4 pequeños secretos para escribir GRANDES DIÁLOGOS

Son varios ya los artículos que tengo dedicados a los diálogos -y al final de este post los enlazaré todos para que los tengáis a mano si queréis seguir aprendiendo sobre ellos. Pero hoy me quería detener en algunas claves no tan conocidas y que pueden darle a los diálogos de tus personajes ese toque personal y profesional que envidias en otros autores.

 5 pequeños secretos para escribir diálogos profesionales

1-La gente no siempre dice lo que piensa

Parece una obviedad, ¿verdad? Y, sin embargo, en mis talleres rara vez me encuentro a personajes que se callan algo. Y, cuando lo hacen, suele ser por la razón más inevitable de todas: para proteger su vida (o proteger a alguien).

Fuera de ese supuesto, pocas, poquísimas veces, encuentro con personajes que se callan alguna información o, más infrecuente aún, que no dicen exactamente lo que piensan.

Las razones pueden ser muchas, aparte de la ya mencionada de protegerse:

  • Por educación: Tienes el mismo aspecto de hace 10 años, no has cambiado nada)
  • Por envidia: Ah, ¿has grabado un disco? No tenía ni idea
  • Por pena: No, al final no puedo ir al cine, me ha surgido otra cosa
  • Por mezquindad: ¿Creías que Alberto estaba enamorado de ti? Pobrecita. ¡Pues que sepas que está loco por mí, aunque no lo parezca!
  • Por compasión: En serio, a mí esa función no me interesa nada, aprovecha tú mis entradas.
  • Por necesidad de aprobación: Sí, a mí también me gusta ese libro, lo he leído tres veces, aunque ahora no recuerdo ese capítulo en concreto.
  • Para evitar el dolor: No, no conozco a esa persona ni sé de qué me estás hablando, nunca me ha hecho nada)
  • Para conseguir algo que quieren: Yo soy un experto en sueco, lo hablo desde pequeño. Si quieres, quedamos y te doy unas cuantas lecciones)
  • .. y muchas más razones.

Tened esto en cuenta y recordadlo a la hora de redactar vuestros diálogos, porque puede hacer que nuestros personajes sean mucho más interesantes… y realistas. Pues rara es la persona que no miente nunca.

2-La jerga profesional se usa también fuera del trabajo

Este es un tip que siempre recomiendo cuando estamos construyendo un personaje: ¿a qué se dedica, qué le apasiona? Ya tengamos un personaje abogado, músico o fan de Star Wars, lo habitual es que aquello a lo que se dedica de forma apasionada o regular influya en su forma de hablar.

Supongamos que a un amigo de nuestro personaje le ha ocurrido algo muy grave y nuestro personaje reacciona a ello. Podría decirle algo como:

–No te preocupes, todo saldrá bien.

O quizá:

–¡Qué mala suerte has tenido! 

Bien, pues si nuestro personaje se dedicase a la jardinería, podríamos sustituir una de esas frases por:

–No te preocupes, seguro que se arreglará. Tras la latencia invernal todas las rosas florecen.

O, si se dedica a la abogacía podría decir:

–A todos nos toca de cuando en cuando un veredicto en contra. Ya verás como se soluciona.

Y si fuese fan de Star Wars:

–Ten fe, la Fuerza estará contigo.

¿Me explico? No hace falta que esto suceda en cada frase que dice, por supuesto, pero si lo hace tres veces a lo largo del relato, o varias a lo largo de la novela nos va a dibujar muy bien al personaje.

3-El silencio comunica… y mucho.

Quien calla otorga, ya lo dice el refrán. Y lo que significa es que el silencio también comunica cosas. ¡Y qué poco se utiliza!

Estamos tan obsesionados con intentar crear un buen diálogo que buscamos palabras, frases, las mejores respuestas… siempre intentando meter algo nuevo si eso no funciona. Y muchas veces, el secreto es eliminar. E incluso, no decir NADA. Nada en absoluto.

A veces, un buen silencio tiene mucha más fuerza que toda una larga verborrea. Y más si lo acompañamos de algún gesto físico: una sonrisa, un abrazo, una lágrima que se escapa…

Con un ejemplo lo veremos más claro:

–¿Lo hiciste, Roberto? ¿Fuiste tú, tú robaste a mis padres?

–Sí, verás, pero puedo explicarlo, déjame que te cuente. Fue una debilidad, un momento de necesidad. Si no, jamás se me habría pasado por la cabeza algo así. ¡Me siento fatal!

–¡He perdido toda la confianza en ti! No quiero volver a verte en la vida. 

Bien, ahora vamos a cambiar la segunda frase por un silencio y un pequeño gesto:

–¿Lo hiciste, Roberto? ¿Fuiste tú, tú robaste a mis padres?

Roberto agacha la cabeza.

–¡He perdido toda la confianza en ti! No quiero volver a verte en la vida.

Y ahora vamos a eliminar las dos últimas frases, y a dejar solo el silencio:

–¿Lo hiciste, Roberto? ¿Fuiste tú, tú robaste a mis padres?

