Cómo escribir una primera frase que atrape a tus lectores

Hace tiempo, escribí ya un post sobre cómo no comenzar relato o novela. Pero hoy quiero cruzar al lado contrario y buscar y los rasgos distintivos de una primera frase que atrape a los lectores.

De esta forma, también vosotros/as podréis aplicarlas a vuestros relatos o novelas.

Empezaré con tres cuestiones a tener en cuenta sobre las primeras frases de vuestro texto. Y después os describiré hasta 10 rasgos distintivos que suelen tener las grandes frases que abren libros y te dejan enganchado/a. No son difíciles, ni es necesario tener mucha experiencia. Sólo hay que conocerlos y practicarlos desde ya.

Vamos con ello:

TRES CUESTIONES PREVIAS SOBRE LAS PRIMERAS FRASES

1. La primera frase no suele ser lo primero que se escribe.

Suena irónico, lo sé pero es muy habitual que la primera frase la decidamos cuando ya tenemos el texto completo o casi completo (no importa si es relato o novela).

Es verdad que alguna vez nos surge una primera frase “mágica” que da pie a una historia que se escribe de una sentada. Pero lo más normal es el caso contrario: tenemos una historia en la cabeza, empezamos a escribir (sin pensar demasiado en ese inicio) y la primera frase generalmente la escribiremos al final.

Esto es así porque la primera frase es muy importante.

2. La primera frase es la puerta de tu historia. 

Esa es la frase que decidirá si un lector/a si continúa leyendo o no, si comprará ese libro que está ojeando en la librería o no. Es la frase que le hará abrir la puerta para entrar en tu mundo (o que le desanimará para que no lo haga).

Por eso es esencial trabajarla muy bien y dejarla perfecta. O, al menos, lo mejor posible.

3. La primera frase tiene que entenderse a la primera.

Es decir: debe ser clara. Muy clara. No importa si es una frase larga o corta, simple o subordinada, pero se tiene que comprender bien a la primera. (Obviamente, eso es más sencillo de conseguir con una frase corta, pero no es imprescindible).

Si el lector tiene que detenerse dos segundos a releer la frase porque no la ha entendido bien, le has perdido. Ya no está dentro de tu mundo: está en el mundo real, analizando una coma, o una tilde. No está disfrutando de tu historia, no está emocionado… no le has atrapado.

Vamos a intentar evitarlo en la medida de lo posible y la única manera es escribiendo frases claras. Lo ideal es que todas las frases de nuestro texto lo sean, pero más aún la primera, porque si no el lector no nos va a dar ni una oportunidad.

10 rasgos de las primeras frases que atrapan (con ejemplos)

En el post “Cómo no comenzar relato o novela” daba muchas pistas de los comienzos que suelen resultar fallidos: empezar con un sueño, con el clima, con el personaje despertándose, etc… y, al final, hacía un resumen que creo que define perfectamente lo más importante que debe tener una primera frase.

En suma: la regla de oro sería intentar comenzar con una frase que sea realmente distintiva de tu cuento o novela.

Con eso quiero decir que sea una frase que no pueda pertenecer ningún otro relato o novela, ni tuyo ni de cualquier otro autor.

Un ejemplo muy claro es la frase que abre Moby Dick, de Herman Melville: “Llamadme Ismael“. ¿Podría ser la primera frase de tu relato o tu novela? Seguramente no. Para empezar, porque tu protagonista probablemente no se llama Ismael, y, para continuar, porque aunque se llame así tal vez ese personaje no se dirija al lector de esa manera tan directa.

Y aquí enlazamos ya con los 10 rasgos que suelen tener las frases que enganchan.

¡Ojo! Las buenas frases de inicio no tienen todos estos 10 rasgos (sería imposible) pero sí tienen al menos alguno de ellos… y las que logran aunar varios rasgos en una única frase se convierten en inicios memorables.

