este artículo.

Los 3 usos de las acotaciones

¿Por qué se usan las acotaciones? ¿Qué valor aportan a la narrativa? Curiosamente, la mayoría de la gente suele utilizarlas sin detenerse a pensar en esto. A lo largo de mis años de enseñanza de escritura creativa, yo he podido identificar al menos tres usos para las acotaciones, y doy fe de que dos de ellos suelen sorprender a la mayoría de la gente.

Vamos allá con los tres usos que les podemos dar a las acotaciones:

1- Nos indican qué personaje ha hablado

Este es el beneficio más obvio del uso de las acotaciones y el que todo el mundo suele conocer. Cuando hay varios personajes hablando, introducir en la acotación el nombre del personaje o personajes nos ayuda a que no nos perdamos, a que sepamos en todo momento quién ha dicho cada cosa.

–Qué ganas tenía de probar este restaurante–dijo Álex.

–Menos mal que hemos conseguido una buena mesa–respondió Paula.

Es especialmente útil en diálogos en los que hay tres personajes o más, ya que podríamos perdernos si no mostramos quién va hablando.

2. Nos muestran lo que hacen los personajes mientras hablan

He notado una tendencia en los escritores que empiezan: dos personajes hablan y no hacen nada más. E incluso, si antes estaban haciendo algo (conducir, trabajar, comer) dejan de hacerlo y se dedican solo a hablar.

Lo veo en cientos de textos que reviso en mis talleres.

La vida no es así: en muchísimas ocasiones las personas estamos haciendo algo mientras hablamos con alguien. O nos estamos tomando un café, o estamos organizando un archivo, o recogiendo la casa, o paseando, haciendo running, lavando el coche o incluso persiguiendo a un ladrón. Olvidarnos de la acción en cuanto comienza el diálogo es un gran error que resta mucho realismo a nuestra historia.

¿O acaso cuando vemos una película no vemos a esos personajes comiendo y hablando a la vez? ¿E incluso persiguiendo a tiros al “malo” y hablando al mismo tiempo? La vida no se detiene mientras hablamos. Y, precisamente, ese es otro de los usos de las acotaciones: a la vez que explicamos quién habla, podemos mostrar lo que el personaje está haciendo. Le da visibilidad y realismo a nuestras escenas de diálogos.

–Qué ganas tenía de probar este restaurante–dijo Álex.

–Menos mal que hemos conseguido una buena mesa–añadió Paula, mientras revisaba distraídamente el menú–Álex, tenemos que hablar. 

–Ya sabes lo que pienso del tema–contestó él, tomando un sorbo de vino– ¿Es necesario darle más vueltas?

Y, por supuesto,  parte de lo que mostramos son los gestos que nuestros personajes usan al hablar. Jamás me cansaré de repetir lo valiosos que son -y en este artículo explico por qué con más calma.

3. Marcan el ritmo del diálogo

El último beneficio de las acotaciones (y el que menos gente se detiene a pensar) es este: nos marcan pausas entre un frase de diálogo y la siguiente.

Sin acotaciones, todo el dialogo va seguido, como un tiroteo: frase-respuesta-frase-respuesta… Pero esa no es lo que sucede en la vida real. A veces uno espera un poco antes de contestar a algo que le ha dicho una persona, porque está pensando qué responder; o simplemente porque ocurre algo que interrumpe el diálogo de repente (un coche que pita, alguien que pasa al lado…).

Fijaos en la diferencia entre estos dos ejemplos. Leedlos en voz alta si queréis notarlo aún más.

Ejemplo 1:

–Paula, te quiero–dijo Álex.

–Lo sé. Pero es imposible: estoy casada.

–A la mierda tu marido. A la mierda todo. 

–No digas tonterías.

Ejemplo 2:

–Paula–dijo Álex–, te quiero.

–Lo sé–respondió ella sin mirarle a la cara. Después levantó la vista y se mordió el labio–Pero es imposible: estoy casada.

–A la mierda tu marido–exclamó Álex, cogiéndole la mano con fuerza– A la mierda todo. 

–No digas tonterías.

¿Notáis cómo cambia el ritmo de la escena?

En la primera, todo sucede de manera acelerada. En la segunda, sin embargo, los personajes van pensando entre una frase y otra. No quiere decir que siempre tengamos que incluir acotaciones ni que los personajes siempre se detengan antes de hablar; pero muchas veces vamos a tener personajes que, por la razón que sea, tienen que pensarse bien lo que dicen (porque están teniendo una conversación muy íntima o en la que se juegan mucho, por ejemplo).  Y esta es la forma en la que podemos conseguir ese efecto.

