Los mejores libros para aprender a escribir (1): Haz tu historia única con un narrador memorable

Voy a comenzar una serie de artículos que girarán en torno a recomendaciones de libros de los que se puede aprender mucho. Es una de las peticiones que más me han hecho en el blog, vía encuestas o grupo de Facebook, y por fin he encontrado la manera. Cada mes escribiré un post en el que recomendaré varios libros, todos relacionados con la misma técnica de escritura. Así, si quieres, puedes profundizar y probar esas técnicas con el apoyo de estas lectura.

Y, en cualquier caso, todos estos libros recomendados siempre van a ser buenos libros, de los que cualquier persona que escribe puede sacar mucho provecho al leerlos.

Inicio la lista con diez libros que comparten una misma técnica: han elegido una voz narradora muy poco usual. Un punto de vista diferente desde el que contar una historia que, justo por eso, nos permite verla desde una mirada fresca e impactante.

“El primer amor”, de Joyce Carol Oates: Narrador en segunda persona

Hace poco estuve hablando en profundidad de las ventajas y desventajas de los narradores en 1ª persona y 3ª persona, que son los más comunes. El narrador en 2ª persona es peculiar y muy poco usado: le habla a un “tú” que es, al mismo tiempo, lector y protagonista de la historia. O al menos así se siente emocionalmente cuando nos asomamos a una de estas historias. Es un narrador complejo: el escritor/a tiene que estar muy atento a la hora de usarlo, pero, a cambio, tiene mucha fuerza. Parece que agarra del cuello al lector y lo arrastra dentro de las páginas.

He elegido como ejemplo el libro “El primer amor” de una de las grandes de la literatura norteamericana actual (y futuro premio Nobel de Literatura, nadie lo duda): Joyce Carol Oates.

“El primer amor: un cuento gótico” es aparentemente una novela juvenil, pues la protagonista es una pre-adolescente que se enamora por primera vez. No obstante, pronto la trama nos mostrará una historia mucho más oscura y descarnada -y, desgraciadamente, muy habitual. No quiero desvelar nada: es una novela corta y muy recomendable.

Fijaos, eso sí, cómo el uso del narrador en segunda persona hace que la narración adquiera una inmediatez pasmosa. Incluyo un extracto del principio de la novela:

“En tu primera mañana en Ransomville abandonas la dura cama que habías echado de menos, te vistes rápidamente y sales de casa con la intención de ver de cerca el río. El sol se enciende en tu frente como una palmada de aviso. Ya hace calor y aún no son las ocho de la mañana. ¡Corre, corre! Los pies se te hunden en la tierra esponjosa. Un furioso estruendo de pájaros, ranas y cigarras te rodea. Al pie de la colina, alguien ha colocado algunas planchas de madera sobre el pantano. Te preguntas si será seguro caminar por ellas: están podridas. 

«El miedo es sano, es normal. El miedo salvará tu vida».

¿Quién te ha dicho eso, cuál de los adultos: tu madre, tu padre, o quizá sea Jared Junior, el que aún ha de llegar?

Otro libro que también hace uso del narrador en segunda persona es “Si una noche de invierno un viajero”, de Italo Calvino, que se abre así: “Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero. Relájate. Recógete. Aleja de ti cualquier otra idea”

“Desde mi cielo”, de Alice Sebold: Narrador omnisciente en primera persona

Si llevas un tiempo escribiendo y aprendiendo técnicas de escritura, seguro que tienes muy claro lo que es el narrador omnisciente: una voz narradora que lo ve todo, que lo sabe todo de todos los personajes. Lo que sienten, lo que piensan, lo que sueñan o temen, y todo lo que hacen o dejan de hacer. Por eso lo llaman “narrador dios”. 

La diferencia con la narración en primera persona (o desde el punto de vista de un único personaje) es clara: ese personaje, que es parte de la historia, no puede saber lo que hacen los demás cuando él/ella no está delante, ni puede saber lo que piensan, sienten, sueñan o temen. Pues bien: la originalidad de la novela “Desde mi cielo”, escrita por Alice Sebold, es que consigue mezclar ambas cosas. 

