El peligro de las frases muy largas… (y la magia de las breves)

Desde pequeños nos inculcan –por medio de lecturas y análisis literarios- la idea de lo que es un texto “literario” y , por desgracia, la mayoría de los autores/as que nos ponen como ejemplo de buena literatura son aquellos que tienen un estilo muy complejo, con una redacción recargada; escritores/as que hacen uso de frases larguísimas, llenas de oraciones subordinadas que, milagrosamente –gracias al arte de estos autores- se entienden y resultan, a la vez, bellas y emotivas.

El escritor aficionado, que tiene esta idea en la cabeza, lo primero que hace muchas veces es intentar emular a estos autores de quiénes  sólo escuchó alabanzas en sus primeras lecturas, y a quienes  considera los más “literarios”. Pero existen muchos estilos en literatura: existen grandes obras maestras con un estilo sencillo y directo, más natural, como “El guardián entre el centeno” o cualquier libro de Raymond Carver, de Julio Llamazares, o autoras como Margaret Atwood o Lorrie Moore.

Y, además, aunque nuestro objetivo fuera la escritura en un estilo muy complejo y barroco, siempre tenemos que tener en cuenta que debemos empezar por el principio, por la sencillez, para llegar a lo complejo. Jamás se nos ocurriría, en nuestras primeras clases de ballet, emular a los grandes bailarines que levantan en el aire a sus compañeras mientras realizan complicados demi-pliés. Empezaríamos por los primeros pasos, la primera y la segunda posición, y sólo pasaríamos a pasos más complicados tras dominar los primeros.

De esta forma, es consejo habitual en los talleres literarios a los escritores que empiezan el buscar la sencillez a la hora de redactar las frases, siguiendo la máxima de Jean Cocteau: “El buen escritor es el que dice las cosas complicadas de un modo sencillo. El mal escritor es el que dice con complicación las cosas triviales.”

Más adelante, por supuesto, a medida que se coge confianza y experiencia, cada uno desarrollará su estilo natural, que puede ser, sin duda, más recargado. Pero empezar, desde el inicio, usando frases muy largas, puede tener serios peligros.

Atención a las frases muy largas

Podemos sufrir  un problema de frases muy largas cuando encontramos muchas frases en el texto de más de tres o cuatro líneas (en un folio o A4, letra tamaño 12). En muchas ocasiones, en realidad, cada una de esas frases son varias frases distintas, que deberían estar separadas por puntos y están separadas por comas.

Frases tan largas no ayudan a la naturalidad: la naturalidad es eso que hace que, al leer un relato, nos parezca estar oyendo a esa persona contando su historia y, por tanto, ésta nos resulte más creíble. Frases tan largas, sin embargo, suelen sonar teatrales, poco convincentes, además de ser mucho más complicadas de redactar… y llegar a crear errores gramaticales.

Incluso cuando están impecablemente redactadas, las frases largas siempre resultan un poco confusas porque perdemos el hilo del comienzo y tenemos que releerlas. Sería muy sencillo separar estas frases en dos o tres, de forma que, sin variar un ápice la historia (ni lo que se dice, ni cómo se dice) quede más natural y más agradable de leer.

Por supuesto, puede haber autores que buscan las frases largas como recurso estilístico (éstas imprimen un ritmo más lento a la narración, por ejemplo); pero si ese no es nuestro caso, debemos empezar por las frases más breves.

 

El laberinto de las comas

Leed este texto, porque a veces más vale un ejemplo que mil teorías:

“Aquel era un bonito día de primavera, uno de esos  en los que apetece salir a pasear y  gozar del placer que te brinda la naturaleza, Laura viendo todo esto desde la ventana de su habitación  decidió salir a dar un paseo, poniéndose un calzado, cómodo, salió a la calle dispuesta a caminar por los senderos del monte, contenta, feliz, pensando en sus cosas, el día se estaba terminando, ella seguía caminando sin darse cuenta de las horas que pasaban”

Seguro que habéis notado que se hace difícil de leer, resulta confuso, y que las frases piden una pausa larga. Esto es por la falta de puntos. Muchos escritores que empiezan no distinguen entre la necesidad de un punto o de una coma y, ante la duda, llenan todas las frases de comas, y alargan las oraciones; como maticé antes, también por esa idea de que una frase más larga suena más “literaria”.

