7 claves para potenciar rápidamente tu estilo al escribir

Estas son cuestiones que no se suelen estudiar en los talleres literarios, pero que son esenciales para que tu escritura sea honesta y, por tanto, para que tu estilo se pueda desarrollar hasta su máximo potencial. A mí personalmente me encanta detenerme en este tipo de detalles a la hora de enseñar a escribir.

Dejo aquí 7 claves para empezar a potenciar tu estilo personal. Toma nota:

  1. Escribe sobre lo que te importa

A lo mejor se te ha ocurrido una idea que te parece magnífica: pongamos, por ejemplo, una invasión extraterrestre en la que los aliens clonan a cada uno de los habitantes de la Tierra y un día todos los seres humanos se despiertan con un clon a su lado. Un inicio impactante, ¿no?

Pero yo te preguntaría, primero de todo: ¿por qué esa historia es importante para ti? ¿Qué implicaciones tiene, qué temas trata que para ti es tan importante desarrollar?

Recuerda que si a ti no te importa tu historia, al lector tampoco le importará. Escribe siempre sobre temas, personajes o ideas que te interesen, que te fascinen; sobre cosas que te parece esencial dejar por escrito.

Ojo: no tienen por qué estar directamente relacionadas con tu propia vida o experiencias, pero el tema o la idea sí que debe resonar con algo que te toque especialmente, o que te preocupe. Porque, lo quieras o no, eso se va a traslucir en tu escrito.

Es un poco lo que les pasa a los best sellers, o a la literatura de aeropuerto. Sí, miles de personas han leído “El código Da Vinci”, pero, ¿su lectura les ha impactado de alguna forma, les ha transmitido algo verdadero? ¿O ha sido sólo puro entretenimiento que han olvidado dos semanas después?

2. Olvida las modas y el qué dirán

En el mismo sentido de lo anterior, si escribes pensando lo que quieren leer otros (y no lo que quieres decir tú) tu historia acabará sonando falsa o quedará hueca.

Y voy un paso más allá: escribir sobre algo que está de moda, seguir los pasos que ya han andado otros, no es un seguro para conseguir el éxito, a diferencia de lo que uno pudiera pensar. Por el contrario, seguir tu propio camino, ser auténtico, puede significar dar con un filón.

El ejemplo más evidente y reciente es la saga de Harry Potter, que ha hecho millonaria a J.K. Rowling, y escribiendo justo de lo que quería escribir. Rowling escribió novelas juveniles sobre magia cuando esta no estaba de moda –eran unos años de escritura muy realista. De hecho, en las numerosas cartas de rechazo que recibió de editoriales, esa era una de las razones por las que no apostaron por ella.

Finalmente consiguió un contrato editorial porque uno de los editores le pasó el manuscrito a su hijo; a éste le encantó y le recomendó encarecidamente a su padre que lo publicara. Bingo.

De la misma forma, 100 años de soledad fue también rechazada en bastantes editoriales por ser demasiado extensa (y, por tanto, poco comercial). Qué risa, ¿eh? Algunos editores deben estar dándose de cabezazos.

Pero sí, estos son ejemplos que muestran que seguir las modas no es un paso seguro y, desde luego, no ayuda a una escritura honesta ni a desarrollar tu propio estilo personal.

3. Di lo que quieres decir, no lo que crees que tienes que decir

Decíamos al principio de este libro que desde pequeños nos inculcan la idea de que se escribe de una cierta forma. De que la literatura (o los artículos, o los posts, o los libros de texto…) sólo tienen una manera de expresarse.

Consciente o inconscientemente, intentamos sonar a eso que identificamos como “literario”. Pero nuestros textos no tienen por qué sonar así para tener calidad, ¡ni hablar!

JD Salinger, en el comienzo de El guardián entre el centeno, lo dejaba bastante claro:

Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablarles de su vida privada.

Con este inicio, Salinger rompió con muchas de las convenciones de la época. Se salió completamente de la manera “literaria” de narrar una historia. Y consiguió lo que quería: sonar natural e impactar al lector.

4. No trates de impresionar a nadie. Trata al lector como un igual: es un amigo, no un juez.

Esta es otra de las presiones que muchos tenemos para no decir lo que queremos decir, sino lo que creemos que tenemos que decir: pensar en lo que va a opinar la persona que te lea.

  • ¿Le parecerá suficientemente bueno este texto a mi lector?
  • ¿Pensará que soy demasiado ingenuo/a, cínico, rebuscado, simple, pretencioso…?
  • Si el protagonista de mi libro es un asesino, ¿me identificará con él?
  • ¿Qué pensará de las escenas de sexo / violentas / de amor…?

Todas estas son frases que, en cuanto pasan por nuestra cabeza, asesinan nuestra creatividad y nos fuerzan a escribir de otra forma.

RECUERDA:

No hay más que una manera de escribir: escribe el libro que tú quieres leer.

No tienes manera de saber qué es lo que le va a gustar o qué va a opinar un lector sobre tus escritos. Y, en nuestra cabeza, solemos identificar a ese lector con un juez que va a descalificarnos por esta o aquella razón. Sin embargo, en realidad, el lector suele ser más bien un amigo: alguien que está deseando dejarse seducir por nuestra historia y disfrutar con ella.

