10 errores de escritura que pueden descalificar tu relato

Ya sea porque lo envías a un premio literario, o a una editorial, hay errores que pueden hacer que tu relato quede rápidamente descalificado, o incluso que deje de ser leído. 
He sido jurado en decenas de certámenes literarios, y, en mi experiencia, cuando te enfrentas a la lectura de más de 200 relatos, hay detalles que pueden hacer que disfrutes la lectura de ese cuento y otros -no solo ortográficos- que consiguen que te lleves desde el principio una mala impresión.  
En este post voy a hablar de los 10 errores más graves y comunes que pueden hacer que alguien deje de leer tu relato ipso facto

 

Es muy habitual que un relato tenga una o dos faltas de ortografía o errores de algún tipo, y puede no tener mayor importancia si el resto del texto está bien escrito. Pero es diferente cuando esos errores son repetidos, o si son fallos especialmente graves.
Pues sí: hasta en las faltas de ortografía también hay niveles. No es lo mismo si escribes “debéis” sin tilde, o “extracurricular” con guión (*extra-curricular), que otro tipo de faltas que trataré en este artículo: faltas, y errores de escritura, que dejan claro que la persona que escribe, o bien no ha leído mucho, o bien no se ha preocupado de revisar con calma su cuento.

 

 Como he dicho en más de un artículo, enviar un relato con muchas faltas o con errores graves es como presentarse a una entrevista de trabajo (o a una primera cita romántica) sin asear, o directamente en pijama.

 

¿Quién va a premiar o seleccionar un relato si queda claro que el propio autor, o la autora, no le ha dedicado el tiempo suficiente como para que quede lo mejor posible?

 

Si queremos que un/a editor o jurado de un premio se tome el esfuerzo de leer nuestro cuento hasta el final, como autores, tenemos previamente que tomarnos nosotros el esfuerzo de dejarlo perfecto.
 Os traigo aquí los 9 errores de escritura más comunes que descalifican a tu relato y, como extra, el fallo más usual por el que un (buen) relato no es finalmente seleccionado o premiado. He podido constatarlo cientos de veces en mi participación como jurado en muchos premios desde hace más de 12 años.

 

*NOTA: Todas las frases o expresiones en rojo y precedidas de asterisco en este artículo son formas incorrectas.

1. Falta de tildes

Ya escribí todo un artículo donde hablo del uso correcto de las tildes que podéis consultar aquí. No os podéis imaginar a cuántos relatos les faltan las tildes más simples, y eso deja una impresión muy mala. No distinguir “tu/tú” o “mi/mí”, por ejemplo, suele significar que el autor o autora no ha leído mucho, o no ha escrito mucho, o no se toma la escritura lo suficientemente en serio como para molestarse en estudiar y perfeccionar su ortografía.

Y es perfectamente lícito tomarse la escritura como una diversión sin más… Simplemente ten en cuenta que, si te lo tomas como un hobbie y no le dedicas mucho esfuerzo, luego no puedes esperar que te seleccionen en premios, revistas o editoriales.

¡”Maulló” lleva tilde!

Eso requiere una dedicación más perseverante.

Otro error muy común y doloroso es la falta de tildes en los verbos en pasado (palabras agudas terminadas en vocal y, por tanto, acentuadas) como “cayó”, “temí”, “sintió”, “corrí”, etc…

E igualmente grave es cuando te encuentras palabras que NO deberían llevar tilde y se le ha puesto como “*yo llevó” (en lugar del correcto “yo llevo”).

Repasad bien el uso de las tildes, porque esas faltas son tan graves que pueden, o bien descalificar directamente vuestro cuento, o, como mínimo, ponerlo en la columna de “meh” en lugar de en la de “interesantes” ya de inicio.

 

2. No escribir signos de interrogación o solo uno

Tanto en mis talleres como en los premios literarios me encuentro con textos que parecen no distinguir cuándo una frase es, en realidad, una pregunta, y necesita, por tanto, llevar los convenientes signos de interrogación, de inicio y de cierre.