¿Cómo? Porque su personaje es una chica que acaba de morir y, desde “su cielo”, puede ver todo lo que ocurre a sus personas queridas. Y, entre otras cosas, también ve cómo intentan averiguar por qué ella está muerta. Así, con este curioso narrador, el lector siente toda la empatía que sentimos habitualmente por un narrador en primera persona (identificándonos con él/ella, sufriendo y emocionándose con el personaje…) y, al mismo tiempo, podemos ver todo el tejido completo de historias de las personas que la rodeaban… y que continúan con sus vidas: su madre, su padre, su hermana pequeña, sus compañeros de clase.

Es una novela deliciosamente escrita, además, que contiene muchas sorpresas. Dejo el inicio, que ya da muestras de lo mucho que se puede disfrutar (y aprender) de esta narración:

“Me llamo Salmon, como el pez; de nombre, Susie. Tenía catorce años cuando me asesinaron, el 6 de diciembre de 1973. Si veis las fotos de niñas desaparecidas de los periódicos de los años setenta, la mayoría era como yo: niñas blancas de pelo castaño desvaído. Eso era antes de que en los envases de cartón de la leche o en el correo diario empezaran a aparecer niños de todas las razas y sexos. Era cuando la gente aún creía que no pasaban esas cosas.

Mi asesino era un hombre de nuestro vecindario. A mi madre le gustaban las flores de sus parterres, y mi padre habló una vez de abonos con él. Mi asesino creía en cosas anticuadas como cáscaras de huevo y granos de café, que, según dijo, había utilizado su madre. Mi padre volvió a casa sonriendo y diciendo en broma que su jardín tal vez fuera bonito, pero que el tufo llegaría al cielo en cuanto hubiera una ola de calor.

Pero el 6 de diciembre de 1973 nevaba y yo atajé por el campo de trigo al volver del colegio a casa. Estaba oscuro porque los días eran más cortos en invierno, y me acuerdo de que los tallos rotos me hacían difícil andar. Nevaba poco, como el revoloteo de unas pequeñas manos, y yo respiraba por la nariz hasta que me goteó tanto que tuve que abrir la boca. A menos de dos metros de donde se encontraba el señor Harvey, saqué la lengua para probar un copo de nieve.

—No quiero asustarte —dijo el señor Harvey”.

“El libro de los cráneos”, de Robert Silverberg: Narrador múltiple

Otro de los narradores que se mencionaban en el artículo sobre la narración en 1ª y 3ª persona es el narrador múltiple: se trata de  narrar una historia desde el punto de vista de diferentes personajes, cada capítulo contado desde los ojos de uno de los personajes (ya sea en 1ª persona o en 3ª persona).

La novela que he escogido para ilustrarlo es “El libro de los cráneos”, de Robert Silverberg. Una novela de género fantástico que usa esta técnica de forma muy inteligente para aumentar la tensión de la historia. Os explico:

Este libro cuenta cómo cuatro chicos de Nueva York, en los años 60, deciden viajar al desierto de Arizona en busca de una misteriosa secta de monjes inmortales. Dice la leyenda que para conseguir ser inmortal como ellos sólo hay que seguir un macabro ritual de iniciación: matar a otra persona. Así, los cuatro deciden lanzarse a un road trip, haciendo un pacto: cuando encuentren a la secta, dos de los cuatro amigos se harán inmortales matando a los otros dos amigos. Y ya decidirán quiénes cuando encuentren el misterioso lugar.

Cada capítulo es narrado por uno de los cuatro chicos y tiene, como título, el nombre del personaje narrador. Así que ya os imagináis que cuanto más avanza la historia más nervioso estás por saber quién cuenta el siguiente capítulo, pues ese chico no ha sido elegido para morir. Por supuesto, el lector va haciendo sus apuestas, esperando que sean unos y no otros los que finalmente sobrevivan.

Os dejo un extracto del primer capítulo, narrado, en este caso, por Timothy.

