7 claves para desarrollar una GRAN historia a partir una pequeña idea

Ahora que estamos ya a mitad de recorrido de la convocatoria del II Premio Ripley, y veo escritores y escritoras participando tanto en ese premio como en otros, he pensado que estaría bien dejar unas claves sencillas y muy prácticas para desarrollar una buena historia a partir de una primera idea.

Primero de todo, nunca está de más recordar que la idea inicial de una historia no tiene por qué ser lo más importante de nuestro relato o novela, ni siquiera cuando hablamos de géneros de fantasía, ciencia-ficción o misterio. Una idea aparentemente anodina o muy trillada puede convertirse en un relato fantástico (aquí explico por qué). Este post complementa a aquel, dando algunas pistas rápidas para que, de una idea, por pequeña que os parezca, podáis sacar una excelente trama.

No son claves muy difíciles ni muy complicadas, y pueden venir bien incluso aunque ya tengas la trama completamente delineada en tu cabeza.

1-Concreta tu idea: 

No es nada raro que el germen de nuestro futuro relato o novela sea una idea bastante genérica o vaga, algo como “Alguien se lleva una sorpresa ridícula que le hace replantearse su vida”, o “En el futuro, las máquinas cobran vida”.

Eso es porque ya tenemos claro qué tipo de historia queremos escribir, o qué queremos que el lector se lleve de la lectura, y bienvenido sea. Es camino que tenemos adelantado, sin duda.

Pero para que la historia empiece a tomar pie necesitamos que esa idea genérica se transforme en algo concreto, palpable. Algo único, por tanto.

Para ello puedes hacerte estas preguntas:

-¿QUIÉN PROTAGONIZA TU HISTORIA? No es lo mismo si la sorpresa absurda del primer ejemplo se la lleva un señor de mediana edad, que si es la presidenta de un gran país, que si se trata de una preadolescente de 12 años. En el segundo ejemplo, “las máquinas cobran vida”, no es lo mismo si el protagonista es un detective, que si es una científica, que si es uno de los robots que cobran vida, o toda una comunidad de personas a las que ese hecho les afecta.

Truco: Elige aquel personaje al que el problema impacte más. Seguro que así el relato es más interesante.

-¿QUÉ LE PASA A TU PERSONAJE PROTAGONISTA, QUÉ QUIERE CONSEGUIR? 

Ese personaje o personajes protagonistas van a tener un objetivo en la historia, y es bueno que lo conozcas cuanto antes (mejor si es antes incluso de empezar a escribirla). Pueden ser un reto que tienen que superar, un problema que tienen que resolver, na difícil elección que tienen que tomar, un misterio que tienen que resolver, un objetivo que tienen que lograr, una amenaza de la que tienen que escapar…

Todas estas son posibilidades para esos personajes, siempre dentro de esa idea genérica. A lo mejor el personaje de la sorpresa absurda es una preadolescente de 12 años que se da cuenta de que tiene un talento innato para imitar voces y sus compañeros quieren convencerla de que se entere de las pruebas de un examen con una llamada telefónica (difícil elección).

-¿Y QUÉ LE IMPIDE ALCANZAR ESE OBJETIVO?

Una vez que tienes claro qué le ocurre a tus protagonistas, para desarrollar la trama tendrías que imaginar -aunque sea grosso modo– algunos factores o elementos que se van a interponer en su camino cuando intente alcanzar ese objetivo. También aquí hay muchas opciones, que pueden integrarse en tres grandes grupos:

-Obstáculos externos: circunstancias, eventos o elementos que escapan totalmente al control de tu protagonista y que puede impedir o retrasar su objetivo. Algunos ejemplos pueden ser fenómenos atmosféricos, como tormentas, lluvia, sequía; accidentes, piezas que faltan para completar el objetivo, aparatos que no funcionan… Por ejemplo, el detective de la historia de los androides puede encontrarse con que las cámaras que debieron grabar un asesinato ese día no funcionaron porque hubo una tormenta solar.

Me parece que este obstáculo externo va a impedir que mi personaje entregue a tiempo el proyecto.

-Obstáculos internos o inconvenientes: en este caso, el problema viene de la misma personalidad o circunstancias de tu protagonista. Algo que podrían cambiar, pero que nunca se han planteado, o les cuesta mucho.

