Consejos maestros: Agiliza tu narración. Dónde y cuándo meter la tijera

Estreno nueva sección en el blog para tratar cuestiones más de nivel “avanzado”, por así decir, para mejorar nuestra escritura. Para aquellas personas que ya escriben, se manejan en diálogos, creación de personajes, etc, pero les gustaría adentrarse en otras cuestiones más sutiles y profundas.

El tipo de técnicas que separa un libro que “está bien” de uno que encanta, impacta y deja huella. El tipo de técnicas que distingue un escrito aficionado de uno profesional.

Hoy quiero adentrarme en una de esas cuestiones de las que no se suele hablar: la necesidad y el sagrado arte de RECORTAR.

Y es que ya lo decía Voltaire:

El secreto para ser aburrido es contarlo todo.

¿Qué podemos eliminar de nuestra redacción para que nuestro relato o novela resulte más ágil o más rico?  ¿Cuándo nos estamos alargando y estamos aburriendo al lector?

EL SAGRADO ARTE DE RECORTAR EN NARRATIVA

Duele. Bien lo sé.

Has escrito una escena, un relato, un capítulo. Sabes que flojea, sabes que hay momentos lentos o más insulsos. Ha quedado largo. Sabes que tienes que recortar, maldita sea. Y duele, porque son palabras que han surgido de tu esfuerzo, o de momentos de inspiración.

Y, a pesar de eso, a veces sobran. Y por mucho que duela, sabes que el relato, o el capítulo, va a quedar mejor si se recorta. Porque recortar tiene varias ventajas, básicamente estas dos (que ya son maravillosas):

-El texto se hace menos aburrido, lento o pesado

-Lo que sobrevive al recorte está lleno de vida, más jugoso, más imprescindible.

Pero aquí viene el segundo dilema, una vez que has hecho de tripas corazón y decidido recortar: ¿Dónde recorto? ¿Cuánto recorto?

Saber cómo o dónde meter la tijera es un arte que lleva tiempo dominar, pero aquí os voy a dejar

5 MOMENTOS EN QUE PUEDES METER LA TIJERA SIN REMORDIMIENTO

En estos cinco casos, puedes recortar tranquilamente: ya verás como no se pierde información esencial y el texto gana seguro.

1. Momentos o escenas obvias, que no aportan información:

Menciono dos momentos muy clásicos que me encuentro muy a menudo en relatos y novelas:

El típico comienzo en el que el personaje se despierta, se levanta, desayuna… y, en realidad, no pasa nada.

El típico inicio de diálogo donde los personajes se saludan o se despiden… y no pasa nada.

En cualquiera de esos dos casos, se puede cambiar por un resumen de una línea.

Por ejemplo, ¿para qué narrar algo como esto? 

Sara se despertó esa mañana algo abotargada. No había conciliado bien el sueño la noche anterior, así que cuando se despertó, se lavó la cara y caminó torpemente hacia la cocina a tomar un café bien cargado. En la radio sonaban canciones de los 80. Finalmente, fue hacia el armario y decidió ponerse un conjunto elegante: quería transmitir seguridad y confianza porque tenía una reunión muy importante esa mañana, en la que se decidía el futuro de su trabajo, así que eligió el conjunto azul marino con camisa de seda blanca. Sí, era perfecto

¿Cuál es la unica información fundamental de toda esa parrafada? Que el personaje duerme y se levanta es algo obvio, no es necesario especificarlo. Que ha pasado mala noche… bueno, tiene cierto interés. Pero lo único interesante es que esa mañana tiene una reunión muy importante.

Podemos, entonces, empezar aquí sin problema ninguno:

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Sara se despertó esa mañana algo abotargada. No había conciliado bien el sueño la noche anterior, así que cuando se despertó, se lavó la cara y caminó torpemente hacia la cocina a tomar un café bien cargado. En la radio sonaban canciones de los 80. Finalmente, fue hacia el armario y decidió ponerse un conjunto elegante: quería transmitir seguridad y confianza porque Sara tenía una reunión muy importante esa mañana, en la que se decidía el futuro de su trabajo, así que eligió el conjunto azul marino con camisa de seda blanca. Sí, era perfecto

Lo mismo ocurre con los inicios y finales de diálogos, saludos y despedidas:

–Hey, hola.

–Hola

–¿Cómo estás?

–Bien, ¿y tú?

–Bastante bien también, qué alegría verte.

¿Para qué todo ese intercambio de información inútil? RECORTEMOS:

Resultado de imagen de scissors icon–Hey, hola.

–Hola

–¿Cómo estás?

–Bien, ¿y tú?

–Bastante bien también, qué alegría verte.

“Tomás y Sara se saludaron.

–Me han dicho que te han echado del trabajo”.

