Copia de Copia de 2016 (19)

Escribir en 1ª persona: técnicas y trucos para sacarle todo el partido

En mis talleres de novela, una de las voces más usadas para contar la historia es el narrador en primera persona.

A lo largo de los más de 25 años que llevo impartiendo cursos he visto que, aunque aparentemente es un narrador sencillo, en realidad tiene sus complicaciones, sobre todo si queremos conseguir una voz narradora rica, personal y verosímil. Con este extenso artículo pretendo entrar a fondo en este tipo de narrador, ver cuáles son sus dificultades (y cómo superarlas) y dar algunos consejos para sacarle más partido.

Vamos a empezar por recordar, brevemente, qué es el narrador en 1ª persona.

Qué es el narrador en primera persona

Ya hace tres años que publiqué un artículo en el que hablaba de las diferencias entre narrar en 1ª y en 3ª persona. Básicamente, escribir en primera persona es hacerlo desde el punto de vista de un personaje, utilizando la primera persona verbal, es decir, escribir «desde el yo». Al escribir en primera persona la voz narradora se identifica con el propio personaje, a diferencia de cuando escribimos en 3ª persona, en que ambas son entidades diferentes.

Esta sería la definición básica pero, lógicamente, hay mucho más. Y en este artículo voy a hablar de cómo sacarle partido a la voz en primera persona. En concreto:

  • Romper la muralla entre narrador y personaje
  • El narrador en primera persona no eres tú, es tu personaje (y debe tener su personalidad)
  • 4 últimos consejos para enriquecer la narración en primera persona

CONSEJO EXPRÉS:

Es importante dejar claro desde la primera o la segunda frase que estamos narrando en 1ª persona. Ejemplos:  Anoche soñé que volvía a Manderley”, Rebeca, Daphne du Maurier  / Llamadme Ismael”, Moby Dick, Melville.

Si comienzas con una descripción o hablando de otro personaje (“Edward esperaba todavía que llegase su madre”) puede resultar chocante, ya que quizá la persona que lee se imagina en las primeras líneas que estamos en tercera persona y de repente se hace un cambio a primera.

Recordemos que, cuando escribimos con un narrador equisciente, es decir, desde el punto de vista de un personaje (hablo de los puntos de vista en aquel mismo artículo), la voz narradora en tercera persona diría algo como:

VOZ NARRADORA EN 3ª PERSONA

“Esther se sorprende cuando escucha unos pasos que la siguen mientras camina por la calle. Siente el corazón golpeándole en el pecho. Se pregunta si van a atacarla y piensa: debo darme prisa. Así que, al ver el semáforo en verde, echa a correr para cruzarlo”

Y en primera persona, técnicamente, sería algo tan simple como:

VOZ NARRADORA EN 1ª PERSONA

“Me sorprendo cuando escucho unos pasos que me siguen mientras camino por la calle. Siento el corazón golpeándome en el pecho. Me pregunto si van a atacarme y pienso: debo darme prisa. Así que, al ver el semáforo en verde, echo a correr para cruzarlo”

Sólo que… la voz en primera persona tiene más trucos y técnicas y se le puede sacar mucho más jugo.

¡Vamos a ver por qué! 😀

CÓMO SACARLE PARTIDO AL NARRADOR EN 1ª PERSONA

1. ROMPER LA MURALLA

Comienzo con una apreciación sobre la escritura en primera persona que, aunque es muy sutil, cuando se aprende a manejar bien puede ayudar a darle naturalidad y riqueza a nuestro narrador, emocionando mucho más a nuestros lectores.

¡Vamos allá! Explico primero, brevemente, y luego iremos viéndolo con ejemplos, que así se ve siempre mucho más claro.

Cuando escribimos en tercera persona lo tenemos muy claro: tú (el autor/a, que escribe la historia) eres quien narra. Usas tu voz y tu estilo, y vas mostrando cómo tu personaje protagonista hace cosas, siente cosas, reflexiona, etc. Hay una diferencia muy clara, una muralla que te separa a ti (que escribes) del personaje (a quien estás viendo hacer cosas, desde fuera, y nos lo cuentas).

