7 formas de mostrar los sentimientos de nuestros personajes

Una de las dudas habituales de las personas que empiezan a escribir -o incluso de las experimentadas- es sobre la mejor manera de expresar los sentimientos de nuestros personajes. ¿Hay maneras mejores, o más profesionales? ¿Cuáles son los pros y contras de hacerlo de una forma u otra?

Hoy en mi post hablaré sobre ello, con calma y con ejemplos por escrito. Es un tema muy interesante, sobre todo porque tiene que ver con una de las más famosas reglas de la escritura: no decir, mostrar.

Pero vamos a ello: empiezo con las tres fórmulas más directas (y sencillas) de expresar sentimientos y después, tras una digresión sobre la técnica de “No decir, mostrar”, voy con las cuatro fórmulas más indirectas y profesionales.

7 formas de expresar los sentimientos de nuestros personajes

Las 3 más usuales (y sencillas).

Estas tres primeras técnicas digamos que son las que primero se nos vienen a la cabeza cuando empezamos a escribir: es lo más sencillo de hacer, y, desde luego, es efectivo, aunque las cuatro técnicas posteriores tienen muchos más beneficios.

Vamos a usar dos ejemplos a lo largo de toda la historia.

Pongamos que un personaje que se llama Esther que acaba de ser despedida y se siente enfadada -consigo misma y con el mundo- por lo que le acaba de suceder. Al mismo tiempo, tenemos a Martín, un dependiente de panadería que se siente atraído por ella, pero es muy tímido.

1/ El narrador nos dice cómo se siente el personaje.

¿Qué puede haber más sencillo y directo que esto? Simplemente, la voz que narra la historia nos EXPLICA lo que siente cada uno.

Ejemplo:


Esther, tras ser despedida por su jefe, salió de su oficina enfadadísima, quejándose a su amigo y compañero Alberto. Cuando llegó a la panadería, Martín se emocionó al oírla, pues quizá hoy sería el día en que le diría algo de quedar, pero, al verla llegar enfadada, y acompañada de un hombre, se decepcionó y la atendió como a cualquier otra clienta.


Ventaja: es fácil, es rápido, no deja lugar a confusión. El lector/a se va a enterar perfectamente de lo que siente cada personaje.

Desventaja: es simple, el resultado se nota que está poco trabajado. No deja mucho a la imaginación del lector: le mastica la información.

Siempre va a ser mejor seguir la famosa regla de “no decir, mostrar”, de la que hablaré un poco más abajo.

2/ El personaje  piensa cómo se siente

Es una variante de la versión anterior: en este caso, no sería la voz narradora la que nos explica cómo se siente el personaje, sino los pensamientos del propio personaje (en primera persona).


Esther, salió de su oficina con su amigo Alberto tras ser despedida: “Casi no puedo contener mi enfado”, pensó, intentando calmarse.  Cuando llegó a la panadería, Martín salió a atenderla, pensando: “Qué bien, ojalá hoy no tenga prisa, y le comentaré que venga al cine conmigo”; pero al verla llegar enfadada y con un hombre, se echó atrás. “Tal vez sea su novio”, se dijo a sí mismo.


Ventaja: es fácil, es directo, no deja lugar a confusión. Con respecto a la versión #1, al menos aquí vemos las palabras del propio personaje.

Desventaja: seguimos dentro de las formas poco trabajadas. No deja mucho a la imaginación del lector: le mastica la información.

Siempre va a ser mejor seguir la famosa regla de “no decir, mostrar”, de la que hablo un poco más abajo.

3/ El personaje dice  lo que siente (a otro personaje)

Muy similar a las opciones anteriores, solo que en este caso nos enteraríamos de lo que el personaje siente porque él/ella se lo dice a otra persona. Veámoslo con un ejemplo:


Esther entró en la panadería con su amigo Alberto, hablando en voz muy alta:

¿Te lo puedes creer? Esos hijos de… me han despedido, ¡después de cinco años! ¡Estoy cabreadísima!– Se volvió hacia Martín, el panadero– ¡Dame una barra… y un cruasán, que llevo un día de mierda!