Y listo. Empezamos por lo importante, por lo esencial. Por lo jugoso. Y eliminamos todo el aire que no absorbe, como dicen los anuncios de compresas 😉

2. Acciones o procesos que se repiten y cuya dinámica el lector ya conoce:

En ocasiones en nuestro relato o -sobre todo- novela, nos vemos en la situación de incluir la descripción de acciones o situaciones que se van a repetir mucho a lo largo de la narración.

Hace poco me encontré, en la revisión de una novela de ciencia-ficción: el capitán de la nave daba las órdenes a la tripulación y al ordenador de la nave para fijar el rumbo a un nuevo destino. La primera vez que eso sucede es emocionante, porque estamos en un mundo nuevo y el lector/a está atento a cómo suceden las cosas:

“–Teniente, fije el rumbo. 

–Sí, señor.

–Listos para saltar al hiperespacio–. El ordenador de la nave inició una cuenta atrás, mientras todos los tripulantes se sentaban  en sus asientos y se abrochaban los cinturones– 9, 8, 7, 6…

La sacudida no les sorprendió. La nave emprendió el rumbo fijado mientras por las ventanillas las estrellas desaparecían y se convertían en manchas borrosas por culpa de la velocidad. Se dirigían al planeta Sazu“.

Nada que objetar a la descripción de esa situación… por primera vez. Ahora bien, si a lo largo de la novela la nave tiene que viajar a diez destinos más, entonces no tenemos por qué repetir otra vez las mismas órdenes ni describir lo que hacen los personajes CADA VEZ.

Una vez el lector conoce el proceso, podemos ir directamente al resumen y la conclusión:

Resultado de imagen de scissors iconTeniente, fije el rumbo al planeta X. 

–Sí, señor.

–Listos para saltar al hiperespacio–. El ordenador de la nave inició una cuenta atrás, mientras todos los tripulantes se sentaban  en sus asientos y se abrochaban los cinturones– 9, 8, 7, 6…

La sacudida no les sorprendió. La nave emprendió el rumbo fijado mientras por las ventanillas las estrellas desaparecían y se convertían en manchas borrosas por culpa de la velocidad. La nave se dirigió al planeta Sazu“.

Lo mismo ocurre con otro tipo de procesos que pueden tener lugar en tu relato o novela, que pueden ser, por ejemplo:

-Entrenamientos con armas

-Despegues, aterrizajes

-Aprendizaje de lecciones o hechizos

-Realizar una operación quirúrgica o un experimento científico

-Cocinar, etc

En estos casos, ya de la segunda vez en adelante, podemos simplemente resumir el proceso en una frase breve o solo detenernos en él si ocurre algo inusual o llamativo.

3. Principios y finales de escenas.

Dice el director y dramaturgo David Mamet:

Entra en la escena cuando ya haya empezado. Sal antes de que termine.

Sabias palabras.

Aplicables a todo tipo de narrativa, tanto cinematográfica como dramática o literaria. Os voy a poner un ejemplo rápido. El otro día volví a ver “Erin Brokovich”, la película de Steven Soderbergh, protagonizada por Julia Roberts, que es un ejemplo de buen hacer narrativo y cinematográfico y justo me topé con esta excelente primera escena que ejemplifica cómo “entrar cuando ha empezado y salir antes de que termine”.

Os la dejo aquí (está en español latino, no la he encontrado en castellano ni en inglés con subtítulos, pero para nuestros propósitos nos sirve igual). Podéis saltaros los primeros 30 segundos, que son la cortinilla de inicio, la escena dura dos minutos. Fijaos en cómo empieza y cómo termina.

¿Habéis visto?

¿Qué vemos al empezar? Erin está sentada en una oficina, hay un hombre delante de ella, que le dice “No tiene experiencia previa” y ella responde, “No, pero…”. —> Sólo con esa línea de diálogo ya sabemos que estamos en una ENTREVISTA DE TRABAJO.

Y podemos empezar ahí en medio. No tenemos por qué mostrar a Erin vistiéndose para la entrevista, ni caminando hasta llegar, ni esperando que la reciban… Basta con eso y ya nos hemos situado instantáneamente.

Durante la escena, en los diálogos de ella, se nos aporta información fundamental sobre su vida: lleva tiempo sin trabajo, no tiene estudios, tiene hijos que cría ella sola.

Y luego, el excelente final.

“Tiene una oficina muy bonita”

El hombre toma aire y le dice: “Mire…”

Ella baja la mirada.

¿Hace falta más? ¡No! Ya sabemos que la han rechazado. PURA MAESTRÍA.

Y en narrativa nosotros podemos dar muchas más pistas. Podemos escuchar el pensamiento del personaje diciendo: “Ya está, otra vez me han rechazado”.

