Los 3 beneficios irreemplazables de usar diálogos

En mis talleres no me canso de hablar de lo importante que es introducir diálogo en nuestros relatos o novelas. Los beneficios de hacer hablar a los personajes son tantos que podría escribir 10 posts sobre este tema (y quizá lo haga). Me he encontrado, también, que es uno de los recursos que a la gente suele parecerle más difícil escribir, y por eso muchas veces lo evita, o lo elude todo lo que puede.

Craso error.

Porque el diálogo tiene, como mínimo, tres irreemplazables virtudes que no se consiguen (casi) de ninguna otra forma. Os dejo aquí estos tres beneficios, y, como suelo hacer, dejo el mejor para el final 😉

1. El diálogo  da fluidez y realismo a la historia

Hay algo que llama enseguida la atención del diálogo, al primer vistazo: el diálogo agiliza la narración. Porque sin él los párrafos se acumulan, lentos y perezosos, uno tras otro. Y la página queda saturada de letras, casi sin espacios en blanco.  Varias páginas sin diálogo incluso pueden comenzar a ser pesadas de leer, simplemente por una mera cuestión gráfica.

Aunque es cierto que cada cual tiene su estilo, sin embargo, aún así el diálogo es necesario para dar realismo a nuestra historia. Porque en esas páginas y páginas están sucediendo cosas: los personajes se mueven, viajan, descubren, deducen, actúan…e interactúan. Es poco probable que en tu historia no esté pasando nada entre varios personajes durante mucho tiempo. Y no incluir las palabras de esos personajes  le quita verosimilitud, supone negar al lector una parte fundamental de la historia.

Y os pongo un ejemplo para que veáis lo que quiero decir en el siguiente punto:

2. El diálogo nos muestra a los personajes y su carácter

Esta es una de las razones por las que el diálogo es absolutamente esencial… y, paradójicamente, por la que muchas personas suelen evitarlo. Porque claro, tener que pensar en el personaje en concreto, en cómo es, en qué desea, en qué oculta y en qué deja ver, significa dedicarle algo de tiempo.

Pero la recompensa merece la pena.

El diálogo nos ayuda a sentar las bases de la personalidad de nuestros personajes, valga la redundancia. Esto es lo que muchas veces me encuentro en mis talleres cuando alguien evita un diálogo:

“Paco le exigió a su mujer una explicación y Lola le dijo que había estado visitando a su hermana, pero él no la creyó”

Muy bien, le suelo decir yo. Pero, ¿cómo es Paco, cómo es Lola? ¿Qué palabras exactas dice cada uno de ellos? Porque esas palabras nos va a decir muchísimo no sólo sobre los personajes, sino sobre la situación en sí. Imaginad estos ejemplos:

Ejemplo 1:

“-¿Dónde demonios has estado, si se puede saber?-preguntó Paco. El aliento le olía a aguardiente.

-Cariño, ya lo sabes, fui… fui a casa de mi hermana.

-¡No me jodas con tu hermana, Lola, coño!-Paco dió un golpe en la mesa- ¡Y no te atrevas a mentirme a la cara, que sabes que no lo soporto!”

Bien, ahí tenemos a un posible Paco y a una posible Lola, y una posible situación.

Pero ahora, vamos a imaginar este otro ejemplo:

“-Hola, cariño-Paco besó a su mujer, que estaba escribiendo en el portátil-¿Dónde estuviste esta tarde? Se suponía que íbamos a vernos para comprar el regalo de mis padres.

-Ay, cielo, lo olvidé. Me fui a casa de mi hermana y ya sabes, se nos pasó la tarde charlando de esto y de lo otro.

-¿A casa de tu hermana?-Paco se sentó junto a ella en el sofá- Pero si ella trabaja los jueves, ¿no? ¿No habrás estado mirando pisos otra vez, verdad? Te conozco, brujilla…”

Y he aquí otro posible Paco, otra posible Lola y otra posible situación completamente distinta, definida sencillamente por los diálogos. Y lo gracioso es que la frase primera, la que no tiene diálogos, ¡es válida para los dos ejemplos! Y para miles más.