El primer consejo para cualquier escritor es que lea en voz alta su relato, dejando una pausa breve para las comas y una más larga (exageradamente larga, para notar en seguida cualquier anomalía), para los puntos. Con esta forma sencilla podemos ver si las comas y puntos están bien puestos.  Aunque la verdadera prueba de fuego es pedirle a otra persona que nos lea nuestro propio texto en voz alta. Ahí vamos a ver, sin género de dudas, si las comas y los puntos están bien utilizados.

En cualquier caso, entraremos aquí brevemente en algunas explicaciones sobre el uso de las comas (y en este otro post ya explicaba, hace más de un año, los fallos más habituales).

Llamaremos FRASE (u “oración”) a todo aquel conjunto de palabras con sentido que tenga un SUJETO (el que realiza la acción, que puede ser elíptico –es decir, no estar escrito pero sí sobre-entendido), VERBO (que expresa la acción realizada) y, opcionalmente, COMPLEMENTOS (Objeto directo, indirecto, complementos circunstanciales de tiempo, lugar…no nos interesan tanto ahora mismo)

Varias FRASES (u oraciones) pueden estar combinadas entre sí y formar una ORACIÓN COMPLEJA. Cuando esto ocurre, debe existir un NEXO entre esas frases, que puede ser:

  • Una conjunción: “y” “El sol brillaba y cantaban los pájaros” (oración coordinada)
  • Una coma: “El sol brillaba, cantaban los pájaros y todo era hermoso” (oración coordinada)

(En principio, sólo para cosas que ocurren al mismo tiempo, o para LISTAS de cosas)

  • Un nexo subordinador, que puede ser: de tiempo “El sol brillaba CUANDO ella nació”, de lugar, “El sol brillaba todo el tiempo DONDE ella vivía”, de modo, “El sol brillaba COMO si fuera su último día en el universo”, de relativo “El era la persona en QUIEN ella confiaba”, etc..

 

 

Pequeño truco: En caso de duda de si conviene poner o no una coma, probad a poner una conjunción (como “y”): las comas suelen poder sustituirse por “y” sin problema, y sin que la frase pierda sentido. Si no se puede sustituir, es probable que se trate de una frase subordinada, usad entonces algún subordinador, como los que os hemos dado de ejemplo.

La magia de las frases breves:

No quería terminar este artículo sin dedicar un elogio a las oraciones breves. Cierto que todo un texto con oraciones muy breves puede resultar cortante y demasiado rápido, sin dar tiempo a masticar lo leído. Pero introducidas de cuando en cuando en nuestra narración -o incluso que estas sean las predominantes en el texto- tiene siempre muchos beneficios.

LAS FRASES BREVES: 

Son claras: es muy difícil que, usando oraciones breves, el lector resulte confundido.

Rompen el ritmo de la narración: que, si no cuidamos, puede hacerse repetitivo y aburrido. Dejo que os lo explique el escritor Gary Provost:

Traducción: Autorquía.

Llaman la atención: y sirven como un perfecto colofón a un argumento, o incluso para sorprender con un giro. Puedes hacer lo que quieras, porque, tras una/s frase/s larga/s, si introduces una breve, vas a tener la atención completa del lector.

Ejemplo:

Se diría que escribiendo complejísimas oraciones, llenas de subordinadas, de dobleces y curiosos recovecos que no parecen terminar nunca, es como demostramos nuestra maestría a la hora de redactar y la manera perfecta de llamar más la atención de nuestro lector. Mentira cochina

¿Lo veis? ¿Qué frase te ha llamado más la atención, la larguísima primera frase en azul, o la brevísima segunda oración en rojo?  😉  Espero que te animes a utilizar de vez en cuando la varita mágica de las frases breves.


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Comments

  1. David Rubio Sánchez

    Una estupenda lección práctica. Pienso que las frases largas acunan al lector y las cortas le golpean. Alternarlas, jugar con la musicalidad que nace de esa combinación es importante para que la lectura atrape. A veces una sola palabra tras un punto y aparte puede causar una gran carga emocional. Saludos

  2. Carlos Pérez Casas

    Solo quería decir que vi un artículo parecido a este, pero escrito en inglés. Así que agradezco que alguien se haya tomado el tiempo de traducirlo al castellano para que quienes no hablan inglés.
    ¡Gracias!

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