Veamos ya esos 10 rasgos, tomad nota y os aconsejo probarlos para empezar a tantear cuáles van más con vuestro estilo y cuáles se os dan mejor.

1- Una buena primera frase tiene… datos concretos:

Nunca me cansaré de repetir en estas páginas y en mis talleres  lo esencial que es para la ficción dotar a nuestros escritos de datos concretos. Nombres, direcciones, fechas, horas, y cualquier tipo de datos que haga que nuestros personajes, lugares y elementos de ficción sean realmente distintivos y únicos.
Ya escribí un post sobre este tema; ahí podéis profundizar, aunque básicamente se trata de un recurso imprescindible para darle realismo y credibilidad a vuestras historias. Así que, ¿qué mejor que arrancar ya de partida usando ese recurso desde nuestra primera frase?

Este rasgo es bastante común de casi todas las buenas frases de inicio de un relato o novela.De hecho, no creo que le falte a ninguna. Vamos a ver algún ejemplo.

    • Anoche soñé que volvía a Manderley” (Rebeca, Daphne du Maurier). Fijáos que ya nos da el nombre de la casa en la que sucederá toda la trama y que será tan importante para el desarrollo de la novela. Nos sitúa en un determinado entorno (casas con nombre, personajes acaudalados) y casi en una determinada época.
2.Una buena primera frase tiene… una pequeña intriga:

Nada como levantar expectativas y preguntas en el lector para que siga leyendo. Eso sí, este rasgo funcionará bien si la primera frase es muy clara y, por supuesto, también tiene algún dato concreto.

No tiene por qué contener un gran misterio; simplemente, algo que despierte curiosidad en el lector. Veamos algunos ejemplos:

  • En la ciudad había dos sordomudos, y siempre caminaban juntos” (El corazón es un cazador solitario, de Carson MacCullers). Es muy normal que haya una persona sordomuda en una ciudad, pero ¿por qué las dos que hay van siempre juntas? Fijaos qué pequeñísima intriga ya levanta nuestra curiosidad.
  • Nunca he comenzado una novela con tanto recelo”  (El filo de la navaja, de William Somerset Maugham). ¿Por qué sentirá recelo el narrador? ¿Qué será eso que nos va a contar que le hace sentirse tan a disgusto? Ya tenemos un pequeño misterio que puede tirar del lector. Otra similar es: “Esta es la historia más triste que jamás he leído”. (El buen soldado, de Ford Madox Ford).
3-Anticipar el conflicto principal.

Podemos ir incluso más allá y, ya en la primera frase, desvelar lo que será el problema principal del personaje en el cuento o en la novela. Esto funciona de forma excelente (siempre que la frase sea clara y concreta, claro); sólo hay que tener cuidado de no revelar demasiado, sino sólo lo justo para intrigar al lector.

  • Me llamo Salmon, como el pez, de nombre Susie. Tenía catorce años cuando me asesinaron, el 6 de diciembre de 1973”. (Alice Sebold, Desde mi cielo). Ahí lo tenemos. La autora nos ha dado datos concretísimos y nos ha dejado claro el problema de la novela: han asesinado a la protagonista y tendrán que coger a su asesino (y su familia, sobrevivir a la tragedia).
  • El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo”. (Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Marquez). Sin comentarios, puro oficio.
4- Elementos desconocidos

Si en la primera frase hablamos de un instrumento que nadie tiene ni idea de qué es, o un tipo de transporte, o una ley extraña o una costumbre absurda… es un inicio que cumple dos buenas funciones: nos da datos concretos que instantáneamente nos introducen en la realidad de ese mundo de ficción y nos deja intrigados para descubrir qué es eso exactamente.

Para usarlo, debemos hacer referencia a elementos de nuestra historia que no son comunes (o que directamente no existen) en nuestro mundo y que se explicarán más adelante. Muy típico en novelas de fantasía o ciencia-ficción.

