5 errores básicos a la hora de construir un personaje

Muchos autores dicen crear a sus personajes a través de la observación: seleccionan detalles, gestos, actitudes, tics incluso, de gente que conocen, o de personas que ven en un autobús, en el trabajo… A partir de esos detalles y gestos pueden construir un personaje para un relato, o utilizarlos para dar mayor personalidad a uno que ya existe.

Otros deciden usar, por ejemplo, las descripciones de signos del zodíaco para dotar a sus personajes de más entidad. Por ejemplo, decidir que la protagonista es piscis y su compañero de trabajo, Tauro, y, con algún libro donde se describan las características principales de estos signos, ayudar a construirles una personalidad. O también clasificaciones de la personalidad, como el eneagrama (9 tipos de personalidad) o el Myers-Briggs (16 tipos). 

También el azar puede ser un gran aliado a la hora de construir personajes. Si tenemos un grupo de tres o cuatro, y queremos que adjudicarles, además de los actos que llevarán a cabo en el relato o la novela, los típicos roles grupales, podemos sortear quién será el (o la) líder del grupo, quién el gracioso, quién el/la taciturno, quien la pareja del líder o la líder.

Pero, independientemente de cómo construyamos los personajes, lo importante es el mimo con el que lo hagamos y que transpiren CREDIBILIDAD. Es decir, que tengan personalidad y sean distinguibles, para empatizar con ellos y emocionarnos con sus historias.

Los principales errores en la construcción de personajes suelen ser:

    1. El personaje no tiene personalidad

Para comprobar si nuestros personajes tienen personalidad, o si son meros bosquejos sobre los que ocurre la trama, hay un recurso bastante sencillo: se trata de dar a leer el cuento o la novela a un amigo/a. Una vez termine, le pediremos que nos describa al personaje en cinco adjetivos. Si se ve en graves apuros para responder, o si todos son términos vagos (buena gente, más bien inteligente, majo… por ejemplo, en lugar de curioso/a, agudo/a, cabezota, cruel…), debe encenderse la luz de alerta.

Si después le pedimos que nos explique el porqué le ha parecido “buena gente” y no sabe responder con claridad, no lo dudemos: echemos otro vistazo al personaje, porque sufrimos del síndrome de personaje soso. Más que un personaje es una voz que cuenta algo que podría pasarle a cualquier otro. Utilicemos algún método para darle más personalidad, ya sea los que menciono antes, u otros de tu invención.

Recuerda que, como dicen los clásicos, el autor siempre tiene que saber muchas más cosas sobre su personaje de las que aparecen en el relato o novela. Juega a inventarle una vida, aunque no sea necesaria para la trama de tu historia. Sin duda, eso te ayudará a dotarle de más realismo y personalidad.

    1. El personaje principal no tiene defectos ni comete errores

Uno de las primeras propuestas de mis talleres de relato suele ser contar la historia de una persona que ha cometido un crimen desde el punto de vista del personaje “criminal”. Se me ocurrió en mis primeros años como profesora de escritura creativa, al darme cuenta, relato tras relato, que todos los participantes siempre escribían sobre personajes demasiado perfectos. 

Hay que dejarse llevar: el relato o la novela es ficción. El personaje puede, y debe, equivocarse, e incluso hacer cosas mal a sabiendas.Estamos dentro del terreno de la ficción y todo vale, tenemos que acostumbrarnos a no juzgarnos a nosotros mismos por lo que hacen nuestros personajes- y a pensar que nadie lo va a hacer. Si todos los protagonistas fueran inocentes y virtuosos o jamás se equivocaran, habría innumerables obras maestras que jamás se habrían escrito: imaginad “Las amistades peligrosas”, “El perfume”, “El club de la lucha”, Alguien voló sobre el nido del cuco”, “Ana Karénina”… El mismo Quijote se equivoca al confundir molinos con gigantes, y en innumerables situaciones, y todo el mundo se ríe de él.

    1. Todos los personajes reaccionan igual

Algunas tipologías de la personalidad clasifican a las personas según su forma de hacer frente a los problemas, en tres grupos: el grupo REACTIVO (que sería aquel que reacciona clara y exageradamente al encontrarse una dificultad); el grupo EFICAZ (el que resuelve la dificultad fríamente) y el grupo OPTIMISTA (el que no hace caso a las dificultades o las obvia). Cada una de esas tres reacciones tiene sus pros y sus contras -ahora los vemos- pero lo importante ahora es que, si todos tus personajes reaccionan igual ante los problemas, al lector le pueden parecer demasiado similares o repetitivos.

