Rompe todas las reglas (pero hazlo bien)

No puedo recordar la cantidad de veces que, hablando de técnica literaria, o impartiendo un taller, me han preguntado si esas reglas y técnicas que estudiamos para escribir mejor son irrompibles. Si es posible crear un buen cuento, o una buena novela, sin seguir “las reglas”.

Bueno, mi respuesta sería: sí… y no. 😉

Se pueden romper las reglas, por supuesto que sí -de hecho, algunas grandes obras maestras literarias, o movimientos enteros, han comenzado rompiendo una regla. Pero para que salga bien, no basta solo con saltarse las reglas “a la torera” y ya está… En absoluto. El asunto es un poquito más complejo y de ahí ha surgido este post, que espero que os sea útil a quienes sois más aventureros y experimentales y queréis ir un poquito más allá.

Se pueden romper las reglas, pero hay que hacerlo bien.

Siéntate mientras te voy contando las tres claves que son necesarias para romper las reglas y crear un buen relato o novela.

Tres claves necesarias para romper las reglas y crear un buen relato o novela

1. Se pueden romper las reglas… pero hay que conocerlas bien primero

Empecemos poniendo los puntos sobre las íes: las reglas y técnicas son necesarias para escribir.Esto es lo primero que tiene que quedar claro.

En un oficio artístico, estudiamos reglas y técnicas por una buena razón: porque funcionan.

Cualquier persona que quiere aprender a dibujar o pintar mejor, o incluso convertirse en pintor profesional, se apuntará cursos en los que le enseñarán cómo manejar la perspectiva, las proporciones, los colores, los volúmenes y las sombras… Es lo mínimo y básico que vas a necesitar para que un dibujo se parezca a algo. ¿Verdad? En literatura es lo mismo: vas a necesitar conocer y dominar una serie de técnicas para escribir una historia que, simplemente, sea entretenida, legible y emocione al lector: estructura, punto de vista, personajes, diálogos, redacción…

Y ese paso, queramos o no, no podemos saltárnoslo: para poder saltarse las reglas -saltárselas con oficio, creando un buen relato o novela – primero hay que conocerlas y dominarlas.

Y, ojo, que esto no lo digo yo sino alguien que se ha saltado muchísimas reglas:

Aprende las reglas como un profesional, para poder saltártelas como un artista“. Pablo Picasso

Cada artista que abrió un nuevo movimiento y creó algo que, en principio, era rompedor y osado (como los/as impresionistas, cubistas o el abstracto en pintura) primero dominaron completamente la pintura a la manera clásica y realista.

Y lo mismo los escritores: aquellos que rompieron reglas largamente usadas y abrieron nuevos caminos siempre habían dominado antes el arte de contar historias de forma clásica. Por ejemplo, los primeros poetas que escribieron con verso libre, en el siglo XIX, como Walt Whitman, rompieron la regla de siglos de que la poesía debe tener versos rimados. Y otros como Lorca le siguieron poco después.

Pero Lorca primero escribía estos perfectos y emocionantes versos con rima:

Tu voz regó la duna de mi pecho
en la dulce cabina de madera.
Por el sur de mis pies fue primavera
y al norte de mi frente, flor de helecho

Antes de escribir Poeta en Nueva York y crear estos preciosos versos libres:

No duerme nadie. 
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas. 
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan 
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas 
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.

No duerme nadie. Nadie.

Así que sí, las reglas se pueden romper… pero me temo que eso no es excusa para no aprenderlas. 😉

Muy al contrario, tienes que conocerlas y dominarlas casi a la perfección. Porque si rompes las reglas sin conocerlas no vas a crear un texto de calidad y que emocione al lector, sino un trabajo mal hecho, torpe, que quede sin emoción o incluso incomprensible.

2. Se pueden romper las reglas… pero mejor hazlo por una razón.

Supongamos que ya dominas, más o menos, las técnicas necesarias para escribir un buen relato, poema o novela. Por supuesto, cualquier persona que escribe puede probar un día a escribir un texto saltándose alguna regla o convención del género. Puede ser hasta muy divertido probar.

Pero… tengamos en cuenta que saltarse las reglas da mejor resultado (y casi diría yo que es la única forma de que dé un buen resultado) si lo hacemos por una razón. Es decir, si elegimos saltarnos esa regla (o no obedecer esa técnica) porque estamos buscando algo como esto:

-Un determinado efecto en el texto.

-Un efecto en el lector.

-Porque sirve a un determinado propósito de la historia.

Por ejemplo: si habéis leído al premio Nobel Jose Saramago, habréis notado que cuando escribe apenas utiliza signos de puntuación; especialmente suele prescindir de los puntos. Puede ser una sorpresa para muchos, pero para él esta técnica (o falta de técnica) tiene una importante razón de ser, y lo explica:

“(…) Cuando yo elimino, prácticamente, toda la puntuación busco que el lector no lea pasivamente sino que construya el texto, gracias a esa voz que debe estar escuchando (en su interior). Yo propongo al lector un texto incompleto. Aunque todas las palabras que yo quiero se encuentran allí, el texto está incompleto porque le falta esa convención que son los signos de puntuación. El lector cuando lee, debe saber qué está leyendo para recibir todo lo que hay en el texto“. Fuente: Saramago.blogspot.com.es

Es decir, busca conseguir un efecto en el lector, una complicidad.

