Cuidado con los adverbios

Hoy en mis posts del lunes del oficio del escritor me quiero detener en una cuestión de estilo; últimamente me he centrado mucho en los hábitos del oficio, pero ser escritor significa también, por supuesto, aprender a narrar con corrección y emoción.

Esta es una de las recomendaciones de estilo en la que me parece muy importante detenerme: cuidado con los adverbios, concretamente, los que modifican la cualidad del verbo. Para los despistados, os recordaré que los adverbios son esas palabras que modifican a un verbo o a un adjetivo y los que nos ocupan son, sobre todo, los adverbios  de cantidad (“muy” , “bastante” o “demasiado”) y adverbios de modo (muchos de ellos terminan en “mente”): rápidamente, sigilosamente, tiernamente…

También hay, por supuesto, adverbios de lugar (aquí, allí), de tiempo (nunca, siempre, a veces), de duda (quizá), etc… pero esos no vienen al caso. Los que nos interesan hoy son, sobre todo, los adverbios de modo,  por una sencilla razón: muchas veces estos adverbios nos hacen escritores perezosos.

En lugar de buscar la palabra exacta (ese verbo, ese adjetivo) nos limitamos a usar un verbo común y lo modificamos por medio de un adverbio. Esto acaba creando en nuestro texto la sensación de pobreza de vocabulario y de repetición (¿cuántas veces puede aparecer en un capítulo el verbo “mirar”?) Da más pena cuando tenemos un idioma riquísimo, pleno de vocablos burbujeantes y jugosos a nuestra disposición.

Ojo, tampoco estoy aconsejando que utilicemos palabras del siglo XVI; no. Simplemente que hagamos uso del diccionario de sinónimos o del diccionario ideológico (¡los mejores amigos del escritor!) para encontrar la palabra concreta que mejor expresa lo que queremos decir.

Pero vamos ya con los ejemplos:

“Le miró atentamente”, “la miró intensamente”, “la miró detenidamente”, “la miró desde lejos”, “la miró rápidamente” …

Todo correctísimo, ¿verdad? ¿Cuántas veces habéis visto esto mismo escrito en un artículo, relato o novela? Seguro que muchas. Bien, ahora observad cómo los adverbios, en realidad, empobrecen nuestro vocabulario:

  • “La miró atentamente”-> La observó
  • “La miró intensamente”-> La contempló
  • “La miró detenidamente”-> La escrutó
  • “La miró desde lejos”.> La avistó
  • “La miró rápidamente”-> La ojeó
  • “La miró de arriba a abajo” ->La examinó

Y casi todos son, en realidad, verbos de uso común. Simplemente, nos resulta más sencillo utilizar las muletas de los adverbios en lugar de buscar el verbo perfecto, el que expresa lo que queremos con toda su riqueza y por sí solo.

Otro ejemplo muy habitual:

“Lo cogió con fuerza”-> Lo agarró

“Lo cogió violentamente” -> Arrambló con él

“Lo cogió suavemente” -> Lo asió

“Lo cogió largamente” -> Los sostuvo, lo sujetó

“Lo cogió fuertemente con la mano” -> Lo empuñó

“Lo cogió al vuelo” -> Lo atrapó

Podríamos seguir y seguir, pero creo que con estos dos ejemplos ya queda demostrado que, como dice Stephen King: “El camino del infierno está pavimentado con adverbios”

Comments

  1. flor cecilia angel

    Gracias Diana por este post tan interesante,siempre creía que el adverbio le daba más claridad al escrito,me detendré a pensar ahora

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