Con un ejemplo veremos mejor los tres tipos de personalidad. Imagina que dos personajes van en un coche y se saltan la salida de la autopista. El personaje REACTIVO saltaría como con un resorte: gritaría, puede que enfadado o puede que asustado (“¡Dios mío, qué horror, nos hemos pasado la salida! Esto es un desastre, ¿qué hacemos ahora?” o enfadado: “¿Por qué demonios no me has avisado de que tocaba ya la salida? ¿Es que no estás atento? No se te puede confiar nada”)

El personaje EFICAZ, de forma calmada y casi matemática, casi ni se inmutaría y buscaría una solución rápidamente: “Vaya, la salida era esa. Espera, que miro el mapa a ver por dónde podemos dar la vuelta para volver a cogerla”. El personaje OPTIMISTA no perdería el buen humor ni la confianza en que todo saldrá bien, y tal vez incluso bromearía: “Huy, nos hemos pasado de largo la salida, ¡vamos a la velocidad de la luz, como el Halcón Milenario!. No importa, ya habrá otra salida más adelante”

El personaje eficaz es bueno en una emergencia, pero no es tan bueno dejando traslucir sentimientos y es el típico/a que su pareja le puede increpar “¿Es que a ti no te importa lo que nos está pasando?” en mitad de una discusión emocional. El reactivo, sin embargo, muestra muy claramente lo que siente -pero en ocasiones puede llegar a no saber controlar las emociones. El optimista es un genial compañero de viaje y aventuras, pero su opción de minimizar los problemas puede hacer que estos le crezcan alrededor sin que se dé cuenta, convencido de que se van a solucionar solos.

¿Y tus personajes? ¿Cómo reaccionan ante los problemas, lo hacen todos de la misma manera? ¿Son todos fríos y eficaces, todos reactivos, etc? Si todos reaccionan de la misma manera, al lector le pueden parecer demasiado similares, confusos, y sobre todo poco realista, ya que lo normal es que en un grupo de gente haya personas de todos los tipos.

 d/ El personaje eres tú

Al hilo de lo anterior, si todos tus personajes son reactivos, lo más probable es que… tú mismo/a seas una persona reactiva (o eficaz u optimista). Todos tendemos a pensar que los demás reaccionan como nosotros mismos haríamos, pero parte de la gracia de inventar personajes es que se diferencien de ti mismo.

No hay nada malo en que el protagonista se parezca a ti… siempre que sea algo consciente. Por supuesto, todos los personajes tienen algo de nosotros mismos, sería imposible que no fuera así. Pero si el personaje principal se parece mucho a ti -y no era tu intención- ahí puede ser un buen momento para darle algún toque diferencial.

Y, sobre todo, el mayor problema es si todos tus personajes se parecen a ti. Y ocurre, más a menudo de lo que a uno le gustaría. Aquí también puede venir bien la mano de un amigo o amiga que lea tu texto y te conteste con sinceridad.

e/ El malo es muy malo y el bueno es muy bueno

La principal preocupación de un autor a la hora de pensar en el personaje debe ser huir del arquetipo, del cliché. Personajes de cliché, podemos verlos a diario en malas películas de acción, por ejemplo, o en culebrones. En estos formatos, los personajes no suelen ser entidades propias, creadas con un pasado y con personalidad rica y compleja, como cada ser humano, mezcla de virtudes, defectos y contradicciones.

A los personajes cliché se les distingue no por su personalidad, sino por el rol que juegan en la trama: “el malo”, “la chica”, “la exmujer vengativa”, “el amigo del protagonista que muere a la mitad de la trama” o “el amigo gracioso gay”… etc. Así, los personajes “negativos”, como “el malo” o “la exmujer vengativa”, siempre son malvados, y no tienen ni un solo rasgo positivo. Lo mismo ocurre con los personajes “buenos”. No tienen defectos, no se contradicen y rara vez se equivocan. 

Pero si nuestra intención es escribir relatos o novelas de calidad –o al menos intentarlo- entonces nuestro deber es evitar esos personajes arquetípicos e intentar hacer a nuestros personajes más creíbles y ricos. Para ello no debemos olvidar que:

  • Todos los personajes deben tener defectos y virtudes. Sí, los malos tienen virtudes y los buenos, defectos.

  • Sus defectos (y sus virtudes) tienen un origen y un porqué. Si el autor/a conoce ese porqué, mejor.

  • Si son personajes gays, trans, asexuales o de alguna minoría étnica o con alguna discapacidad es importante que queden definidos como personajes y no sólo por esta característica. Te recomiendo estos posts de Dragon Mecánico, Jenifer Moraz y Piper Valca (Antro Narrativo) .

  • Aún más humanos y reales son los personajes con contradicciones. Personajes, por ejemplo, que presumen de ser muy organizados y tienen, sin embargo, el garaje hecho un desastre. O asesinos a sueldo que se juegan la vida por salvar a un perro de un atropello. O el hombre que siempre dice que va a dejar a su mujer pero nunca lo hace.