Ventaja: igual que las formas anteriores, es fácil, es directo, no deja lugar a confusión. Con respecto a la versión #1, al menos aquí vemos las palabras del propio personaje (y nos sirve para describirle). Con respecto a la versión #2, tiene la virtud de que, además, en forma de diálogo la expresión de sentimientos va a resultar más natural y ágil.

Desventaja: la misma que las técnicas anteriores. Seguimos dentro de las formas poco trabajadas. No deja mucho a la imaginación del lector: le mastica la información.

De estas tres opciones, las dos últimas, especialmente el diálogo, son más ricas.

Es muy común también (incluso deseable) hacer una mezcla de estas tres opciones:


Esther salió de su oficina tras ser despedida por su jefe, enfadadísima. Cuando llegó a la panadería, Martín salió a atenderla, pensando: “Ojalá hoy no tenga prisa, y así podremos charlar y le comentaré que venga al cine conmigo” .

¡Dame una barra, Martín…–soltó Esther, echando chispas–  ¡Me han despedido en mi oficina! Estoy enfadadísima.

Martín, decepcionado, decidió dejar la invitación para otro día.


Por qué es mejor mostrar que “decir”

Aunque la primera referencia a esta regla (“No decir, mostrar”) suele atribuírsele a Chejov, la verdad es que fue popularizada a partir de 1921 por el manual de escritura de Percy Lubbock “El arte de la ficción”, y desde entonces ha sido considerada una regla de oro de la escritura. Básicamente recomienda no “explicar” al lector lo que sucede en la historia o lo que le sucede al personaje, sino darle los elementos necesarios para que el lector pueda entenderlo por sí mismo.

El autor Chuck Palachniuk llega incluso a recomendar “eliminar de la narración todos los verbos de expresión de sentimientos y pensamientos, como pensar, saber, entender, darse cuenta, recordar, imaginar… ”. Por supuesto, como nos recuerda Orson Scott Card, hay momentos poco importantes en la historia en los que se hace necesario resumir y ahí no importa usar explicaciones: pero en las escenas y momentos importantes sí que es lo deseable mostrar para que el lector deduzca, en lugar de explicar al lector, como hacíamos con las tres fórmulas anteriores.

Básicamente, mostrar es mejor que decir (o explicar) porque es más sutil: cuanto más leemos, más apreciamos los detalles sutiles de la narración, frente a los simples de la narración más directa. Lo mismo que a los niños pequeños hay que masticarles la comida, y hacer potitos, y después partirles el filete en trocitos… pero cuando vamos creciendo ya no lo necesitamos y somos capaces de degustar y disfrutar sabores y texturas más complejas.

El lector, además, se siente más implicado cuanto más mostramos en lugar de “explicar”: siente que se confía en su inteligencia para poder deducir lo que ocurre si le damos los detalles necesarios. Como en la vida misma, se siente partícipe, intentando averiguar lo que el personaje siente por lo que va haciendo.

Y es que en la vida no hay voz en off:

¿Cómo sabemos, cuando estamos viendo una película o una serie, que el personaje está asustado, enamorado, enfadado o sorprendido? No hay una voz en off que nos diga: “Alicia se sorprendió”, ¿verdad? Pero lo sabemos. Y es así porque se usan estas cuatro fórmulas que describo aquí debajo.

De hecho… lo mismo ocurre en la vida real. No tenemos una voz en off que nos diga “Ernesto se sintió decepcionado” o “A Cristina se le caía la baba con ese chico”, ¿a que no? (Ojalá fuese así, jeje. Pero no). Y, por lo general, somos capaces de percibir cómo se sienten las personas la mayoría de las veces, ¿verdad? Esa es otra de las razones por las que es bueno que, la mayor parte del tiempo, usemos estas cuatro formas indirectas de expresar sentimientos: es más realista. Se parece más a la vida.