Por ejemplo, a veces leo frases como estas:

* —Yo pensaba que el refugio era el mejor sitio para esconderse. Qué nos pasará allí, estaremos a salvo. 

Obviamente, las dos frases finales son preguntas: “¿Qué pasará allí? ¿Estaremos a salvo?”

Y más habitual aún ha sido encontrarme en premios literarios oraciones interrogativas sin el signo de interrogación de apertura (!!!).

*—Vienes? Has cogido tu mochila?

Esto, que es algo que es de uso común en conversaciones por Whatssap o mensajes de texto, es un crimen en un texto literario o formal. Mucha gente no entiende por qué en español (a diferencia de inglés o francés) se requiere el signo de interrogación de apertura (¿) y no solo el final. Es muy sencillo: tanto en inglés como (habitualmente) en francés, formar una oración interrogativa supone cambiar el orden habitual de sujeto y verbo.

He is tired. // Is he tired?

Por eso una persona que hable inglés sabe, nada más empezar una frase, si se trata de una pregunta o no: puede ver el verbo en otro lugar de la frase. En cambio, en español no hacemos eso.

Está cansada / ¿Está cansada?

Es por eso por lo que nuestro idioma requiere de dos signos de interrogación: para que el lector, desde el principio de la frase, sea consciente de que se trata de una pregunta.

3.No situar al lector

Como vais a ver, en esta lista no voy a incluir solo “errores” de redacción, sino también otros fallos de escritura que pueden hacer que el relato resulte confuso, poco claro, o directamente, ininteligible para el lector -y si la persona que está leyendo es jurado de un premio o lector editorial o de una revista, ya la hemos perdido para siempre.

Este es uno de los fallos que describo ampliamente en el ebook “10 errores que puedes estar cometiendo en tu 1er capítulo (o en tu relato): comienza el relato, avanzamos un párrafo, dos o incluso tres, y todavía la persona que lee no tiene ni idea de dónde está teniendo lugar la historia… o cuándo.

Más “perdío” que el barco del arroz.

Se trata de algo muy amplio, pues podemos estar hablando de que, por ejemplo, no sepamos en qué país está sucediendo todo, o en qué lugar en concreto está el/la protagonista en ese momento (¿un coche? ¿Una nave espacial? ¿El salón de su casa?).

Incluso, si se trata de una historia de fantasía, ciencia-ficción o narrativa histórica podemos no saber en qué época, siquiera, transcurre el texto.

¿Cuál es el problema?

Que si no damos esos datos necesarios, la persona que lee va a inventarse dónde y cuándo está situado el cuento o la escena; y, a lo mejor, en la segunda página, de repente el autor/a le da un dato que contradice lo que el lector ha supuesto. Esto, que parece una tontería, significa que esa persona que leía la historia se queda en shock (“¡Ah! Entonces el protagonista no estaba en su casa, sino sentado junto a un lago!”), y  se “sale” de nuestro relato, y tiene que volver a revivirlo en su cabeza de forma correcta.

Y el lector ya no está emocionado. Primer pecado capital de la escritura. Ya no está con el/la protagonista en una nave espacial persiguiendo a una criatura alienígena, o ayudando a esa mujer a hacer las maletas para dejar a su marido maltratador… El lector está en su sofá, completamente consciente de que esa historia es algo que ha escrito otra persona. Como si, cuando estás en el cine completamente emocionado o absorbido, a punto de llorar, a alguien le suena el móvil y se pone a hablar por teléfono. Se corta la emoción.

Eso no ayuda, desde luego, a que tu relato resulte seleccionado. Sobre todo porque se nota que la persona que lo ha escrito no tenía “tablas” o experiencia suficiente para dejar el relato profesional (y habrá muchos otros que sí)

*Nota: excepción a esta regla serían los cuentos que comienzan con un personaje que no sabe dónde se encuentra. En ese caso, es normal -y deseable- que el lector tampoco.

4. Coma entre el sujeto y el verbo

Una coma puede cambiar completamente el significado de una frase. En especial, la coma entre el sujeto y el verbo, la “coma asesina”, tal y como la denomina la revista Yorokobu. El periódico “El país”, ante la muerte de Mandela, tuvo durante varias horas en tu web este titular:

A mí me mató una coma mal puesta. Ahora voy a por ti.

