3 cosas que jamás podré enseñar en escritura (pero se pueden aprender)

Como ya sabes si llevas un tiempo visitando mi blog, me he dedicado a la enseñanza de la escritura desde hace cerca de 20 años (!). Empecé muy joven, con talleres para adolescentes y gratuitos, y después ya me adentré en talleres del ayuntamiento y talleres por internet, a través de Portaldelescritor.

En estos años he tenido muchísimos alumnos (seguramente más de mil) y, como te puedes imaginar, he impartido clase tras clase sobre multitud de temas, de los que hablo frecuentemente en este blog. Desde los clásicos (estructura de una historia, creación de un personaje, diálogos, redacción correcta) hasta cuestiones muy concretas que han sido necesarias en un taller en particular, como los recursos de la repetición, buscar la naturalidad en la redacción, puntos de vista encontrados en una narración, etc…

Me he visto cientos de veces en situaciones como el tener que dilucidar por qué el inicio del relato de ese alumno no enganchaba, o por qué ese personaje no terminaba de ser interesante o cuál era la razón por la que el final de esa historia de esa autora no era emocionante.

Y, hace poco, me di cuenta de que había tres cosas que, por más que había explicado a lo largo de los años a los escritores que participaban en mis talleres, eran imposibles de enseñar.

Y, sin embargo, ¡se pueden aprender!

Parece contradictorio, pero no lo es. De hecho, las personas que llevan mucho tiempo trabajando conmigo (tengo alumnos que han estado más de ocho años seguidos en mis talleres) han terminado aprendiéndolas… de rebote, gracias a una fórmula mágica que todo el mundo puede aplicar.

Vale, no me entretengo más. Seguramente todo este misterio va a quedar clarito en cuanto explique cuáles son esas tres cosas que jamás podré enseñar, y el porqué.

1/ Jamás podré enseñar… a distinguir qué es un tópico o un lugar común.

A ver, por supuesto puedo explicar qué es un tópico: un elemento, o una expresión, que se ha repetido una y mil veces en literatura y, justo por eso, ha perdido su fuerza. Es un lugar común, algo gastado de tanto uso, que no aporta nada nuevo y que puede, incluso, hasta sonar mal. Por eso es bueno evitarlos y buscar nuestras propias ideas, o nuestras propias expresiones.

Hasta ahí todo bien, todo el mundo asiente, “Claro, claro, ya lo entiendo, es verdad, hay que evitarlos”. Pero entenderlo en abstracto no significa saber distinguir lo que es un tópico y lo que no. Y sigo encontrándome muchísimos textos en los que aparecen expresiones tremendamente tópicas y oídas mil veces como “…inundó todo mi ser“, “de piel blanca, casi traslúcida“, “una bonita mañana de primavera“, o un coche que va “a gran velocidad” (al parecer, en literatura, es imposible que un coche vaya a una velocidad normal 😛 )

¿Por qué no se puede enseñar a distinguir un tópico?

Muy sencillo. Un tópico o lugar común es algo repetido cientos, miles de veces en literatura. Y para poder distinguirlo, el autor/a debería haber leído mucho. Debería  haber leído tanto que se lo habría encontrado -simplemente por casualidad- decenas de veces, una y otra vez. Hasta la saciedad. Hasta decir: “¡El próximo libro en el que me encuentre con OTRA bonita mañana de primavera QUE inunda todo mi ser lo tiro por la ventana! “.

Si ese fuera el caso, el mismo autor o autora se daría cuenta de que esa expresión, o ese giro argumental, ha sido usado por cientos de escritores antes, y probablemente decidirían usar otro… sencillamente porque estarían cansados de leerlo una y otra vez.

Lo curioso de los tópicos o lugares comunes es que, si no se ha leído mucho, tienen el efecto contrario: el escritor que se los ha encontrado sólo en un libro o dos pensará que es algo muy original (la primera vez que lo ve) y (la segunda o tercera vez) deducirá que es tan bueno que incluso lo han repetido estos otros autores. Y él/ella mism@ lo repite a su vez.