Esto que hace aquí Soderberg lo podemos hacer nosotros EN TODAS NUESTRAS ESCENAS. ¿En todas??? Sí, en todas.

Siempre podemos empezar in medias res, a mitad del asunto, de la situación y hacer que el lector deduzca, por la situación, los diálogos (o los pensamientos del personaje) lo que ha ocurrido antes. Y lo mismo puede ocurrir al final de la escena. No es necesario que los veamos comentar “la jugada”, despedirse, etc. Se puede cortar antes, el lector puede deducir el resto.

Por ejemplo: ¿Recordáis a Sara, nuestro personaje del inicio que se despertaba y elegía la ropa para su importante reunión? ¿Por qué no hacer que empiece la escena DIRECTAMENTE YA EN LA REUNIÓN? Algo así:

–Estas son las razones por las que necesito contratar a un asistente–, comenzó Sara su discurso ante la junta directiva, un grupo de hombres mayores de 50 años que miraba con desinterés su profesional traje chaqueta azul marino, que ella tanto había tardado en elegir–. El nivel de ventas ha crecido un 25%… “

4. Los pasos intermedios entre acciones o escenas

Algo similar a las acciones repetitivas ocurre con los pasos intermedios entre acciones y escenas y esto me lo encuentro muchísimo también en relatos o novelas de mis talleres.

Dos ejemplos rápidos:

-Un personaje que viaja de un lugar a otro y se nos narra el viaje (resumido, sí, pero se nos narra).

-Un personaje ha terminado una acción importante (la reunión de Sara, por ejemplo) y se nos narra todo lo que le ocurre el resto del día hasta que llega su otro momento importante, la cena con su mejor amiga.

Esto es muy típico de personas que aún no llevan mucho tiempo escribiendo y no saben cómo cortar una escena y pasar a otra (dejando dos líneas en blanco, como explico en este otro post de mi blog), así que directamente, cuando empiezan a narrar el día del personaje nos cuentan todo lo que le va sucediendo -con más o menos detalle, dependiendo- desde por la mañana hasta por la noche, que se acuestan.

Y, por supuesto, no hace falta.

Si un personaje va de un sitio a otro no es necesario decirnos algo como:

Al terminar la reunión, Sara bajó hasta su coche. Se quedó allí sentada, sintiéndose pequeña e impotente, durante unos minutos. Después arrancó y condujo por la avenida principal, que estaba llena de coches a esa hora de la mañana. Después de diez minutos entró en su barrio, y aparcó frente a su edificio. Se bajó del coche y subió a su apartamento donde, por fin, tras quitarse los tacones y el traje, pudo prepararse un baño“.

Basta con cortar al final de la escena anterior y resumir todo es, si fuese necesario, en una frase.

Resultado de imagen de scissors iconAl terminar la reunión, Sara bajó hasta su coche. Se quedó allí sentada, sintiéndose pequeña e impotente, durante unos minutos. Después arrancó y condujo por la avenida principal, que estaba llena de coches a esa hora de la mañana. Después de diez minutos entró en su barrio, y aparcó frente a su edificio. Se bajó del coche y subió condujo hasta su apartamento donde, por fin, tras quitarse los tacones y el traje, pudo prepararse un baño“.

Nos ahorramos el viaje.

Es más, incluso podríamos ahorrarnos todo lo que hace el resto del día hasta que llega su siguiente escena de importancia, una cena con su amiga:

Al terminar la reunión, Sara bajó hasta su coche. Se quedó allí sentada, sintiéndose pequeña e impotente, durante unos minutos. Después arrancó y condujo por la avenida principal, que estaba llena de coches a esa hora de la mañana. Después de diez minutos entró en su barrio, y aparcó frente a su edificio. Se bajó del coche y subió llamó a su amiga Elisa

–¿Estás libre esta noche?

–Chica, no te imaginas qué infierno de reunión.

Estaba ya sentada en una de las mesas de El balandro, el restaurante de moda, y Elisa la había animado a pedirse una ronda de cócteles antes de comer“.

Con las dos líneas en blanco avisamos al lector de que la escena anterior ha terminado y estamos en otro momento y en otro lugar. ¿Para qué contar cómo llega a su casa? ¿O ni siquiera qué hace en su casa hasta que llega la hora de la cena? Nos vamos DIRECTAMENTE A LA CENA, y allí nos enteramos de si hay algo relevante ocurrido tras el final de la reunión, gracias al diálogo.

5. Cuando tu historia ha dado un giro que no esperabas

Por último, otro de los casos en los que no debes tener ningún reparo a la hora de recortar es cuando tu historia ha dado un giro que no esperabas… y de repente parte de tu argumento anterior, o de tus personajes, no tiene mucho sentido.