“Mandela, muere”

En lugar del correcto:

“Mandela muere”

Otro ejemplo muy claro es este:

—A comer, niños (alguien llama a los niños para que vengan a comer, usando la coma del vocativo)

—A comer niños (alguien quiere introducir a los niños en su dieta baja en calorías)

Estas comas (y otras) mal colocadas pueden hacer que el cuento resulte confuso, y la persona tenga que releer varias veces la misma frase para entenderla bien; lo cual nos devuelve al pecado capital que describía en el punto anterior: el lector se sale del relato.

Podéis dar un buen repaso al uso de las comas en este artículo de mi blog.

5. Los diálogos sin raya ni guión, con acotaciones separadas por comas. 

Este fallo suele señalar claramente al autor o autora que ha leído (o escrito) muy poco en su vida, pues toda persona que ha leído bastantes libros tiene claro que, en español, las partes en las que un  personaje habla con otro se señalan con una raya, así:

—Tengo miedo.

Y esa raya sirve también para marcar cuando el diálogo se termina y llega la voz narradora, explicando algo del personaje o de la acción (acotación):

—Tengo miedo—dijo Tomás, de repente.

No es tan importante si el autor/a, en lugar de usar la raya de diálogo (—) usa un guión (-), es un fallo tipográfico perfectamente perdonable. Pero no señalar correctamente los diálogos con sus rayas o guiones y sus apartes puede quedar muy feo y, además, el resultado será muy confuso para los lectores, por lo que es importante revisar bien el relato en ese sentido.

Aquí tienes todo un artículo que explica cómo transcribir diálogos.

*Nota: diferente es cuando un autor o autora experimentados deciden probar, conscientemente, a escribir toda su narración sin guiones en los diálogos, como sucede en algunos libros de Saramago o Cormac MacCarthy. Pero es como jugar con fuego: se trata de una técnica tan compleja que solo salen bien parados los escritores con muchos libros a sus espaldas. Lo más normal es que el texto resulte confuso. 

6. ¿Quién demonios eres?

Este es otro de los fallos que describo  en el ebook “10 errores que puedes estar cometiendo en tu 1er capítulo (o en tu relato): como veis, no tienen tanto que ver con la redacción propiamente dicha como con cuestiones de ambientación y narración. Pero eso sí, hay que tenerlos en cuenta porque si se comenten el relato puede perder mucha calidad.

El personaje desconocido ataca de nuevo

Si en el caso anterior hablaba de no dejar claro al lector dónde (o cuándo) se encuentra el personaje, en este caso insistiría en dejar claro QUIÉN es ese personaje, desde el inicio. Hay una cantidad tremenda de relatos que llegan a premios en los que no tenemos ni idea de quién -o qué- es ese personaje que habla y se mueve desde el inicio del cuento.

¿Y eso es un problema?

Sí. Por lo que explico en este artículo, cómo recibe el lector lo que escribimos. Quizá no te hayas parado a pensarlo, pero cuando alguien comienza a leer las primeras líneas de tu relato, empieza a imaginarlo, a verlo todo en su cabeza como si fuera una película. Y si no le dices quién -o qué- es tu personaje, sencillamente, no puede ver nada. Eso no ayuda a disfrutar el cuento.

Mostrar a tu personaje puede incluir:

-Señalar lo más pronto posible si tu personaje es masculino o femenino (u otro). Basta un adjetivo en la primera frase: “Cansada, se dirigió a la puerta”.

-Darle nombre. Por alguna razón, muchos escritores que empiezan insisten en comenzar una historia con “él” o “ella”, y no darnos el nombre del personaje hasta dos páginas después. ¿Por qué no empezar directamente “Enrique llegó a su casa”? Nos imaginamos mejor al personaje si tenemos su nombre.