-Otros personajes (contraintenciones): por último, algo que se puede interponer entre tu protagonista y su objetivo es, sencillamente, otro personaje. Este puede ser un enemigo, un competidor o, simplemente, alguien que hace algo que obstaculiza el objetivo de tu personaje -incluso sin querer. En este artículo hablo de ello con calma.

2-Lleva tu idea al extremo:

Como explicaba en este antiguo artículo de mi blog, hay una regla no escrita en escritura: habitualmente, el lector se emociona más cuánto más significa esa historia para los personajes.

Por poner un ejemplo tonto, si el problema principal de tu personaje es que pierde la cartera, lo más probable es que esa historia no resulte muy interesante para los lectores (aunque hay formas de que lo sea, algunas las vemos más adelante en este mismo post).

Sin embargo, si en la cartera ese personaje llevaba algo muy importante, vital, eso ya es otra cosa. La emoción aumenta. O si la cartera es la gota que colma el vaso de una serie de desdichas que aquejan al personaje, de nuevo, estamos ante un problema más interesante.

Lo que estamos haciendo es llevar las ideas un poco hacia el extremo, para que las consecuencias de la historia afecten más al personaje y, por tanto, resulta más interesante saber qué va a ocurrir.

Muchas veces me encuentro en mis talleres relatos o novelas en las que los personajes piensan en robar algo pero no lo hacen, o están a punto de perder algo o alguien pero no lo pierden… parece que hay una resistencia a que les pasen cosas graves a los personajes, e, irónicamente, pueden hacer nuestra historia mucho más interesante. Porque les afectan más.

¿Por qué crees que hay tantas novelas sobre personajes que tienen que salvar el mundo, por ejemplo?

Ojo: no quiero decir que si tu personaje no se está jugando el mundo o su propia existencia, el cuento o novela no vaya a tener interés. Por supuesto que puede tenerlo. Pero detenerse un momento ante nuestro conflicto principal, y ver si podemos extremarlo un poco, siempre puede venir bien. Solamente darle un punto más en ese sentido puede hacer que la historia, de repente, resulte más atractiva.

3-Haz que tu personaje tenga dudas y meta la pata.

Otro pequeño elemento que puede dar mucho juego en tu trama es que el personaje  no sea perfecto. Os dejo tres elementos que pueden ayudar a que tu historia cobre interés:

LOS DEFECTOS: Hablábamos antes de los “inconvenientes”, es decir, de los obstáculos que vienen de la propia personalidad de los personajes. La timidez, la indecisión, la avaricia, la cabezonería, la excesiva prudencia o la excesiva osadía… todos ellos pueden hacer que nuestro personaje meta la pata en algún momento clave y la historia tome un giro más interesante y más realista.

EL AUTOSABOTAJE: Especialmente en una novela, donde hay más espacio para contemplar el desarrollo del personaje, es muy interesante ver cómo se manifiesta el miedo a salir de la zona de confort -incluso cuando esta se ve como “negativa”- y el miedo al éxito. Muchos de los más interesantes personajes de la literatura tenían este conflicto a sus espaldas.

HACER ALGO MALO: Es curioso que, como avanzaba en el punto anterior, me encuentro muchos personajes protagonistas que se resisten, no solo a meter la pata, sino también a hacer algo “malo” o inmoral.

Vámonos con un personaje carismático: la Bruja Avería

Prácticamente casi nunca mienten (igualito que las personas en la vida real 😉 ), no hablemos ya de robar, estafar, culpar a otros, acusar sin pruebas y miles de situaciones que vemos cómo suceden a nuestro alrededor todos los días.

Por último, enlazo un vídeo del escritor Javier Miró que, en su canal de Youtube, proponía el conflicto moral como forma de dar interés al conflicto de un personaje y me ha parecido muy útil e interesante.

4-¿Tu idea te resulta demasiado tópica? Añádele más “tú”.

Digamos que tienes ya una idea, la has concretado (punto 1), llevado un poco al extremo (punto 2) y trabajado al personaje para que sea más interesante (punto 3), pero todavía… la trama te sigue sonando a algo que has leído o visto en muchos libros o películas. El típico “elegido” que tiene que salvar el mundo; la típica chica modosita de la que se enamora un chico popular; el típico enfrentamiento entre buenos y malos en un entorno de fantasía; el típico descubrimiento científico o religioso que desencadena una serie de asesinatos…

Por supuesto, puedes intentar darle un giro inesperado a tu historia, eligiendo cualquiera de los pasos habituales de ese tipo de tramas y dándole la vuelta (por ejemplo: la chica modosita en realidad es lesbiana y se liga a la novia del chico popular).

