Alerta roja: los 10 peores hábitos que te están frenando en la escritura

Somos lo que hacemos repetidamente, decía Aristóteles hace ya 23 siglos: nuestros hábitos son los que logran que consigamos nuestros objetivos, o nos perdamos por el camino.

En este post voy a hacer un repaso de diez hábitos que pueden frenarte decisivamente en tu escritura, estancarte y evitar tu progreso. ¿Te reconoces en ellos? Si das positivo en más de cinco, ¡alerta roja! Es el momento de replantearte cómo enfocas la escritura y el oficio de escribir.

Algunos de ellos ya los he mencionado en otros artículos, pero otros son nuevos y a ellos dedicaré más espacio.

¿Lápices listos para apuntar? Toma nota:

1-Escribes con un ojo en tu página y otro en las redes sociales.

Enfocarse en aquello que estás haciendo, y más si se trata de una tarea creativa, es esencial para conseguir buenos resultados.

En cambio, intentar escribir a la vez que consultas internet, o el móvil, y respondes a cada pequeña alerta de tu móvil puede ser un estorbo monumental para terminar tu escrito. Además, probablemente el resultado va a ser más pobre. Ya lo decían nuestras madres: “Si es que no estás a lo que estás…” 😂

La costumbre del multitasking, tan alabada en otros ámbitos, en la escritura no suele tener resultados positivos.

Arya se enfocó en su objetivo al 100% y muchas de esas cabezas rodaron. Enfócate. Sé como Arya Stark.

En cambio, enfocarte realmente en ello hasta el punto de dejarte llevar por la fuerza de las palabras y de tu historia, de meterte en la piel de tus personajes y olvidarte del mundo a tu alrededor  hará que tus escritos avancen a mejor paso y más rápidamente.

Si necesitas algún truco para escribir con más concentración y evitar distracciones, puedes tirar de alguno de estos:

  • >Desconecta internet, o apaga tu móvil.
  • >Escribe con música.
  • >Escribe en una biblioteca, o en una cafetería (con música o sin internet)

2-Lees siempre el mismo tipo de libros

De esto ya he hablado en algún artículo previamente. Sé, por los particpantes de mis talleres, que tus lecturas suelen estar restringidas a un género o dos, o a un tema o dos: quien lee novela histórica no suele leer fantasía; quien lee fantasía y ciencia-ficción no suele leer realista, o poesía; quien lee novelas realistas actuales normalmente jamás ha cogido un libro de terror, de detectives o de ciencia-ficción.

Craso error. 

Ray Bradbury, en su libro “Zen y el arte de escribir” recomienda leer ensayos y poesía, ya que esta “entrena músculos del lenguaje que no estamos acostumbrados a usar. Ursula K. leGuin, maestra de la ciencia-ficción y la fantasía, recomienda leer a los clásicos en su libro “Leer es contar”, y habla de cómo sus mayores influencias fueron autores tan diferentes como  Virginia Woolf, Tolstoi, Mark Twain o Borges.

Lee los libros que NO estás leyendo, porque eso te va a reportar grandísimos beneficios a todos los niveles:

  • Meñique ya lo decía: el conocimiento es poder. Explora diferentes libros y literaturas.

    > Conocerás otro tipo de historias y de personajes, que te pueden sorprender.

  • > Te adentrarás en universos diferentes, muy ajenos a los que ya conoces.
  • > Aprenderás técnicas de escritura distintas, que no se suelen usar en el género que sueles leer.
  • > Te familiarizarás con otro vocabulario y otras formas de expresión diferente, abriendo tu abanico a miles de posibilidades que pueden enriquecer tu estilo.

3-Hablas de escribir hoy… y dejas la escritura para mañana

Charlar sobre escritura, con amigos, ya sea en la vida real o en las redes, puede ser adictivo. De hecho, encontrar tu tribu para tener con quién compartir avances, dudas e inquietudes es siempre algo muy recomendable.