Roberto se muerde el labio. Elena, sin decir nada, se quita el anillo de matrimonio y se lo arroja al pecho. Se da la vuelta y se va.

Fijaos cómo tantas palabras de la primera versión, en realidad se pueden entender con un par de gestos. E incluso en determinados momentos es hasta más impactante.

4-Los diálogos NO tienen que ser realistas

Probablemente has escuchado este consejo más de una vez: los diálogos tienen que ser realistas. De hecho, suele ser algo que profes de escritura y escritores siempre recomendamos… pero no es exactamente así.

Porque, si nos paramos a pensarlo, en realidad los grandes diálogos de la literatura, del cine, de las series… ¡son muy poco reales!

Por ejemplo, ¿conocéis a alguien que hable como “Juno” en  la vida real, que tenga esas respuestas tan inteligentes, ácidas y perfectas A LA PRIMERA?

–¿Dónde estabas?

–Por ahí preocupándome de cosas que sobrepasan mi nivel de madurez…

–Aún tengo tus bragas…

–Y yo aún tengo tu virginidad.

¿A que no? A mí, desde luego, la mayoría de las veces no se me ocurren esas réplicas tan ingeniosas… hasta media hora después, cuando ya no tengo a la otra persona delante y pienso: “Mierda, tenía que haberle dicho esto y esto”.

O qué decir de las respuestas siempre divertidas de Chandler en Friends:

ROSS: Lo siento, pero este es el peor día de acción de gracias.

CHANDLER: No, no, no, no, yo soy el rey del sufrimientos. No puedes presentarte con tu matrimonio horrible y quitarme el puesto.

RACHEL: No, no irás a contar la historia del divorcio de tus padres, ¿verdad?

ROSS: Dios mío, no. 

JOEY: No, no, vamos, yo quiero oírla. No sería acción de gracias si Chandler no nos deprimiera.

CHANDLER: Lo veis, es una tradición, como el desfile, como si el desfile descubriera que es gay y abandonara a toda su familia

Efectivamente, muchas veces el GRAN DIÁLOGO no es realista. En la vida real estos personajes se trabarían, no encontrarían la palabra exacta a la primera, no responderían tan rápido y sin pensar algo tan inteligente y exacto. O, al menos, tendrían que pensarlo un poco.

Sin embargo, esos diálogos funcionan porque, aunque no sean realistas, son VEROSÍMILES. Y eso es más importante aún.

Pequeña diferencia entre ambos términos:

-Realista: contado tal como sería en la vida real.

-Verosímil: contado de forma que parece real. Que podría ser real. No chirría.

Y eso es, sobre todo, porque esos diálogos se ajustan perfectamente a la personalidad de nuestros personajes.  Ya está.

Por supuesto, tienen otras características esenciales: son breves (“Si lo puedes decir en dos palabras, no uses cuatro”, aconsejaba el gran cineasta Billy Wilder). Usan las palabras precisas y exactas (imprescindible para lograr la brevedad). Utilizan técnicas narrativas como alegorías, repeticiones y la regla de tres.

Eso es lo que los hace buenos

Pero lo que los hace grandes -y verosímiles- es que exprimen al máximo la personalidad de nuestro personaje.

Juno es una repelente resabiada, muy cínica, y sus frases y diálogos, cortantes y agudos, lo demuestran.

Chandler es pesimista, metepatas y usa el humor como arma de defensa para evitar sufrir o hablar de temas profundos y sus frases lo demuestran.

Por eso, aunque no sea realista que siempre tengan la réplica perfecta, es verosímil, ya que esas frases podrían salir de ellos.

Construir el diálogo de un personaje para que siempre muestre su personalidad es difícil, pero os dejo este rápido TRUCO:

*Elige una (¡una sola!) característica de la personalidad de tu personaje, e intenta que se muestre, de forma clara -o exagerada, incluso- en su forma de hablar

Por ejemplo, si tienes un personaje optimista, cariñoso, buena persona pero un poco pesado, hay características que es difícil mostrar en su forma de hablar: por ejemplo, ¿cómo mostrar que es “buena persona”? Es un poco complicado, probablemente sea más fácil mostrarlo con sus acciones.

Pero hay dos características más fácilmente trasladables a una forma de hablar de un personaje: el optimismo (podría estar siempre animando a todo el mundo, o repitiendo una coletilla, como Hannibal el de “El equipo A”: Me encanta cuando los planes salen bien) y la pesadez (para eso, basta usar la repetición: –Tenemos que llevar la mochila. –No olvidéis la mochila. –Aquí está la mochila, me encanta).  

Y, en realidad, con una característica -al menos para empezar- sería suficiente. ¿Os animáis a probarlo?

Otros artículos sobre diálogos en mi blog: 

La guía definitiva para usar guiones en tus diálogos

Los 3 beneficios irreemplazables de usar diálogos

Los 10 errores más comunes al escribir diálogos

¿Dudas, opiniones, ideas? Déjame un comentario, estaré encantada de charlar contigo.


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Comentarios

  1. David Alvarez Vásquez

    Gracias por tus consejos. Apuntaré tu página para no perderme de nada.

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