Cuando escribimos en primera persona tenemos tendencia a hacer lo mismo: a separar la voz narradora del personaje, de forma que esa voz también nos dice que el personaje hace cosas, siente cosas, que el personaje reflexiona, etc. Como si lo estuviera viendo desde fuera. Pero… en primera persona es el propio cerebro del personaje el que dicta la historia, desde dentro. Y eso se tiene que notar.

Como es una distinción muy sutil, vamos a ver unos ejemplos y se explica mucho más claro.

Vamos a coger el mismo ejemplo de antes:

“Me sorprendo cuando escucho unos pasos que me siguen mientras camino por la calle. Siento el corazón golpeándome en el pecho. Me pregunto si van a atacarme y pienso: debo darme prisa. Así que, al ver el semáforo en verde, echo a correr para cruzarlo”

Como viste, este texto es una transcripción directa a primera persona de un texto en tercera, sin cambiar más que la persona verbal. Por lo tanto, la muralla de la tercera persona está ahí.

Vamos a derribarla.

  • No hace falta especificar que el narrador “ve” u “oye”

Compara nuestro texto, trasladado directamente desde la tercera persona, con este otro:

“Me sorprendo: cuando escucho unos pasos que me siguen mientras camino por la calle. Siento el corazón golpeándome en el pecho. Me pregunto si van a atacarme y pienso: debo darme prisa. Así que, al ver Como el semáforo está en verde, echo a correr para cruzarlo”

¿Veis lo que hemos hecho? No hace falta decir “escuché unos pasos” porque si dices “unos pasos me siguen” ya se sabe que los ha escuchado: ¡es la propia protagonista quien habla! Del mismo modo, si dices “el semáforo está en verde” ya sabemos que lo ha visto. No hace falta decirlo.

Estamos en su cerebro, estamos en sus ojos y en sus oídos.

  • No hace falta especificar que el narrador “piensa”: introduce los pensamientos directamente, incluso las preguntas

Ya hemos visto que podemos romper la muralla entre voz narradora en primera persona y personaje eliminando los verbos de vista y oído, pero es que también podemos eliminar los relativos a pensar, reflexionar o preguntarse. Como ya estamos en su cerebro, cualquier frase que escribamos ya la está pensando ese personaje (no hace falta decir que “pensaba”), cualquier pregunta que hagamos ya se la está preguntando a sí mismo (sin necesidad de decir “me pregunté” o “me pregunto”).

Así, podemos hacer más cambios en nuestro texto. Aquí tenemos la versión actual:

“Me sorprendo: unos pasos me siguen mientras camino por la calle. Siento el corazón golpeándome en el pecho. Me pregunto si van a atacarme y pienso: debo darme prisa. Como el semáforo está en verde, echo a correr para cruzarlo”

Y ahora vamos a cambiarlo, así:

“Me sorprendo: unos pasos me siguen mientras camino por la calle. Siento el corazón golpeándome en el pecho. Me pregunto si ¿Van a atacarme? y pienso: Debo darme prisa. Como el semáforo está en verde, echo a correr para cruzarlo”

  • No narres las acciones (o no siempre): métete en la acción.

Vamos con un siguiente paso en la eliminación de nuestra muralla. Tampoco hace falta que “veamos” al personaje “haciendo” algo: basta con que lo haga, directamente. Por ejemplo, en lugar de decir «Mientras intentaba abrir la puerta, que estaba atascada, alguien me llamó por mi nombre», podemos escribir: «El picaporte de la puerta no cedía. «¡Esther!», gritó alguien»

Pero sigamos con nuestro mismo ejemplo:

“Me sorprendo: unos pasos me siguen mientras camino por la calle. Siento el corazón golpeándome en el pecho. ¿Van a atacarme? Debo darme prisa. Como el semáforo está en verde, echo a correr para cruzarlo”

“Me sorprendo: unos pasos me siguen mientras camino por la calle. Siento el corazón golpeándome en el pecho. ¿Van a atacarme? Debo darme prisa. Como el semáforo está en verde, echo a correr: para tengo que cruzarlo”

  • No hace falta especificar que el narrador “siente” o “duda”: introduce los sentimientos y las emociones.

