¿Qué diferencia a un personaje de relato de uno de novela?

No todos los personajes tienen por qué trabajarse de la misma manera. Para empezar, el
tratamiento que, como autores/as, daremos a los personajes no será igual para un personaje principal que para uno secundario, pero tampoco son iguales los personajes de una obra corta (sea ésta un relato, un corto de cine, una obra dramática breve), que para una obra larga (novela, obra dramática, guión de cine).
La principal diferencia entre ambos tipos de personajes es que, debido a la extensión de la obra, los personajes de un relato corto siguen siendo los mismos al final de la historia que al principio. En cambio, en una obra “larga”, como el guión de una película o una novela, transcurre tanto tiempo y ocurren tantas cosas que los personajes principales se ven afectados por las circunstancias que están viviendo y, como consecuencia, lo más natural es que van a ir cambiando, evolucionando.

No quiere decir que a los personajes de un relato no les afecten los sucesos que protagonizan, claro que sí: pero la longitud de la obra lo determina todo. Incluso aunque les afecten, si la obra es corta, no da tiempo de ver cómo esos personajes cambian por lo que les ha ocurrido. En los buenos
cuentos, eso sí, se atisba que el personaje va a sufrir una transformación tras lo que han vivido. Pero generalmente no podemos verla, el relato se acaba antes.

En cambio, una novela es la historia de la transformación de un personaje (o varios); el alma de una novela –o un guión u obra dramática- es precisamente ese cambio, convivir con ese personaje a lo largo de un tiempo y ver cómo le afecta.

Ésta es la diferencia básica entre lo que llamamos un personaje “plano” –el que no cambia a
lo largo de la obra- y uno “redondo”: éste último va a evolucionar.

Es importante, eso sí, no identificar personaje plano con “secundario”: no tiene por qué ser así. El Capitán Renault de la película “Casablanca” es un personaje secundario y, sin embargo, sufre una gran transformación a lo largo de la película (acaba protegiendo y haciéndose amigo de Rick); y por su parte,  en cambio, Andy Dufresne, el personaje interpretado por Tim Robbins en la película “Cadena Perpetua”, es el coprotagonista y sin embargo no evoluciona nada a lo largo de la historia. Aunque lo habitual es que los protagonistas evolucionen,  no es obligatorio… sobre todo, si lo que estás contando es una historia sobre la resiliencia, sobre un hombre que se mantiene firme en sus principios y objetivos a pesar del paso del tiempo y de todo lo que le ocurre.

En la mayoría de las historias, ya que no tratan de ese tema específicamente, los protagonistas van evolucionando, y tal vez algunos secundarios también lo hagan.

Por lo general, cualquier personaje que tenga una cierta importancia en la trama, será mejor aún si tiene una subtrama de transformación propia, aunque sea pequeña. Pero, por cuestiones que
tendrán que ver con el propio argumento, habrá algunos personajes que deberán permanecer tal cual desde el principio al final de nuestra historia.

LA TRANSFORMACIÓN DEL PERSONAJE

Decía antes que la historia de una novela –o guión de cine, u obra dramática- es la historia de la transformación del personaje principal; incluso aunque en la trama principal no se contemple –por tratarse de una novela de aventuras, de detectives, fantástica o de terror…- los personajes principales harían bien en evolucionar a lo largo de la novela. Si son realistas, se verán afectados por lo que les va ocurriendo, lo mismo que nos ocurre a las personas reales.

Las transformaciones pueden ser muy diferentes. Dejo aquí algunas de las más usuales:

– Evolución del protagonista en una etapa fundamental de su vida: Es el caso de las “novelas iniciáticas”, que narran el paso del personaje de la tardía infancia a la adolescencia o a la vida adulta. Un ejemplo es “El guardián entre el centeno” de J. D. Salinger.
– Cambios en la actitud del protagonista hacia diversas personas o situaciones: Un ejemplo lo podemos encontrar en el personaje narrador de “Cumbres borrascosas”, de Emily Bronte, que al principio se siente repelido por la salvaje naturaleza de Heathcliff y Catherine, los protagonistas de una intensa historia de amor; al final terminará comprendiendo y compadeciendo a estos personajes. También la joven Catherine cambiará su actitud hacia su primo Hareton a lo largo de la novela, pasando del desprecio al amor.
– Cambios en la actitud vital: Cuando uno de los rasgos principales del personaje es, al final de la novela, transformado en otro, normalmente en su contrario. Ejemplo: si el protagonista al principio era tímido, al final es extrovertido. Si era monótono y predecible, al final es impulsivo e
impredecible… Es el caso de Sam Gamyi, el compañero de Frodo en “El señor de los anillos”, que comienza siendo un leal pero tímido y temeroso compañero de viaje y termina siendo valiente y decidido, tanto que será el nuevo alcalde de Hobbiton cuando regrese de sus aventura.
– Conocimiento de uno mismo: En ocasiones, no tiene lugar exactamente una transformación del protagonista, si no una aceptación, a lo largo de la novela, de la propia identidad o naturaleza del personaje. Ejemplo: en “El juego de Ender” de Orson Scott Gard, el protagonista es un niño que se niega a sí mismo su capacidad de hacer daño a la gente; aunque al final de la novela se dará cuenta, a su pesar, de que tiene una habilidad excepcional paraconseguirlo.
– Cambios de personalidad: cuando el personaje deja de ser como es y se vuelve una persona radicalmente diferente a raíz de lo que le ocurre en la historia. Es el caso de Ofelia, (“Hamlet” de Shakespeare), quien empieza siendo una alegre joven enamorada de Hamlet y, tras la muerte de su padre a manos de su amado, se vuelve loca y, finalmente, se suicida.
– Cambios de identidad: En “El tránsito de Morgan”, de Anne Tyler, Morgan, el protagonista, se siente fascinado por la vida y la familia de Leon Meredith; a lo largo de la novela irá apropiándose paulatinamente de ella: primero haciéndose su amigo inseparable, después siendo el amante de la esposa de Leon y por último, termina viviendo en un pequeño pueblo con ella, adoptando su
modo de vida (actor de títeres) e incluso el nombre de Leon Meredith, por el que le conocerán todos sus nuevos vecinos.

Parte del conocimiento de nuestros personajes es tener claro cómo van a cambiar a lo largo de la obra. No sólo tenemos que saber cómo son al comenzar la obra (su presente), y cómo han llegado a ser así (su pasado), sino que además debemos delinear para ellos una curva de transformación que responda a esta pregunta:

¿Qué diferencia hay entre este personaje al comienzo de la historia y al final?

Puede ser que haya aprendido algo, o, al contrario, que se haya hundido. Puede ser que haya dado un giro a una de sus características principales (si al comienzo de la historia era una persona muy prudente, al final es una persona que se deja llevar por sus impulsos), puede ser que haya variado algo en su rol social, o la relación con alguno de los personajes en particular.
Y muy importante: como decíamos antes, cualquier personaje puede tener una curva de transformación, no sólo el/la protagonista.


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