 

Las 4 formas más indirectas (y profesionales) de expresar sentimientos

Estas cuatro maneras que describiré ahora requieren más trabajo, pero la sensación que dejan en el lector es siempre mucho más rica, porque MUESTRAN en lugar de EXPLICAR.

Eso sí: hay que tener en cuenta que ningún escritor/a suele usar formas “puras”: es muy normal, incluso en escritores profesionales, utilizar estas cuatro opciones mezclándolas (de cuando en cuando), con alguna de las anteriores.

No pasa nada porque, de vez en cuando, sea el narrador o el propio personaje el que nos diga lo que siente; lo que sí recomendaría, para un texto más emocionante y trabajado, es que no sean las únicas formas en las que expresen sentimientos… ni las más frecuentes.

4/ A través de los gestos del personaje

Una de las formas “indirectas” de mostrar lo que el personaje siente (o piensa) en un momento dado es reflejarlo por medio de gestos. El lenguaje gestual en el ser humano es riquísimo, y -dicen los expertos- que el 50% de lo que comunicamos a otra persona le llega a través de nuestros gestos: el rostro, las manos, la postura corporal, los tics… Hay literalmente cientos de gestos que podemos usar para, de forma indirecta, mostrar el sentimiento del personaje.

Esta es una de las maneras más rápidas por las que en la vida real, o viendo una película, nos damos cuenta de lo que los personajes sienten o están pensando: por sus gestos.


Esther salió de su oficina tras ser despedida por su jefe, con los puños apretados hasta casi clavarse las uñas. Cuando llegó a la panadería, Martín salió a atenderla, sonriente.

¡Dame una barra, Martín…–soltó Esther, con la cara larga y las mejillas encendidas–  ¡Me han despedido en mi oficina! Vaya un día de mierda.

A Martín se le congeló la sonrisa: decidió dejar la invitación para otro día.


En este post de mi blog tenéis mucha información sobre todos los gestos que pueden usar los personajes y lo que significan.

Ventajas: Un solo gesto puede decir más que muchas palabras. Al “verlo” en el personaje, el lector/a lo identifica, piensa lo que significaría si él mismo lo hiciese, y reconoce de inmediato el sentimiento.

Desventaja: técnicamente ninguna -aunque es mejor combinarlo con otras formas de expresión de sentimientos, no usar únicamente gestos, como en el ejemplo. Lo único es que, para huir de tópicos (ceño fruncido, encogerse de hombros…) es bueno investigar o pensar bien qué gestos utilizar para las diferentes emociones.

5/ A través de sus emociones físicas

No confundir con la técnica anterior. En este caso, vamos a ir al interior del personaje y a mostrarle al lector cuál es la sensación física concreta que se despierta en el cuerpo del personaje cuando tiene ese sentimiento.

Con el ejemplo lo veremos más claro:


Esther salió de su oficina tras ser despedida por su jefe: sentía un fuego que le ardía dentro y parecía a punto de estallar. Cuando llegó a la panadería, a Martín el corazón empezó a latirle con fuerza en el pecho. Hoy era el día que pensaba invitarla al cine. Se le encendieron las mejillas.

¡Dame una barra, Martín…–soltó Esther–  ¡Me han despedido en mi oficina! Vaya un día de mierda.

Fue como un jarro de agua fría:  Martín decidió dejar la invitación para otro día.


Ventajas: lo mismo que ocurre con los gestos, todo ser humano reconoce las sensaciones físicas que -aunque no nos fijemos- acompañan a cada uno de nuestros sentimientos.

El miedo suele reflejarse en el estómago, el amor en el pecho, la ira invade todo el tronco y la cabeza, etc. Además, hay pinchazos, dolores, sensaciones de ahogo o de presión…

Desventajas: lo mismo que con los gestos, hay que detenerse un poco a buscar la sensación física apropiada y no conviene expresar TODOS los sentimientos solo con sensaciones físicas. Pero funciona muy bien combinándose con otras fórmulas.