De nuevo, cualquier sensación que el personaje sienta en su cuerpo, o cualquier emoción que exprese, ya entendemos que la está sintiendo, no es necesario añadir que la «siente».

Así:

“Me sorprendo: unos pasos me siguen  por la calle. Siento el corazón golpeándome en el pecho. ¿Van a atacarme? Debo darme prisa. Como el semáforo está en verde, echo a correr: tengo que cruzarlo”

“Me sorprendo: unos pasos me siguen  por la calle. Siento El corazón empieza a golpearme en el pecho. ¿Van a atacarme? Debo darme prisa. Como el semáforo está en verde, echo a correr: tengo que cruzarlo”

  • Muestra la sorpresa, no la reflexión sobre la sorpresa.

Por último, para romper la muralla entre narrador y personaje, no tenemos que “explicar” que el personaje se sorprende, sino solo… mostrar su sorpresa. Recuerda que para eso se inventaron los signos de exclamación. 😉

Es la diferencia entre: “Lo que más me llamó la atención fue que no tenía ventanas” y “Pero… ¡no tenía ventanas!”

Además, para expresar tanto sorpresa como malestar, podemos añadir palabrotas directamente a la narración: eso va a añadir emoción a nuestro narrador en primera persona.

Vamos a ver cómo lo adaptamos a nuestro texto. Lo teníamos así:

“Me sorprendo: unos pasos me siguen  por la calle. El corazón empieza a golpearme en el pecho. ¿Van a atacarme? Debo darme prisa. Como el semáforo está en verde, echo a correr: tengo que cruzarlo”

Y ahora vamos a cambiarlo, así:

Me sorprendo: ¡Unos pasos me siguen! El corazón empieza a golpearme en el pecho. ¿Van a atacarme? Mierda, debo darme prisa. Como el semáforo está en verde, echo a correr: tengo que cruzarlo”

¿Es necesario romper siempre la muralla en todos estos aspectos?

ANUNCIO-MI-BLOG Escribir en 1ª persona: técnicas y trucos para sacarle todo el partidoNo tiene por qué. Una vez que seamos conscientes de que esa muralla existe y de cómo eliminarla, podemos elegir en qué momento hacerlo y en cuál no; aunque, eso sí, idealmente debería ser la mayoría de ellos.

Sabemos que, cuando elijamos hacerlo, vamos a conseguir:

-Más emoción (el primer texto resulta mucho más frío, ya que está separado por la barrera que hemos puesto entre nuestra voz narradora y el personaje)

Un texto más ágil y directo (en el primer texto es todo más lento, puesto que es muy explicativo; aunque, si queremos imprimir un ritmo más lento al segundo, también es posible. Pero el primero siempre va a ser más lento)

-Más empatía (al estar directamente dentro del personaje y no en una narración que nos dice cómo se siente al estar dentro de él)

Yo voy a elegir dejar esa muralla en un par momento del inicio y dejaría nuestro texto así (con la muralla bajada al 90% 😉 )

“Al entrar en la calle escucho algo detrás de mí. ¡Unos pasos me siguen! El corazón empieza a golpearme con fuerza en el pecho. ¿Acaso van a atacarme? Mierda, debo darme prisa. Como el semáforo está en verde, echo a correr. Tengo que cruzarlo”

Compara con la primera versión, calcada de la tercera persona:

“Me sorprendo cuando escucho unos pasos que me siguen mientras camino por la calle. Siento el corazón golpeándome en el pecho. Me pregunto si van a atacarme y pienso: debo darme prisa. Así que, al ver el semáforo en verde, echo a correr para cruzarlo”

Aunque sutil, cuando se trabaja en eliminar esta barrera a lo largo de todo un relato o novela, se nota muchísimo. Vamos a estar mucho más cerca del personaje, y la narración resultará más natural y emocionante.