Nota: esto no está reñido con intentar escribir bien, documentarte sobre el tema o los personajes para no meter la pata. De lo que hablo en este punto (y lo sabes muy bien) es de otro tipo de inseguridades, de los que casi ninguno de nosotros está exento. 

5. Comprométete a mejorar

Escribir sobre lo que te importa e intentando ser tú mismo no quiere decir, en absoluto, pensar que todo lo que escribes ya es perfecto tal cual.

Mientras vivimos, estamos aprendiendo. Esta máxima vale para todo en la vida y la escritura no es una excepción. Parte del desarrollo del estilo es, precisamente, ser conscientes de que siempre podemos mejorar y comprometernos a intentar hacerlo.

Crearnos rutinas constantes para la práctica de la escritura, leer intensamente (como recomienda Ray Bradbury), estudiar teoría de la escritura, contar con el apoyo de un coach, de maestros y correctores y talleres literarios…  todo es bueno para seguir avanzando en nuestro oficio.

Podemos decir que, al final, nuestro estilo será un delicado equilibrio entre lo que nos sale natural y nuestro afán por mejorar y probar cosas nuevas.

6. No te quedes con la primera opción, suele ser un tópico.

En ese afán por mejorar, la primera regla debería ser esta: no quedarte nunca con la primera idea (de lo que hablaba extensamente en este otro artículo). Ni a la hora de imaginar una historia, o de describir un personaje o incluso elegir una palabra importante para nuestro texto. Cuestiónate tus decisiones y, cuanto más importantes sean (un giro de tu trama, la aparición de un nuevo personaje, el desenlace…) cuestiónatelas más aún y busca más opciones.

Plantéatelo como una rutina que sigas a menudo, y vívelo como un juego: ¿de qué otra forma podría terminar esta historia / aparecer este personaje / llamarse este otro? ¿De qué otra forma podría suceder esto / podría expresar esto otro?

Cuántas más opciones te des a lo largo de tu escrito, más probabilidades hay de que la opción que elijas sea la mejor posible –y, por tanto, que sea más original y personal, menos leída y vista en libros o películas.

7. Sé tú mismo cuando escribes

El objetivo del lenguaje es comunicar y emocionar. Por un lado, y primero de todo, transmite una idea (o una historia completa); por otro, pretende impactar al lector y generar emociones.

Todo nuestro propósito a la hora de escribir no es más que ese doble objetivo.

El problema es que, cuando no estamos siendo nosotros mismos, cuando estamos forzando nuestra forma de escribir (para adaptarla a modas, gustos, a lo que pensamos que es “literario”, o para impresionar)… no sonaremos creíbles, y, por tanto, no emocionaremos.

Y al tratar de impresionar es posible que utilicemos demasiados artificios y perdamos de vista también el primer propósito: transmitir claramente una idea.

Por lo tanto, en ese punto 7 nos encontramos con  una (peliaguda) cuestión que necesita urgentemente una respuesta:

¿Quién eres y qué quieres expresar?

Esa es una pregunta que puede llevar toda una vida contestar… pero podemos empezar a planteárnoslo. En mi ebook “En busca del estilo propio” profundizo en todo este tema y doy ejercicios para encontrar tu estilo personal.

Como siempre, coméntame lo que te surja (dudas, preguntas, sugerencias…) estaré encantada de charlar contigo. ¡Y aquí nos vemos en 15 días!


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Comentarios

  1. Elisa

    Genial artículo, como siempre, Diana.
    Ahora mismo estoy escribiendo una novela y sufriendo algunos de los puntos que describes: mis lectores beta o, peor aún, amigos que saben de qué va mi novela pero no han leído una página, me advierten de que escribir novela histórica ahora que está tan de moda es diluirse. Pero yo siempre he escrito -e imagino que siempre escribiré- sobre temas históricos. Por suerte o por desgracia, ha coincidido con el auge de Posteguillo &co.
    También dicen que es demasiado larga y que puede echar para atrás, pero yo siempre he preferido los tochos. Espero que haya más gente con las mismas preferencias que yo, que quieran enfrentarse a un ladrillo histórico cada noche.
    En resumen: seguiré tus consejos.
    ¡Gracias y un saludo!

    1. Elisa, si a ti te gusta un género de moda, ¡estupendo! Mi comentario va por la gente que se “adapta” a la moda, sin realmente interesarle ese género o tema. Y, desde luego, hay gente a la que le encantan los “tochos”: mi madre, por ejemplo, es de las que compran los libros prácticamente al peso, si no es bien largo ni lo mira 😀 Un abrazo y que vaya muy bien esa novela.

  2. Carla Nieto

    Buenas tardes, le escribo para hacerle unas consultas,
    ¿Actualmente se considera prudente hacer notas en los documentos?
    ¿Qué tipo de información deben contener?
    ¿Como podría resaltar un texto importante: subrayando o negrillas?

    1. Hola, Carla: esos generalmente son recursos de libros de ensayo, historia o libros de texto. No se suelen usar notas, ni por supuesto negritas, en textos de ficción.
      El único caso en el que se suelen poner notas al pie es en el caso de los textos traducidos, en las cuales el traductor o traductora explica algo controvertido sobre la traducción de un término en concreto y que es necesario para entender toda la amplitud de la obra. Un saludo.

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