  • Era un día luminoso y frío de abril y los relojes daban las trece”. (1984, de George Orwell). Un mundo en el que ocurre esto ya directamente nos da curiosidad.
  • La memoria es extraña: no he cambiado de sexo en 83 años” (Oblivion, Vandana Singh)
  • Me llamo Kathy H., tengo 31 años y he sido una cuidadora durante más de once” (Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro). ¿Qué es una “cuidadora”? Ya tenemos ahí un elemento desconocido.
5-Una voz distintiva y única

Este es, quizá, uno de los elementos más difíciles de conseguir, y que mejor resultado dan a la hora de enganchar al lector.

Conseguir un personaje que, ya de entrada, tenga una voz con carácter, que nos resulte familiar, creíble y vívida al mismo tiempo, es cuestión de mucha práctica. Pero si lo conseguís, esta es la manera más fiable de tener enganchado al lector -no sólo en las primeras frases, sino hasta el desenlace.

Dos ejemplos magistrales de este recurso (¡Atención a los datos concretos también!):

    • Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablarles de su vida privada”. (El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger)
    • El doctor Strauss dise que debo escrebir lo que yo pienso y todas las cosas que a mi me pasan desde aora. No se porque pero el dise que es mui inportante para que ellos puedan ber si ellos pueden usarme a mi. Espero que ellos puedan usarme a mi pues miss Kinnian dise que ellos quisa pueden aserme listo. Yo qiero ser listo. (Daniel Keyes, Flores para Algernon)
6-Comenzar In media res

Esta expresión latina quiere decir “en mitad del asunto” y, en literatura, se usa para nombrar los inicios en los que, de golpe y porrazo, nos encontramos en mitad de una escena, o en medio de la acción o de la historia.

Lo normal es que, más adelante, el autor/a retroceda y nos explique qué está ocurriendo, cómo han llegado los personajes ahí, etc. Pero, de entrada, rompe esquemas y te intriga inmediatamente, a la par que suele ser una manera muy ágil de empezar la narración, pues estamos ya en mitad de la historia, sin largos preámbulos que pueden retrasar la intriga.

  • Dormíamos en lo que una vez había sido el gimnasio” (El cuento de la criada, de Margaret Atwood). Directamente nos ha metido de lleno en el día a día de la protagonista, sin desvelarnos (hasta mucho después) qué ha pasado en ese país, por qué ya no hay gimnasios y por qué duermen en ese edificio. Una gran distopía.
  • Un grito cruza el cielo” (Thomas Pynchon, El arcoiris de la gravedad)
  • Era casi Diciembre y Jonas estaba empezando a tener miedo (El dador, de Lois Lowry). Un poco más adelante, la autora desvela qué ocurre en Diciembre y por qué es tan importante para los personajes.
7-Diálogo

Es una forma diferente de comenzar, también, in media res. Iniciando el texto con una línea de diálogo tenemos la agilidad de empezar en mitad de la acción, unida a la concreción y distintividad de la voz de un personaje.

  • -No tienes elección. Vuelve atrás. (La verdadera historia de Hansel y Gretel, de Louise Murphy) ¿Quién le dice eso a otra persona? ¿Qué está pasando ahí? Podéis comprobar cómo instantáneamente se genera intriga y ganas de conocer a los personajes.
  • “-Toma mi camello, querida-dijo mi tía Dottie mientras descendía del animal en el que había vuelto de misa”. (Rose Macaulay, Las torres de Trebizon) Intrigante, ¿no?
8-Algo completamente inesperado.

Y con esto me refiero a algo que no esperas leer en un libro, algo que es chocante o impactante.

Por ejemplo, ¿te imaginas un libro que comience con la palabra “NO”? Ya de inicio te indica que el autor/a se ha tomado muchas molestias para escribir esta historia, buscando un principio que realmente impacte, por lo que tus expectativas de que el libro o el cuento sea bueno aumentan instantáneamente.