Pero incluso aunque la situación fuese la misma, la sospecha de una infidelidad, el talante violento del primer Paco podría no ser el mismo que otros posibles Pacos (que podrían ser inseguros, o fríos, o bromistas, o nerviosos), y el carácter de la primera Lola podría no ser el de otras Lolas (que podrían ser asertivas, directas, agresivas, juguetonas o mil cosas).

Y todo eso depende, única y exclusivamente, de las palabras que usen. Sin ellas, estamos perdidos: no vemos a los personajes, vemos una sombra chinesca del personaje. Una forma que recuerda a él, y a miles como él, haciendo algo que han hecho miles de personajes antes. Lo que les hace únicos es su personalidad y esa la demostramos con sus acciones y con sus palabras.

Por cierto, el el diálogo nos ayuda  también a definir las relaciones que hay entre los diferentes personajes (relaciones de poder, de amistad, de amor). No es lo mismo tener una conversación sobre fútbol entre dos amigos que si se trata de jefe y empleado, ¿verdad? La relación de superioridad de uno sobre otro se notaría en la forma en la que se dirigen, en lo que dicen y en cómo lo dicen.

Y vamos ya con el rasgo más importante del diálogo:

3. El diálogo atrae la atención del lector como un imán, porque sucede “aquí y ahora”

¿Os acordáis de cuando érais pequeños/as y leíais un libro? Tal vez alguno de “El club de los 5” o “Harry Potter” o “La historia Interminable”… ¿no os saltábais a veces párrafos e íbais directos a donde estaban los diálogos? No, no es que fuéramos ignorantes, muy al contrario: éramos perfectamente conscientes de que, si había diálogo, ahí estaba ocurriendo algo importante.

Y eso es así porque los diálogos son siempre escenas. Siempre nos muestran segundo a segundo lo que ocurre en la historia. Lo vemos delante de nuestras ojos, como una película, como la vida.

Os cuento una anécdota que me sucedió hace tiempo. Tenía que reseñar el libro “La noche será larga“, de John David Morley. Empecé a leerlo con ilusión: un clérigo recibe una caja en la que hay un cuerpo, el cuerpo de un hombre que ha vivido 500 años. Intrigante, ¿verdad? El hombre comienza a contar su historia, y al poco me doy cuenta de que algo va mal.

Todo parece un largo resumen. El autor va narrando lo que ocurre, en pasado, en tercera persona (cero empatía con el lector, por tanto) y… sin un solo diálogo. Tras 25 páginas, empecé a pasar páginas adelante y contemplé, con horror, cómo los capítulos avanzaban uno tras otro sin diálogo ninguno. Las primeras 160 páginas sólo contenían cuatro líneas de diálogo.

La lectura era agotadora. No sólo porque faltaba el frescor de escuchar las voces de los personajes, o por lo largo de los párrafos, sino porque continuamente tenía la sensación de que estaba esperando que la historia comenzara.

Sin diálogos, -sin escenas, por tanto- la novela parece el resumen de otra historia.

¿Has visto hace poco alguna película que te dejara maravillado, hipnotizado, que te emocionara? Seguro que sí. Y tal vez intentaste contársela a algún amigo o amiga. Empezarías a decirle “mira, la película va de esto y hay un personaje que hace esto y luego dice esto otro”. ¿Y qué pasó? ¿Se le puso a tu amigo/a la piel de gallina? ¿Se emocionó como tú en el cine o en tu casa cuando la viste?

Para nada. Seguro que no. Es imposible.

Una historia resumida, sin ver delante de ti lo que ocurre, segundo a segundo, sin oír a los personajes, sin ver sus gestos y sus reacciones, se disfruta muchísimo menos. Y cuando introducimos un diálogo es eso lo que -en parte- estamos haciendo: mostramos al lector lo que está ocurriendo instante a instante, y el lector está hipnotizado, esperando la siguiente línea de diálogo, la siguiente acción. El diálogo es una de las características de la escena, trae a tu historia al aquí y ahora, y por eso el lector no puede dejar de mirar.

¿Y tú? ¿Usas muchos diálogos en tus relatos o novelas? ¿Conocías sus beneficios? Cuéntamelo en los comentarios, me encantará saber tu opinión.