2. INTRODUCIR LA PERSONALIDAD EN LA NARRACIÓN

El siguiente paso para trabajar la voz en primera persona es ser muy MUY consciente de que quien cuenta la historia no eres tú. Es tu personaje.

Y tu personaje tiene su propia personalidad. Su propio pasado. Su propio trabajo y hobbies. Sus propios defectos y valores, que se resaltarán en aquello en lo que se fija, en lo que no se fija, en lo que dice, en lo que calla, y en cómo se expresa.

Imagina que tu personaje narrador presencia un accidente en la calle: no va a fijarse en los mismos detalles si es un misántropo que solo busca la soledad, que si es una enfermera que no tiene vida propia porque se pasa el día ayudando a todo el mundo.

Ni se fija en lo mismo un adolescente que  presencia un accidente por primera vez que una persona que ha sobrevivido a uno y todavía está traumatizada. Y no va a narrarlo de la misma manera una persona optimista y que ve la vida con sentido del humor, que una persona pesimista y cínica, por poner un ejemplo.

Voy a dejar cinco ejemplos de diferentes personalidades a la hora de narrar en primera persona, veréis que se distingue perfectamente una de la otra:

Narrador cínico, adolescente: 

Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablarles de su vida privada […]”.

El guardián entre el centeno, J. D. Salinger (Ed Anagrama)

Narrador lírico: 

El calor me despertó al filo de la medianoche. Y el sudor.

El cuerpo de aquella mujer hecho de tierra, envuelto en costras de tierra, se desbarataba como si estuviera derritiéndose en un charco de lodo. Yo me sentía nadar entre el sudor que chorreaba ella y me faltó el aire que se necesita para respirar.

Entonces me levanté. La mujer dormía. Salí a la calle para buscar el aire. Y es que no había aire, solo la noche entorpecida y quieta, acalorada por la canícula de agosto”

Pedro Páramo, Juan Rulfo (Ediciones Cátedra) 

Narrador optimista

Tal como esperábamos, se han regenerado los daños neurales causados por diversos agentes físico-químicos. Estamos listos para dar el salto a las pruebas con seres humanos.

La lectura de mi tesis fue ayer. Por fin soy doctor, ¡yupi! “Regeneración neuronal en ratas tras el tratamiento con nanobots” ¡Es la hora del bailecito de la victoria!

“Los límites del cielo”, Iranzu Tato, I Premio Ripley (Triskel Ediciones)

Narrador coloquial: 

Joder. ¿Pero qué he hecho para merecerme esto?

Tirada en mi cama en posición fetal me pliego como uno de esos bichos que se hacen una bola. Cruzo los brazos sobre el vientre y aprieto, como si así pudiera evitar el dolor. Me cago en mis muertos y en la biología. Si este es un proceso natural, ¿por qué coño tiene que doler tanto?

“Sangre oscura”, Yaiza Carrasco, II Premio Ripley (Triskel Ediciones)

Narrador Reina del drama:

Los pensamientos sobre mis elaboradas muertes llenan el vacío de estos días en la ciudad de París, ahora desolada y pútrida… Más del 90% de la población de nuestra amada París ha perecido. Y aquí estoy, completamente solo. ¿Por qué todo tiene que pasarme a mí?

(…) Esos monstruos han entrado en el edificio. Me introduzco, hecho un ovillo, en un baúl de ropa de mi dormitorio y me escondo cubriéndome con una manta. Cierro la tapa. El corazón me late como una locomotora.

Y, de pronto, golpes en mi puerta. Merde! Me encojo aún más. Dios, no puedo morir aquí enterrado en una manta de las rebajas. Qué poco glamour”.