Algunos ejemplos:

  • Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Ítalo Calvino, Si una noche de invierno un viajero. Relájate” (Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero) Un inicio clásico en el que Calvino juega con la complicidad del lector… y con su propio ego.
  • Si vas a leer esto, no te molestes. Después de un par de páginas, no querrás estar aquí. Así que olvídalo. Vete. Vete mientras aún estás de una pieza. Sálvate”. (Chuck Palahniuk, Asfixia). De nuevo, se usa el recurso de hablarle al lector y decirle algo totalmente inaudito: deja de leer.
  • Te voy a dejar algo muy claro: esta es una historia de amor, pero diferente a cualquiera que has leído. El chico y la chica no son inocentes. Se pierden vidas. Y el bien no triunfa al final”. (Tyger Lily de Jodi Lynn Anderson) Un último ejemplo, en el que la autora, además, te destripa parte del final. Y, sin embargo, deja enganchado, ¿verdad?
9-Yo soy, él/ella es

Estos inicios suelen jugar con la fuerza que da una aseveración profunda y con mucha determinación. Pero para que funcionen bien y enganchen irremediablemente a los lectores, es imprescindible que nos den datos concretos (como prácticamente todos estos inicios) y dejen abierta alguna pequeña intriga.

Por ejemplo, el inicio de Moby Dick que veíamos antes, en realidad, tiene una intriga: “Llamadme Ismael“. ¿Por qué “llamadme”? ¿Por qué no “SOY Ismael”? Obviamente, el autor, por alguna razón, no quiere que se conozca su identidad completa. Y eso ya es una pequeña intriga que le da fuerza a esa aseveración.

Otros ejemplos en los que se usa más claramente el “Yo soy” o el “Ella/él es”:

  • Si soy yo el héroe de mi propia vida o si otro cualquiera me reemplazará, es algo que tendrán que decir estas páginas David Copperfield, de Charles Dickens.
  • Soy un hombre invisible” (Ralph Ellison, El hombre invisible)
  • Soy un hombre enfermo, despreciable” (Diario del subsuelo, Fyodor Dostoyevsky)
  • Una vez hubo una mujer que descubrió que se había convertido en la persona equivocada” (Anne Tyler, Cuando éramos mayores)
  • “Era un viejo que pescaba solo en la corriente del Golfo y que llevaba 84 días sin coger un pez” (Ernest Hemingway, El viejo y el mar)
10- Una visión del mundo o de la vida:

Este es uno de los más dificultosos, junto con el de la voz del personaje. Porque se trata no sólo de escribir literatura, sino de filosofar sobre la vida, sobre las personas o sobre la sociedad. Y para que realmente la frase resuene en nosotros tiene que tener verdadera profundidad; tiene que decir una gran verdad que, además, parezca ser dicha en voz alta por primera vez.

Eso requiere mucho oficio y mucha experiencia escribiendo, pero si lo tenéis, podéis animaros a intentar una primera frase como estas clásicas:

  • Todas las familias felices se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera“, (Leon Tolstoi, Anna Karénina).
  • Una historia no tiene principio ni fin: uno elige arbitrariamente ese momento desde el que mirar hacia atrás o desde el que mirar hacia adelante“. (Graham Greene, El fin del romance)
  • Es una verdad universalmente aceptada que un hombre soltero en posesión de una notable fortuna necesita una esposa” (Jane Austen, Orgullo y Prejuicio)

Cerramos con una de las mejores primeras frases de todos los tiempos:

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo“. (Gabriel García Márquez, Cien años de soledad)

Esta frase tiene muchos de los elementos que la hacen irresistible: es concreta (el coronel Aureliano Buendía), tiene una pequeña intriga (¿muchos años después de qué?), anticipa conflicto o desenlace (frente al pelotón de fusilamiento), tiene una voz personal y con fuerza e incluye una anécdota que, a nuestros ojos actuales, sueña extraña y despierta curiosidad: un padre que lleva a su hijo a “conocer el hielo”. Magistral.

¿Y vosotros/as, habéis probado alguno de estos inicios? ¿Qué os parecen estas técnicas, creéis que podréis aplicarlas a vuestros comienzos?

