Cómo encontrar el título perfecto para tu historia

Rescato este artículo mío publicado en la revista “Visor”, en el que doy algunas claves para encontrar el título perfecto para tu historia. Aunque en el texto se hable de cuentos, estos consejos sirven también para encontrar títulos de novela. ¿Vamos allá?


Hemos escrito un cuento, hemos llegado de la primera palabra hasta colocar “fin” tras la última frase. Nos sentimos felices, emocionados, orgullosos. Y entonces, con horror, nos damos cuenta de que aún no le hemos puesto un título.

¿Qué hacer?  Todos los cuentos tienen un dichoso título y el nuestro no va a ser menos. A ver, por ejemplo: “La carta”. Y nos quedamos tan anchos.

Muchas veces en mis talleres literarios o ejerciendo de jurado en premios me encuentro con títulos como ese: “María”, “El regreso”, “La verdad”. Títulos generales, que sirven para ese relato pero también para otros dos mil. Títulos que se han usado una y mil veces;que dicen bien poco del relato y  desde luego no animan a empezar a leer (y ese es el mayor crimen).

Y es que parten de un concepto erróneo: el título no es un resumen del cuento. Es una puerta.

Es esa primera frase que atrae al lector a querer conocer tu historia y es esencial, porque de nada sirve escribir un relato maravilloso si nadie lo lee. Pensemos cómo los grandes chefs se preocupan por emplatar sus creaciones artísticamente para que el estómago esté deseando probar el plato: nada más verlos anticipamos la emoción de lo que vamos a degustar. Ya al primer vistazo comienza la magia. Lo mismo puede ocurrir con un relato.

Además de esa regla de oro, al elegir un título tenemos que recordar que estará relacionado con el tema del cuento -eso es obvio- pero también que debe ir acorde al tono de la historia.

Así, un relato que tenga cierto tono humorístico lo anticipará ya desde el título, como ““Con los cordones desatados, a ninguna parte”, de Hipólito G. Navarro o “Cartas de Steven, un perro, a magnates de la industria”, de David Eggers. En el otro lado del espectro, un relato con tono lírico e intimista buscará ese mismo efecto en sus títulos, como “Cubriré de flores tu palidez” o “Velocidad de los jardines”, ambos de Eloy Tizón.

Por eso una forma muy sencilla de conseguir un buen título suele ser esta:

  • Escoger alguna de las frases de nuestro propio relato, incluso líneas de diálogo de los personajes. “Podemos recordarlo todo por usted“, de Philip K. Dick, juega con eso (aunque en su relato esa línea exacta no aparece, pero podría) y es lo que hace Vladimir Nabokov en su cuento “Se habla ruso”.

Otras maneras de jugar a atraer la atención del lector desde el título pueden ser:

  • Con un título que instantáneamente cree una intriga en el lector. Es el caso de, por ejemplo, “Habría que darle un nombre”, de Matthew Klam (¿Un nombre? ¿A qué o a quién?), “La rana de las nieves”, de Arthur Bradford (¿Hay ranas en las nieves?), “El arte de guisar y servir”, de Margaret Atwood (¿De qué nos va a hablar la autora exactamente?) o“Manual para puntuar las enfermedades del corazón”,  de Jonathan Safran Foer. La tensión dramática puede enganchar al lector desde el minuto uno.

 

  • Eligiendo un título extraño y chocante, que llame a la curiosidad innata del lector, como “Mi mujer al lado de mi mujer” (¿mande?), “El aburrimiento, Lester” o “El cielo está lópez“, todos de Hipólito G. Navarro (un maestro con los títulos, como podéis comprobar).

 

  • Con títulos muy concretos y vívidos, que usen nombres, fechas y detalles precisos. Son títulos que se nutren de realidad y que apelan a la empatía del lector por los personajes y sus historias, como “El día del señor Reginald Peacock”, de Katerhine Mansfield, “Postal con médico y playa al fondo” de Fernando Escudero,“El Hotel Jack Randa”, de Alice Munro o “Elizabeth que venía en el nocturno de las diez y cuarto“, de Jose Andrés Rivas.

Un buen título nos hace desear leer el relato porque es una promesa: lo mismo que un restaurante que emplata artísticamente nos da confianza de calidad, sabemos que un escritor que se ha tomado tantas molestias con el título tiene que haber escrito, por fuerza, un gran relato.

Comments

  1. Elena

    ¡Muchas gracias por este post, Diana! Me viene bien recordar la importancia de los títulos. 🙂

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