Cuándo utilizar las acotaciones (y cuándo no)

Después de todos los beneficios que he contado sobre su uso, uno pensaría que las acotaciones hay que utilizarlas siempre que hay un diálogo. Y tampoco tiene por qué ser así.

Podemos ser parcos en acotaciones y desde luego no tienen por qué aparecer en todas las líneas de diálogo. De hecho, otro de los errores comunes del escritor que empieza es utilizar una acotación en cada una de las líneas de diálogo (dijo Fulanito, respondió Menganita, afirmó Zutanito…), lo que puede quedar cansado y repetitivo.

¿Cuándo NO es necesario usar las acotaciones?

    • Cuando hay pocos personajes hablando (dos o tres) y el lector ya puede deducir quién es el autor de cada frase.

Por ejemplo, en el ejemplo que hemos estado usando de Álex y Paula, ya sabemos que son dos, que él la quiere y ella le está rechazando. A partir de esas dos o tres primeras líneas de diálogo sabemos que cada línea de diálogo corresponderá primero a uno y luego a otra, e incluso podremos identificarles por lo que están diciendo.

–Paula–dijo Álex–, te quiero.

–Lo sé–respondió ella sin mirarle a la cara. Después levantó la vista y se mordió el labio–Pero es imposible: estoy casada.

–A la mierda tu marido–exclamó Álex, cogiéndole la mano con fuerza– A la mierda todo. 

–No digas tonterías.

–Paula, por dios. Sé que sientes lo mismo que yo.

–No, no es cierto.

–¿Y los emails que me escribiste?

–Basta–cortó Paula–Tengo que irme.

Como veis, no es necesario incluir una acotación en cada línea. Bastaría hacerlo en las primeras y, más adelante, en alguna para indicar algún gesto o acción del personaje, o para terminar el diálogo, simplemente.

    • Cuándo no importa quién dice qué

Hay muchas ocasiones en las que no es importante saber quién habla ya que se trata de personajes muy secundarios o incluso totalmente irrelevantes. Un ejemplo:

El coche se había empotrado en la luna del supermercado. Una multitud de curiosos se agrupó en torno al accidente y comenzaron a hablar entre ellos. 

–¡Dios mío! ¿Has visto eso?

–¿Hay algún muerto? 

–Que alguien llame a una ambulancia.

No tiene la más mínima importancia qué personas han dicho cada frase, ya que no son personajes que vayan a ser relevantes en la historia, así que, si queremos podemos ahorrarnos las acotaciones en esa situación.

    • Cuando hay muchos personajes hablando al mismo tiempo y queremos dar la impresión de que todo sucede muy deprisa

Como hemos dicho antes, uno de los beneficios de las acotaciones es, precisamente, ralentizar el ritmo de los diálogos. Eso nos puede venir bien en algunos momentos, pero en otros puede ser un lastre: si queremos que prime la agilidad en una escena concreta, entonces habrá que sacrificar bastantes acotaciones.

Es posible que entonces no quede tan claro quién dice qué (sobre todo si se trata de una escena con muchos personajes) pero ese sacrificio vale la pena para mantener la rapidez de la escena. Veremos muchos autores que lo hacen así en libros de aventuras, acción o de humor… porque el humor también necesita rapidez.

Os dejo un ejemplo de “Mi familia y otros animales”, divertido y precioso libro de Gerald Durrell:

20161219_153544

¿Qué verbo elegir para las acotaciones? Un secreto que pocos utilizan

Esta es la última duda que me suelen preguntar con respecto a las acotaciones. ¿Qué verbos es mejor usar para explicar quién habla?

Hay autores que recomiendan usar sólo y exclusivamente en verbo “decir”. Raymond Carver es uno de ellos: cuando usa acotaciones, raramente escoge otro verbo.

Sin embargo, en un diálogo muy largo en el que vamos a usar muchas acotaciones, repetir siempre el verbo “decir” puede sonar cansino para el lector. En esos casos, se suele intercalar con algún otro verbo de habla como: preguntar, afirmar, responder, exclamar, mascullar, replicar, explicar, etc… Eso sí, siempre intercalados con “decir” como verbo principal.