“Acepté, quizá por divertirme. Cuando mi padre tenía mi edad, se fue al Congopara buscar minas de uranio. No encontró nada, pero se lo pasó en grande. También yo tengo derecho a correr tras alguna quimera, ¿verdad? Me voy con vosotros, contesté. Sólo más tarde, Eli me contó algunas de las reglas del “juego”. De cuatro candidatos, como mucho, solo dos conseguirían la inmortalidad. Los otros dos deberán morir. Eli me miró fijamente a los ojos:

-Ahora que ya conoces los riesgos -me dijo-, puedes dejarlo, si quieres. 

Yo me eché a reír.

-¡Una posibilidad entre dos está bastante bien!”

Otras novelas que también usan esta técnica son “Juego de tronos”, de George R. R. Martin y “Mensaka”, de Jose Ángel Mañas, una pequeña novela corta que narra, desde diferentes puntos de vista, la historia de un grupo de rock en el Madrid de los 90.

“El buen soldado”, de Ford Madox Ford: Narrador mentiroso o poco confiable 

También el narrador en 1ª persona puede usarse de forma más original que la habitual. Cuando este narrador es consciente de que otras personas leerán esa historia (suele dejar claro al inicio que toda la novela es un escrito que el personaje va a enviar a alguien, o unas memorias) y, por tanto, es muy probable que oculte sus propios defectos, equivocaciones, o incluso delitos.

Este narrador, cuando se usa en la literatura contemporánea, es muy poco confiable: jamás sabemos si lo que nos cuenta es lo que de verdad ocurrió, o simplemente “su versión” de los hechos, dejando lagunas fuera, o incluso mintiendo descaradamente… algo de lo que seguramente nos enteraremos antes de que termine el libro, si el autor/a de la novela ha trabajado bien. Esto sería lo más difícil de lograr al usar este tipo de narrador.

Es una técnica que puede dar muchísimo juego y sorprender completamente al lector, ya que no es nada habitual; el lector suele confiar ciegamente en lo que le cuenta el personaje narrador.

La novela que he elegido para ejemplificar es un clásico de la literatura norteamericana, muy poco conocido fuera de los EEUU: “El buen soldado”, de Ford Madox Ford. Una novela escrita de forma impecable, que nos narra la relación de amistad entre dos matrimonios -el del narrador es uno de ellos- y que sorprende con el giro final, quien parecía “malo” resulta no serlo en absoluto.

Os dejo un extracto del comienzo:

“Esta es la historia más triste que jamás he oído.

habíamos tratado a los Ashburnham durante nueve temporadas en la ciudad de Nauheim… o más bien, habíamos mantenido con ellos unas relaciones tan flexibles y tan cómodas como las de un guante de buena calidad con la mano que protege. Mi mujer y yo conocíamos al capitán Ashburnham y a su mujer todo lo bien que era posible conocer a alguien y, al mismo tiempo, apenas sabíamos nada acerca de ellos. Se trata, creo yo, de una situación que solo se da con los ingleses, sobre quienes -incluso hoy cuando me detengo a dilucidar lo que sé de esta pequeña historia- descubrí que vivía en la más completa ignorancia. hasta hace seis meses no había pisado nunca Inglaterra y, ciertamente, jamás había sondeado las profundidades de un corazón inglés. “

Quizá la primera novela en usar este tipo de narrador fue “Otra vuelta de tuerca”, de Henry James, un clásico donde los haya. En una primera lectura, parece que estamos leyendo una historia de terror gótico (todos la conocemos, ¿verdad? Una institutriz que descubre que los hijos de la familia rica a los que cuida están siendo perseguidos por fantasmas); sin embargo, en una segunda lectura, más atenta, nos daríamos de bruces con la verdad. Es la institutriz, de mayor, la que narra la historia, defendiéndose de que ha sido acusada de no haber cuidado bien a los niños; y es ella quien, más que probablemente, se está inventando la historia de fantasmas -o, al menos, si ella se la cree, no hay más datos para corroborarla que su propia opinión.

Henry James es un narrador superlativo, que no sólo se lució en novelas “realistas” como “Las bostonianas” o “Retrato de una dama”, sino que incluso, como en “Otra vuelta de tuerca” experimentó con puntos de vista y géneros.