Lady Olenna lo sabe, no estás escribiendo. no engañas a nadie… así que deja la charla y escribe HOY.

PERO puede llevar a la temida PROCRASTINACIÓN. Sí: estamos tan habituados a hablar de escritura, cada día, que realmente parece que estamos escribiendo. Pero, ¿lo estás haciendo? Cuidado, porque este fenómeno me lo encuentro mucho últimamente. Se habla de escribir más de lo que se escribe.

Ojo: esta costumbre existía ya antes de las redes sociales y los hashtags, ¡por supuesto! Pero ahora lo tenemos incluso más fácil: en un clic podemos iniciar una conversación sobre escritura… en lugar de escribir.

Hay tiempo para todo; y ya digo, hablar de ello no es malo en absoluto, es incluso positivo. Pero intenta mantener tu ritmo de escritura, e ir avanzando en tus objetivos al mismo tiempo.

4-No enseñas lo que escribes . ¿Estás siendo demasiado humilde?

Especialmente en mi taller online “Rompe el bloqueo” me suelo encontrar mucho con personas que aún no han dado el paso de enseñar a otras lo que escriben. Y es que es un paso fundamental en tu avance en la escritura.

Primero, porque supone dejar atrás ese yo súper-humilde, que en tu cabeza tal vez te dice “lo que escribes no merece la pena”… y que miente, porque todos los escritos tienen algo valioso que mostrar al mundo, y cada persona está en mitad de su camino de aprendizaje. No hay un examen que aprobar para escribir, ni mucho menos para salir a la luz. Cada uno lo hace según su nivel de experiencia, y ya está.

Tus amistades o lectores beta lo tendrán en cuenta, no te preocupes.

Y va a reportarte muchísimos beneficios: confianza, feedback sobre tus historias, puntos de vista diferentes que pueden complementar la visión de tu historia, aprendizaje…

Si aún no lo has hecho, te animo a que busques al menos a una persona de confianza y te lances… hoy mismo. Sí, sí, hoy mismo. Winter is coming, baby, y no hay tiempo que perder.

Aquí hablo sobre los peligros de ser demasiado humilde.

5-No revisas ni buscas la palabra exacta… o lo haces a cada momento.

No falla: casi no hay término medio.

O me encuentro con personas que al escribir sueltan las primeras palabras que se le vienen a la cabeza y no revisan jamás… o con personas que le dan tantas vueltas a cada palabra que escriben que se frenan continuamente.

En realidad, el método más productivo es encontrar un punto medio: escribir, en un primer momento, sin revisar, dejándose llevar. Así no se detiene la creatividad del momento. Y, en un segundo momento (preferiblemente un día distinto) sacar a nuestro crítico interior para que revise, tache, elimine y sustituya.

La literatura no solo pretende comunicar, como ocurre con el lenguaje diario: pretende también EMOCIONAR. Y para conseguirlo es esencial trabajar tu escritura, de forma cuidada, y lograr así provocar efectos e impacto en tus lectores y lectoras.

Aquí hablo con calma de la escritura cuidada y, en este otro post, de lo importante que es la forma a la hora de escribir.

6-Te flagelas a diario: todo lo que escribes te parece horrible y te deprimes ante cualquier crítica.

Si bien es bueno escuchar las críticas (o sugerencias de mejora) de nuestras amistades o mentores y hacer caso de ellas, tenemos que evitar que nos hundan.

Vale, Robb Stark sí que cometió un terrible error. Pero, ¿Acaso tú has provocado la muerte de la mitad de tu familia y un retraso de años en la batalla por recuperar el Norte? ¡Bah! ¡Lo tuyo es de aficionado! Ala, sorbe las lágrimas y a mejorar esa escritura.

Salvo escasas excepciones, en mis talleres me encuentro muchas más personas con baja autoestima que con exceso de esta. Y cuando tu autoestima flaquea, cualquier pequeña crítica o recomendación puede ser como una bala que te atraviesa el pecho.