Comments

  1. Hola, Diana. Estoy de acuerdo contigo en todo. Cuando leo necesito ver líneas de diálogo,porque, como tú dices, le imprimen realismo y ritmo a la historia. Además, son los personajes los que de una manera directa actúan y se nos muestran. Es por este motivo por el que yo utilizo mucho el diálogo cuando escribo.
    Gracias por compartirlo.

  2. Ana Yancy Fallas Gamboa

    Yo uso mucho dialogos, me gustan: principalmente porque aportan vida a la novela, si ellos es aburrido como leer un resumen, no te permite imaginar la historia, ni conocer a los personajes, que a la larga son el corazon de una historia.

    Muchas gracias por compartir tus conocimientos, me encanta tu blog.

  3. Hola.
    Con lo difícil que son es hasta masoquista lo mucho que hago diálogos en mis escritos.
    Tienes toda la razón, son vitales para darle ritmo a la narración.
    ¿Y qué me dices de los párrafos de contrapuenteo? ¿o los incisos entre frases?

    1. Las acotaciones merecen un artículo propio, por derecho. Se usan poco y se les puede sacar mucho partido. Un saludo, Memo.

  4. Yasmila

    Hola, hace algunas semanas que comencé a seguir su blog y me ha encantado la manera tan certera con que trata las dudas de los escritores nóveles; y el largo y accidentado camino que se debe recorrer para mejorar como escritores.
    Hace muchos años que me gusta escribir y algunas veces empecé a darle forma a las historias que se me ocurrían pero sin éxito.
    Hasta que me decidí a concluir una historia y no dejarlas sin acabar. (Ponerme a dieta de proyectos. Me encanta esa frase).
    Me he centrado en acabar la última novela que se me ocurrió pero después de leer artículos de su blog, revisé lo que tenía escrito y cuestioné el argumento. El resultado fue que abandoné esa idea con casi 90 páginas escritas. Comencé otra idea que me parece más original, basándome en ese mismo argumento.
    Lo que me detiene muchas veces es concentrarme demasiado en la teoría. Constantemente leo sobre las técnicas de escritura y trato de aplicarlas. Pero eso puede llegar a bloquear. (Debo separar al niño que escribe del adulto que edita).
    Gracias por sus consejos.
    Saludos

    1. Hola, Yasmila: qué lástima lo de la novela con 90 páginas escritas. ¿Seguro que no había manera de salvarla? ¿No habrá sido otra forma de sabotaje, o auto-sabotaje-para no terminar tu escrito? Mira a ver, porque les ocurre a muchas personas que trabajan conmigo en talleres o en coaching.
      Hazte esta pregunta: ¿Qué es lo peor que puede pasar si termino esta novela y se publica? (Sí, sí, lo peor que puede pasar si todo sale bien. El miedo al éxito es muy común, ya que el éxito implica cambio). Te puede hacer reflexionar sobre lo que se esconde debajo.
      Un abrazo y que vaya todo muy bien!! 🙂

      1. Yasmila

        Diana, muchas gracias por el feedback. No deseché completamente lo que escribí, sólo modifiqué un poco la idea original porque no me sentía completamente cómoda con lo que estaba escribiendo. Lo estoy abordando desde otro punto de vista y narrador (con un narrador omnisciente puedo reflejar la psicología de otros personajes, lo cual no lograba con la versión de 90 páginas que estaba narrada en primera persona). Enriquecí al personaje protagónico, mantuve algunos de los otros personajes y la ambientación. Estoy muy comprometida con esta variante y ya he avanzado bastante. Y en parte es gracias a sus consejos. Saludos.

  5. Maria Dolores Garrido

    La verdad es que soy muy aficionada a los diálogos tanto cuando leo como cuando escribo. Un día leí un artículo de ayuda a noveles y decía que la abundancia de diálogos es propio de escritores vagos. Me conmocionó la opinión y como era una persona más entendida que yo, traté de explicar cosas que podían contar los personajes y no me gustaba el efecto.
    A veces, leer a varios profesionales, nos confunden más que ayudan.