 

Como norma de estilo os propondría estas: 

-Si tenéis que repetir algún verbo (y, ante la duda): usad “decir”

-No repitáis el verbo “decir” más de tres veces seguidas. Intercalad al menos  uno distinto.

-Pero tampoco utilicéis cada vez un verbo diferente en cada frase o acotación: puede resultar forzado o rebuscado.

Un ejemplo de Raymond Carver (“Catedral”)

Descolgó el teléfono.

–Tenemos un pastel que no han recogido–dijo la voz al otro lado de la línea.

–¿Cómo dice?–preguntó Howard

–Un pastel-repitió la voz– Un pastel de 16 dólares. 

Howard apretó el aparato contra la oreja. 

–No sé nada de un pastel–dijo–¿De qué me habla, por dios?

–No me venga con esas–dijo la voz.

Y, por último, un secreto que no todo el mundo conoce -o que, definitivamente, no todo el mundo usa. 

No tenéis por qué usar verbos de habla cada vez que incluyáis una acotación. Se pueden usar todo tipo de verbos. Es más, incluir siempre un verbo de habla resulta también cansino:

–Qué contenta estoy–dijo Elena, sonriendo y acercándose a la mesa. 

–Te lo mereces–replicó Alicia, dándole una palmadita en el hombro a la chica. 

–Muchas gracias, de verdad–dijo Elena de nuevo, cogiendo sus libros y saliendo por la puerta. 

¿No suena repetitivo? Un poco, ¿verdad? El problema es que incluir un verbo de habla hace que muchas veces la acción esté en gerundio, con lo que la estructura se repite una y otra vez. Lo he visto muchas veces en textos de mis alumnos (e incluso en libros editados).

Ante esta situación, podemos optar, por supuesto, por eliminar alguna de las acotaciones. Pero también tenemos la opción, simplemente, de eliminar algunos de los verbos de habla. Así:

–Qué contenta estoy–dijo Elena, sonriendo y acercándose a la mesa. 

–Te lo mereces–Alicia le dio una palmadita en el hombro a la chica. 

–Muchas gracias, de verdad–Cogió sus libros y salió por la puerta. 

No hace falta indicar “le dijo Alicia mientras le daba una palmadita”. Si decimos que “Alicia le dio una palmadita” ya sabemos que la línea de diálogo anterior la ha pronunciado Alicia. Es obvio. Por lo tanto, siempre que queramos, podemos simplemente incluir el verbo de la acción y eliminar el “dijo él”, “respondió ella”, que tan cansado puede llegar a sonar. 

Eso sí: cuando lo que usamos en la acotación no es un verbo de habla, recordad que entonces la acotación comenzará por mayúsculas.

¿Y tú? ¿Conocías todos estos detalles de las acotaciones? ¿Usabas acotaciones sin verbos de habla? Cuéntamelo en los comentarios, así como cualquier duda. 

Comments

  1. Como escritor (y lector), soy un fanático de las acotaciones. Me parecen de largo la parte más divertida de los diálogos, y el punto diferencial entre un diálogo mediocre y otro original y brillante.

    Me guardo el texto en favoritos, enhorabuena por el texto 🙂

    1. Gracias! EFectivamente, muy poca gente suele trabajarlas y cambian radicalmente un diálogo o una escena. Un recurso fundamental. Un saludo, Luis. 🙂

  2. Genial. Son cosas que te das cuenta conforme escribes (mientras leía el secreto que has compartido afirmaba exageradamente con la cabeza).

    Si me permites añadir algo, podemos utilizar alternativas a “decir” cuando queremos remarcar el tono o intención del hablante. “decir” es neutro, pero “refunfuñar”, “protestar”, “gritar”… añaden una capa más al diálogo.

    Un saludo.

    1. Sí, lo comento en el artículo, que se pueden usar “otros verbos de habla”, pero utilizarlos reiteradamente puede sonar repetitivo también.
      –He llegado–dijo Fran.
      –Por fin–exclamó Elena.
      –No he tardado tanto–replicó él.

      De ahí que comente que muchas veces se puede prescindir, directamente, de ese verbo de habla y darle otro aire a las acotaciones.
      –He llegado–dijo Fran.
      –Por fin–Elena se acercó y le dio un beso en la barbilla.
      –No he tardado tanto–replicó él.

  3. paloma kirchmann

    Exelente, gracias, me ha servido mucho. Muy pedagógico y claro.

Add A Comment