-Si se trata de algún ser que no es humano, lo mejor es indicarlo enseguida. Si bien en un microrrelato (hasta doce líneas) funciona muy bien guardar la identidad del personaje y desvelarla como sorpresa al final, en un cuento de varias páginas la fuerza no reside en esa sorpresa, sino en el conflicto de la historia. Y para entender el conflicto debemos saber cuanto antes si el personaje no es humano y qué es.

7. Faltas que hacen daño a los ojos. 

Estas son un claro indicativo de persona que ha leído poco (y escrito menos aún). Revisadlas bien, pero, sobre todo, LEED. Leed mucho, leed sin parar, y leed buena literatura (no, los relatos de vuestros amigos no cuentan).

Es la forma más efectiva y divertida de evitar estas faltas ortográficas criminales, que hacen daño a los ojos. Me refiero a faltas como:

-Confundir A ver/haber (“*Vamos haber una película“)

-Confundir echo/ hecho (*”No ha echo los deberes”)

-Confundir a/ ha (*”Voy ha trabajar”, *”Felipe a llegado hoy”)

-Utilizar más b y v: *abión, *avía, *bisto

-Utilizar mal la “s” y la “c/z”: *presizar, hazer, ves (vez)…

8. Vocabulario pobre

Este “fallo” de redacción es mucho menos evidente a ojos inexpertos, pero un lector profesional (de jurado o editorial) lo va a notar enseguida. Es peligroso, porque da la sensación de relato “pobre” y, desde luego, poco trabajado. Incluso parece no tener revisión alguna, y eso es imperdonable si envías tu relato a participar a una revista o publicación, editorial o premio.

¿Cómo puedes notar TÚ si tu texto adolece de vocabulario pobre? Es más difícil, pero hay un par de trucos que te pueden ayudar a empezar a notarlo.

La repetición: solo es buena cuando es a posta y busca un efecto concreto.

-Repeticiones: un texto con vocabulario pobre es fecundo en repeticiones de las mismas palabras. Si lees en voz alta tu relato te será más fácil darte cuenta si has escrito algo como esto: “El camino era largo, empezamos a caminar sin hablar entre nosotros. Pero después de haber caminado dos horas…”

Para corregirlo, no es necesario buscar vocablos muy extravagantes o poco comunes; basta cambiar una de esas acepciones por “andar” o “pasear” y listo: ya has evitado la repetición.

Suele ocurrir mucho con verbos de movimiento (andar, conducir, correr), de habla (decir, dijo, dijiste, dirá) y otros abstractos como “pensar” o “creer”, aunque puede suceder con cualquier palabra. Es bueno acudir al diccionario de sinónimos con frecuencia.

-No utilizar la palabra precisa: muchas veces el escritor poco experto acude a palabras muy comunes, especialmente verbos, en lugar de buscar la palabra que, de manera precisa, define lo que queremos decir. Yo llamo “verbos comodín” a verbos como poner, dar, hacer, tener, coger, moverse… Parece que sirven para tanto un roto como para un descosido. Pero si se recurre mucho a ellos -y suele suceder así- en lugar de buscar la palabra precisa, la impresión que deja es de vocabulario pobre.

Ejemplos:

-“Lo cogí fuertemente”-> Lo agarré, lo aferré

-“Dio un chillido” -> Chilló, gritó

-“Hice la casa con mis propias manos” -> Fabriqué

-“Se movía pegado al suelo”-> Se arrastraba

Y este fenómeno de no usar la palabra precisa puede darse también con sustantivos. Por ejemplo, cuando decimos “se fue de la sala”, en lugar de especificar si se trata una cocina, un salón de reuniones, un bar, un despacho, etc… O cuando echamos mano de un adjetivo en lugar de buscar el sustantivo perfecto: “Un cuaderno pequeño”, en lugar de “una libreta”.

9. Expresiones mal escritas o mal utilizadas

¡No escribas “a parte”, por favor!

Hay otras palabras y expresiones que los lectores y jurados encontramos demasiado a menudo mal escritas, y también afean muchísimo tu relato (y pueden ser causa de descalificación). Incluyo la forma incorrecta en rojo y la correcta al lado. Mucho cuidado con estas expresiones:

*A parte-> aparte (¡siempre junto!)

