7 frases que te frenan a la hora de conseguir tus objetivos

Son muchos más los que se rinden que los que fracasan“, reza la antigua frase de Henry Ford. Y la realidad le da la razón.

Queremos llegar a ser escritores/as, o queremos terminar un libro y tal vez publicarlo, o ganar algún premio, pero no lo conseguimos… y pensamos que no valemos para esto o que tenemos mala suerte, o que solo se publica si tienes contactos (o  algo similar). 

¿Te suena?

Pues mucho cuidado. Los últimos estudios sobre el cerebro muestran que las palabras que nos decimos a nosotros mismos moldean nuestra realidad. En otras palabras: se hacen verdad. ¿Imposible? No. El cerebro es mucho más poderoso de lo que pensamos, pero, ¡ojo! no hablo de magia ni de alterar la realidad con ondas misteriosas ni nada de eso. 

Se trata de la teoría psicológica de la PROFECÍA AUTO-CUMPLIDA y que viene a decir, simplemente, que si creemos que algo sobre nosotros mismos -o si creemos que algo va a suceder- nuestro cerebro nos “ayuda”, por así decir, para que se cumpla. Por ejemplo, si vamos a una entrevista de trabajo pensando que no vamos a conseguir el puesto, no nos vestiremos ni nos arreglaremos con las mismas ganas que si pensamos que lo vamos a lograr, y nuestra actitud al saludar o cuando nos pregunten, no será la misma: estaremos más nerviosos, a la defensiva, etc. Y, curiosamente, al final no nos seleccionarán: profecía auto-cumplida.

Eso no significa que si vamos 100% convencidos vamos a obtener el puesto pero, definitivamente, vamos a tener muchas más opciones de lograrlo.

Por eso hay que tener mucho cuidado con lo que pensamos sobre nosotros mismos o sobre la escritura: nuestro cerebro va a intentar confirmar nuestra visión del mundo y va a procurar que eso que pensamos se haga realidad -incluso aunque sea malo para nosotros (el cerebro no distingue bueno o malo). ¿Cómo lo hace el cerebro? Básicamente, emplea estas dos herramientas:

EL SESGO: Nuestro cerebro selecciona la información que “vemos” en función a la realidad que creemos. Así, una persona que cree que los andaluces son vagos o los catalanes peseteros, siempre encontrará a su alrededor ejemplos que confirmen su visión del mundo, mientras que los ejemplos que podrían contradecir su opinión los “pasan por alto”, o, de alguna forma, no le convencen o los va descartando, casi sin darse cuenta.

EL AUTO-SABOTAJE: Es el ejemplo que poníamos antes. Si creemos que no vamos a conseguir algo, de forma más o menos inconsciente esa creencia modela nuestras acciones y nuestra actitud, haciendo que, al final, eso que no queríamos se convierta en realidad.

7 FRASES QUE NOS DECIMOS A NOSOTROS/AS MISMOS/AS Y NOS FRENAN A LA HORA DE CONSEGUIR NUESTROS OBJETIVOS

Las frases que nos repetimos a nosotros/as mismos/as constantemente tienen más fuerza de lo que imaginamos. No son solo “conclusiones” de lo que nos ha sucedido en el pasado, sino que, paradójicamente, como explicaba antes, pueden incluso influir en lo que nos ocurra en el futuro.

Hazte un pequeño test y comprueba si te repites muy a menudo alguna de estas frases, ya que puedes estar colaborando con ello a no conseguir tus objetivos en la escritura (o en la vida).

*Nota: si tus pensamientos son realmente obsesivos y crees que pueden estar afectando gravemente a tu vida, o si te sientes realmente mal, mi consejo es que busques ayuda profesional. Este artículo no pretende en ningún caso sustituir a un psicólogo o psiquiatra, sino sólo ser una ayuda para personas que necesitan un empujoncito en su camino a lograr sus objetivos en la escritura. 

Tengo mala suerte”

No existe ninguna evidencia científica de la existencia de la “suerte”, ni buena ni mala.

Sí, puede que en el pasado te hayan sucedido cosas desafortunadas, nadie lo niega. Pero si te repites a ti mismo/a constantemente que tienes “mala suerte” estás moldeando tu cerebro para que esas mismas cosas -u otras similares- te ocurran de nuevo. Si crees que tienes “mala suerte” no te presentarás a tantos premios o a editoriales -o si lo haces tal vez no revisas concienzudamente tu cuento, convencido de que no lo van a seleccionar- o te presentas a premios o editoriales que no son quizá los adecuados para ti.