“¿Acaso no son muertos vivientes?”, Voces en la ribera del mundo, Diana P. Morales (Triskel Ediciones)

En realidad, mi última novela (que recientemente ganó el Premio Ignotus), tiene muchos ejemplos de diferentes personalidades, ya que se trata de un conjunto de relatos escritos, en su mayoría, en primera persona y cada uno de ellos con una personalidad diferente. 

Aunque estos ejemplos narran historias diferentes, espero que sean ilustrativos. Lo importante es darse cuenta de que, dependiendo de la personalidad del personaje narrador, un mismo hecho, una misma situación, va a describirse de forma muy distinta.

SEGÚN SU PERSONALIDAD

    • El personaje narrador se fijará en algunos detalles (y pasará otros por alto)
    • Se enfocará en algo distinto: puede que se enfoque en los problemas que surgen de esa situación, o en buscar soluciones, o en el drama, o en el pasado, o en las posibilidades que se abren, en la reacción de otras personas, en cómo le afecta a su propia vida…
    • La redacción, además, estará perlada de expresiones y detalles que reflejarán su personalidad: cínico, bromista, pesimista, pasota, perfeccionista, dramático, directo,  gruñón, peleón, dubitativo, seguro de sí…

Todo esto es parte de lo que trabajamos, y muy a fondo, en mi nuevo taller online “Desarrolla a tu protagonista de novela (donde además de estudiar cómo se refleja la personalidad del personaje en su forma de expresarse, estudiamos su personalidad, su bagaje familiar, sus posibles traumas, su conflicto en la novela, su forma de vestir y cómo se refleja su personalidad en su apareciencia, su arco de evolución a lo largo de la novela, etc…)

3. CUATRO ÚLTIMOS CONSEJOS PARA ENRIQUECER LA VOZ NARRADORA EN PRIMERA PERSONA

Para terminar, dejo aquí algunos otros consejos que sé que vienen bien a la hora de terminar de perfilar la voz en primera persona.

1. Busca trucos para indicar cuanto antes:

Si es hombre, mujer (o género no binario). O si no es un ser humano, siquiera. También es importante tener en cuenta su edad (puede resultar muy confuso si pensamos que la narradora tiene 55 años, y nos la imaginamos con esa edad, y en la tercera página descubrimos que tiene 20), su nombre y algún detalle de su aspecto.

Es importante que esta información la tengamos cuanto antes porque, como explico en este otro artículo con detalles y ejemplos, cuando una persona lea nuestra historia se la empezará a imaginar, desde la primera palabra, como una película en su cabeza. Si, de repente, algún detalle que ha imaginado no cuadra, interrumpe el sueño vívido de la lectura, la «sacamos» de la historia. Lo explico aquí.

En tercera persona, dar toda esa información es muy simple. Pero en primera persona, como resulta raro que el personaje comience diciendo su edad, o su nombre, hay que buscar trucos.

Para indicar si es hombre o mujer (u otra opción), lo más sencillo es introducir un adjetivo en las primeras frases que lo deje claro. Un ejemplo:

Agotada, me senté a esperar el tren”

Para darnos alguna idea de su edad y aspecto (yo puedo imaginarme a la protagonista morena; descubrir en la página 20 que es pelirroja puede dejarme descolocada y sacarme de la narración), se pueden usar estos trucos:

  • Mirarse en un espejo -o en cualquier otra superficie que refleje, como una ventana, o una bandeja metálica
  • Puede ver una foto de sí mismo, o un selfie en su móvil
  • En un diálogo alguien menciona algún detalle de su aspecto, o le dice cómo es: “Con lo bonita que tú eres, con ese pelo tan largo y esos ojos negros…”
  • Puede compararse a sí misma con otro personaje que acaba de aparecer: “Yo no era tan alta como Esther, pero mi aspecto -larguirucha, vestida de negro de los pies a la cabeza- llamaba igualmente la atención”
  • Puede describirse su complexión y algún detalle más de su cuerpo al vestirse.
  • Podemos usar sus acciones: ayudé a la señora a subir la maleta al estante superior del vagón (es fuerte), había muy poco espacio entre las dos personas, pero logré colarme (es delgado o delgada)
  • Podemos usar el monólogo interno: “A mis 57 años, ya había aprendido que estar un poco llenita no era ninguna desgracia”

