¿Estás “fluyendo” en la escritura? Beneficios de fluir (no es lo que crees)

Hoy quiero tratar un concepto que últimamente se usa mucho: fluir. Tener flow. Se usa mucho en contextos de crecimiento personal o de aprendizaje, como es el caso de los que queréis aprender a escribir mejor o labraros una profesión como escritores.

Si habéis escuchado ese término alguna vez, seguro que habréis oído afirmaciones como estas:

  • “Hay que fluir con la vida”
  • “El flow es lo que te va a mantener inspirado”
  • “Fluyendo es como se aprende a mejorar”

Frases muy bonitas (y ciertas) pero, si no se conoce exactamente el significado del término, se pueden malinterpretar. Por ejemplo, si habéis escuchado eso de “hay que fluir con la vida” mucha gente lo interpreta como que hay que “dejarse llevar por la corriente”, “ir a donde la vida te lleve”. O en el caso del oficio de la escritura, “escribir como te salga” o “elegir lo que te sea más fácil”.

Seguro que habéis escuchado personas que hablaban en esos términos o que interpretaban “fluir” de esa forma, ¿verdad?

Y no es eso.

Lo repito otra vez: “fluir” no es “dejarte llevar a donde la vida o las circunstancias te lleven”. No es “escribir o hacer lo que te salga espontáneamente.” No es así. Esto es muy importante porque puede significar la diferencia entre avanzar como escritores o estancarnos.

La teoría del Flow

El inventor del término “fluir” aplicado a las experiencias humanas fue Mihály Csíkszentmihályi, psicólogo y profesor de la Universidad de Chicago. En su libro “Flow” explica que fluir es una sensación de felicidad completa y motivación en lo que estamos haciendo que provoca nuestros mejores resultados. “Todo tu ser está allí, y estás aplicando tus facultades al máximo”, dice el profesor.

Quién no querría fluir en la escritura, ¿verdad? 😉

(Por cierto, si estáis encontrando similitudes entre escribir fluyendo y la inspiración… es porque las hay)

Muy bien, toda esa teoría es preciosa. Pero, ¿cómo conseguir entrar en modo flow? ¿Cómo, exactamente, se hace para entrar en ese mágico momento en el que estás completamente concentrado, feliz y tu escritura es mejor que nunca?

Y ahí es donde viene el quid de la cuestión, y lo explica el profesor: el flow está a mitad de camino entre lo que nos sale natural y lo que nos resulta demasiado difícil de hacer. Os dejo un pequeño esquema donde se explica estupendamente -y va a ser mucho más rápido.

flow-esp

¿Qué significa este gráfico? Pues lo que decía antes. El flow es un camino que hay justo entre lo que nos resulta demasiado fácil (porque ya sabemos hacerlo) y lo que nos resulta demasiado difícil. Lo clarifico con ejemplos.

Ejemplo 1:

Si el nivel de conocimiento que tenemos es bajo  y el reto que nos ponemos es demasiado alto podemos entrar en la zona del miedo o la ansiedad: paralizarnos, no hacer lo que queremos hacer, o cometer muchos errores. Un ejemplo: yo di una clase para aprender a pilotar avionetas, de 30 minutos, que me encantó y donde aprendí lo básico (hay un vídeo 😉 ). Pero ahora imagina que me encuentro en la situación de “Aterriza como puedas” y tengo que aterrizar un Boeing 747. Terror absoluto. E incapacidad absoluta. Ese reto no me va a hacer aprender ni crecer, me va a dejar paralizada y voy a cogerle miedo a volar.

Ejemplo 2, el contrario:

En cambio, si nuestro conocimiento es medio y nos ponemos un reto bajo, cercano al cero (lo que ya sabemos hacer porque lo hemos hecho muchas veces), entramos en la zona de rutina y aburrimiento. Por ejemplo, andar al trabajo por el mismo camino de todos los días: no supone ningún reto y es algo que sabemos de memoria. O hacer una tortilla francesa -si ya hemos hecho muchas, como es mi caso. O, en el caso de la escritura, escribir como siempre hemos escrito, como nos sale espontáneamente.

Y ahí tampoco está el flow.

Encontrando el flow

Es decir: para conseguir fluir en la escritura no se trata de escribir “como te salga natural”; esa es tu zona de confort. Si siempre escribes como te sale espontáneamente, no mejoras y, con el tiempo, terminas aburrido. Para entrar en el flow tenemos que intentar cosas nuevas (eso enlaza con mi artículo de hace dos semanas, no te conformes), probar cosas que no hemos hecho -a nuestro nivel- y así podremos conseguir esa maravillosa satisfacción del flow: cuando consigues hacer algo que antes no habías hecho y te sale bien.

Es ahí cuando aprendemos, es ahí cuando crecemos, y es ahí cuando logramos nuestro mejor resultado.

¡Cuidado! No se trata de ir contra-corriente, de intentar algo que vaya en contra de tu estilo natural (como explico ampliamente y con ejercicios prácticos en mi ebook “En busca del estilo propio“): se trata de encontrar el equilibirio entre lo que te sale natural al escribir, y los retos que te van a lanzar un poco hacia adelante. Y también el equilibrio entre tu forma de ser, como persona, como escritor, y los retos que te hagan avanzar en el oficio de escritor -si quieres intentar, algún día, darte a conocer como autor, o publicar.

Por eso “fluir” no es “dejarse llevar por la corriente”, “donde la vida te arrastre”, como si tú no tuvieras ni voz ni voto en ningún momento; esa es una malinterpretación del término que, seguramente, no hará que mejores en el oficio de escribir ni en otros.

La mejor metáfora que se me ocurre es que “fluir” sería como navegar en un velero: sí, hay una corriente y un viento y no puedes ir en su contra. Pero tú arrías o izas las velas, remas a un lado u otro, diriges el timón y vas lo más cerca de donde quieres, con las posibilidades que tienes.

Vale, es verdad que a veces la vida nos presenta situaciones inesperadas, como en el mar: podría llegar una gran tormenta que nos aparte del camino o incluso que nos vuelque. Pero, mientras sigamos vivos, podemos ajustar las velas. La forma de llegar más lejos siendo feliz sería avanzar sin luchar contra la corriente, pero teniendo bien claro nuestro objetivo -pues, si simplemente nos dejamos llevar, podemos acabar perdidos en alta mar durante años.

Os dejo este maravilloso vídeo en el que se puede ver, explicado de otra manera, el mismo concepto: se habla de la zona de confort, la zona de aprendizaje y la zona mágica… y sólo saltando ahí se consigue fluir. El flow no llega hasta que no superas una barrera: eso que te impide empezar. Un miedo, un prejuicio, una vergüenza… Esa parte de uno que te dice que “no puedes”, y que te miente: porque puedes.

Comments

  1. Perla

    Hola Diana!
    Gracias por el post y el video.
    Las ideas claras ayudan a encontrar el valor que se necesita para enfrentar los miedos y dar el salto.
    Dejar atrás eso que lo mantiene a uno en donde está.
    Puede que sea cómodo, pero allí no existe la magia de fluir.

Add A Comment