Tranquilidad: recuerda que la escritura es un camino y en él estamos todos y todas. La única manera de dejar de aprender es… ¡morirse! (Y  “¿Qué le decimos al dios de la Muerte? Hoy no” 😉 )

Escribir mal es sólo un paso necesario en el camino a escribir bien.  Si no, ¿cómo vamos a aprender a mejorar?

 

Por cierto, el otro día una de las participantes de mi curso online de novela me comentaba que estaba estancada porque cada vez que terminaba un capítulo lo releía y pensaba que era una mierda. Pues… ¡bienvenida al mundo de la escritura! Nos pasa a casi todas las personas que escribimos, y en muchísimos momentos.

Tiene que ver con lo que comentaba en el punto anterior: mientras escribimos, estamos dejando volar nuestra imaginación y creatividad (nuestro niño/a interior, por así decir); pero cuando revisamos, al día siguiente, quien aparece es nuestro yo adulto, nuestra voz crítica. Y solo ve los fallos. Así que relax: ninguno de los dos tiene toda la razón. Y todo texto es mejorable. Sí, hasta los de autores con muchos libros a sus espaldas. si llevas menos tiempo, te quedará más por delante para mejorar. Es solo eso, nada más.

Escucha a esa voz crítica, pero contextualízala: estás en un momento en el que solo ves los fallos. Cuando pasen unos días, seguramente, volverás a ver la parte positiva de tu texto (tal como realmente es).

Aquí puedes leer cómo aprender de una mala crítica.

7-Esperas a que te llegue la inspiración para sentarte a escribir.

Este es uno de los peores hábitos que podemos tener, porque si esperamos a que llegue el momento ideal para escribir… es probable que no escribamos una línea en meses.

La inspiración en realidad es un poco un mito. Te puede servir para escribir un poema un día, pero nadie escribe un libro entero esperando que llegue la inspiración. Como decía Picasso: “Que la musa, cuando llegue, te encuentre trabajando“.

De hecho, si te sientas a escribir, aunque no sientas la “inspiración”, vas a notar que, al poco de empezar a desgranar frase tras frase, la redacción se va a ir haciendo más fácil y ágil y vas a entrar en el “flow” (es decir, te llegará la famosa inspiración). Justamente el acto de escribir llama a la musa. Pruébalo, porque es muy efectivo.

Ray Bradbury compara a la inspiración con un gato. Si le llamas, no viene (es lo que tienen los gatos): hay que alimentarle para que aparezca. Y el método que él recomienda es la lectura. Es otra opción: ponte a leer algo que te guste o que te inspire, una página o dos, y es muy probable que te entren ganas de escribir.

Pero quedarse de pie mirando a todos lados no va a hacer que llegue, eso seguro. Así que mejor ponte manos a la obra.

(Diferente es si estás atravesando un mal momento personal, como cuento aquí, en el que es bueno incluso dar un descanso a tu escritura por un tiempo).

8-Hablas de otros escritores/as… para criticarles.

Hablar de escritura suele ser algo positivo, ya lo decía al principio de este post. Pero cuidado: si lo que haces es fijarte en otros escritores para mirarles con envidia, buscar sus puntos débiles, mofarte de ellos o criticarles, atacando su calidad o la aparente facilidad con la que han conseguido publicar o llegar donde están.

A Cersei no le ha ido NADA bien conspirando y hablando mal de todo el mundo. Bueno, es reina, vale, ha perdido a toda su familia. No parece un buen ejemplo.

Ese tipo de actitudes no atrae nada bueno. Primero, porque no te estás haciendo responsable de tu propia situación (y, como explicaba en este artículo, responsabilizarte de quién eres y dónde estás es el imprescindible primer paso para que esa situación cambie).

Segundo, la bilis llama a la bilis, el mal rollo, al mal rollo. Es difícil conseguir una cohorte de fans que suspiren por leer tus libros si te pasas el día hablando mal de otras personas.