Para indicar su nombre de forma natural (esto no corre tanta prisa, pero en las primeras páginas debería saberse) podemos:

  • Hacer que alguien diga su nombre en un diálogo, en las primeras líneas
  • Puede ver su nombre escrito en una carta, o en su buzón, o en la puerta de su despacho
  • Puede recibir wassaps donde alguien se dirige a él por su nombre
  • Acordarse de alguna frase que alguien le repetía en su pasado, mientras reflexiona sobre algo: «Esther, hija mía, eres muy testaruda», solía decirme mi madre.
  • Hablar consigo misma/o, bien en voz alta o en un monólogo interior: «Mira que eres torpe, Esther»

2. Haz reflexiones sobre lo que va pensando o sintiendo respecto a lo que ocurre, a su vida, o incluso a la vida en general, de vez en cuando.

Esto nos va a ayudar a acercarnos al personaje, conocer más su personalidad, sus valores y creencias, y nos ayuda acercarnos a lo que siente, todo lo cual va a crear empatía hacia él.

No necesitas grandes parrafadas: puede ser una reflexión o pensamiento de una línea o dos, o de diez o doce, según tu estilo (explayador o resumidor, hablo de ellos aquí).

Combina las reflexiones y opiniones con la acción y los diálogos, de forma que resulten naturales.

Algunos ejemplos:

“-¿Y si te inscribes en una página de citas online? ¡No puedes seguir como hasta ahora! -me dijo el marido de Yukari.

-¿Y por qué no puedo seguir como hasta ahora? ¿Qué tiene de malo? -pregunté con ingenuidad.

De repente, me di cuenta de que todos se alejaban n poco de mí y me daban la espalda, como aquel día en el colegio. Seguían lanzándome miradas de curiosidad, como si yo fuese un bicho raro.

El mundo normal es un lugar muy exigente donde los cuerpos extraños son eliminados en silencio. Las personas inmaduras son expulsadas”.

La dependienta, Sayaka Murata (Editorial Duomo)

“Y volvemos a quedarnos en silencio. Ese silencio -pienso con despecho- que yo tengo que romper una y otra vez preguntándole por ella y por sus cosas porque ella no pregunta.

Nada que decir. Estar con Tina y no tener nada que decir. Así que la madurez era esto… Tantos aspavientos, tantos fuegos artificiales, lágrimas y Wish you were here para después pasarse lo días cambiando pañales y revisando cuentas y no tener nada que decir”.

Entre amigas, Laura Freixas (Booket)

4. Muestra, no digas

Esta regla de oro lo es también cuando escribimos con narrador en primera persona. Y es que, justamente en 1ª persona, como tenemos acceso ilimitado a los pensamientos y recuerdos de ese personaje, la tentación de explicar, sin más, es muy fuerte.

“Estudié 5 años para convertirme en arquitecta y ahora trabajo en un estudio con otras dos personas, una de las cuales me está haciendo la vida imposible”. ¿Por qué no decir -explicar- algo así, simplemente, si el narrador lo sabe perfectamente? ¿Qué necesidad hay de más?

Pues que, como explico en mi larguísimo artículo dedicado a este tema, la literatura no consiste en dar información. Escribir un relato o una novela no es explicar la historia, es ayudar a otra persona a vivirla, y a que se emocione con ella. Y para ello necesitamos escenas, diálogos, detalles.