A priori uno diría que esto es algo de cajón; pero me he encontrado más de una vez mucha resistencia por parte de los escritores a eliminar extractos, personajes, ¡o capítulos! que, una vez la historia ha tomado otro camino, no sirven para nada. Y, de hecho, pueden ser un lastre.

EJEMPLO: Imaginemos que creamos a una expareja de Sara, nuestra protagonista del inicio, porque queremos que vuelva a aparecer en escena y suponga para ella un obstáculo a su decisión de aceptar un puesto en París, que es el conflicto central de la novela. Y para reforzar ese conflicto, incluso hacemos que de repente su amiga Elisa le encuentre el piso de sus sueños en Madrid.

Bien, pero si ahora de repente decidimos que el problema principal de la protagonista no es mudarse a París, sino destapar una trama de corrupción en su empresa… ¿para qué nos sirve que encuentre su piso ideal? ¿O que su ex aparezca y quiera reiniciar la relación? A no ser que le encontremos alguna utilidad argumental, lo mejor, sin duda, sería eliminar a ese personaje y esa parte de la trama, que ya no aportan, y centrarnos (o incluso añadir) en los detalles que sí refuerzan ese problema central.

¿Os ha sucedido alguna vez? 🙂

¿Dudas, opiniones, ideas? Déjame un comentario, estaré encantada de charlar contigo.


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Comentarios

  1. Rosée

    Me encantaron los consejos, pero creo que tengo varios de estos errores y uff, cortar será todo un desastre. Por otro lado tengo dos preguntas, espero me las puedan contestar: 1) Me gusta mucho describir paisajes ya sea mientras el personaje camina o cuando está desayunando, ¿esto también cuenta como mucho texto de sobra? 2)En la novela que estoy escribiendo actualmente quiero recalcar que la protagonista tiene problemas de autoestima, que sus padres la controlan mucho y que ella es una persona muy, pero muy importante en la trama (sólo que ni ella misma lo sabe) por lo que hago mucho incapié a estos tres temas, y al leer tus consejos, me percaté que puedo estar cayendo en el número dos. Quedo en espera de su ayuda. Gracias.

    1. Hola, Roseé.
      Respecto a las descripciones, depende mucho de tu estilo. Hay personas que escriben con un estilo más descriptivo y lento y otras más ágil. Aquí explico cuándo las descripciones están de más: http://dianapmorales.com/2016/06/blog/5-cosas-que-george-r-r-martin-podria-mejorar-como-escritor/
      Por lo demás, muchas veces es cuestión de gustos.
      Sobre tu segunda duda, probablemente las siguientes veces que se hace mención del problema de la protagonista se puede resumir mucho. Pero las dudas sobre textos concretos habría que verlas sobre el propio texto, cada cual es un mundo. Si en algún momento te animas, dispongo de asesoría para escritores (o nos vemos en otro curso de nuevo 🙂 ) http://dianapmorales.com/lectura-y-revision-de-tu-obra/
      Un abrazo

  2. Mariluz

    Muchas gracias por tus consejos. Siempre son muy interesantes. Te dejo el principio de mi novela, a ver si te gusta. Este es el primer personaje, son doce y todos hablan en primera persona.

    Miguel
    “No sé qué hago aquí, no he terminado de contar mi vida allí arriba y, antes de acabar, estaba frente a usted. Don…, no sé cómo llamarlo, tiene tantos nombres: Diablo, Demonio, Belcebú, Satanás… ¿Tiene alguna preferencia?; ¿no?, pues le llamaré don Demonio. No es el que más me gusta, aunque sí el más fácil.
    Ya se lo he contado al de las llaves, soy Miguel, hijo del Rafael y la Juana. Nací y me crié entre catetos y alcahuetas, donde lo único interesante era criticar al vecino en la tasca, o hacerle la pelota al ricachón. Mi padre era el cartero del pueblo, un hombre enjuto y seco, triste, además de pelota, que se llevó toda la vida repartiendo cartas, casi siempre con malas noticias. Decía mi madre que por eso no era alegre, aunque sí cariñoso; hasta el día del accidente que lo dejó en una silla de ruedas. Desde entonces no volvió a hablar, a no ser para gruñir algo.”

    1. Hola, Mariluz: lamento mucho no tener tiempo para poder leer y daros mi opinión sobre los textos que a veces me enviáis. Tampoco sería justo para las personas que están pagándome por ese servicio. Espero que lo entiendas. UN abrazo y ¡mucho ánimo con esos escritos!

  3. Pingback: Las 5 C para ser un escritor con estilo

  4. José Tapia

    Diana, muchas gracias. Ahora mismo estoy encabritado con una novela que escribo desde hace tres años, tus aportes han sido fundamentales para darle forma al adefesio. Saludos desde Colombia.
    José Tapia.

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