“El gran cuaderno”, de Agota Kristof: Narrador cámara en primera persona del plural

Si hay algún narrador aún menos usado que el de segunda persona, ese sería el de primera persona del plural: narrar desde un “nosotros”. Ese narrador implica que son varios los que están contando, al mismo tiempo, la historia, y sintiendo lo mismo y pensando lo mismo a la vez. Una locura.

Pues eso es lo que hizo la autora húngara, radicada en Francia, Agota Kristof. Escribió su opera prima, “El gran cuaderno”, con ese narrador, y consiguió gran respeto de crítica y público. ¿El truco? La historia está narrada desde el punto de vista de dos niños, hermanos gemelos, que durante toda (o casi toda) la novela, están siempre juntos y que siempre están de acuerdo en todo.

Es una narración muy peculiar, a la que, además, hay que añadir que se emplea un punto de vista de “narrador cámara”. Es decir, no se describen sentimientos, ni pensamientos, ni opiniones: sólo lo que los personajes hacen o dicen, o lo que objetivamente sucede. ¿Por qué? Estos dos niños que intentan sobrevivir a la II Guerra Mundial en Francia, deciden que escribirán su historia en un “gran cuaderno” en el que van a contar sólo las cosas que son verdad, comprobables. Y, por supuesto, los pensamientos y sentimientos son subjetivos, así que los eliminan.

Una impactante obra, que no puede dejar indiferente. Una novela que habla del descubrimiento de lo que significa ser adulto, y de la supervivencia en condiciones inimaginables. Dejo un extracto del inicio:

“Llegamos a la gran ciudad. hemos viajado toda la noche. Nuestra madre tiene los ojos enrojecidos. Lleva una gran caja de cartón y, cada uno de nosotros, una maleta pequeña con sus ropas, además del gran diccionario de nuestro padre, que nos pasamos el uno al otro cuando se nos fatigan los brazos demasiado.

Hace mucho que caminamos. La casa de la abuela está lejos de la estación, en el otro extremo de la pequeña Ciudad. Aquí no hay tranvías, ni autobuses, ni automóviles. Sólo circulan algunos camiones militares.

Los transeúntes son poco numerosos y la ciudad está silenciosa. Caminamos sin hablar, nuestra madre en el centro, entre nosotros dos. Delante de la puerta del jardín de la abuela, nuestra madre dice:

-Esperadme aquí.

Esperamos un poco; después entramos en el jardín, rodeamos la casa, nos acurrucamos debajo de una ventana de la cual salen unas voces”

“Las ovejas de Glenkill”, de Leonie Swann: Narrador deficiente

En este caso, la gracia de la técnica es el punto de vista escogido. El así llamado “narrador deficiente” es aquel que cuenta la historia desde el punto de vista de un personaje que sabe menos que el propio lector sobre lo que está sucediendo en la historia.

¿Cómo puede ser eso? Simple: porque se trata de un personaje o personaje que no cuenta con todas las herramientas para entender lo que está viendo u oyendo. Así, le transmite al lector toda la información (todo lo que ve, oye, todo lo que sucede), pero no es capaz de hacer todas las deducciones pertinentes para llegar a comprender lo que está ocurriendo.

Con un ejemplo se entiende mejor. He escogido la novela “Las ovejas de Glenkill”, de la autora alemana Leonie Swann. Se trata de una novela muy entretenida y divertida de misterio. Un pastor aparece asesinado en medio de un campo en Irlanda. ¿Quién le ha matado? Serán sus propias ovejas las que se pondrán manos a la obra para intentar descubrir, con sus propios medios, al asesino.

La protagonista absoluta es Miss Maple, la oveja más lista del rebaño (cuyo nombre remite a la anciana Miss Marple, detective clásico de las historias de Agatha Christie), que será quien lidere la investigación y la búsqueda de pruebas y sospechosos. Por el camino ocurre que escuchan conversaciones entre seres humanos que ellas no entienden (y nosotros sí), o que no saben lo que es un rastrillo y para qué sirve, etc… Leer esta novela es un divertido juego,  en el que, como las propias ovejas, tendremos que intentar averiguar qué ha pasado con las pocas pistas de las que dispondremos y las hilarantes o disparatadas deducciones de las ovejas.