¿Y si en lugar de explicar todo eso en tres frases mostrásemos a la protagonista, en la primera escena, en su trabajo, terminando el diseño de un edificio (y así sabemos que es arquitecta) y hablando después con sus compañeros, uno de los cuáles empieza a ponerle pegas a todo y la trata mal (y así sabemos que uno de ellos le hace la vida imposible)?

Nadie llora cuando lee en un libro de historia toda la gente que murió con la explosión atómica de Hiroshima, pero si narramos la historia de una familia, nos encariñamos con ellos, y vemos, en una escena, cómo llega la explosión y algunos de sus miembros mueren… no vamos a poder evitar que se nos salten las lágrimas (si está bien escrito, claro).

En este artículo hablo de ello en profundidad.

4. El punto de vista limitado: sácale partido

Uno de los retos de escribir en primera persona es que solo podemos contar lo que el personaje narrador ve o conoce, solo tenemos su punto de vista sobre la historia y todo lo que sucede. Y eso, que en principio puede ser una dificultad (en este otro artículo explico cómo podemos introducir información que nuestro personaje no conoce), se puede convertir en una magnífica herramienta para que la historia sea más rica.

Por ejemplo, haciendo alguna de estas tres cosas:

-Aprovechar para crear intriga: si el personaje no sabe algo, ¡perfecto! Una intriga más para nuestra historia.

Recuerda que nuestro lector/a pasa las páginas porque le vamos dejando un montón de intrigas abiertas en la trama (¿Encontrará a su padre desaparecido? ¿Se enamorará de ese chico o de este otro? ¿Le despedirán?) y quiere conocer su resolución.

Lo mismo puede ocurrir en los detalles de la historia que no conoce: ¿Le han despedido por llegar tarde o porque el jefe le tiene ojeriza? ¿Ese chico estaba flirteando con él o lo que dijo fue una broma? ¿Le vio su compañera llevarse el cenicero de su oficina cuando le despidieron o no?

-Que algo que pensaba de otra persona resulte no ser cierto: esto, aparte de dar mucha verosimilitud a la historia (¿a quién no le ha pasado alguna vez?) refuerza y enriquece una historia contada desde un único punto de vista. Estamos acostumbrados a creer a pies juntillas al narrador y darnos este “tortazo” con la realidad puede ser muy interesante.

-Que el narrador mienta sobre algún tema: Una variante de la opción anterior, pero esta solo para personas ya experimentadas en escritura. El narrador no fiable puede ser muy interesante, pero hay que saber dosificarlo bien para que tu lector/a no se enfade.

Creo que ya tenéis muchísima información sobre este tipo de narrador: ¡espero que os sea útil y le saquéis mucho partido en vuestros próximos relatos y novelas!


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Comentarios

  1. Isabel

    Me alegra mucho leerte de nuevo en tu blog.
    Excelente entrada.
    He terminado el curso y estoy muy motivada para escribir, así que gracias por todos tus consejos.
    Va el mío para animaros a escoger un curso de El Portal, son estupendos, lo digo por propia experiencia.
    Gran abrazo y besitos para Olmo.

  2. Luis Vela

    ¡Excelente artículo! Sólo de leer tus grandes consejos, me apetece mucho ponerme a escribir.
    ¡Gracias!

  3. Javier Sánchez

    Estoy escribiendo mi primera novela y el narrador es en primera persona. Me ha venido genial este artículo.
    Muchas gracias !!!

  4. Mónica López

    Diana, que alegría leerte.
    Espero que te encuentres bien junto a tu bebé.
    Un abrazo fuerte para ambos.

  5. Sergio

    Hola, Diana. Me encantan tus artículos. Estoy escribiendo mi primera novela con narrador equisciente en tercera persona y me gustaría pedirte recomendaciones de novelas narradas con ese tipo de narrador. ¡Muchas gracias!

  6. Mariona

    Hola Diana,
    Tus consejos valen oro!
    Tu blog es una pasada y me está enseñando muchísimo con mi primera novela de C.F.
    Miles de gracias!

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