Creer que tienes “mala suerte” puede poner un velo en tus ojos que no te deje ver las verdaderas oportunidades y te cierre las puertas que tal vez tienes frente a ti.

“Todo el mundo está contra mí

Similar a la anterior. Pensar que todo el mundo te odia, o que ciertas personas “te tienen manía” puede cerrarte muchas puertas. Primero y antes que nada, recomiendo no hacer asunciones sobre lo que los demás creen o piensan (sobre ti o sobre cualquier otro tema). Mientras no exista la telepatía, es imposible saber qué piensa otra persona y, por lo tanto, es injusto e inútil asignar un pensamiento o sentimiento a una persona cuyo cerebro no puedes leer.

El 99% de las veces estarás equivocado -seguramente proyectando tus propios miedos en ese supuesto pensamiento- y, lo peor de todo: conseguirás que se haga realidad. Los seres humanos somos miembros del mundo animal: si alguien se nos acerca a la defensiva, con actitud de sospecha o de incomodidad (todo lo cual puede aflorar en tus gestos, expresiones corporales, acciones y palabras si piensas que la otra persona te odia) automáticamente esa otra persona se pondrá a la defensiva también. Y tus acciones pueden crear un auto-sabotaje que consiga que la otra persona (o todo el mundo) te tenga manía.

Un ejemplo muy simple: si piensas “no le caigo bien a la gente” puede que entres en un bar o en una fiesta con la cabeza baja, la mirada huidiza, sin establecer contacto visual, y si alguien intenta hablarte, responderás con monosílabos o de forma poco agradable… todo lo cual hace que, justamente, no caigas bien. Como decía antes, entrar con actitud alegre, sonriente, confiada y hablando con seguridad con quien te apetezca no va a hacer que le caigas bien a todo el mundo… pero ayuda mucho.

No estoy preparado”

 Repetirte esta frase u otras similares (“No soy capaz”) puede hacer que vayas retrasando una y otra vez el lanzarte a tus objetivos.

¿Qué importa si no estás preparado? No vas a pilotar un Boeing 747, sólo estás escribiendo, no puede pasar nada malo si lo haces sin estar preparado, como que estrelles un avión con pasajeros dentro. Además, escribir es más bien como nadar: no hay más forma para aprender que lanzarse a hacerlo. No puedes aprender a nadar viendo vídeos: tienes que meterte en el agua y, poco a poco, empezar a intentar nadar. Pues lo mismo ocurre con la escritura: es un proceso en el que vas aprendiendo a la par que lo vas haciendo, por lo que la frase “no estoy preparado” no tiene mucho sentido aquí. 

Si dices que no estás preparado para presentarte a un premio, piensa ¿qué es lo peor que te puede pasar si te presentas? ¿Que no ganes? Pues te quedas igual que ahora, ¿no? Por lo tanto, ¿por qué no hacerlo? Atento/a a cómo tu cerebro te engaña con esta frase para que no aproveches oportunidades y no te lances.

“Soy demasiado X para conseguirlo”

Sustituye la X por cualquier adjetivo que fomente una creencia cerrada sobre ti: “Soy demasiado mayor para conseguirlo”, o demasiado joven, o demasiado desconocido, o demasiado inculto, o demasiado torpe, demasiado malo/a, etc…

Otra frase estrella que nos decimos y que consigue que ni nos lancemos  -o, si lo hacemos, no lo hagamos en serio. Total, ¿para qué hacerlo en serio, si soy demasiado X para conseguirlo? Como ya comenté en este otro artículo, no hay edad para llegar a ser escritor profesional -y las otras características no influyen tampoco, a no ser que nosotros pretendamos que influyan.

¿Conoces a Helen Keller? Una chica que nació sordo-ciega y acabó escribiendo libros y siendo oradora y activista política.”Sí, pero yo soy demasiado…”, te oigo replicar. Repito de nuevo. Hellen Keller. En el siglo XIX, mujer, sorda y ciega.  Escribió libros, publicó, ¡daba discursos! Chitón. Dile a tu cerebro que se calle, eso que te dice no es cierto.

Muy poca gente lo consigue, por qué iba a conseguirlo yo?”

Repito la frase con la que abría este artículo, “Son muchos más los que se rinden que los que fracasan” (Henry Ford) . Precisamente muchos de los que no lo consiguen es por esta razón: se frenan con estas -u otras- creencias similares y dejan de intentarlo.