6/ A través de lo que el personaje hace

Por supuesto, la forma más clásica de mostrar un sentimiento de manera indirecta es a hacerlo a través de las ACCIONES del personaje. Estas pueden ser acciones momentáneas (tirar una carta a la basura, por ejemplo) o pueden ser acciones cuya significancia se vaya viendo en el tiempo (por ejemplo, si un personaje decide no llamar a otro o no aceptar un puesto de trabajo y, más adelante, nos enteramos de la verdadera razón de su acción).

Vamos con nuestro ejemplo:


Esther salió de su oficina tras ser despedida, dando un sonoro portazo. Cuando llegó a la panadería con su amigo Alberto, Martín despidió a la señora Matilde rápidamente para atenderla a ella.

¡Dame una barra, Martín…–soltó Esther, con la cara larga y las mejillas encendidas–  ¡Y dame también una porción de tarta! Vaya día de mierda…–y, dirigiéndose a su amigo Alberto, añadió–¿Tú quieres un cruasán, que tanto te gustan?

A Martín se le congeló la sonrisa:

Cruasán no tenemos–, le interrumpió Martín, con gesto seco–Estos están reservados para otro cliente, lo siento.


Ventajas: todas. De hecho, este suele ser uno de los métodos más utilizados por escritores profesionales para describir sentimientos de manera indirecta y profesional.

Desventajas: Ninguna, aunque es bueno combinarlo también con otras fórmulas; más que nada para no resultar repetitivo.

7/ A través de símbolos, motivos y ambientación

Por último, tenemos una fórmula mucho más indirecta todavía para mostrar los sentimientos de un personaje, y es recurrir a los símbolos y motivos, como expliqué en este otro post.

Es muy clásico, por ejemplo, usar el clima y las condiciones atmosféricas para simbolizar los sentimientos de un personaje (la lluvia si se siente triste, la tormenta si está enfadada…) o recurrir a elementos de la naturaleza (las olas del mar, un pájaro que canta o que deja de cantar…). Aunque, en realidad, cualquier elemento puede funcionar como un símbolo.

Ventaja: Es muy sutil y, si el lector se da cuenta, es una forma preciosa de hacerle llegar pistas sobre lo que siente un personaje.

Desventaja: Al ser tan sutil, hay que saber manejarlo muy bien, so pena de que el lector finalmente no se entere de los sentimientos que queremos mostrar.

En suma: lo ideal es una combinación de fórmulas, siempre favoreciendo las indirectas sobre las directas, para mostrar los sentimientos de los personajes de manera ágil, profesional y emocionante para el lector. 

¿Dudas, preguntas? Déjame un comentario, estaré encantada de ayudar.


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Comentarios

    1. ¡Gracias, Ana! Son muchos años ya enseñando escritura creativa y veo cuáles son las cuestiones que más necesitan las personas que empiezan a escribir. Tu blog es también muy interesante y recomendable, un abrazo.

  1. Alice

    Muchas gracias por el articulo

    ¿Podrias poner un ej. en la ultima formula?

  2. David Rubio

    Chapeau! Te agradezco mucho los artículos que nos regalas en tu blog. Me fascina el carácter eminentemente práctico que imprimes a cada aspecto de la narrativa. Feliz Navidad

    1. Feliz navidad, David, me alegra que te gusten y te sirvan mis artículos. Llevo más de 20 años dando clases de escritura creativa y de ahí que siempre intento que los posts sean prácticos para que podáis usarlos en vuestros escritos. Un saludo afectuoso.

  3. Ana M. Vargas

    ¡Excelente entrada y muy útil!

    Hace unas semanas que descubrí tu blog y lo sigo desde entonces aunque es la primera vez que comento.

    Un saludo y feliz fin de año.

  4. Pingback: El año en el que decidí ser escritor: Mi 2017 en 5 puntos - DE LETRAS NO SÉ NADA

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