Pero lo que mejor suele funcionar -y que puede ser algo más difícil de lo que parece a simple vista- es, simplemente, añadirle más de ti a tu historia.

¿Qué quiero decir? Que en lugar de buscar un giro rebuscado y forzado para resultar original, puedes buscar la originalidad que ya tienes. La tuya.

¿Qué es lo que te hace una persona única, diferente, alguien como no hay nadie más en el mundo? ¿Qué te gusta, o qué odias? ¿Qué hobby tienes, o qué ropa, o qué estudios, o qué aspiraciones? ¿Qué pequeña manía, que tanta gente no entiende? ¿Qué comportamiento absurdo a primera vista?

Gwendoline Christie fue víctima de bullying de pequeña por ser tan alta y parecer algo “anddrógina” (sus palabras). Y ahora es una estrella justo por un papel que explota lo que le hace diferente.

Pues úsalo, sazona tu historia con algo de eso.

Se me viene a la memoria un proyecto en el que está trabajando una de las finalistas del I Premio Ripley, Coral Carracedo, Sicalípticas, que creo que ella define como Sexo en Nueva York en el futuro con personajes LGTB.  Géneros y temas que a ella le interesan y que -¡sorpresa!- resulta en algo muy original. También otras autoras premiadas o finalistas del I Premio Ripley, como Miriam Jiménez, o Iranzu Tato se inspiraron en su trabajo para la idea de su novela; Alicia Sánchez, en el pueblo en el que veraneaba de pequeña y Gisela Baños, en su interés por la física del tiempo. Y seguro que muchas más de las que no tengo datos, así como muchas novelas reconocidas, basan parte de su originalidad o personalidad en detalles únicos de sus autores.

Ahora se trata de encontrar lo que a ti te hace diferente… 😉 De todo esto hablo con mucha más tranquilidad, y con ejercicios, en mi ebook “En busca del estilo propio”.

5-Atrévete a bucear en la profundidad de tu idea:

Esta es una cuestión que traté en uno de mis artículos del año pasado, ya que puede resolver muchos bloqueos y atascos en la trama. Pero también es muy bueno tenerla  en cuenta para darle más interés a tu idea.

Se reduce a contestar a una pregunta (muchas veces de difícil respuesta): ¿qué tema subyace en tu historia? ¿De qué habla, a nivel más profundo?

Todas las historias tratan -o tienen el potencial de tratar- sobre algo que es una preocupación para muchas personas. Una preocupación humana, al fin y al cabo.

Si nuestra anodina historia sobre ese personaje que pierde la cartera resulta que, en el fondo, trata sobre la necesidad de aceptar las pérdidas y seguir adelante con tu vida… ¿no resulta, de inmediato, más interesante y más emotiva? Temas como la soledad, el deseo de mejorar, la envidia, la pérdida de la inocencia, el miedo a la locura, el rechazo a lo desconocido, el dolor -o el orgullo- de sentirse diferente… Hay miles de posibles temas de fondo para tu historia.

De hecho, una trama -sea cual sea, la de la pérdida de la cartera, la de los androides que cobran vida- podría tratar cualquiera de esos diferentes temas. A veces “la idea” es lo de menos: si tenemos un tema que va cobrando fuerza, adueñándose de la trama y de las acciones y consecuencias de tu protagonista, la idea inicial es lo de menos. Nos emociona, nos impacta y nos resulta intrigante por el tema que está tratando. Con eso es con lo que empatizamos, finalmente, en un relato o una novela.

Sin embargo, muchas historias muy bien tramadas que leo a menudo (en mis talleres pero también en libros publicados) no se han atrevido más que a mostrar la superficie: los hechos, las anécdotas, los giros de la trama. Están entretenidas, claro, pero -generalmente- en cuanto terminan, se olvidan. No dejan poso.

Adentrarse en las profundidades de nuestra idea, en aquello que realmente queremos contar, exige valor. Porque es, al final, un viaje dentro de nosotros mismos, de aquello que amamos, odiamos, tememos o deseamos.

Pero el resultado -siempre- merece la pena. Una vez sabemos cuál es nuestro tema, de qué queremos hablar realmente, podemos trabajar nuestro relato o novela para que ese tema vaya saliendo a la luz y la historia se crezca con una nueva luz.

