5 claves para mejorar tus diálogos

En mis talleres siempre encuentro que el diálogo es uno de los recursos que más dudas suele generar entre los escritores que empiezan. Y es, además, uno de los recursos más útiles para la narración en prosa: dota de agilidad e inmediatez a la narración, es imprescindible para dibujar la voz del personaje y es la base de la escritura de escenas narrativas. Por todo esto es esencial aprender a utilizarlo.

Os dejo hoy las claves fundamentales a tener en cuenta a la hora de escribir diálogos. Tomad nota:

1. El que habla es el personaje, no eres tú: son SUS palabras

Tus personajes tienen su propia personalidad (muchas veces muy diferente de la tuya como autor), sus propias vidas y sus propias circunstancias, muy distintas de las tuyas también. Por todo ello, se expresarán de forma diferente a ti.

Por ejemplo, si es abogado puede que hable utilizando en muchas ocasiones jerga legal; si es un personaje más agresivo, utilizará más tacos y palabras malsonantes; si es dubitativo o inseguro, terminará todas sus afirmaciones con un “¿no?”, y si es un tipo/a directo y parco en palabras soltará muy pocas frases y muy breves.

No olvides tener esto en cuenta cuando hagas que tus personajes hablen (al menos, tenlo en cuenta para los principales).

2. La gente habla, no monologa.

El diálogo en una narración (o en un guión) es algo vivo e interactivo. Son dos o más personajes los que están hablando y, si queremos que suene CREÍBLE tiene que simular la vida real. Y en la vida real, la gente habla una con otra, se escucha y se responde (generalmente) y, sobre todo, SE INTERRUMPE de cuando en cuando.

Muchas veces me encuentro, leyendo relatos o novelas de mis alumnos/as, con personajes que sueltan un monólogo largo, mientras su interlocutor espera “su turno” y, entonces, cuando el primer personaje termina, el segundo suelta su propio monólogo.

Salvo en situaciones excepcionales (un juicio, la lectura de una tesis, un aula, etc), en una conversación habitual eso no es normal. Lo normal es que las personas se interrumpan, se corten, se pregunten cosas… incluso en el caso de parejas o buenos amigos, a veces hasta se terminan las frases el uno al otro.

3. El cuerpo habla más alto que las palabras

Importantísimo: no hay que olvidar los gestos que hacemos al hablar. Muchas veces, estos complementan lo que el personaje quiere decir o incluso puede que contradigan lo que dice de viva voz.

No es lo mismo si un personaje dice a su pareja “ya no te quiero” sin ningún gesto (sería una afirmación muy fría), que si se lo dice dando un golpe sobre la mesa (el tono sería muy agresivo) o si lo dice enjugándose las lágrimas (estaríamos ante una declaración mucho más sentimental).

Además, con las palabras es sencillo mentir o disimular, pero con el lenguaje corporal es mucho más complicado. Como explico en este otro post, es esencial aprender a utilizar los gestos de nuestros personajes para matizar lo que están diciendo con la voz.

4. Los personajes no siempre dirán lo que quieren decir

He visto en muchas ocasiones cómo el escritor aficionado hace que el diálogo sea únicamente una correa de transmisión directa del pensamiento. Es decir: si el personaje quiere dejar su trabajo, habla con su jefe y le dice que quiere dejar el trabajo; si no le gusta el coche que se ha comprado su pareja, se lo dice sin más al verle, etc…

Sin embargo, la vida es mucho más compleja. Sí, puede que determinados personajes (o personajes en determinadas situaciones) digan lo que quieren decir, así, sin más. Pero en muchas ocasiones esto no será así. Como en la vida real, muchos sentimientos pueden interferir para que el personaje no suelte a la primera lo que desea o lo que se le pasa por la cabeza.

Puede que no hable con su jefe por cobardía; puede que no le diga directamente a su pareja que no le gusta su coche por educación; o puede sentir remordimiento, duda, inseguridad, compasión, culpa… No olvides tener esto en cuenta para que tus historias (y tus diálogos) sean más realistas.

5. Lo bueno, si breve, dos veces bueno (también en narrativa)

Cada palabra cuenta. Si puedes decir lo mismo con cinco palabras que con 10, mejor con cinco. ¿Por qué? Simplemente porque el impacto en el lector es mayor. 

¿Os acordáis de ese famoso diálogo de “La princesa prometida”?

-Me llamo Íñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir. 

Ahora imaginaos que en vez de esas frases tan breves y exactas, Íñigo Montoya dijera algo como:

-Soy Íñigo Montoya. Tú no te acordarás, pero hace dos años mataste a mi padre injustamente. Llevo buscándote toda mi vida para vengar su muerte y por fin te he encontrado. ¡Saca tu espada! ¡Te mataré!

¿Se nota la diferencia?

Es la diferencia entre un diálogo profesional (de un autor que ha pensado muy bien en las palabras y en su impacto) y un diálogo aficionado (de un autor que ha escrito lo primero que le ha pasado por la cabeza sin pararse a pensar si esa era la mejor forma de decirlo).

¿Y vosotros/as? ¿Tenéis dudas sobre los diálogos? Podéis preguntarme en los comentarios. 

 

 

 

Comments

  1. Pedro

    Muy interesante. El punto 3 para mi es importante, convierte al personaje en persona. Le da vida, personalidad y lo envuelve de sentimientos.

  2. Ariadna López

    Excelente artículo. Me lo recomendó mi maestro de narración.
    Muchas gracias por los consejos.

  3. Pingback: La guía definitiva para aprender a usar los guiones en tus diálogos ‹ Diana P. Morales, consejos e inspiración para vivir una vida creativa y desarrollar tu talento.

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