*Sobretodo-> escrito junto es sinónimo de “abrigo”. El adverbio se escribe separado: “sobre todo”

*Ni si quiera–> siquiera (también junto)

*aposta—> Separado, hacer algo “a posta” es hacerlo a sabiendas, conscientemente.

*Contra más-> Horrorosa expresión mal escrita. Lo correcto es “cuanto más”

*En seguida —> enseguida (siempre junto)

*Hubieron problemas, han habido problemas, habían personas—> hubo problemas, ha habido problemas, hay personas. El verbo haber en estos casos es impersonal; es decir, “personas” (o “problemas”) no es el sujeto de esta frase, sino el objeto directo; por lo tanto, aunque ese nombre sea plural, no hace que el verbo sea plural.

*osea--> O sea, siempre separado

*através, atravez-> a través de

10. El fallo que suele dejar a los (buenos) relatos sin premio. El final.

Todos los puntos que he descrito anteriormente, los nueve, suelen ser cuestiones que saltan a la vista nada más empezar a leer el relato y que pueden provocar que alguien deje de leer tu cuento -o que, si se trata del jurado de un premio o de un lector editorial, no lo seleccionen. Sin embargo, en cada premio siempre hay un porcentaje de relatos que están bien escritos, que comienzan de forma interesante, y, sin embargo, nunca se llevarán el premio -o no serán seleccionados.

En la mayoría de los relatos bien escritos el principal fallo que les deja fuera es un desenlace malo o poco aprovechado.

Son esos cuentos que los lectores seguimos con interés y terminamos pensando “qué lástima, tenía todos los ingredientes, pero no ha sabido sacarles partido”. En muchos casos suele significar que el autor o autora no tenía muy claro desde un inicio lo que quería contar, pero en otras ocasiones puede ser falta de espacio, incoherencia… Pongo unos ejemplos, que así quedará más claro.

ALGUNOS DESENLACES QUE NO FUNCIONAN

Voy a poner el final aquí, mismamente.

Doy aquí algunas claves de los que más me suelo encontrar en premios literarios, aunque en este otro artículo hay todavía más y están explicados con más calma.

-Desenlace apresurado: Sea por falta de tiempo, de espacio o por aburrimiento del autor/a, este final “canta” muchísimo, ya que corta la historia mucho antes de que el conflicto haya tenido la oportunidad de desarrollarse, o en un lugar en el que todo termina abruptamente.

-Desenlace incoherente: es aquel en el que el lector no comprende bien qué ha ocurrido, porque le faltan datos para poder asimilar qué ha sucedido. Datos de los que debería haberse provisto al lector, de forma natural, a lo largo de la historia.

-Deus ex Machina: cuando un elemento casual (o mágico) propicia un final forzado para la historia. Por ejemplo, un hombre se entera de que su hija ha sido secuestrada y no tiene dinero para pagar el rescate porque su empresa está en la ruina… y milagrosamente le toca la lotería a tiempo para salvarla. Digamos que es el equivalente en literatura de “hacer trampas”.

-Desenlace que no resuelve el conflicto o no tiene que ver con el conflicto: Pongamos que una pareja está decidiendo si se divorcia o no y de repente al marido le atropella un autobús. Fin. Como explico en el otro artículo sobre los desenlaces, ese final no resuelve la pregunta que ha hecho que el lector siga leyendo a lo largo de varias páginas: ¿Se divorciará Ana de Fran? ¿Ya no se quieren? ¿Podrá perdonarle? El autobús aparece y se lleva la historia por delante.

Sobre todo en este último desenlace, se nota que el autor o autora no tenía claro qué quería decir con el cuento, por qué ese cuento era  importante para él/ella. Aunque creas que no, eso se transmite claramente.

¿Has cometido alguno de estos errores en tus relatos? ¿Son tus desenlaces coherentes y tienen que ver con el conflicto siempre? Cuéntamelo en los comentarios. 

