Consejos para escribir de forma clara

En todos  los talleres literarios solemos recomendar que los autores busquen una escritura clara y natural: ¿por qué? Pues, sencillamente, porque una escritura natural va a hacer que el lector, instantáneamente, se crea lo que está leyendo, como si fuera real. Y eso es una gran ventaja de partida cuando hablamos de escribir relatos o novelas. Si el lector, ya de inicio, confía en nuestra voz, y se sumerge en nuestra historia como si fuese real, va a disfrutarla muchísimo más.

Por otro lado, un fallo típico de la mayoría de escritores que empiezan es intentar sonar demasiado “literario”, demasiado “rebuscado” (tal vez imitando alguna lectura alabada por la crítica o los profesores); cuando ese no es tu estilo natural, el que te sale solo, o cuando tienes poco dominio de la técnica, una escritura demasiado compleja y literaria va a sonar a falsa. Como cuando alguien te suelta una mentira y la decora con miles de pequeños e inútiles detalles.

¿Cómo conseguir esa naturalidad, entonces? Aquí dejo algunas primera recomendaciones. En su mayoría están dirigidas a fomentar la claridad del escrito de una sola manera: no hacer complicado lo sencillo. Sin duda, son consejos valiosos, sobre todo para el escritor que empieza y que tiene más posibilidades de dejarse seducir por el “lado oscuro” y complejo de lo literario. Aunque pueden ser útiles para cualquier persona que escribe.

Recomendaciones básicas para un estilo natural y creíble

Toma nota:

>Lo bueno, si breve, dos veces bueno:

Muchos autores que empiezan creen que cuanto más largas son las frases, mejor redactadas están y más profesionales parecerán. Sin embargo, eso pocas veces es cierto, ya que en muchas ocasiones el uso reiterado de frases largas suele confundir al lector y se pierde lo esencial: lo que el escritor/a quiere decir. El lenguaje es, en ficción, una herramienta para comunicar.

>No abuses de las frases subordinadas:

En el mismo sentido, muchos autores intentan redactar frases complejas, llenas de subordinadas, para demostrar lo bien que escriben… o lo bien que creen escribir. Incluso cuando están bien escritas y no resultan confusas (tarea ya difícil de entrada) el resultado suele ser un texto pretencios. Parece que el autor no busca contar una historia, sino impresionar con malabarismos linguísticos.

>Apuesta por la simplicidad:

No uses dos palabras en aquello que puedes decir con una. De la misma forma, no escribas dos frases si una podría ser suficiente. La reiteración puede resultar cansina y dar sensación de poca profesionalidad. Además, puede parecer que no estás seguro de que el lector pueda entenderte: debes asumir siempre que tu lector es, al menos, tan inteligente como tú.

>En vez de usar adverbios, elige buenos verbos:

Esta es una de las recomendaciones de estilo en la que me parece muy importante detenerme: cuidado con los adverbios, sobre todo con aquellos que modifican la cualidad del verbo. Muchas veces estos adverbios nos convierten en escritores perezosos y, en lugar de buscar el verbo exacto nos limitamos a usar un verbo común y lo modificamos por medio de un adverbio.

Esto acaba creando en nuestro texto la sensación de pobreza de vocabulario y de repetición. Ejemplos:

“La miró atentamente”-> La observó
“La miró largamente”-> La contempló
“La miró detenidamente”-> La escrutó
“La miró desde lejos”.> La avistó

>Evita epítetos.

De la misma forma que los adverbios, los adjetivos también tienen mucho peligro. Ya lo decía el poeta Vicente Huidobro: “El adjetivo, cuando no da vida, mata”. Hay que utilizarlos cuando son imprescindibles para la descripción y –especialmente- cuando el matiz que otorgan al sustantivo crea una diferencia fundamental.

Por ejemplo, cuando Félix Grande dice: “Mi recién conocida Loba / no nos pidamos groseras garantías”. Ese adjetivo modifica de manera radical el significado del sustantivo.

En cambio, si hubiera dicho “no nos pidamos firmes garantías” el adjetivo prácticamente sobraría, ya que se da por supuesto que las garantías, por el simple hecho de ser garantías, son firmes. Se trataría entonces de un epíteto (como “blanca nieve”, “oscura noche” o “larga carretera”) y es de los primeros adjetivos de los que hay que huir, ya que suelen ser inútiles y suenan pretenciosos.