    1. Es extraño lo que me comentas, Maria Dolores. Llevo más de 15 años impartiendo talleres por internet y sé, porque lo he comprobado con más de 1500 alumnos, que el diálogo es justo uno de los recursos que más cuesta aprender y que más cuesta empezar a usar. No puedo comprender, por tanto, que alguien acuse de vago a un escritor cuando, justamente, está usando uno de los recursos más difíciles que hay… y, como explico en este artículo, con tantas virtudes como tiene.
      Un saludo afectuoso y seguimos en contacto por aquí.

  6. Pingback: Acotaciones al diálogo: sus 3 usos, cuándo utilizarlas y un secreto que pocos conocen ‹ Diana P. Morales, consejos e inspiración para vivir una vida creativa y desarrollar tu talento.

  7. Tavi oyarce

    Tengo una duda:
    Cuando un diálogo se escribe sin usar un punto aparte. O mejor dicho en el mismo párrafo.

    1. Lo habitual es escribir el diálogo siempre en aparte, así:
      -Diana, ¿cuándo se escribe un diálogo sin punto y aparte?
      Algunos autores incluyen líneas de diálogo entre comillas: “Algo así”, dijo Diana. Pero no es lo usual. Un saludo 🙂

  8. Hola,
    Me ha encantado lo de cuando éramos pequeños y saltábamos directamente a los diálogos. ¡Y así era! Yo echaba un vistazo primero al libro haciendo un cómputo de guiones, y como no hubiera muchos… a por otro. Vale que luego crecemos y podemos soportar varios párrafos seguidos sin diálogo, pero ese “mecanismo instintivo” sigue estando ahí.
    Me encanta hacer hablar a mis personajes; bueno, en realidad, dejarlos hablar, porque me suelo sorprender viendo cómo de pronto se expresan de un modo que yo no había planeado (del todo): usan determinadas palabras, tono, velocidad… incluso se “niegan” a decir esto o aquello, o incluso decirlo como yo quiero; no, tienen su voz y eso ayuda a construir la historia, que a veces tira por un sitio distinto al planeado.
    Me gusta esa reflexión de que con el diálogo mostramos lo que está sucediendo en ese momento, en el instante.
    Un saludo!

  9. Elizabeth ruiz

    Hola diana muy bueno este articulo,sobre como utilizar los dialogos,en lo personal puedo decir que me cuesta hacer que fluyan ,pero con constancia se puede lograr☺☺☺

  10. Jordi Roca Monreal

    Hola, Diana.
    En mi opinión, con los diálogos en una novela ocurre como con la vida real. Al observar a cualquier persona podemos hacernos una idea aproximada sobre ella, pero es al escucharla hablar, al oír como se expresa, que podemos ubicarla de manera mucho más precisa. También estoy convencido de que sin diálogos no son posibles el humor, la mordacidad, la ira y un largo etcétera de emociones necesarias para vestir a nuestros personajes. Podemos explicar las desventuras ocurridas al señor X para argumentar su existencia atormentada, pero siempre será mejor escuchar como se explica él mismo, cómo la cuenta. También es muy difícil construir a una joven vital y positiva sin dejar que se exprese.
    En fin, lo que trato de decir es que si los escritores (o aspirantes, como en mi caso), disfrutamos tanto manifestando nuestros pensamientos e inquietudes, no deberíamos negar a nuestros personajes tan maravilloso don. Lo haremos con mayor o menor fortuna, pero expresarse es algo inherente a nuestra condición humana.
    ¡Por Zeus! Tanto texto para decir: “Estoy de acuerdo contigo, Diana”. Al escribir siempre me ocurre lo mismo… En mi caso, corregir texto se convierte en “quitar” texto (quitar, quitar, quitar).
    Diana, es la primera vez que escribo en tu blog pero no es la primera vez que lo leo. Quería aprovechar la oportunidad para darte las gracias por tus artículos y consejos, siempre útiles. ¡Das ganas de escribir! Un abrazo.

    1. ¡Estupendo! Justo esa es la idea, que os animéis a escribir y daros algunos trucos y técnicas para hacerlo regularmente e ir mejorando. Nos seguimos viendo por aquí.

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