Diana SUPERPEQUE ROJARECUERDA QUE, SI QUIERES DAR UN SALTO CUALITATIVO EN TU ESCRITURA, puedes apuntarte a mis TALLERES LITERARIOS POR INTERNET en Portaldelescritor  y empezar a escribir con mi apoyo y revisiones, en compañía de otros escritores. En breve se inicia mi taller online “Comienza tu novela” y “Comienza tu novela de fantasía o ciencia-ficción“, así como mi Curso de Microrrelato.

Comments

  1. Chris Marrufo

    Estoy escribiendo una historia que ya tengo años redactando; ya sea por falta de tiempo o por falta de interés. Ahora que encuentro estos blogs, me ha ayudado a continuar y creo que hasta ahora, no lo estoy haciendo mal; claro, he tenido algunas fallas y las he ido corrigiendo gracias a sus consejos.
    Dimalu.

  2. Cristina González

    Tengo un buen relato pero me cuesta encontrar un final que sea consecuente con la historia y no se parezca “demasiado” al final de otro cuento. Me habia planteado utilizar la muerte de un personaje pero con tu consejo he visto que no es solución, de modo que me obligas a encontrar una respuesta a mi final.
    Gracias por el consejo, de algún modo intuía que no era muy buena idea y por esto no lo habia aplicado, me alegro de que me lo hayas confirmado.

  3. Muchas gracias, por tan valiosos aportes .

    A mi parecer hice una historia muy buena, dos jóvenes amigos mataban sin compasión a los que de una u otra manera quebrantaban su confianza, sin embargo la historia me tenia loco… Y le dí un final apresurado, no queria pensar mas en ellos, ni desvelarme por su culpa de nuevo.
    Lo sentía dentro, sabía que estaba desmembrando la historia y meses después le di un final descente.

    Tus aportes son una luz para cientos de artistas que a ciegas, sin asesoria alguna, se mandan a la boca de los lobos sin criticas constructivas ni competentes.

    Nos animas a seguir y a esforzarnos, a ser profesionales.

    Muchas gracias 🙂

  4. Claudine Flamand

    Algún día tendré el gusto de estar entre tu grupo de alumnos. Saludos desde Guanajuato, México

  5. Saray

    Me encantan tus consejos. Con tu permiso los comparto. Saludos

  6. Patricia Sepúlveda

    La felicito y agradezco la valiosa información. Tengo una pregunta, si un relato está correcto, según estos 10 puntos, ¿por qué no gana?

    1. Esto daría para otro post entero, pero intento responderte brevemente.

      Lo primero, en este artículo yo no describo TODAS las razones por las que un relato no gana un premio. Describo las 9 que más rápidamente hacen que tu cuento quede descalificado tras leer la primera página, que hacen que no pase ni la primera criba.

      Después hay muchas otras razones que hacen que un relato sea bueno. En este artículo mío puedes ver algunas: Pero hay muchas más, el estilo, los personajes, los diálogos, la visibilidad… Miles de detalles que hacen que un relato sea rico.

      Y, por último, incluso aunque todo eso esté perfecto, siempre está el gusto subjetivo del jurado, que son personas y, como tales, tienen preferencias por géneros, argumentos, etc.
      La única opción que tenemos como escritores es intentar mejorar y seguir intentándolo. De todas formas, en mi apartado de libros para escritores, hay una guía gratuita para conocer trucos para presentarse a premios literarios. Te recomiendo que te la descargues, te puede ser útil: http://dianapmorales.com/folletos-para-descarga/
      Un saludo afectuoso y adelante 🙂