Tercero: es malo para tu salud. Los pensamientos y emociones negativas hacen que tu cerebro libere cortisol, la hormona del estrés, que, entre otras cosas, envejece tu cuerpo y mata tus preciosas neuronas, esas que tan necesarias son para escribir.

Además, por último, estás poniendo el foco en el lugar equivocado: en los demás. Céntrate en ti y en ser mejor cada día. Es lo único -y lo mejor- que puedes hacer para avanzar en tu escritura y llamar a la buena suerte.

9-Escribes pensando en los demás.

La última frase del punto anterior vale también para este… pero por razones diferentes. En este caso, tu mal hábito sería querer gustarle a todo el mundo. Y eso es algo matemáticamente imposible.

Ni tus historias pueden gustar a todo el mundo (alguien a quien le guste la fantasía oscura no va a apreciar a lo mejor tu relato realista y optimista), ni tus personajes, ni siquiera tu forma de escribir (hay personas que prefieren estilos elaborados y otras, simples y directos). Es un empeño inútil.

Nunca olvides quién eres, el resto del mundo no lo hará. Llévalo como una armadura y así nadie podrá usarlo contra ti. (Tyrion’s words, not mine).

Pero es que además, como explico en este otro post, escribir sobre lo que a ti te gusta y profundizar en tu estilo personal  -sin importarte las modas o el qué dirán- es la manera más eficaz de que tu escritura florezca y surja lo mejor de ti. Tendrás más productividad, escribirás mejor, y todo eso porque estás poniendo más “tú” en la escritura.

De hecho, aquello que te hace diferente es tu mejor baza a explotar. En mi artículo lo comento largamente:

Gabriel García Márquez, por ejemplo, con “100 años de soledad” inauguró un estilo completo. Virginia Woolf inventó el monólogo interior, que chocó mucho a los lectores y crítica de su época. A J. K. Rowling la rechazaron en muchas editoriales porque se empeñó en escribir literatura juvenil fantástica (la serie Harry Potter), cuando lo que estaba de moda en os años 90 era la literatura juvenil realista. Y ya sabemos cómo terminó eso.

10-No tienes un ritual de escritura

Por último, si no tienes un ritual estás perdiendo el potencial de una táctica que suele funcionar casi como algo mágico. Son poderosos, los rituales. No por nada es lo que siguen las hechiceras en los libros de fantasía, o las religiones, sociedades secretas, y deportistas. Y, por supuesto, escritores y escritoras.

Virginia Woolf solía dar un largo paseo antes de escribir. John Cheever escribía en ropa interior. El autor y coach Steven Pressfield recita unos versos de Homero de invocación a la musa antes de empezar a escribir.

En realidad es  muy científico, me temo: como seres de hábito que somos, si tras un estímulo recibimos varias veces la misma respuesta, después esa respuesta llegará sola nada más iniciar el ritual.

Cuidado con vuestros rituales, no se os vaya a ir la mano y acabéis como la hermandad sin rostro 😉

Yo misma tengo mi ritual: tengo que estar sola en casa (si hay alguien en otra habitación, sencillamente no puedo escribir), con mi té o cocacola y algo para picar (pipas de calabaza, muchas veces).

Y lo primero que hago es releer el capítulo anterior para dar una última revisión y “meterme en el universo” de la historia, así como en el tono de la redacción. Y sólo entonces empiezo a escribir.

¿Qué ocurre? Que, cuando te acostumbras, nada más iniciar tu ritual te entran ganas de escribir, y tu cerebro entra en “modo escritura”, por lo que “la inspiración” llega, normalmente, sin esfuerzo.

¿Y tú, tienes un ritual? ¿Lo compartes en los comentarios y seguimos charlando? 😉 


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Comentarios

  1. Elena

    ¡Qué interesante! Me temo que a mi me falta el ritual de escritura…

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