6-No dejes el desenlace para el final.

Sé que muchas de las personas que escriben -especialmente cuando se trata de relatos- se van dejando llevar por las páginas y los personajes a ver “a dónde les lleva la idea”. Como punto de partida para un relato puede servir (como novela probablemente acabarás eliminando mucho, con lo que eso duele), pero, en algún momento, es bueno también sentarse a pensar tranquilamente en el desenlace. Y si puedes, incluso, te aconsejaría que no lo dejaras para el final, sino que lo pienses aunque sea un poco antes, a la mitad de la escritura -para después tener que reescribir menos.

Justamente el desenlace suele ser uno de los puntos flacos de la mayoría de las historias que leo (y de muchas que nos enviaron al Premio Ripley y no resultaron ganadoras o finalistas). Especialmente me encuentro:

– desenlaces acelerados (en plan “ya tengo prisa por terminar, en dos párrafos resumo los diez meses finales de la historia“)

-desenlaces que no tienen que ver con el conflicto principal del cuento (“sí, empecé hablando de un accidente  y sus consecuencias en una familia, pero es que uno de los personajes se enamoró de otro y…“)

-desenlaces cortantes (“no tengo ni idea de cómo acabar esta historia, la voy terminar así mismo“)

-Deus ex Machina (“Voy a hacer que aparezca un personaje, o un descubrimiento, que lo solucione todo, porque no sé cómo salir de este entuerto“).

Un buen desenlace tiene que ver con el conflicto principal, y, generalmente, tiene algo de sorpresa, pero bien preparada: lo comento en este post con muchos ejemplos.

Retomando el punto anterior, un buen desenlace es, además, la culminación del tema del que está tratando el relato o la novela. Si no lo tienes claro tú mismo/a, es posible que el desenlace al que llegues no sea el mejor posible.

Un ejemplo de final inesperado.

Revisar con calma tu historia, y lo que quieres contar, sería un buen primer paso para decidir qué desenlace quieres dar a tu texto. Pero, incluso después, te recomiendo un juego: haz una lista de posibles desenlaces. No te quedes solo con el primero que se te ocurra (muchas veces es un tópico, o el cansancio nos juega una mala pasada): piensa cinco desenlaces diferentes, totalmente distintos. O, qué demonios, piensa diez. 

Si buscas diez desenlaces para tu historia, por fuerza habrás salido de los tópicos de siempre (que serán los dos o tres primeros) y de los más esperables (que serán los dos o tres siguientes). Y alguno puede que te sorprenda a ti también.

7- Intenta que esté lo mejor escrita posible.

Este consejo vale para todo momento y lugar, y no solo para crear trama, pero lo repito cada vez que puedo: no solo la idea es esencial a la hora de escribir un relato o novela, la forma importa. Y mucho.

Como explico en este artículo -uno de los que más orgullosa estoyla forma es lo que diferencia esto:

De esto:

En literatura ocurre EXACTAMENTE IGUAL. En el artículo lo explico con mucho detalle y ejemplos. La forma importa, es más: es esencial para disfrutar de la historia, para emocionarnos. ¿Te impacta igual la primera foto random del pueblo nocturno que el cuadro de Van Gogh? No, ¿verdad?

Las palabras que elegimos, la redacción que utilizamos, las faltas de ortografía, la claridad, el ritmo… todo eso INFLUYE en la experiencia de leer tu texto. Ninguna idea va a llegar a ser una historia verdaderamente grande si te conformas con una escritura descuidada.

Estos son mis dos artículos imprescindibles para trabajar la forma de un relato o novela:

1- El que mencionaba antes: ¿Te estás conformando? Así no llegarás a ser escritor

2- En este otro hablo sobre la importancia de la redacción cuidada, con ejemplos.

 


 RECUERDA QUE, SI QUIERES MEJORAR  TU ESCRITURA CONMIGO…

puedes apuntarte a mis TALLERES LITERARIOS POR INTERNET en Portaldelescritor  y empezar a escribir con mi apoyo y revisiones, en compañía de otros escritores.

En breve se inicia mi taller online “Comienza tu novela” y “Comienza tu novela de fantasía o ciencia-ficción“, así como mi Curso Avanzado de relato.

Y si tienes un libro ya terminado, puedo hacerte un informe de lectura y darte mi opinión y mis consejos. Escríbeme.

 

Newsletter

Escribe tu comentario