No es hasta que se sobrepasa una cierta cantidad de lecturas, hasta que esa persona se encuentra con el mismo tópico diez o doce veces cuando se dará cuenta de que, en realidad, no era algo original, sino todo lo contrario. Y que los otros autores no lo repetían porque fuese bueno, sino porque también habían leído poco.

RECETA: Por lo tanto, la única receta -y fórmula mágica- es leer, leer sin descanso, leer más y mejor mientras nos vamos formando como escritores. 

En realidad, toda nuestra carrera como escritores es un aprendizaje constante en el que vamos avanzando poco a poco en esa lucha contra el tópico y ahondamos en nuestro propio estilo personal, gracias a lecturas, escritura constante, cursos, consejos en blogs… Y esa lucha nunca termina mientras seguimos escribiendo; pero se va progresando -doy fe.

*Nota: diferente es que uno sea consciente de que está usando un tópico y lo que quiera es pervertirlo, romperlo o reírse de él. Pero no suele ser el caso de lo que me encuentro en los escritos en mis talleres. 

2/ jamás podré enseñar… la belleza de lo sutil

Similar a lo anterior, durante mis años enseñando escritura creativa siempre intento animar a los autores/as a ser sutiles, a huir de lo obvio y de lo simple. Tanto en las lecturas como en su escritura. ¿Por qué? ¿Por qué los profesores de escritura y los críticos siempre alabamos la sutileza como una gran virtud?

Tiene que ver, también, con lo que hablábamos antes: cuando empezamos nuestra vida como lectores (o sólo leemos cierto tipo de literatura) los diálogos, giros, y trucos que nos gustan son los más claros y rotundos, se disfrutan a la primera, sin dobleces.

Sin embargo, después de encontrarte en tu vida lectora con muchos diálogos, giros y elementos obvios y directos empiezas a valorar algo más: la capacidad de un autor para hacer que TÚ pienses, que TÚ te involucres en la historia. Y eso es lo que hace la sutileza: el autor cuenta con que eres inteligente y deducirás por tu cuenta lo que está ocurriendo. El autor/a cuenta contigo para que completes la historia.

Y cuando lo consigues, el placer es doble. Disfrutas la historia y disfrutas el juego, del que has formado parte activa.

Voy a poner un ejemplo, pero…insisto en lo que decía antes: es imposible enseñar la belleza de lo sutil. Sólo cuando uno ha leído y ha visto muchas, muchísimas historias, es cuando empiezas a valorar aquellos autores que han buscado la manera de que tú te involucres también en su literatura.

Pongo, de todas formas, un ejemplo rápido e inmediato, con un meme de la maravillosa serie The Good Wife (que tenía algunos de los mejores diálogos de la tv durante años). En esta escena, Kalinda le aclara a Cary, tras haber roto con él, que lo que ella sintió era real.

Él podría haberle respondido: “Venga, hombre, no te lo crees ni tú“. Algo claro y directo. Pero en vez de eso, le contesta:

“Creo que tengo que volver al trabajo”.

Esa pequeña línea de diálogo transmite, sin decirlo directamente, muchísimas cosas: No te creo. Estoy cansado. Vamos a dejar el tema,  me está haciendo daño. Todo eso, sin haber usado ni una sola de esas palabras. Es parte de la belleza de lo sutil: no sólo consigue que tú seas quien se da cuenta de esto, sino que además expresa muchísimo más, capas y capas, con muy pocas palabras, gestos o acciones -allí donde lo obvio solo rasca lo que se ve a simple vista desde la superficie.

RECETA: Misma fórmula mágica de antes, leer mucho, leer clásicos, leer buenos autores y autoras. Cuando empiezas a leer y disfrutar novelas y autores que son más sutiles, de repente descubres que las historias que leías antes, más obvias y simples… ahora te aburren. O, bueno, quizá te distraen un rato, pero son como un polvo mal echado: se olvida en cuanto se termina.

3/ Jamás podré enseñar…. el sentido del humor

Este elemento no es tan esencial como los anteriores -que sí son pasos que todo escritor/a debe ir dando. En este caso, no todas las personas quieren -ni necesitan en su estilo- escribir con sentido del humor. Pero no quería desaprovechar la ocasión para dejar caer lo difícil que es hacer uso de este recurso.