>Evita hipérbatos:

Complicar el orden natural de una frase muchas veces no consigue más que confundir al lector. Especialmente si se hace para intentar que nuestro texto resulte más culto o “literario”.

Un par de ejemplos tomados de textos de mis talleres: “En el pedregoso camino con humildad andaban”. (Andaban con humildad en el pedregoso camino). “Entre mis brazos, tenerte me gustaría”. (Tenerte entre mis brazos me gustaría). Con el peligro añadido, además, de sonar como Yoda, personaje de la saga Star Wars.

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>Evita palabras en desuso o rimbombantes:

Siempre con el objetivo de resultar natural y creíble, debemos evitar los cultismos, que son esas palabras que utilizamos cuando queremos sonar cultos o expertos -a no ser, claro está, que estemos escribiendo un artículo sobre un tema en el que seamos expertos.

>Utiliza verbos en formas activas y personales.

En la medida de lo posible, elige las formas activas de los verbos en vez de las no personales, especialmente el gerundio y el participio. Estas formas pueden filtrarse en nuestros textos provenientes de expresiones típicas del lenguaje burocrático. En ese caso, sonarán chirriantes y poco naturales. Ejemplos: “Habiendo llamado a su amiga, Laura salió a la calle” (Mejor: “Tras llamar a su amiga…”). “Olvidado el incidente, Marco se tomó una cerveza con su colega” (Mejor: “Una vez se olvidaron del incidente…”)

>En suma, recuerda que el primer objetivo del lenguaje es comunicar: favorece la claridad.

Todo recurso que se pone en el camino de que el lector entienda lo que dices es un posible peligro para el escritor que empieza y una tentación de ceder a la “literariedad”. Hay que tener cuidado con ellos.

¿Significa esto que no SE PUEDEN usar hipérbatos, epítetos, palabras en desuso o frases subordinadas?

¡Por supuesto que se puede! Este artículo es simplemente una alerta para que seamos conscientes de que, cuando se usan mal o se abusa de ellos, estos elementos pueden resultar en una falta de claridad o en una falta de naturalidad de nuestros textos.

Además, tal como explico en mi ebook “En busca del estilo propio”, en mis talleres literarios he visto que estas fórmulas, si bien funcionan para la mayoría, no sirven para todo el mundo. Sencillamente, porque no todos somos iguales y, lo que para uno es natural, para otro no lo es.

Es cierto que la mayoría de nosotros no solemos hablar, en nuestra vida diaria, con largas frases llenas de hipérbatos… pero ¿y el que sí lo hace? Para esa persona, lo natural es eso, y no escribir con frases cortas. Para esa persona, escribir con frases cortas sería forzado, anti-natural y chirriaría a los oídos del lector.

Sencillamente, porque el texto no estaría siendo honesto. Lo más natural sería entonces que el texto sea un reflejo de nosotros mismos.

Pero aquí viene la madre del cordero: ¿Cómo saber si estamos escribiendo de forma honesta? ¿Cómo saber si estamos escribiendo como nosotros somos, o escribimos como creemos que se debe escribir?

Para quien quiera ir más allá, en mi ebook “En busca del estilo propio”, gracias a unas sencillas tareas se puede ir profundizando en la búsqueda de tu propio estilo, personal, único, ese en el que vas a expresarte mejor y que va a sacar lo mejor de ti en la escritura.

¿Y tú? ¿Has encontrado ya tu estilo? ¿Sueles tener en cuenta estas reglas para que tus escritos suenen naturales y creíbles? Déjame tus dudas o impresiones en un comentario y seguimos charlando.

Diana SUPERPEQUE ROJARECUERDA QUE, SI QUIERES DAR UN SALTO CUALITATIVO EN TU ESCRITURA, puedes apuntarte a mis TALLERES LITERARIOS POR INTERNET en Portaldelescritor  y empezar a escribir con mi apoyo y revisiones, en compañía de otros escritores. En breve se inicia mi taller online “Comienza tu novela” y “Comienza tu novela de fantasía o ciencia-ficción“, así como mi Curso de Microrrelato.

Comments

  1. Excelente artículo. En ocasiones, peco por ser tan sobrado o pretencioso con las palabras sofisticadas que utilizo en los escritos o poemas. Eso hace que las personas que lean, se confundan y se pierdan, al no conocer una que otra palabra. Pero eso sí, en ocasiones se necesita esa palabra para que el escrito no caiga en la rutina o el aburrimiento. Saludos desde Colombia y gracias por compartir.

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