Otro ejemplo: en “La carretera”, de Cormac McCarthy, los diálogos se señalan en párrafo aparte, pero no llevan guiones (rayas) ni acotaciones. Quedan sueltos en mitad de la hoja, sin nada a lo que agarrarse… exactamente como sus personajes.

De esta forma, el autor refuerza con una prosa desangelada, sin artificio, desnuda hasta la máxima expresión, la frialdad  y dureza de la situación que viven sus protagonistas -un padre y su hijo que recorren un país diezmado y destrozado tras una guerra nuclear.  No da un respiro. Ni un momento de belleza o de pausa. En este caso, el autor busca un efecto en la historia.

Imaginaos si en vez de esta novela, algún best seller tipo “El código da Vinci” o “El tiempo entre costuras” hubiese escrito los diálogos sin rayas y sin acotaciones. No es el estilo seco y desangelado de estos textos, por lo que habría resultado chocante y muy raro, rompiendo el ambiente de la historia, incluso.

3. Se pueden romper las reglas… pero solo si el resultado funciona

Ya hemos visto que para romper las reglas es necesario conocerlas bien antes y, en la medida de la posible, hacerlo con un sentido, con una razón de ser.

Pero incluso así, es posible que, al romper alguna determinada regla o dejar de usar una técnica el resultado sea -hablando mal y pronto- un churro.

Hemos podido tener una gran idea para romper alguna técnica y puede que la estemos ejecutando más o menos bien… pero, como estamos experimentando -y, por tanto, en terreno desconocido- nunca sabemos al 100% cómo va a terminar.  Y siempre hay que tener el cuenta el resultado final.

Si al final, tras romper la regla, tenemos un texto fallido, probablemente lo mejor entonces será prescindir de esa experimentación y retornar al camino conocido. Me refiero a cosas como:

La historia no se entiende bien, o el texto no se entiende bien.

La historia no tiene tensión o pierde el hilo o el interés.

-La historia no transmite la emoción que buscabas, o el efecto que buscabas.

Es posible dejarlo tal como está, corriendo el riesgo de que resulte confuso o pretencioso. Pero tal vez sería mejor cambiarlo.

Pongo de nuevo el ejemplo de una autora muy conocida por su estilo experimental, Virginia Woolf. Ella no fue la creadora de la narración de “corriente de conciencia” (monólogos interiores que se pusieron muy de moda al principio del siglo XX por el auge del psicoanálisis), pero fue la persona que lo hizo “popular”, la que mejor dominó esa técnica.

Por ejemplo, en su obra maestra “La señora Dalloway”, vamos pasando del pensamiento (monólogo interior) de un personaje directamente al pensamiento de otro personaje, y de este a un tercero, sin cortes, sin avisos, sin cambio de capítulo. Podría haber resultado un barullo incomprensible (y de hecho, en esta web, mencionan cómo otros autores lo habían intentado antes y había quedado caótico); pero Woolf consiguió que resultase natural, emocionante y comprensible por el lector. Es parte de lo que le ha dado la fama y por lo que es considerada una de las grandes.

Es obvio que, al crear un texto que en cierto modo es experimental, no todo el mundo lo va a disfrutar.

Pero si le pasas tu texto experimental a tus lectores de confianza, a tu profesor/a, a tu público objetivo (las personas que quieres que disfruten ese relato o novela) y ellos no lo entienden o no disfrutan tu experimento, lo más probable es que no haya quedado como esperabas. Momento de volverse atrás y probar algo nuevo o diferente 😉

¿Y tú? ¿Has pensado alguna vez saltarte alguna regla de la escritura o probar alguna locura técnica? ¿Lo has intentado? Coméntame cómo te ha ido o qué idea se te ocurre, como siempre, en los comentarios ^_^


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Comments

  1. Maya

    Estoy leyendo una novela de Roberto Bolaño, “2666”. Bolaño deja de utilizar la raya en el diálogo y parece que se escucha la conversación fluída y matizada, según la situación. En un pasaje, la nefasta policía norteña, supuestamente responsable de investigar los asesinatos de mujeres, se ríe obscenamente con chistes machistas, dennotando que el enemigo principal de las víctimas es el estado misógino, que detesta y sobre todo, teme a las mujeres, aspecto que Bolaño asienta desde un principio en una de las conversaciones entre un policía y una psiquiatra, cuando se explica lo que es la ginefobia, raíz de la problemática en aquella infame región. El escritor enlista sin pausa, los chistes de la policía, separando con punto y seguido, mientras describe las risotadas y expresiones de los involucrados, hasta que, como lector, llega un momento en que la mente se satura y se llega al borde de la impaciencia y la indignación. En otros casos, a medida que el relato está llegando al clímax, intercala diversos personajes y escenas por cada párrafo, de manera que el lector tiene que concentrarse en todos ellos, lo que provoca una cierta congoja por la gravedad de todas las situaciones. Me parece una de las mejores obras que he leído.

    1. Efectivamente, los recursos que comentas están muy bien utilizados y sirven al propósito que el autor busca, por lo que han resultado una experimentación (o ruptura de reglas) muy interesante. Siempre está bien abrirse a opciones nuevas y probar cosas, como escritores -y disfrutarlas como lectores. Un saludo, Maya.

  2. Mónica Morales

    Muchas gracias. Ahora entiendo algunos libros.

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