Y tan complicado como usarlo es enseñarlo: a ver, existen técnicas que sirven para potenciar las escenas cómicas (repetición, exageración, sorpresa, punch…), que tal vez algún día explicaré en el blog. Pero para el que no tiene sentido de humor de inicio… de poco van a servir.

Yo misma, además, tampoco soy un gran ejemplo a seguir: quiénes me conocen personalmente han dicho que tengo un sentido del humor peculiar, o incluso “checoslovaco” -soy una gran amante de la lógica, imaginaos lo útil que es eso para el humor… 😉 Aunque es cierto que en mis clases he ayudado a sacar punta a muchas novelas, relatos ¡y guiones! de humor. Es divertido, pero difícil y tengo mucho respeto a las personas que son capaces de hacer reír con facilidad.

RECETA: Si quieres desarrollar el sentido del humor, trágate kilómetros de autores de humor (Gerald Durrell, Saki, Tom Sharpe, Terry Pratchett, Eduardo Mendoza, Christopher Moore…), series y sitcoms, películas y monólogos de humor del estilo que más te guste: humor ácido, surrealista, humor mordaz, irónico, escatológico, humor negro, británico…

La buena noticia es que se puede pasar sin el sentido del humor, por lo que, en este caso, tampoco es tan importante si no lo tienes desarrollado en tus escritos.


En suma, como has visto, todas estas cosas que he visto que no se podían enseñar, las he ido resolviendo a lo largo de los años en mis talleres con la lectura. A montones. Recomendando buenos libros, buena literatura. Prestando mis propios libros incluso, llenos de subrayados y de marcas. El aprendizaje, así, es más lento que cuando puedo enseñar directamente –lo bueno de contar con un profesor/a de escritura creativa es que se mejora  más rápido; tal vez incluso llegas al mismo lugar (o no), pero  en la mitad de tiempo- Pero lo importante es que se va aprendiendo.

Y que, tras leer decenas o cientos de buenos libros, la buena prosa se nos queda grabada a fuego e ilumina nuestros escritos para siempre.


Diana SUPERPEQUE ROJARECUERDA QUE, SI QUIERES DAR UN SALTO CUALITATIVO EN TU ESCRITURA, puedes apuntarte a mis TALLERES LITERARIOS POR INTERNET en Portaldelescritor   y empezar a escribir con mi apoyo y revisiones, en compañía de otros escritores. En breve comienza mi taller online “Comienza tu novela” y “Comienza tu novela de fantasía o ciencia-ficción“, así como mi Curso de Microrrelato.

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Comments

  1. Mónica

    Es muy reconfortante leer tus consejos. Ahora mismo voy a buscar algo de los autores que recomiendas en la parte del sentido del humor.

    Tengo ganas de hacer un curso contigo, Diana.
    Un saludo afectuoso,
    Mónica

  2. Paula

    Muy buenas tus recomendaciones !!

    Es cierto que mas lees mas crítica te vuelves de tus propios escritos. Nos volvemos mas selectivos y no importa la “categoría” que mas nos guste. Policiales, históricas, fantasía o futurista, a todos les cabe.
    Cuando encuentro esos tópicos me parece que es poca dedicación, poca consideración al lector. De todas formas, es fácil criticar cuando al momento de escribir hacemos lo mismo.

    Gracias por la reflexión ! Cariños

  3. Estefanía Malo

    ¡Hola! Tenía una pregunta. Estoy empezando a escribir un relato y me gustaría introducir un sueño en él. El problema es que no sé cómo expresarlo. Me explico, no sé si poner el sueño entre comillas, simplemente punto y aparte… sé que no tiene nada que ver con esto, pero me urgía preguntarlo.
    ¡Muchas gracias de antemano!

    1. No tienes por qué escribirlo de forma diferente, sería narración normal, terminando en punto y aparte… y simplemente indicar después que el personaje se despierta. Con eso será suficiente. Un saludo afectuoso

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