  • Para dar ese toque de realismo, hay que buscar lo imprevisible de las acciones del personaje. En un momento dado, el personaje hace algo que no esperamos, que se sale de lo que uno esperaría que hiciera. Un toque como ese puede darle entidad suficiente a un/a protagonista para un relato o novela completo.

    Y os dejo ya por hoy, que sigo de vacaciones (o casi) en Nueva York, durante unos días más. Aquí está nevando, pero ya ayer empezó a salir el sol y subir un poco la temperatura, con lo que pudimos salir a pasear y disfrutar esta ciudad increíble.:-)

 

Comments

  1. Brian

    Gracias por la información, me ha ayudado a reflexionar sobre la construcción de mis historias… que disfrutes tus vacaciones y sigas escribiendo pronto 🙂

  2. Alberto Hugo Postacchini

    Querida Diana: Tus observaciones son siempre útiles. Muchas gracias. Yo tengo un método para darles carácter a los personajes. Cuando termino un escrito largo, me da pudor llamarlo novela, entablo una conversación con el personaje; es otro escrito, que en general aprovecho y disfruto muchísimo en el diálogo; es encantador, que tu personaje te rete, porque no le diste temperamento, o no le pusiste sobrenombre, o no habías observado cuan profunda es su mirada. También me hablan de sus acciones. Por ejemplo un policía que creé, que tiene una zaga de varios cuentos y uno largo, me pidió que lo hiciera más fiero, agresivo; mantuvimos una discusión importante con él, hasta que lo invité a cambiar de autor. Entonces me conminó a trabajar más, me desafió; me dijo que no sabía si yo llegaría a borrar toda la trama, (delete) antes que el sacara su pistola. Lo planteo como un juego, que disfruto profundamente. Es una locura, lo sé, pero me encanta entrar en el personaje íntimamente. Muchas gracias. Divertite y disfrutá de tus vacaciones.

  3. Angelo Olivier

    Magnífico post. Creí que todo lo conocía ya pero aquí he descubierto ideas y comentarios muy buenos.

  4. Brillante post, y mira que es difícil conseguir a estas alturas un punto original a los artículos sobre consejos para la creación de personajes. Dada la enorme variedad humana, cualquier personaje puede ser creíble, aunque sea extremado. Lo que le dará consistencia es que sea coherente o justificadamente contradictorio respecto a las decisiones y actuaciones que realice en la historia. Lo fundamental, al menos en los principales, es que tengan chispa.
    Ahora estoy escribiendo mi primera novela y una de los primeros obstáculos que me he encontrado es el grado de maldad que puede tener el protagonista para el que lector lo acepte como el “heroe” de la historia y sienta empatía respecto a su evolución.
    ¡Saludos!

    1. Seguro que lo consigues, no te preocupes. El truco es no verlo como “maldad”, sino como defectos (que, a veces, incluso, pueden mejorar a lo largo de la historia) y sobre todo conocer bien a tu personaje y por qué es como es -y darle pistas al lector para que le entienda.
      Un saludo y ánimo con esa novela.

  5. Elena

    Excelente post, Diana, y muy buenos también los enlaces. ¡Gracias y disfruta!

    1. Agujetas tengo ya de caminar 14km por día… 😛 Pero ahora (es por la tarde aquí) estoy descansando y luego a escribir un ratito. Hoy hemos comprado un cheescake entero en una tienda muy recomendada, jeje. Besos!!

  6. Mumsa

    Genial. Gracias de nuevo por todos tus consejos. Tomo buena nota. Disfruta de tus vacaciones

  7. Hola, Diana.

    Aprovecho la ocasión para agradecer todos los detalles que siempre viertes en tus post, son muy enriquecedores y aprendo algunas cosillas nuevas.

    Espero que estés disfrutando de Nueva York y gracias por la mención.

    Saludos 🙂

    1. Gracias, Jen! Por aquí hoy hace un frío que pela, jeje. Un abrazo y la mención era necesaria, vosotros trabajáis muy bien esos temas. 😀

  8. Un post excelente de gran ayuda para cualquier escritor. En lo personal, la construcción del personaje es de lo que más me preocupa, creo que porque leo me gusta encontrar buenas historias con personajes redondos.

    Hay un par de cosas que mencionas que me van a resultar de mucha utilidad ahora que estoy corrigiendo mi novela. Me permito compartirlo. Felices vacaciones Diana, saludos

  9. Francisco Po Egea

    Muy bueno. Voy a reflexionar sobre mis personajes y veré que cambio, quito o agrego. Claro que los personajes de mi novela existieron, casi todos, en la vida real. Gracias.

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