Otras creencias similares pueden ser: “El mundo editorial es muy cerrado, sólo publican a gente conocida”, “La escritura es para jóvenes/intelectuales/ricos, etc…”, “Si auto-edito no me comprará nadie mi libro”, “El género/estilo en el que escribo no está de moda“, etc… Para cada una de esas creencias -y de otras similares- se pueden encontrar fácilmente más de 10 ejemplos que las contradigan.

Decirte a ti mismo/a esas cosas te está frenando a la hora de presentarte a oportunidades, o hará que te presentes sin ganas, sin emoción, sin ilusión. Y eso se transpira en la escritura y en toda nuestra actitud y nuestras acciones -aunque uno no lo crea.

Fulanito es mejor que yo”

Compararse con otros es uno de los peores hábitos que podemos tener en esta vida: nos resta auto-estima y fomenta una competitividad insana. Además, en escritura, por otro lado, es completamente absurdo. Esto no son las Olimpiadas, donde hay una medalla de oro para el primero que llegue, ni la película “Los inmortales”, en la que “sólo puede quedar uno”.

Aquí hay mucho sitio, mucho tipo de historias, mucho tipo de estilos. ¿Qué importa cómo sean los escritos de los demás? Busca y potencia lo que te hace único a ti y a tus historias. Lo importante es seguir nosotros aprendiendo y mejorando.

Si hago esto, me va a pasar lo otro”

En mis años como coach de escritores me he encontrado mucho de esto: dar por hecho que algo va a pasar, sí o sí, si se consigue el objetivo. Algo que tal vez no nos gusta. Por ejemplo, he conocido personas que pensaban que si triunfaban con su libro perderían a todas sus amistades (por culpa de la envidia que sentirían de él); personas que, antes de terminar su novela, ya estaban pensando en el miedo que les iba a dar hacer presentaciones públicas; persona que pensaban que ser un escritor de éxito necesariamente implicaba viajar mucho y no les gustaba o incluso que si tenían éxito nunca encontrarían pareja.

Tener esa idea pre-concebida de qué es lo que va a pasar cuando consigamos nuestro objetivo puede hacer que nos frenemos, pues pensamos que va a suceder algo que no queremos en el fondo, así que nos bloqueamos o no terminamos nuestro libro. Convencerse y buscar ejemplos de que eso que pensamos como cierto no tiene por qué ser nuestra realidad es fundamental para conseguir nuestro objetivo.

¿Por qué nos frenamos con esas frases?

Qué se esconde detrás de estas frases que nos decimos a nosotros mismos? ¿Por qué nos las repetimos? Básicamente, suele ser una de estas tres cosas:

Miedo al fracaso: Este suele ser uno de los miedos clásicos que más nos frenan. La posibilidad del “fracaso” duele como si fuese ya real. Curiosamente, necesitamos los fracasos: si no se intenta algo, una y otra vez (y, por tanto, se fracasa, una y otra vez), no se logrará conseguirlo finalmente. La fantasía de “llegar y besar el santo” a la primera es solo eso, una bonita fantasía -o algo muy excepcional-, que poco tiene que ver con la realidad que se esconde tras el día a día del oficio de escribir.

Miedo al éxito:  Este es mucho más común de lo que se cree y más difícil de detectar. Es, en realidad,  miedo al cambio, y a lo que nosotros presuponemos que va a suceder con ese cambio. Nuestro cerebro está programado para intentar mantenernos donde estamos -ya que, pese a nuestras incomodidades o sueños no cumplidos, al menos estamos logrando sobrevivir y el cambio puede suponer una amenaza- por lo que es bueno auto-analizarse profundamente y ver si en realidad le tenemos miedo a ese éxito que perseguimos y por qué. Es parte de lo que hay detrás de esas frases, usualmente.

Comodidad: pues sí, también puede estar debajo de muchas de esas frases y detrás de muchos bloqueos. Reconozcámoslo: es mucho más fácil rendirse que hacer todo el esfuerzo que implica conseguir nuestros objetivos. En ocasiones puede que nos auto-convenzamos de que “no tenemos suficiente talento” o “el mundo editorial es muy cerrado”, simplemente como una excusa para no hacer todo lo que tendríamos que hacer para terminar nuestro libro, mejorar nuestras historias o publicarlas. Hay que valorar si ese sueño es suficientemente importante para nosotros y cuánto tiempo y esfuerzo estamos dispuestos a dedicar para conseguirlo.

¿Y tú, te dices alguna de estas frases u otras similares? Espero vuestras respuestas en los comentarios y ánimo con esos objetivos. Se puede 😉 

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