  7. ¡Qué buen artículo, Diana! Me han gustado especialmente los errores narrativos. Sobre todo en lo referente al inicio y al final. En mi caso suelo empezar a escribir cuando tengo claro un final, parece una tontería, pero saber a dónde quieres llegar te da confianza y una escritura más segura. Respecto al inicio coincido totalmente, al lector hay que darle un ancla visual sobre la que centrarse para que, partiendo de ella, la historia fluya de manera comprensible.
    Pero, sobre todo, creo que es importante tener una idea previa de la historia y considerar la extensión requerida. Si el concurso te pide 500 palabras como máximo la historia no puede ser igual que si te piden 2.000, si se comienza a escribir en plan “a ver lo que sale” es muy posible que se corra el riesgo de quedarnos sin espacio o, casi peor, quedarnos muy cortos y rellenar sin sentido.
    Respecto a los aspectos formales son de cajón, aunque siempre baila alguna tilde o alguna palabra repetida, sobre todo cuando revisas. Me ha pasado muchas veces detectar una reiteración y al evitarla caigo en otra. Para evitarlo suelo dejar algunos días, hasta que al releerlo tenga esa sensación de que lo ha escrito otro. Pero siempre se cuela algo.
    Muy, pero que muy interesante. Como siempre. Saludos

  8. Carlos Quijano

    ¡Hola, Diana!
    Por desgracia, me ha tocado ver muchos textos con más de una de las fallas que mencionas. Lo triste es que muchos de ellos han sido en ebooks de autores autopublicados. No quiero generalizar, pero también en plataformas como Wattpad se cometen un sinfín de faltas y lo peor de todo es que se autoproclaman «escritores» y a sus malogrados textos, «libros».
    Gracias por tu artículo, como es costumbre, siempre es de utilidad. ¡Saludos!

    1. Es un tema que conviene trabajar, efectivamente, porque deja muy mala imagen. Un saludo y seguimos en contacto por aquí, Carlos.

  9. Haydée Solano

    Hola Diana es un lujo tenerte con nosotros. Escribí un cuento en el cual el desenlace me gusta muchísimo, pero leyendo estos 10 errores que nos señalas me di cuenta que a lo mejor era un Deus ex Machina porque posiblemente le sirva al personaje para resolver una situación de vida. Sin embargo el que aparezca en la historia no es lineal y su curso está lleno de inconvenientes. En el caso de que si lo fuera: ¿ Hay alguna manera de darle la vuelta para no cambiarlo? Gracias anticipadas por estas ayudas. Saludos. Haydée

    1. Hola, Haydeé: Lamentablemente, es muy difícil “darle la vuelta” a un final de un relato sin cambiarlo… por no decir imposible.
      Pero, ¿qué miedo tienes de cambiar el relato? ¡No está escrito en mármol! 😉 Cámbialo las veces que sean necesarias. Recuerda que grandes escritores como Hemingway decían que escribir es, un 50%, reescribir.
      Hay que acostumbrarse a borrar, tachar, eliminar sin miedo y volver a darle un repaso a nuestros textos. ¡Es esencial! Ningún autor escribe una obra maestra de primeras, sin tocar una coma: todos reescribimos, una y otra vez, y cambiamos cosas, tanto de redacción, como de inicio, final, elementos, personajes, diálogos y lo que el texto necesite.
      un saludo afectuoso 🙂

  10. Erasmo

    Hola, Muy interesante. Ya había conocido estas técnicas narrativas por un libro titulado: Los desafíos de la ficción: Técnicas Narrativas. Del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, en Cuba.
    Igual me resulta inquietante, que a veces, cuidando todos estos detalles que acabo de leer, no recibimos el premio y otros, de menos calidad lo obtienen.
    De todas maneras como usted apunta siempre es bueno seguir estos consejos para que nuestra obra llegue al lector con mayor calidad. Yo escribo sobre todo para niños y jóvenes, En ocasiones uno se apresura a publicar y luego releyendo comprende que pudo haber sido mejor.

    1. Hola, Erasmo: creo que ya lo comentaba en el artículo, pero insisto aquí. Normalmente, los cuentos premiados suelen tener un mínimo de calidad (y ninguno de estos fallos). Pero ya, una vez estamos entre cuentos de calidad similar, la decisión de a quién premiar puede tener muchas variables, entre ellas el propio gusto y preferencias de los miembros del jurado y eso ya no depende de nosotros. Lo único que podemos hacer los escritores es ir mejorando, escribiendo cada vez mejores cuentos, y enviándolos donde puedan verlos o valorarlos. Seguro que llega el momento en que alguien los valora.
      Un saludo afectuoso y ánimo.

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