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Comments

  1. wow! Precioso el artículo y las millones de citas. Algunas muy conocidas y famosas, pero otras despiertan la curiosidad.
    Seguro que de esta no pasa que consiga una primera frase que enganche al lector hasta la última página.
    ¡Un abrazo!

    1. Me llevó un buen ratito buscar los ejemplos, qué bien que sirvan. En este artículo me parecía de lo más fundamental.:-)
      Un abrazo!

  2. Hola.

    Lo de Moby Dick es porque, hasta donde recuerdo, Ismael es el personaje bíblico que es devorado por una ballena. Simbolismos y eso.

    Por lo demás es un artículo acertado y al cual se le puede sacar mucho jugo, gracias. Siempre es agradable ver tantas lecturas recomendadas, como bonus.

    Saludos.

  3. Genial el artículo. Como todos los que he leído tuyos. Sí que es difícil (si no imposible) hacer una primera frase que contenga el decálogo completo, pero sí que es importante saber la importancia que tiene para “enganchar” al lector.

    Sobre todo si es un relato pequeño o un cuento, donde cada palabra cuenta y hay que mantener la ilusión del lector al 100% desde el primer momento.

    ¡Muchas gracias por tus consejor!

    1. Me alegra que esté sirviendo y os ayude a tener en cuenta ese pequeño momento tan importante de la escritura que a veces pasamos por alto.
      Un saludo afectuoso

  4. Paloma Fernández

    Qué artículo más interesante!! Muchas gracias,Diana, por tantos y tan buenos ejemplos. De veras que me entran ganas de escribir cada vez más…me incentivas!!

  5. Emma Claus

    Muy útil, como todos los artículos que nos regalas. Saludos desde Barranquilla, Colombia. Por lo que leo te gusta mucho nuestro nobel, a mí también.

  6. raquel

    estupenda entrada, lo que mas me cuesta es empezar la novela y gracias a esto lo pondré en practica

  7. Pingback: ¿Te estás conformando? Así NO llegarás a ser buen escritor/a (+ checklist regalo) ‹ Diana P. Morales, consejos e inspiración para vivir una vida creativa y desarrollar tu talento.

  8. Gracias Diana, interesante, no lo había tenido en cuenta hasta ahora, aunque si que es verdad que el comienzo y el final me llevan de cabeza. Lo último que he escrito comienza “Una servidora, santa, santa, como que no es”. (y es verdad, jeje) Un abrazo

  9. Pingback: ¿Cómo escribir una primera frase ganadora

  10. Elgomes

    Buen post. Desconocía esas reglas y me gustó especialmente la 10.

    Creo que sin saberlo he ido cumpliendo algunas. Unos ejemplos de frases de inicio en cosas que he escrito ultimamente:

    “Nunca fui dado a soñar, tengo esa suerte.”
    “Un sombrero marrón oscuro mató a mi madre cuando yo tenía seis años.”
    “En el universo de las palabras, un escritor decidió un día hacerse con todas.” (cuento)
    “Permitanme el apunte: No es la avaricia pecado sino virtud y así debiera ser considerada.” (Ensayo)
    “En aquel tiempo yo le tuve miedo a ir al colegio.”
    “Éramos tan perfectos, incluso pervertirnos supimos mejor que nadie.”

    Me doy cuenta de que algo se me debe haber quedado en el inconsciente de las cosas buenas que he leído. La lógica me lleva a pensar que es bueno empezar por una patada a la entrepierna (en sentido figurado), seguramente por los ejemplos de los grandes. Aunque como digo es algo que sale de forma inconsciente, al menos en mi caso.

    Practicare la 10.

    Un saludo y buen artículo.

    1. Excelente entonces! Pues sí, claro, leer es buenísimo. No hace falta ni analizar: automáticamente se escribe mejor cuando se lee mucho, es casi imposible no hacerlo. Un saludo.

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