Dejo el inicio:

“-Ayer estaba sano-dijo Maude. Sus orejas sde movían nerviosamente.

-Eso no significa nada-repuso Sir Ritchfield, el carnero más viejo del rebaño-, ya que no ha muerto de una enfermedad. Las palas no son una enfermedad.

El pastor yacía junto al establo, inmóvil cerca del camino, en la verde hierba inglesa. Una corneja se había posado en su jersey noruego de lana y miraba en su interior con interés profecional. A su lado, había un conejo con aire satisfecho. Algo más lejos, cerca del acantilado, se reunía el consejo de ovejas. Habían conservado la calma al hallar a su pastor esa mañana inusitadamente inerte, y se sentían muy orgullosas de ello. Claro que, con el susto inicial, habían dado algunos gritos irreflexivos:

-¿Y ahora quién va a traernos el heno?

-¡Un lobo, un lobo!

Pero Miss Maple se había ocupado con rapidez de que no cundiera el pánico”.

Otra novela muy recomendable que también usa como punto de vista el narrador deficiente es “El curioso incidente del perro a medianoche”, de Mark Haddon. En ella, el protagonista, un niño con TEA (trastorno del espectro autista), de nuevo se encuentra que va a conocer datos que, por el trastorno que padece y su falta de habilidades sociales y empáticas, a veces no sabrá explicar. Una preciosa novela sumamente recomendable.

¿Y tú? ¿Has probado alguna vez a experimentar con los narradores o el punto de vista? ¿Te atreverías con alguna de estas técnicas? Deja tu opinión en mis comentarios y seguimos hablando. 

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Comments

    1. Hola, Sandrine: he dedicado este artículo a los narradores menos comunes porque son más difíciles de encontrar. Novelas narradas en primera persona y pasado hay literalmente… ¡millones! Y muchos, muchísimos clásicos: Jane Eyre, La inquilina de Widfell Hall (anbas de las hermanas Bronte), Farenheit 451 o El cuento de la criada, o Amanecer, si te gusta la ciencia-ficción. Rebeca, o la mayoría de las novelas de Agatha Christie, si te gustan las novelas de misterio…

  1. Emma Claus

    Hola, Diana. Me gustaría intentar el del narrador multiple. Saber los puntos de vista de los diferentes personajes es realmente interesante y le da al lector la posibilidad de decidir si siente empatia o no con ese personaje, si va con su puntos de vista, su moral y que diga: ” odio a este personaje” o por el contrario que lo ama. En fin, ese me gustaría intentar.
    Como siempre, me enseño mucho tu blog. Espero las otras entradas que mencionas acerca de las técnicas de escritura.
    Hasta pronto.

    1. Pues es una magnífica idea, ese narrador es siempre muy interesante. Ánimo y a ello, que a todo se aprende probando y practicando. Un saludo y seguimos en contacto por aquí, Emma.

  2. Fanderz

    Me podrias recomendar algun buen libro en primera persona?

    1. Hola, Fanderz: ya respondí a un comentario de otra lectora preguntando eso mismo. Te copio: novelas narradas en primera persona y pasado hay literalmente… ¡millones! Y muchos, muchísimos clásicos: Jane Eyre, La inquilina de Widfell Hall (anbas de las hermanas Bronte), Farenheit 451 o El cuento de la criada, o Amanecer, si te gusta la ciencia-ficción. Rebeca, o la mayoría de las novelas de Agatha Christie, si te gustan las novelas de misterio…
      Un saludo

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  4. Vicente

    En el narrador deficiente deberías haber incluido “El niño con el pijama de rayas” porque muchísimas cosas que le son desconocidas nosotros sabemos lo que son (la cámara de gas, el saludo nazi, el otro lado de la verja…)

    1. Gracias por el aporte, Vicente, aunque no estoy de acuerdo con el “deberías”… Por supuesto, “podría” haberlo incluido, pero cada cual utiliza los ejemplos que cree acertados para mostrar una teoría, aquellos que conoce y sabe que funcionan.
      De todas formas, por lo que comentas, parece sin duda un buen ejemplo de narrador deficiente. Un saludo.

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